Los días pasaron rápidamente para algunos, para otros tanto el tiempo fue más lento que el paso de una pequeña tortuga. Las cosas tomaron un rumbo distinto y la tormenta pareció desvanecerse; el sol brilló inexplicablemente a pesar de los nubarrones grises en el cielo.
Faber ya estaba recuperado, lo cual le había llevado más tiempo del que hubiera querido de no ser por todos sus familiares y amigos que no dejaban ni que moviera un pelo. Lina ya no estaba tan molesta con Tom e incluso se hablaban un poco, aunque en el fondo ella seguía culpándolo de todo junto con Jane.La vida en el pueblo parecía retomar sus mismos movimientos, todo marchaba como antes, las “cosas” ahora estaban en su lugar;pero,habia dos cosas que no habían vuelto a la“normalidad” a pesar de los días: Tom no dejaba de pensar en Jane y ella no dejaba de pensarle a él. No dejaban de extrañarse mutuamente.
-¿Van para el restaurant? —Preguntó Lina andando detrás de Tom y Faber. Era la hora de salida de clases.
-Si —Respondió Faber simplemente.
-¿Nos reunimos en la tarde o qué? —Dijo Lina muy insistente.
-No sé —Respondió Faber mirando a Tom, para que él decidiera.
-Yo no quiero—Dijo él. Lina rodó los ojos muy fastidiada ante la respuesta tan directa y cortante.
-Vale, como quieran… si hacen algo me llaman… —Dijo restándole importancia mientras daba la vuelta para irse por su lado.
-Mira —Dijo Faber moviendo la cabeza en dirección al frente. Un auto convertible color rojo chillante se aproximaba a toda velocidad por la calle de enfrente. —Es el de Jane —Agregó poco después. Tom alzó la mirada para comprobarlo él mismo. El auto pasó dejando una lista de humo proveniente de las llantas. Sólo pudo observar al chico de gafas caras que conducía con elegancia, hasta cierto punto arrogancia, o al menos así lo percibía a Kaulitz.
Después de verlo fijamente por unos instantes continuó caminando decidido a no pensar en el asunto.
-¡Ey no me dejes atrás! —Exclamó Faber cuando se dio cuenta que Tom iba unos pasos adelante. —¿No has vuelvo a hablar con ella? —Preguntó con sumo cuidado, sabía que cada vez que tocaba el tema él se molestaba y trataba de evitarlo.
-No, todo sigue igual… —Dijo sin agregar más.
-Jaime me contó que un chico de la ciudad la está protegiendo, tiene mucho dinero y está enamorado de ella —Tom volvió la mirada a su amigo.
-Ya sé quién es… —Dijo recordando cuando fue con Jane a la ciudad, ella le habia contado de ese chico, por el que lo había dejado toda la noche solo. Suspiró abatido, a Jane le gustaba y eso lo hacía sentir demasiado ansioso.
….
Un suspiro fuerte resonó en la habitación, estaba muy fastidiada. El lápiz que tenía entre los dedos golpeaba contra el escritorio, no podía concentrarse.
-Hola —Escribió en la hoja blanca —Hola, Querido amigo… —Agregó al sonarle tan seco el saludo. Luego de observar la frase la leyó en voz alta para que su amiga la escuchara.
-¿Querido? —Cuestionó Elena entre carcajadas, a Jane no le dio ni una pisca de gracia.
-Cállate idiota y déjame concentrarme —Tomó el borrador que tenía alado y se lo aventó. —Hola amigo… —Continuó eliminado el “querido”. —Ash ¡por una mierda! Porqué es tan difícil escribir una carta —Exclamó frustrada.
-¿Y por qué no le llamas? Es más fácil, directo y no tienes que escribir nada
-Elena —Murmuró —Es mejor así, las cosas se sienten menos trágicas de lo que son, no como si lo dijeras personalmente. No causan tanto dolor…
-¿Estás segura de eso? Porque creo que al final el significado es el mismo.
-Prefiero hacerlo así —Puntualizó. Elena no interrumpió más y dejó que Jane terminara la dichosa carta.
…
Después de haber pasado toda la tarde en el restaurante de Faber, Tom volvió a casa; su madre le tenía ya servida la cena para cuando atravesó el umbral de la puerta.
-¿Cómo te fue? —Preguntó ella mientras recibía un beso en la mejilla por parte de su hijo.
-Bien, aunque no hubo mucha gente.
-Me alegro, lávate las manos para que cenes, ya te serví. —Tom asintió sonriente. Entró en la cocina y se lavó las manos en el lavado y después fue al comedor.
Se sentó y comió tranquilamente el platillo que su madre le habia preparado con tanto entusiasmo, cuando terminó volvió a la cocina, lavó el plato y lo colocó en su sitio.
-Oye, supiste que entraron a robar en la casa de la Sra. Leo —Tom alzó la mirada para ver a su madre quien calentaba algo en la estufa. —Estos delincuentes ya no tienen escrúpulos —Murmuró indignada.
-¿Y se sabe quiénes fueron? —Preguntó intrigado.
-No pero están investigando y espero que los agarren, esos chicos se merecen un castigo. Estoy segura que son los delincuentes que se juntan en la plaza todas las noches… —Tom asintió sin decir nada. El silencio los embargó, su madre continuó de pie frente a la estufa, preparaba café.
-Voy a salir un rato —Le dijo Tom a su madre. Se sentía sofocado ahí dentro de sólo imaginarse que su madre se enterara que él habia robado alguna vez. Su filosofía habia sido rota por él mismo, por ayudarla a ella…
-Ten mucho cuidado y no llegues demasiado tarde —Escuchó a lo lejos mientras salía de casa.
Caminó unas cuantas cuadras hasta que llegó a la plaza. Cuando encontró un sitio libre para sentarse se sentó. Quería pensar pero es su casa le era imposible, con alguno de sus amigos, Faber o Lina, también le era complicado; lo hacían sentir abrumado.Sólo había dos personas que en ese momento que lograban calmarlo y ambos estaban lejos de él.
Suspiró enfadado descartando la idea de llamarle a Jane, optó mejor por llamar a su hermano pero luego de algunos segundos la cobertura logró hacerlo sentir más desquiciado de lo que ya estaba. La llamada no entraba, genial.