sábado, 11 de febrero de 2012

Capítulo 50




Los días pasaron rápidamente para algunos, para otros tanto el tiempo fue más lento que el paso de una pequeña tortuga. Las cosas tomaron un rumbo distinto y la tormenta pareció desvanecerse; el sol brilló inexplicablemente a pesar de los nubarrones grises en el cielo.


Faber ya estaba recuperado, lo cual le había llevado más tiempo del que hubiera querido de no ser por todos sus familiares y amigos que no dejaban ni que moviera un pelo. Lina ya no estaba tan molesta con Tom e incluso se hablaban un poco, aunque en el fondo ella seguía culpándolo de todo junto con Jane.La vida en el pueblo parecía retomar sus mismos movimientos, todo marchaba como antes, las “cosas” ahora estaban en su lugar;pero,habia dos cosas que no habían vuelto a la“normalidad” a pesar de los días: Tom no dejaba de pensar en Jane y ella no dejaba de pensarle a él. No dejaban de extrañarse mutuamente.


-¿Van para el restaurant? —Preguntó Lina andando detrás de Tom y Faber. Era la hora de salida de clases.
-Si —Respondió Faber simplemente.
-¿Nos reunimos en la tarde o qué? —Dijo Lina muy insistente.
-No sé —Respondió Faber mirando a Tom, para que él decidiera.
-Yo no quiero—Dijo él. Lina rodó los ojos muy fastidiada ante la respuesta tan directa y cortante.
-Vale, como quieran… si hacen algo me llaman… —Dijo restándole importancia mientras daba la vuelta para irse por su lado.
-Mira —Dijo Faber moviendo la cabeza en dirección al frente. Un auto convertible color rojo chillante se aproximaba a toda velocidad por la calle de enfrente. —Es el de Jane —Agregó poco después. Tom alzó la mirada para comprobarlo él mismo. El auto pasó dejando una lista de humo proveniente de las llantas. Sólo pudo observar al chico de gafas caras que conducía con elegancia, hasta cierto punto arrogancia, o al menos así lo percibía a Kaulitz.
Después de verlo fijamente por unos instantes continuó caminando decidido a no pensar en el asunto.
-¡Ey no me dejes atrás! —Exclamó Faber cuando se dio cuenta que Tom iba unos pasos adelante. —¿No has vuelvo a hablar con ella? —Preguntó con sumo cuidado, sabía que cada vez que tocaba el tema él se molestaba y trataba de evitarlo.
-No, todo sigue igual… —Dijo sin agregar más.
-Jaime me contó que un chico de la ciudad la está protegiendo, tiene mucho dinero y está enamorado de ella —Tom volvió la mirada a su amigo.
-Ya sé quién es… —Dijo recordando cuando fue con Jane a la ciudad, ella le habia contado de ese chico, por el que lo había dejado toda la noche solo. Suspiró abatido, a Jane le gustaba y eso lo hacía sentir demasiado ansioso.


….


Un suspiro fuerte resonó en la habitación, estaba muy fastidiada. El lápiz que tenía entre los dedos golpeaba contra el escritorio, no podía concentrarse.
-Hola —Escribió en la hoja blanca —Hola, Querido amigo… —Agregó al sonarle tan seco el saludo. Luego de observar la frase la leyó en voz alta para que su amiga la escuchara.
-¿Querido? —Cuestionó Elena entre carcajadas, a Jane no le dio ni una pisca de gracia.
-Cállate idiota y déjame concentrarme —Tomó el borrador que tenía alado y se lo aventó. —Hola amigo… —Continuó eliminado el “querido”. —Ash ¡por una mierda! Porqué es tan difícil escribir una carta —Exclamó frustrada.
-¿Y por qué no le llamas? Es más fácil, directo y no tienes que escribir nada
-Elena —Murmuró —Es mejor así, las cosas se sienten menos trágicas de lo que son, no como si lo dijeras personalmente. No causan tanto dolor…
-¿Estás segura de eso? Porque creo que al final el significado es el mismo.
-Prefiero hacerlo así —Puntualizó. Elena no interrumpió más y dejó que Jane terminara la dichosa carta.


…


Después de haber pasado toda la tarde en el restaurante de Faber, Tom volvió a casa; su madre le tenía ya servida la cena para cuando atravesó el umbral de la puerta.
-¿Cómo te fue? —Preguntó ella mientras recibía un beso en la mejilla por parte de su hijo.
-Bien, aunque no hubo mucha gente.
-Me alegro, lávate las manos para que cenes, ya te serví. —Tom asintió sonriente. Entró en la cocina y se lavó las manos en el lavado y después fue al comedor.
Se sentó y comió tranquilamente el platillo que su madre le habia preparado con tanto entusiasmo, cuando terminó volvió a la cocina, lavó el plato y lo colocó en su sitio.
-Oye, supiste que entraron a robar en la casa de la Sra. Leo —Tom alzó la mirada para ver a su madre quien calentaba algo en la estufa. —Estos delincuentes ya no tienen escrúpulos —Murmuró indignada.
-¿Y se sabe quiénes fueron? —Preguntó intrigado.
-No pero están investigando y espero que los agarren, esos chicos se merecen un castigo. Estoy segura que son los delincuentes que se juntan en la plaza todas las noches… —Tom asintió sin decir nada. El silencio los embargó, su madre continuó de pie frente a la estufa, preparaba café.
-Voy a salir un rato —Le dijo Tom a su madre. Se sentía sofocado ahí dentro de sólo imaginarse que su madre se enterara que él habia robado alguna vez. Su filosofía habia sido rota por él mismo, por ayudarla a ella…
-Ten mucho cuidado y no llegues demasiado tarde —Escuchó a lo lejos mientras salía de casa.


Caminó unas cuantas cuadras hasta que llegó a la plaza. Cuando encontró un sitio libre para sentarse se sentó. Quería pensar pero es su casa le era imposible, con alguno de sus amigos, Faber o Lina, también le era complicado; lo hacían sentir abrumado.Sólo había dos personas que en ese momento que lograban calmarlo y ambos estaban lejos de él.


Suspiró enfadado descartando la idea de llamarle a Jane, optó mejor por llamar a su hermano pero luego de algunos segundos la cobertura logró hacerlo sentir más desquiciado de lo que ya estaba. La llamada no entraba, genial.

Capitulo 49



-Quédate conmigo —Le dijo para después estrecharla fuertemente entre sus brazos. Luego de unos minutos del reconfortable abrazo se separaron. —Quédate a mi lado y lo daré todo por ti —Le aseguró de una manera en que Jane le creyó por un instante. Sus labios se encontraron después de aquellas palabras verdaderas y se besaron con intensidad y deseo. Era un beso amargo que llevaba consigo el sabor amargo de la cruel realidad que los azotaba y la dulzura de la esperanza de que su amor triunfara…

-Siento interrumpir… pero me gustaría pasar a la cocina, si no les importa —Dijo Jaime mirando con las cejas alzadas la escena. Jane y Tom se separaron al instante y se hicieron a un lado para dejarlo pasar.
-Emm yo… voy con Elena —Murmuró Jane. Tom se quedó ahí, en el mismo lugar, viendo como Jane se alejaba en dirección a Elena con paso apresurado. Sabía que ella estaba asustada aunque intentaba reprimirlo, veía en su rostro y ojos el miedo pero él confiaba en Jaime, él no era capaz de delatarlos con Shane.
-Hay Thomas… —Musitó Jaime volviendo de la cocina, negó repetidas veces la cabeza desaprobando lo que había visto. — Eso es jugar con fuego y ya sabes que te puedes quemar… —Advirtió Jaime.
-No estoy jugando —Aseguró Tom con cierta irritación.
-Tú no pero quién te dice que ella no lo hace… —Tom resopló. —La conozco mejor que tú y sé que resultará de esto, en serio. No te lo digo en mala plan, te lo digo como amigo —Finalizó Jaime para después volver a la cocina y continuar con su trabajo.
La duda nació y logró crecer en menos de un segundo en el corazón de Kaulitz. Pensó en una y otra vez en esas palabras y sintió que Jaime tenía razón. Para Jane él solo era una distracción, una salida a sus problemas, una esponja para absorberle el dolor… ella no lo iba querer, no de esa manera; no como él la quería a ella.
Tom no volvió a la mesa donde Elena y Jane comían, Jaime fue el que se encargó de atenderlas el tiempo restante. Ellas terminaron marchándose sin despedirse, dejando el dinero de la cuenta en la mesa.

Más tarde, cuando la hora de salida llegó, Tom fue a visitar a Faber.

…

-Ya te dije que estoy bien —Aseguró Faber por enésima vez, y así era pero Kaulitz no se convencía. Estaba impactado por el estado en que se encontraba su buen y valiente amigo, y todo era por él. Estaba seguro que jamás olvidaría todo lo que Faber hacia por él.
-Espero que no me estés mintiendo sólo para no hacerme sentir mal —Advirtió Tom con actitud severa — O seré yo el que te rompa las costillas —Faber sonrió a duras penas, le costaba mucho aún, tenía el rostro hinchado y lleno de hematomas que escandalizaban aun más su aspecto.
-¿Y cómo va todo?
-Pues no he sabido nada de Shane y está mañana estuve con Jane, ella está bien. Está evitándolo, si él la encuentra no sé qué sucederá.
-Mierda —Masculló Faber muy preocupado.
-Tengo que hacer algo Faber… tengo que ayudarla de alguna forma.
-Lo veo muy difícil, son la mafia… —Tom negó lentamente —Ya no puedes, no podemos hacer más, este es limite Tom.
-No, no. Yo voy hacer algo —Se levantó de la silla donde estaba sentado y comenzó a pasearse pensando en qué hacer.
-Joder no hagas una estupidez, ya es demasiado. Pudieron matarme, lo sabes y no lo hicieron por Jaime pero a ti no te van a tener consideración —Quiera que entrara en razón, que se diera cuenta que ya no se podía hacer mas, de que no debía arriesgarse más por ella —A esos no les importa nada, no son como nosotros
-Yo voy a ayudarla —Aseguró.
-¡Ellos son gente mala! —Exclamó Faber desesperado.
-Lo voy a hacer y no quiero que tú me ayudes, no quiero que te expongas más…
-Te voy a ayudar de cualquier manera—Dijo con tono cansado.

…

-No puedo estar escondiéndome toda la vida, es obvio que vendrán aquí, estamos en tu casa —Dijo Jane mirando a Elena a través del espejo del tocador.
-¿Y si te vas a casa de tu amigo?
-¡No! Con él no, no quiero que le suceda algo.
-Ya, pero tampoco puedes ir con Shane y decirle ¡Ey aquí estoy, haz conmigo lo que quieras! —Jane se dio un vistazo en el espejo y se acomodó la minifalda ignorando completamente las palabras aterradas de su amiga.
-No voy a esconderme más… —Dijo muy segura. Elena le suplicó con la mirada pero ni eso funcionó. Jane tomó su bolso y salió de la habitación, estaba decidida a todo, fuera lo que fuera.
-Le voy a marcar a Tom y le diré la idiotez que vas hacer —Dijo Elena como última opción para convencerla.
-¡Tu no vas hacer nada! —Volvió la vista hacia Ella. — ¡No lo harás! —Le gritó enfurecida. Elena no dijo nada más y se quedó parada viendo con Jane cavaba su propia tumba.
Jane llegó a la puerta y antes de salir miró hacia atrás, Elena la mirada a lo lejos.
-Te prohíbo que lo hagas —Sentenció antes de salir. La noche estaba presente una vez más y el frio habia vuelto como una premonición.
El móvil de Jane comenzó a sonar una y otra vez, lo sacó de la bolsa y lo observó con detenimiento.
-¿Bueno? —Respondió insegura.
-¿Estas escondiéndote de mi? —Dijo la voz de Shane. Jane se estremeció de miedo.
-No, só-lo quería que te tranquilizaras…
-Ahora estoy tranquilo —Dijo con voz melodiosa, voz que en lugar de inspirar confianza inspiraba terror. —Estoy esperando que vengas por tu propia cuenta… —Susurró.
-Pues espera sentado porque jamás volveré contigo, ya ha sido suficiente
-¿Así? —Dijo él con voz sonriente.
-¡Si! —Gritó Jane y colgó. Respiró agitada una y otra vez, tenia lagrimas en los ojos y sentía la desesperación correrle por todo el cuerpo. No podía ir con él, no era tan estúpida para hacerlo. Elena tenía razón, era lo peor que podía hacer, Shane era el ser humano más despreciable de todos, el más loco.

Alzó de nuevo el móvil y buscó entre sus contactos un número especial. En cuando lo encontró presionó el botón verde y se lo llevó a la oreja esperando ser atendida lo más rápido posible.
-¿Preciosa? —Respondieron del otro lado, Jane de alguna manera sintió el alivio recorrerle por todo el cuerpo.

CAPÍTULO 48: La tormenta está cerca



-Son 100 dólares muñeca…
-Gracias corazón —Respondió Jane con un sonrisa seductora. Le dio la cantidad solicitada y tomó la bolsa que el joven le estaba entregando —Nos vemos luego —Se despidió.
-Cuando quieras Jane —Le dijo él con voz sugerente. Ella lo ignoró y se marchó de ahí…

…

-¡Ey Jane despierta! —Jane abrió los ojos de golpe al escuchar aquella voz alterada. —¡Por una mierda qué has estado haciendo! —Reclamó Elena con voz autoritaria. Jane apretó los ojos intentado hacer memoria para poder responder a su pregunta.
-Hay no sé… deja de joder Elena —Respondió fastidiada.
-¿Qué te pasó?¿Por qué estás aquí? —Jane se desparramó el cabello y tiró levemente de él. Le jodía que la despertaran de esa manera. Con el ceño fruncido miró a su alrededor y se dio cuenta por fin de dónde estaba realmente, no era su cama como ella pensaba.
Escuchó un suspiro fatigado salir por la garganta de su amiga.
-¿No te acuerdas verdad? —Jane negó confundida. El viento comenzó a mecer su cabello y el canto de las gaviotas la hizo estremecer. Estaba en una palapa con paredes de concreto donde solía ir con Elena cuando terminaban las fiestas y no querían volver a casa o cuando alguna de las dos estaba lo suficientemente deprimida como para no querer ver a nadie.

Se reincorporó pensado cómo pudo hacer llegado ahí y entonces lo recordó.
-¿Estuviste metiéndote esa porquería? —Cuestionó Elena, jane frunció el ceño.
-¡No! Bueno si y qué, es MI problema… —Su amiga negó repetidas veces.
-Joder Jane… —Permanecieron unos minutos en silencio — ¿Qué pasa? —Ella misma sonrió con ironía, sabía perfectamente lo que sucedía y estaba segura que si ella fuera Jane haría probablemente lo mismo. — Bueno… ya lo sé pero cuéntame seguramente te sentirás mejor que metiéndote esta porquería.
-Es demasiada presión, ya no aguanto. Shane no me dejará en paz.
-¿Y si esperas unos días?…igual y se le pasa, a lo mejor acepta que lo has terminado…
-No es por eso… —hizo una pausa. Elena no sabía mucha información. — Se enteró que estuve con Edgar… —Elena abrió los ojos de la impresión.
-¿Tu y Edgar? —Exclamó extrañada. No lo creía, sabía que Jane jamás le haría caso.
-Larga historia —Murmuró Jane ignorando el tema. —Shane golpeó a Ed hasta casi matarlo y no sé qué quiere conmigo pero estoy segura que no me dejará en paz…
-Además que odia a Edgar… —Jane asintió con ojos asustados.
-Pero hay algo más… —Murmuró Jane en voz muy baja. Elena alzó las cejas intrigada. Se acercó a Jane con interés e hizo a un lado las botellas de alcohol que estaban junto a ella y se sentó. —Tom…
-¿Kaulitz? ¿Qué pasa con él? —Jane suspiró antes de hablar.
-Le gusto —Soltó de golpe. Elena sonrió como si fuera algo que ya supiera y en realidad era así.
-Pobre chico… no está tan feo, de hecho tiene algo… es guapo pero el pobre carece de estilo. No sé, no tiene gracia… es tan gris —Trató de explicarse. Jane la miró fijamente con el ceño fruncido.
-No lo conoces… —Replicó Jane irritada. Sacó un cigarro de la chaqueta sobre la que estaba sentada y lo encendió.
-¿Entonces lo amas? —Preguntó dramatizando
-¡Jajaja! —Jane se rió con ganas —Idiota, no lo amo —Sonrió con ironía. No se creía capaz de amar a alguien — es sólo que él es de una forma en la que nadie ha sido conmigo…
-Te gusta —Afirmó Elena.
-No me gusta… —Tomó una calada profunda de su cigarro. — pero me preocupa lo que me está haciendo sentir…

…

-Hay entrar ese local para que te compres una pastilla y un jugo con suero —Jane gruñó de fastidio. Iba hecha un capullo en el asiento del copiloto sujetándose con fuerza la cabeza, la cual parecía que le iba a estallar.
-Está bien Elena, lo que se te dé la gana.
Elena estacionó el auto enfrente del pequeño mini súper y bajó. Jane lo hizo cinco minutos después, parecía un verdadero zombi.
-Hacia mucho que no te ponías en ese estado…
-Lo sé —Respondió apenas.
-Desde que eres amiga de Tom —Jane resopló con cierto fastidio. Ahora Elena no la iba a dejar en paz. Caminó ignorando el comentario de doble filo de su amiga y se acercó a la pequeña área de farmacia. —Mira este jugo te caerá bien —Elena apreció a su lado. La rubia respondió con una mueca.
-Toma —le tendió una caja de pastillas para el dolor de cabeza. —Tu paga, te voy a esperar afuera —Elena asintió sin decir nada.

Jane se sentía sofocada y no solo por el pequeño y caluroso local, más bien era por toda la carga que llevaba sobre sus hombros. Sacó un cigarro de la bolsa de su chaqueta y empujó la puerta de cristal para finalmente salir al aire libre.
-¿Algún día vas a dejar de fumar? —Alzó la mirada instantáneamente al escuchar aquel timbre dulce de voz.
-Nunca —Respondió con una enorme sonrisa. —¿Qué haces aquí? —Cuestionó sin dejar de sonreír. Caminó pasos rápidos hasta llegar a su lado. Tom se encontraba recostado en el auto de Elena.
-Iba pasando y las vi entrar… Ayer te estuve buscando, te fuiste muy rápido —Jane asintió pero no respondió nada —Creí que te había pasado algo, como tampoco fuiste hoy a clases…
-Está bien Tom, no necesito que te preocupes tanto por mi —Kaulitz apartó cualquier rastro de alegría de su rostro.
-No lo hago porque crea que lo necesites… —Jane resopló. En ese momento un auto pasó a toda velocidad por la calle de enfrente.
-Hay que meternos al auto —Sugirió ella ante la posible aparición de Shane o de alguno de sus amigos. Jane abrió la puerta del copiloto y se metió al auto. Tom lo hizo en la parte de atrás de este. —¿Qué tanto hace? —Cuestionó mirando hacia el local, se veía a Elena como hablaba animadamente con el cajero.
-¿Por eso no fuiste a clase? —Jane volvió el cuerpo y el rostro y volteó a ver a Tom sin comprender. Él estaba recargado entre medio de los asientos delanteros — ¿Estuviste consumiendo esas porquerías?
-¿Cómo lo sabes?
-No lo sé, lo supongo. Tu aspecto…
-Ja! Ya sé que me veo horrible, no tienes que decirlo —Cortócon una sonrisa pero el rostro de Tom seguía como una estatua, sin expresión.
-No estás horrible pero te ves más bonita cuando no lo haces… —Jane rodó los ojos realmente fastidiada y se volvió en el asiento para quedar con la vista hacia enfrente.
-No me vas hacer cambiar así que por favor no mientas…
-No miento —Aseguró él con firmeza. —Nunca, incluso hoy, dejas de verte hermosa —Jane regresó de nuevo la vista hacia Tom. No pudo evitar sonreír al no encontrar en sus ojos algún rastro de burla.
-¡Estoy de vuelta! —Exclamó Elena en cuanto salió del mini súper. Observó a Jane con una sonrisa, y luego se dio cuenta de la presencia de Tom.
-Hola Kaulitz —Saludó cuando abordó el auto con tono de voz severamente serio. No es que le callera mal es solo que la tenían confundida todas las declaraciones que Jane le habia hecho. Era difícil comprender a una amiga cuando su manera de ser siempre habia sido distinta.

Tom tenía que trabajar en el restaurante de la familia de Faber así que Elena lo llevó a petición de su amiga, a final ambas aceptaron la invitación de Kaulitz para que se quedaran a comer y a charlar, aunque a Elena no le hacía mucha gracia la idea aceptó.
-¿Qué van a querer? —Preguntó Tom después de volver de la cocina con el mandil ya puesto y una pequeña libreta donde apuntar la orden. Elena alzó la mirada para verle y dijo:
-Una hamburguesa, papas y una cerveza bien fría.
-Yo también —Dijo Jane.
-Sí pero a ella tráele un té —Interrumpió Elena, Jane refunfuñó.

…

-Quieren dos hamburguesas, papas, una cerveza y un té. —Repitió Tom delante de Jaime, el hermano mayor de Faber y el cual estaba a cargo del restaurante mientras la tormenta pasaba. Faber aún no podía ni moverse.
-Ahorita las tengo lista —Dijo Jaime para después entrar en el cuarto de la cocina. Luego de varios minutos salió con una charola, donde llevaba todo preparado. —Yo se los llevo —Le dijo a Tom, este asintió.
-Ey Jaime —Saludó Jane cuando lo vio llegar.
-Ey, ¿Cómo están?
-Yo muy bien, ella… pues mírala y juzga por ti mismo —Se burló Elena.
-Oye —Dijo Jaime dirigiéndose a Jane —Shane me ha estado marcando. Creo que te está buscando —Jane se cubrió el rostro con ambas manos.
-Cállate que se le quitará el hambre —Lo regañó Elena.
-¿Cómo está tu hermano?
-Está muy bien, no te preocupes por él.
-Lo siento…
-No te preocupes, de cualquier manera hubiera sucedido. Faber a veces puede ser muy loco… y le debía varios favores a Tom. —Jane bajó la mirada poco convencida de las palabras de del chico. Jaime comenzó a dejar el pedido sobre la mesa. Jane se puso de pie sin decir nada y camino hacia donde estaba la caja donde Tom cobraba. Y ahí estaba él. Le sacó la vuelta a la barra y con intenciones de acercarse a él.
-Quiero una cerveza —Le dijo cuando estuvo frente a Tom. Este asintió y se encaminó hacia la cocina que era donde estaba la hielera con cervezas. Jane lo siguió a pasos lentos y se detuvo en el marco de la puerta.
-Te veo mal… —Le dijo él llegando con la cerveza. Se la entregó dudoso, no quería verla más en ese estado.

-Estuve pensando… Lina tiene razón sólo les estoy trayendo problemas, en especial a ti… —Sus palabras se atoraban en su garganta y su mirada no dejaba de estar fija en la lata que tenía en las manos.
-No le hagas caso, Lina sólo está celosa… así es ella.
-Pero es verdad…
-No, no lo es —Replicó Tom con molestia.
-Me voy a ir de aquí —Dijo Jane escupiendo las palabras, trataba de medir su rabia pero le era complicado. Nunca habia controlado sus impulsos hasta ahora, y hacerlo le era algo muy difícil.
-No quiero te vayas —Su corazón de un momento a otro comenzó a latir desesperado de solo imaginarse que algo así sucedería. Solo de imaginarse sin ella —No me dejes solo, por favor —Le suplicó con voz forzada, su garganta comenzaba a cerrarse. Jane alzó la mirada y tragó en seco al verlo directamente con esa mirada que la atravesaba completa.
-¿Qué ha-agoentonc-es? —Cuestionó. La voz se le desgarró.
-Quédate conmigo —Le dijo para después estrecharla fuertemente entre sus brazos. Luego de unos minutos del reconfortable abrazo se separaron. —Quédate a mi lado y lo daré todo por ti —Le aseguró de una manera en que Jane le creyó por un instante. Sus labios se encontraron después de aquellas palabras verdaderas y se besaron con intensidad y deseo. Era un beso amargo que llevaba consigo el sabor amargo de la cruel realidad que los azotaba y la dulzura de la esperanza de que su amor triunfara.

Capitulo 47:



-No fui capaz de decirle la verdad —Confesó luego de varios minutos aún con la vista baja.
-¿Cuál verdad?
-Que… que no estuve con él por gusto propio… —Las palabras se habían atorado en su garganta.
Los músculos de su cuerpo se tensaron al escuchar aquella confesión. Tom se aproximó a ella y la estrechó en sus abrazos…

…

-Tom, hijo, se te hará tarde para clases —Dijo Simone del otro lado de la habitación.
Kaulitz se removió entre las sabanas hasta que abrió los ojos. Sintió entonces un cuerpo a un lado de él, recordó que era Jane quien estaba a su lado y que se habían desvelando conversando.
-¡Ya voy! —Respondió con voz ronca. Miró a jane quien seguía plácidamente dormida. — Ey Jane… —Susurró delicadamente para que no se exaltara. Ella suspiró profundamente y se removió entre las sabanas —Tenemos que bajar a desayunar —Jane abrió los ojos y lo miró directamente. Sonrió de medio lado al encontrarse con él.
-Bueno días… —Murmuró apenas. Tom se quedó ensimismado al verla tan preciosa. Cautivado por su belleza, ternura y esos ojos azulados se aproximó a ella con toda la intensión en el rostro y con el corazón latiendo intensamente.—Tom… —Murmuró Jane mirando hacia otro lado. Estaba confundida pero no podía negar que moría por besarlo otra vez.
Tom se hizo hacia atrás ante la reacción de Jane y se levantó.

…

-¿En qué piensas? —Preguntó Tom. Jane aterrizó sus pensamientos y volteó a verlo sin saber qué decir.
-En lo amable que fue tu madre conmigo —Dijo por decir algo. Sus pensamientos no tenían nada que ver con ella, estaban relacionados con cosas mucho más importantes en este momento.
-Se está acostumbrando a ti —Le dijo él con una sonrisa —Aunque de seguro cuando regrese me dará plática de sexualidad —Jane soltó una sonora carcajada —Siempre lo hace… —Murmuró Tom sin ocultar su vergüenza. —Lina antes se quedaba seguido también… y siempre que se iba me daba una larga plática sobre eso —Suspiró cansando.
-Ahh… —Dijo Jane. Sintió una ligera irritación al imaginárselo con ella.
-Aunque supiera que entre nosotros no habia nada… —Agregó.
-A lo mejor tu madre cree en la teoría de que entre un hombre y una mujer es imposible que exista solamente una amistad.
-Empiezo a creer en esa teoría… —Agregó Tom en un murmullo. Ella intento reprimir su sonrisa disimulando no haber escuchado sus palabras. Ella tampoco creía que pudiera haber una amistad con un hombre y posiblemente Tom era la prueba de ello.

….

-Hubiéramos venido el carro —Dijo Kaulitz tiempo después. El camino hacia la escuela se había hecho más largo que de costumbre puesto que cada paso que daban se cuidaban de no ser vistos por Shane o alguno de sus amigos. Si él la veía seguramente se la iba a llevar otra vez.
-Es más peligroso en carro, conocen muy bien el auto de tu madre…
-¿Y si vuelve a buscarte en la escuela? —Hizo el intento de no sonar alarmado al plantear la pregunta pero no le resultó muy bien. Jane sintió una ráfaga de inseguridad azotarla.
No sé, pero no voy a dejar de hacer mi vida por miedo a él.
-Yo estaré contigo, te cuidaré —Jane sonrió y volteó a verlo. Siempre encontraba la forma de sorprenderla.
-Ya lo sé, siempre lo haces —Dijo ella muy agradecida.

…

Entraron al salón donde les tocaba clase en completo silencio. Jane por su parte pensaba en todo lo que habia sucedido un día antes y Tom no podía dejar de preocuparse por su buen amigo.

Tom alzó la vista cuando sintió que alguien entraba al salón. Lina atravesó el umbral de puerta e inmediatamente lo buscó con la mirada. Su rostro denotaba la furia que llevaba dentro, su mirada era capaz de aniquilar a cualquiera.
-Yo no sé cómo lo logras pero me das asco —Escupió con gran rencor cuando se halló enfrente de donde estaba sentada Jane. Está alzó las cejas con cinismo en el rostro, no daba crédito a la forma en que “esa” le habia hablado. —Hacer que mis amigos se metan en problemas ¡Joder! ¡Esta vez si te has superado! —Jane negó repetidas veces e hizo un gesto con la mano ignorándola. La furia de Lina aumentó gracias a eso.
-¿No has visto cómo está Faber o mi hermano? Es una suerte que ambos aún sigan vivos —Habló apretando los dientes.
-¿Cómo están? —Preguntó Tom alarmado. Se imaginaba lo peor y se sentía muy culpable.
-¡Ahora si te importan! Deja de ser tan hipócrita —Lo acusó con la mirada
-Claro que me importan y no soy hipócrita como tú lo juras —Replicó él.
-Vete a la mierda Thomas —Pronunció con furia, acto seguido dio la vuelta buscando un lugar donde sentarse, el más lejano de ellos dos. Lina se sentía asqueada y frustrada por lo que estaba sucediendo.

La clase transcurrió lenta, eterna para Tom. Faber no cogía el teléfono, no era capaz de responder ni un solo mensaje o una llamada y eso solo lograba inquietarlo más de lo que ya estaba.
Se levantó de un brinco de su lugar cuando el timbre anunció el final de la clase. Caminó a toda prisa para alcanzar a Lina.
-Hey Lina —Le habló con voz suplicante.
-No me hables… —Respondió ella de manera indiferente y continuó caminando para salir del salón y sobre todo para no estar serca de él.
-Lina por favor… —Suplicó Tom de nuevo. Lina suspiró profundamente y giró. Su rostro se encendió cuando se dio cuenta de la presencia de Jane, ella estaba detrás de Tom.
-¡Eres una jodida zorra hija de puta! —Gritó Lina expulsando lo que habia estado reteniendo con tanta fuerza. Todos se detuvieron y el salón, de un momento a otro, quedó en completo silencio. — Por tu culpa casi matan a mi hermano ¡Te odio! ¡Eres la maldición de este pueblucho de mierda! —Escupió con gran rencor.
-Lina… —Susurró Tom tratando de tranquilizarla.
-Tú ni me toques. Eres un idiota por ir detrás de esta que te ofrece lo mismo que le da a los demás —Jane rechinó los dientes mientras respiraba profundamente para no irse sobre ella.
-Tranquilízate ella no…
-NO la defiendas, sabes que es una puta zorra que solo te trae problemas —Su indignación era mayúscula y ni Tom ni nadie iba a poder controlarla.

Jane tragó en secó sintiéndose humillada, era como una gota más de limón a la herida. Pasó por en medio de los dos con la mirada en alto clavada en algún lugar lejano. Salió del salón de clases con mucho esfuerzo, luchando por no devolverse y tirarla a golpes pero no lo hacía porque en el fondo ella sentía que Lina tenía razón.

Capitulo 46: Corazón enamorado.



Mis sonrisas, mis recuerdos, mis sentidos, Mi corazón…Cualquier cosa incluso mi vida la daría por ti ¿Qué no lo ves?
Sin aliento. Así habían llegado hasta un callejón obscuro que estaba muy cerca de la casa de Kaulitz.
Respiraban agitados y sus corazones latian acelerados y al mismo tiempo. Jane estaba inclinada hacia delante con las manos reposando sobre sus rodillas. Intentaba recuperar el aliento.
Luego de varios minutos, cuando estuvo más tranquila, se reincorporó bruscamente y miró a Tom.

-¿¡Estás loco o qué!? —Cuestionó con furia y frustración. Volvió el cuerpo hacia él y le estampó una fuerte bofetada. Un segundo después se sintió muy culpable de su acción.
Tom se acarició la zona enrojecida mirando hacia el final del callejón. —Fue estúpido… —Murmuró ella. — Un acto demasiado estúpido. ¡Pudieron matarte y lo sabes! —Unas cuantas lágrimas traicioneras brotaron de sus ojos pero las apartó enseguida. — ¿Qué haría yo sin ti? —Cuestionó en un susurro reprimiendo las ganas de llorar. Tom volteó a verla por primera vez.
-Yo tampoco sabría qué hacer sin ti… —El corazón de Jane dio un vuelco acelerado. Ella bajó la mirada preguntándose por qué su corazón latía tan rápido y con tanta intensidad. Sintió una suave caricia en su rostro, como era sujetada con aquella delicadeza… como si realmente se fuera a romper, como si realmente fuera una muñequita de porcelana. Vacilante y temerosa, como jamás lo habia estado, alzó la mirada. Hubo una chispa que rompió la soledad y el dolor de sus corazones cuando sus ojos se conectaron, una oleada violenta y estremecedora azotó a ambos, sus miradas se volvieron profundas. Inexplicable era el sentimiento que estaba brotando desde lo más profundo de su corazón.

Indeciso se acercó un poco más a ella, hasta sus alientos se entremezclaron. Estaba hipnotizado por el brillo que habia en sus ojos, esos que siempre lo atrapaban y lo dejaban con un verdadero idiota.
Sus labios se encontraron en medio de la obscuridad iniciando una danza cadenciosa e intensa, llena de algo más que deseo. Habia pasión, sí; pero también un montón de sentimientos inexplicables. Era un beso poco planeado, nacido de lo más profundo de un corazón enamorado.
Sus manos se encontraron también y sus dedos se entrelazaron con fuerza, e incluso se acercaron un poco más uno al otro. El mundo a su alrededor desapareció, al menos por un instante.
Jane dio un paso hacia atrás debido a la presión e intensidad que hacia Tom en ella al besarla. Sus labios se separaron y sus ojos se encontraron con dificultad entre la escasa luz.
-Hay que ir a casa —Le dijo él con voz entrecortada. Jane asintió muy lentamente, ya que cada una de sus neuronas estaba descolocada.

Comenzaron a caminar, Tom pasó su brazo por encima del hombro de Jane y esta rodeó su cintura.
-Eres realmente incorregible… —Musitó Jane con voz sonriente luego de varios minutos. Estaban a nada de salir del callejón.
-De nada —Murmuró Tom atrayéndola a su cuerpo. Ella se aferró un poco más a su cintura dejándose envolver por el delicioso aroma que desprendía de Kaulitz, dejándose proteger por él…

…

-¿Crees que Faber esté bien? —Cuestionó Tom luego de apartar el móvil de su oreja, Faber no respondía su llamada.
-Yo creo que sí, hay que confiar.
-Tienes razón… —Suspiró no muy convencido. Dejó el móvil en el escritorio de la computadora y volteó a ver a Jane. Ella estaba recostada en su cama, movía la pierna izquierda con nerviosismo mientras se comía las uñas. — ¿Te encuentras bien? —Preguntó preocupado.
-No —Respondió ella después de suspirar.
-¿Por qué… por qué Shane te sacó así de la escuela? —Se atrevió a preguntar finalmente. Jane tragó en seco y continuó comiéndose las uñas con desesperación.
-¿Tienes un cigarro? —Quería evadir deliberadamente la pregunta.
-Sabes que no fumo, pero respóndeme…
-¿Tu madre no tendrá uno? —Tom rodó los ojos.
-Ahorita vengo —Le dijo él. Salió de la habitación y a los varios minutos regresó con una cajetilla de cigarros en la mano.
-Te tardaste mucho —Le recriminó Jane.
-Fui a comprarlos —Respondió con voz seria. Jane sonrió débilmente por el lindo gesto.

Kaulitz se sentó en el borde de la cama y le tendió la cajetilla. Jane se reincorporó quedando sentada sobre la cama y la tomó con cierta desesperación, la abrió y obtuvo un cigarro, el cual se llevó hábilmente ala boca. Sacó el encendedor de su chaqueta de cuero y sin perder más tiempo lo encendió y comenzó a fumar.
-Edgar le dijo que… —Hizo una larga pausa al no encontrar las palabras adecuadas. — Que él y yo… estuvimos juntos —Tom hizo el intento de no reflejar impresión en su rostro.
-¿Y es verdad? —Jane bajó la mirada y asintió a duras penas.
-No fui capaz de decirle la verdad —Confesó luego de varios minutos aún con la vista baja.
-¿Cuál verdad?
-Que… que no estuve con él por gusto propio…

Capitulo 45: Salvador



-Así que… te acostaste con mi chica —Dijo Shane luego de varios minutos, eternos para los otros dos. Jane tragó en seco al darse cuenta de lo que había pasado, Edgar habló demás. Shane pasó de Jane y se acercó a donde estaba él —Si tuviste el valor de gritármelo en la cara ten el valor de afrontar las consecuencias y deja de temblar —Edgar se quedó inmóvil, horrorizado. Conocía a la perfección a Shane y ahora se preguntaba cómo es que se habia atrevido a desafiarlo. Era casi un acto suicida.

-Yo-o… —Tartamudeó Ed.
-¿Era verdad lo que dijiste? —Edgar negó desesperado.
-Era-a solo una tontería… y-o es-staba borracho —Shane volvió la mirada hacia Jane.
-E-eh… —Intentó decir Jane pero tenía un nudo en la garganta.
-¡Lo hiciste no es así! —Escupió al percibir la verdad. Jane dio un paso hacia atrás viendo la furia instalarse poco a poco en sus ojos, parecía un verdadero demonio y lo peor era que ahora estaba completamente seguro de lo que habia sucedido.
-Lo que pasó fue que… —Intentó decir pero no pudo. No pudo decir que todo habia sido producto de Edgar, que él la habia obligado, pues sabía de lo que Shane era capaz. — Est-abamos bo-orrachos, fue una confusión… —Shane sonrió con ironía.
-Maldita zorra —Masculló volviendo a la expresión de antes. Se abalanzó sobre ella pero antes de que pudiera tocarla sintió un golpe en la espalda que lo dobló de dolor. Gruñó lleno de furia y volvió la mirada hacia atrás para encontrar al culpable. Edgar, en un ágil movimiento, logró zafarse de nuevo del chico que lo sujetaba y le tiró otro golpe a Shane con sus últimas fuerzas.

Jane parpadeó, dio la vuelta y miró la puerta por donde habían entrado, pero antes de que pudiera correr se dio cuenta de que había un chico cerca de ella.
La puerta que Jane miraba con tanta desesperación fue abierta en ese mismo momento dejando escuchar los gritos que provenían de dentro.
-¡Shane!—Gritó uno de sus amigos. Venían como dos más detrás de él, gritando al mismo tiempo cosas que no se entendían. — Hay un alboroto muy grande haya adentro no lo pudimos controlar —Dijo el chico con voz alterada.

Shane se masajeó la espalda haciendo muecas de dolor mientras daba algunos pasos.
-Encárguense de él —Les ordenó a los chicos que habían estado con él.
Tomó a Jane de la muñeca y se la llevó con él. Entraron por donde habían salido caminando a paso rápido, casi corriendo.
-¿Qué está sucediendo? —Cuestionó Shane con furia.
-Llegaron unos extraños y comenzaron a hacer destrozos, luego los ánimos se calentaron y se desató una gran pelea entre todos —Informó el chico con voz temblorosa.
-¿¡Y dónde mierdas está Lamb!?
-No lo hemos visto —Respondió otro de los chicos.

…

Botellas volando de un lado a otro, chicos transformados por las sustancias y otros tantos divirtiéndose por pura adrenalina. Todo lo que se podía escuchar era bullicio y más bullicio. Habían quitado la música pero el alboroto estaba peor que al principio.
Faber empujaba las mesas tirando al suelo todo lo que habia sobre ellas. Empujaba a la gente, gritaba groserías, incitaba a los demás para que se pusieran a pelear. Habia conseguido que su hermano mayor lo ayudara junto con algunos amigos de este que no tenían que ver con Shane y con unos cuantos de los York’s, los cuales habia aceptado rápidamente debido a que lo detestaban.

Tom corría entre la gente buscando desesperadamente a Jane, llevaban más de diez minutos y el plan no iba a durar mucho, estaba seguro. Subió al segundo piso y nada, se detuvo en los barandales mirando hacia abajo. Entonces, los vio aparecer. Shane sujetaba a Jane y detrás de ellos iban dos chicos más. Se detuvieron en el centro del lugar, él quería controlar la situación.
Tom bajó corriendo las escaleras y cuando estuvo serca procuró en disminuir la velocidad de sus pasos caminando con cautela.
-¡Ey! —Fue sorprendido por Faber quien se colocó su lado de repente. —Nosotros lo distraeremos y tú te encargaras de Jane —Le indicó rápidamente. — Ah, y por cierto me debes un favor y muy gordo —Dijo antes de desaparecer entre la multitud y el escándalo.

Tom no tuvo tiempo ni de pensar en el acto tan grande de amistad que estaba haciendo Faber por él.
Pasaron escasos cinco minutos cuando uno chicos York’s comenzó a retar a Shane. La gente se dispersó e incluso Jane se mantuvo alejada de la situación, siendo cuidada por uno de los amigos de Shane.

El chico insistente y valiente inició la pelea pero al instante muchos más, incluso Faber, se metieron en la bronca con la intención de hacerla más grande.
Tom no apartó ni un segundo la mirada de Jane, hasta que vio como el chico que la cuidaba se iba sobre el montón con la intensión de ayudar a su gran amigo Shane.
Corrió con todas sus fuerzas empujando a la gente que se atravesaba en su camino, llegó con Jane, quien aun no se percataba de su presencia.

-¡Jane! —Exclamó cuando estuvo frente a ella. Jane abrió los ojos de la impresión y antes de que pudiera decir algo Tom la sujetó de la mano. Salieron corriendo en dirección a la salida dejando atrás todo ese mundo y a esa gente que a ambos les provocaba repulsión…




Capitulo 44



Jane se levantó con actitud y expresión retadora dispuesta a enfrentar lo que estaba por venir pero antes que pudiera dar un paso hacia Shane sintió como fue sujetada de la muñeca, bajó la mirada y observó la mano que la detenía con fuerza. Cruzó mirada con él y se encontró con esos ojos color almendra que le suplicaban que se quedara. Su corazón se encogió al encontrarse con esa mirada, tomó su mano con delicadeza y la apartó de la suya. Le dedicó una última mirada, una que iba acompañada de cariño y dolor. Volvió la mirada a Shane y su rostro cambió, tomó sus cosas bruscamente y comenzó a caminar con pasos decididos, empujó a más de un compañero mientras salía del salón, estaba furiosa y asustada y no se podía controlar. Shane la sujetó del brazo y la jaló llevándosela con él sin la menor pisca de delicadeza.

-¡Auch! —Se quejaba Jane — ¿Qué es lo que sucede?
-Cállate —Ordenó Shane secamente sin dejar de jalarla.

…

Tom no podía dejar de pensar en ella, en que se la habia llevado Shane a la fuerza y en que le podía llegar a suceder alguna cosa mala si no hacia algo por ella.

-¿Ey Tom, estas escuchándome? —Cuestionó Lina.
Tom parpadeó varias veces y fijó la mirada en su amiga, quien estaba sentada a un lado de él contándole lo que le habia sucedido esta mañana.
-Creo que no —Se burló Faber. Él se encontraba sentado después de Lina. Kaulitz no respondió nada, su mirada pérdida intrigo a sus amigos quienes lo observaron con preocupación, especialmente Lina.
Tom se puso de pie y comenzó a caminar en dirección al portón de salida.
-¿¡A dónde vas!? —Gritó Lina pero él no volvió atrás, muy apenas podía escuchar los chillones reclamos de su amiga. Kaulitz salió de la escuela, se encaminó hasta la calle y ahí se quedó parado sin saber qué hacer o a dónde ir.
-¡Ey! —El grito de Faber le sacó de sus profundos pensamientos, entonces vio que su amigo se subía en una moto que estaba estacionada a frente a la escuela. — Súbete —Le dijo Faber. Tom corrió hacia donde su amigo lo esperaba y subió a la moto.

Pasaron varias horas investigando dónde podría estar Jane pero era como si se la hubiera tragado la tierra, Tom estaba ansioso y Faber ya estaba cansado de andar de aquí para allá.
-Le voy a marcar a mi hermano a ver si sabe algo —Dijo Faber de repente como si se le hubiera prendido un foco en la cabeza. Tom asintió rápidamente y miró con impaciencia como su amigo se llevaba el aparato a la oreja.
-Mi hermano me ha dicho que tendrán una fiesta esta noche y que lo más seguro es que Jane esté ahí —Dijo Faber después de colgar el teléfono. Tom se llevó la mano detrás de la nuca y se masajeó pensando en que podría hacer.

…

Shane y sus amigos estaban reunidos en el antro del pueblo. Los chicos bebían y bailaban e incluso uno que otro hacia alguna locura o idiotez.
Jane estaba sentada sobre las piernas de Shane y este la tenía rodeada de la cintura con los brazos. Jane estaba tensa y nerviosa sabia que algo estaba mal y que, aunque Shane aun no le habia dicho nada, no tardaría en ponerse en mal plan.
-¿Shane qué pasa? —Volvió el rostro hacia él. Shane sonrió de medio lado y continuó contemplando a sus locos amigos que hacían estupideces. Jane suspiró frustrada, esa sonrisa le decía que nada estaba bien.
-Sabes qué pasa —Susurró Shane cerca de su oído con voz seductora, Jane se estremeció de miedo. —Pasa que quiero saber con cuantos más me has engañado —Jane tragó en seco. Sabía que detrás de esa “amabilidad” y “seducción” se escondía un monstruo enfurecido.
-¿De-e qué habla-as? —Tartamudeó. Shane le sostuvo unos minutos la mirada para luego sacar el móvil de la bolsa de camisa y marcar un número.
Un “ok” fue lo único que Jane alcanzó a captar de la veloz conversación. Shane la apartó de sus piernas con un movimiento brusco y se puso de pie tomándola del brazo. Jane se quejó mientras era arrastrada por Shane otra vez. A pesar de que intercambio miradas suplicantes con algunos de los que se hacían llamar sus amigos nadie hizo nada por ella, a pesar de que todos o la mayoría podían ver la furia en los ojos de él.

Jane no pudo hacer nada más se resignarse, no estaba bien y por su actitud seca y llena de furia presentía que era peor que cualquier otra vez. Sabía que no podía hacer nada contra él. La tenía en sus manos.
Cruzaron todo el sitio ante la mirada discreta de unos cuantos.
-¡Apresúrate!—Ordenó con voz enfurecida tirando con más fuerza de ella. Jane se estremeció de miedo.
Salieron del antro por la puerta trasera, la de emergencia. La obscuridad y el silencio ensordecedor le hicieron estremecerse y abrazarse a sí misma; y no solo por eso, sino también por un intento desesperado de protegerse de lo que estaba por venir. Se detuvieron a unos cuantos pasos de la puerta, ella no lograba ver nada, solo obscuridad y más obscuridad.
-¡Arg! —Escuchó un quejido estremecedor que le puso la piel de gallina una vez más. Su mente solo pudo pensar en lo peor durante unos segundos hasta que avanzó unos cuantos pasos, más empujada por Shane, logrando identificar de quien se trataba.
Tuvo el impulso de salir corriendo y lo hubiera hecho de no ser porque Shane estaba detrás de ella y la sujetaba con fuerza del brazo.
-Edgar, querido amigo —Soltó Shane con voz aparentemente amigable.
Edgar se encontraba en el suelo de rodillas, era sujetado por uno de los amigos se Shane de los brazos tras la espalda. Temblaba de miedo y se arrepentía del gran error que habia cometido, el de contarle todo a Shane. El despecho habia podido contra la razón, se habia sentido furioso después de que Jane se habia marchado de su casa diciéndole que lo único que podía darle era el dinero que le debía, el obviamente no aceptó cegado por la obsesión que sentía por ella, obsesión que lo habia llevado al sitio en donde estaba ahora.
-Así que… te acostaste con mi chica —Dijo Shane luego de varios minutos, eternos para los otros dos. Jane tragó en seco al darse cuenta de lo que habia pasado, Edgar habia hablado demás. Shane pasó de Jane y se acercó a done esta él —Si tuviste el valor de gritármelo en la cara ten el valor de afrontar las consecuencias y deja de temblar —Edgar se quedó inmóvil, horrorizado.

Capítulo 43



-¿Quién es… Nicolás? —Preguntó Tom manteniendo la mirada fija en el techo. Ambos estaban tumbados en el piso sobre unos agradables cojines, se encontraban encerrados en la habitación de Jane para evitar que su madre se inmiscuyera en sus asuntos. Jane trataba de despejar su mente de lo que habia ocurrido minutos antes con Shane.
-Es un amigo… —Tomó aire profundamente y luego lo soltó —La verdad es que teníamos algo, siempre hemos tenido algo, de hecho nos conocimos en el antro al que fuimos ayer…
-¿Fueron novios? —Jane negó para luego responder.
-Nunca llegamos a tener nada serio, siempre creí que quería más a Shane…
-Salías con ambos
-Algo así… —Murmuró no muy orgullosa.
-¿Y qué hay ahora? —Jane suspiró.
-No sé —Dijo con voz sonriente —Nos vimos y… bueno fue increíble volverlo a ver después de casi ocho meses sin saber algo de él… No creyó cuando le dije que terminé con Shane… —Tom sonrió de medio lado, eso ni él lo creía.
-Jane, te buscan —Gritó su madre tocando la puerta, Jane suspiró profundamente mientras se levantaba del suelo.
-¡Soy yo! —Gritó Elena del otro lado de la puerta.
-Pasa —Respondió Jane. Elena abrió la puerta con fuerza, iba con una sonrisa deslumbrante, estaba entusiasmada por ver a su amiga.
-¡Pero dónde te has metido! —Exclamó encaminándose hacia donde estaba Jane., la cual la recibió con un fuerte abrazo.
-Pues ya ves —Murmuró J.
-Hola Tom —Saludó Elena al separarse de ella.
-Hola Elena —Respondió él. Se acercó a Tom y se inclinó para darle un beso el mejilla ya que él seguía en el suelo.
-Estuve muy preocupada —Murmuró negando repetidas veces —Por cierto, tus amigos te anduvieron buscando todos estos días, se veían realmente preocupados —Le dijo a Tom. Este dejó de sonreír sintiéndose un poco inquieto.
-Emm… creo que iré a buscarlos —Le dijo a Jane, esta asintió con una sonrisa en el rostro. —Nos vemos —Murmuro tomando su móvil el cual estaba sobre el tocador. Se levantó y pasó por un lado de Jane y está le dedicó una sonrisa y le dijo:
-Nos vemos mañana, en clases —Tom asintió pasando de largo.

…

-¿Cómo pudiste irte sin decirnos nada? —Reclamó Lina. Tom suspiró un poco agobiado por lo enérgica que habia sonado.
-¿Te la has pasado bien al menos? —Cuestionó Faber intentando reducir la tensión que habia en el ambiente, no le gustaban cuando las cosas se ponían así.
Estaban afuera de la casa de Lina. Tom se encontraba recostado en el auto de la madre de su amiga y Faber estaba sentando en banqueta a los pies de Kaulitz, mientras que Lina permanecía de pie, cruzada de brazos a unos cuantos metros de Tom, dedicándole una mirada de reclamo e indignación.
-Ah estado muy bien —Respondió Tom a Faber sin poder ocultar la sonrisa en su rostro, cosa que enfureció aún más a su imponente amiga.
-Faber… —Murmuró Lina captando su atención —¿Me podrías dar unos minutos para hablar con él? —Pidió con cierto tono. Faber bufó disimuladamente tratando de ocultar su molestia. Se puso de pie y se sacudió los pantalones para luego encaminarse hacia la casa de ella.
-¿Te has metido con ‘esa’? —Cuestionó Lina, con cierto tono despectivo, en cuanto Faber entró a su casa. Tom no respondió, continuó con la mirada elevada en el cielo obscuro. Se hizo hacia adelante despegando su espalda del auto que comenzaba a empañarse por el sereno de la noche, quedó de pie, recto pero con la misma posición de antes: mirando el cielo inmenso.

-Tom… —Le llamó Lina en un susurro. Él bajó la mirada y se encontró con sus ojos mirándole directamente y a una corta distancia. No tuvo tiempo ni de preguntarse cómo y porqué estaba así de cerca, pues su mente se vio poblada de un solo tipo de pensamientos, los que tenían que ver con ella: Con Lina. Todo lo que siempre sintió se incrustó un instante en su corazón obligándole a volver a los viejos sentimientos. — ¿Te gusta? —Cuestionó Lina de nuevo. Se acercó un poco más e incluso se puso de puntillas para lograr estar a su altura. Sus labios se rosaron en ese mismo momento y ella fue la que decidió tomar la iniciativa. En un beso intenso e inesperado se convirtió lo que parecía una conversación común. Los sentimientos de él aparecieron como un nuevo y deslumbrante amanecer para regalarle confusión y un gramo de esperanza. Siempre habia querido que las cosas fueran como en este momento, que fuera ella la que se aventaba a sus brazos y no él como lo hizo en muchas ocasiones, ocasiones en las que siempre fue rechazado. Pero ahora, ahora todo era tan complicado de entender. No podía cuestionarse acerca del porqué de lo que Lina estaba haciendo, solamente podía responder de la misma manera aquel beso.

…

-Estoy aburrida —Escribió Jane en un pequeño pedazo de papel, lo dobló y se le pasó a Tom a hurtadillas para que el maestro no la pillara en el acto. Estaban sentados juntos, en una mesa para dos pero a pesar de estar tan cerca no podían hablar, lo habían intentado unos minutos antes pero el maestro les había llamado la atención así esa era la mejor opción para comunicarse.
-Yo también estoy aburrido, me dio sueño. Cuéntame algo —escribió Tom como respuesta en la hoja, la dobló y se la pasó a Jane. Tardó varios minutos en responder pues se pudo a pensar detenidamente en que escribir pero para su mala suerte su mente solo podía pensar en una sola cosa. Se rascó la cabeza y suspiró con resignación, tomó el lápiz ante la atenta mirada de Tom y comenzó a escribir.
-Ayer fui a ver a Edgar después de que Elena se fue… —Escribió temerosa.
-¿Fuiste a hablar con él? ¿Tu sola? Q’ pasó Q’ te dijo —Preguntó el intrigado y preocupado. Jane sonrió débilmente al ver el rostro de su amigo que demostraba su sentir.
-Si fui a hablar con él, y si también fui sola y pasó lo mismo siempre se puso de mal plan y me dijo que no quería el dinero. Lo mismo de la otra ocasión—Le devolvió la nota y Tom leyó rápidamente.
-¿Que te quería a ti? —Escribió Tom, Jane asintió con una mueca en el rostro al leer la respuesta.

-¡Jane! —Un grito aterrador resonó en todo el salón de clase al mismo tiempo en que la puerta era abierta de un solo golpe. Jane pegó un brinco asustada y su corazón comenzó a latir desesperadamente — ¡Vámonos! ¡Ahora! —Ordenó Shane sin dejar de gritar. Jane tragó en seco y apretó los puños. El maestro, quien estaba de pie delante del pizarrón, se hizo hacia atrás; no era más que un docente cobarde como todos los demás que se atemorizaba por los mafiosos del pueblo. — ¡Que te levantes! —Volvió a gritar Shane. Todos permanecían sin moverse, expectantes y asustados a lo que podría pasar. Todos, o la gran mayoría, temían de Shane.

Jane apretó dientes muriéndose de coraje y asustada también porque no sabía qué era lo que sucedía. Pateó el asiento vacío que estaba delante de ella con furia enviándolo junto con la mesa contra una compañera que estaba después. Jane se levantó con actitud y expresión retadora dispuesta a enfrentar lo que estaba por venir pero antes que pudiera dar un paso hacia Shane sintió como fue sujetada de la muñeca, bajó la mirada y observó la mano que la detenía con fuerza. Cruzó mirada con él y se encontró con esos ojos color almendra que le suplicaban que se quedara. Su corazón se encogió al encontrarse con esa mirada, tomó su mano con delicadeza y la apartó de la suya. Le dedicó una última mirada, una que iba acompañada de cariño y dolor. Volvió la mirada a Shane y su rostro cambió, tomó sus cosas bruscamente y comenzó a caminar con pasos decididos, empujó a más de un compañero mientras salía del salón, estaba furiosa y asustada y no se podía controlar. Shane la sujetó del brazo y la jaló llevándosela con él sin la menor pisca de delicadeza.

CAPITULO 42: Nicolás



Ahí estaban otra vez, juntos. A pesar de que no hacía más de dos horas que había regresado de su viaje, ambos necesitaban de la compañía del otro ya que nadie más en todo el pueblo podía darles la tranquilidad que se daban ambos. Se encontraban sentados en la banqueta fuera de la casa de Jane.
-Debimos habernos quedado en la ciudad —Tom sonrió estando de acuerdo.
-¿Qué te pasó?
-En realidad nada fuera de lo común, una discusión con mi vieja… —Hizo una mueca. — ¿Y a ti?
-Nada… solo estaba aburrido… —Mintió. Se quedaron unos minutos en silencio contemplando el sol que se ocultaba entre las casa de enfrente. No estaba loco como para decirle que se encontraba en ese estado debido a que su madre le habia dicho que la policía andaba preguntando por sus otros “amigos”.
-¿Por qué me besaste? —Se atrevió a preguntar. Tom fijó la mirada en su rostro sorprendido y vio en ella destellos de tranquilidad.
-No lo sé… —Respondió el un poco desconcertado.
-¿No lo sabes?
-Solo pasó y ya… pero no quiero que por eso dejes de hablarme o no sé —Jane negó repetidas veces.
-Eso no ocurrirá… ¿Sabes? pienso las relaciones amorosas son muy complicadas, que lo peor que pudiera suceder es que fuéramos algo más, porque la amistad se pierde y sinceramente me gustas como amigo… —Él sonrió de medio lado ocultando cualquier rastro de decepción en aquella sonrisa. —Nunca había tenido uno… bueno tengo un montón de “amigos” —Gesticulo con cierto nerviosismo por estar enfrentando el tema—pero nadie en quien realmente pueda confiar… y me gusta, me gusta sentir que puedo confiar en ti… —Tom sonrió al escuchar aquellas palabras que le revivían bastante, se quedó pegado mirándole fijamente sin darse cuenta hasta que Jane apartó la mirada.
-¿Y si vamos a buscar a Faber o a tu amiga? —Sugirió Tom para dejar de hablar del tema. No había resultado como él hubiera querido pero ya se lo imaginaba, siempre había estado claro: ella solamente le quería como un amigo. Un rechinar de llantas fue el motivo por el cual Jane no puso responder aquella invitación. Un auto se aproximaba por la calle que daba en dirección a la casa de Jane, se acercaba a toda velocidad como si de un demonio se tratara.
Jane se cruzó de brazos al reconocer aquel coche presintiendo que algo no iba a ir bien.
El auto se detuvo frente a ellos con un rugido de llantas del cual salió un humo bastante desagradable.

-Estará todo bien —Murmuró Jane más que nada para darle un poco de confianza a su amigo y para auto convencerse de que sería así. Pero ella lo sabía, las cosas con Shane nunca podían ir bien así que estaba preparada para lo que fuera suceder. Shane bajó del auto como una violenta ráfaga de aire.
-¡Jane! —Vociferó caminando a grandes zancadas hacia donde se encontraba ella y Kaulitz. Su aspecto desafiante y dominante atemorizó a ambos, sus ojos brillaban por la furia. Cuando se detuvo lo hizo frente a ella intimidándola con la mirada e inmediatamente dirigió sus ojos para verlo a él, el que se encontraba a lado de su chica y por poco lo asesina con solo mirarle.
-Así que… —Comenzó a hablar con tono de voz aparentemente tranquilo pero se sabía de sobra que no lo estaba. Tenía las venas del cuello y una en la frente que saltaban por su furia. — ¿Te follaste a mi novia en la cuidad? —Se dirigió exclusivamente a Tom. Este frunció el ceño sin lograr comprender a lo que se refería — ¡Di algo idiota! —Gritó exasperado Shane al ver que Tom permanecía impávido y un poco confundido. Unos pequeños pasos bastaron para acercarse mas a él y sujetarlo del cuello de la camiseta con el puño alzado dispuesto a dar en su rostro.
-No sé de qué hablas —Dijo finalmente Tom con voz calmada, y sin intenciones de atacar a Shane porque no habia razones para hacerlo.
-¿De qué va todo Shane? —Cuestionó Jane intentando calmar la situación para que no se volviera peligroso para Tom.
-Nosotros no tenemos nada —Aseguró Tom, hizo el intento de apartarse pero sabía que un movimiento en falso y le pidió costar caro, no solo a él sino también a Jane.
-¡Claro que tenemos algo! —Exclamó jane con un sonsonete de indignación y enojo —¡Somos amigos! Venga Shane déjalo —Exigió tirando de su brazo. Shane volvió la mirada ella para ver si sus ojos no mentían. Tom aprovechó el momento de distracción para empujar a Shane y lograr que le dejara libre. Shane inmediatamente reaccionó y fue encima de él sin que Jane pudiera evitarlo. Un puñetazo limpio fue directo al rostro de Kaulitz el cual se contrajo del dolor, enfurecido por el golpe decidió atacarlo también. Esta vez fue Shane el que recibió un fuerte golpe dando paso a una feroz pelea en la cual no parecía haber ganador.

-¡Deténganse! —Gritaba Jane desesperada por no poder hacer nada.
Un golpe más en el rostro de Tom logró descolocarlo, retrocedió un paso tambaleante sintiéndose mareado y aturdido por la fuerza del impacto. Shane aprovecho la situación para darle un empujón con las dos manos y enviarlo al suelo. Loco por los celos, la rabia y la impotencia de saberse engañado se aproximó a él con toda la intención de seguir con la pelea pese a que Kaulitz ya no se encontraba condiciones para continuar.
-¡Joder! ¡No me he acostado con él...! —Gritó exasperada. Shane se detuvo y volvió la mirada a ella esperando que continuara hablando —Fue con Nicolás —Pronunció costosamente. Shane abrió los ojos atónito.


Giró lentamente, dejando de lado a Kaulitz, aun con el rostro descojonado por la confesión de Jane.
Como olvidar a Nicolás, cómo olvidar al niño rico que trató por años robarle el amor de Jane. Cómo olvidar las veces que ella le había sido infiel con él.
Si, Nicolás formaba parte del pasado de Jane no solo de ella si no en el de Shane.
Ella siempre había sido una loca, una persona que carecía de valores morales, que era rebelde y que tenía de sobra la fama de promiscua pero a él nunca le importó, a pesar de conocerla perfectamente se enamoró de ella. Un día, de las veces que iban a los bares de la ciudad, se enteró de que Jane le engañaba con él.
-¿Qué? —Cuestionó respirando entrecortadamente.
-Eso fue lo que pasó —Murmuró Jane con voz temblorosa pues veía en los ojos de enfrente el rencor y la furia.
-¡Maldita zorra! —Exclamó lanzándose encima de ella. A pasar de que Jane trató de alejarse, no lo consiguió pronto se vio atrapada por él, quien la sujetaba del brazo con fuerza desmedida. —¡Cómo te atreviste!
-En primer lugar me estas lastimado —Chilló Jane tratando de hacerse la valiente pero lo cierto era que nunca habia tenido tanto miedo como en ese instante —Y en segunda tú y yo hemos terminado —Tom se levantó para ayudarla, pero Jane lo detuvo con la mirada. —No tienes derecho de hacer esto y lo sabes —Agregó Jane con voz calmada.
-¡Qué no tengo derecho! ¡Por supuesto que lo tengo! ¡Te has metido con ese estúpido otra vez! —Gritó encendiéndose aun más.
-¡No lo tienes! ¡Solo eres un puto idiota que no deja de cagarme la vida! —Gritó ella sin pensarlo y en el mismo instante su rostro fue sacudido por una palmada fuerte. Tom intervino demasiado tarde, pero logró que Shane la dejara libre, se colocó delante de ella protegiéndola de lo que Shane pudiera tratar de hacer.

Jane jadeó de dolor y se acarició la mejilla temblando y dedicándole una mirada cargada de resentimiento.
-Te odio —Pronunció con fuerza y sin miedo.
Shane bajó la mirada y sin decir nada comenzó a andar hacia su auto, pasando por un lado de Tom sin ganas de enfrascarse en otra pelea. Subió a su auto y se marchó a gran velocidad por donde habia llegado.
-¿Estás bien? —Le preguntó Tom volviendo el cuerpo hacia ella. Jane seguía en la misma posición, acariciándose la mejilla con la mirada perdida en la dirección en que se habia ido Shane. Una lágrima traicionera y dolorosa se escapó y descendió por su mejilla al escuchar la voz de Tom, antes de que esa lagrima fuera limpiada por él Jane la apartó con rabia.
-Estoy bien —Murmuró finalmente al cruzar miradas.

CAPITULO 41: Al menos se tienen uno al otro…



Tom atrapó los labios de Jane, en un movimiento rápido, dejándola atónita. Comenzó a besarla con intensidad mientras Jane forcejeaba para poder separarse pero no lo consiguió, al contrario, sin darse cuenta comenzó a abrir los labios dejándose llevar por la situación. Como un loco desesperado, como si esa fuese la única oportunidad que tuviera para probar esos labios, así la besó; con una pasión y una intensidad que jamás habia utilizado y que ,indudablemente, hacía temblar a Jane. Con cada rose de los labios de Tom se quedaba sin fuerzas en las piernas y jadeaba confundida tratando de apartarlo. La lucha entre la razón y los sentimientos fue lo que le impidió responder con claridad aquel beso, por un lado estaba la confusión, la sorpresa de ser besada por la persona que menos esperaba y por el otro los sentimientos encontrados…
-Ahh… —Jadeó Jane tomando aire cuando sus labios se separaron. Abrió los ojos encontrándose de frente con aquellos ojos profundos que la miraban de esa manera “extraña”, parpadeó confundida y se hizo hacia atrás cuando se dio cuenta que Tom ya no tenía sus manos sobre su rostro. — ¡Si lo que pretendías era hacerme enojar, lo has logrado! —Gritó Jane dando la vuelta furiosa, pero más que eso estaba asustada. Su corazón latía desbocado y sus piernas le temblaban débilmente, cosa que jamás le habia sucedido.

Llegó hasta la puerta y se dio cuenta que no llevaba su bolso, se regresó por el pasando por un lado de Tom sin ni quiera mirarlo, no podía no tenía idea de cómo reaccionar.
-Me largo a casa —Le dijo tranquilamente caminando de regreso en dirección a la puerta, lo que más quería en ese momento era salir corriendo pero no lo iba a demostrar.
-Jane espera… —Dijo él con voz tirando a la suplica.
-¿Quieres comer antes? —Cuestionó evadiendo cualquier intento de Kaulitz de hablar sobre lo sucedido. Hasta hizo el patético intento de sonreír.
-Si quieres…
-Bueno vámonos, que ya es tarde… —Murmuró en un hilo de voz. Caminó apresurada saliendo de la habitación, bajó las escaleras sin esperar a su amigo. Sus pensamientos estaban revueltos y era presa de una desesperación y una confusión poco conocida.

…

Llevó el cigarro a sus labios y le dio una lenta calada disfrutando del sabor. Miró de nuevo hacia donde andaba Tom y un segundo después volvió la mirada hacia la carretera que estaba frente a ellos donde de vez en cuando pasaba un auto rechinando las llantas.
-¿No te han llamado tus amigos? —Preguntó Jane minutos después intentando firmemente de hacer que las cosas fueran como antes no como habia resultado durante las horas en carretera.
Estaban ahora a mitad del camino, descansando después de haber hablado desde que abandonaron el hotel.
-No tengo batería —Respondió Tom dejando de husmear por los arboles que estaba cerca. Caminó de regreso al auto y se sentó a un lado de Jane, sobre el cofre del auto. — ¿A ti?
-También me he quedado sin batería, olvidé traer el cargador —Chaqueó la lengua. Ambos estaban intentando adaptarse a ese juego, el de olvidar lo sucedido y seguir adelante como siempre, fingiendo que nada sucedía, era un juego difícil de jugar y aun mas difícil de ganar, y al parecer esta vez iba a ver dos vencedores.
-Oye… ¿y qué vas hacer con el dinero? ¿Se lo vas a dar a Edgar? —Jane bajó la mirada pensando detenidamente en el asunto.
-Lo haré, necesito que me deje en paz…
-¿Y Shane?
-¿Por qué me preguntas por él?
-No sé… solo quiero saber…
-Lo nuestro no más que una relación deteriorada y gastada… ¿Sabes? Por fin me siento libre, en el sentido de que cuando estaba con él me sentía atada… como sin salida y lo gracioso es que nunca me habia dado cuenta de que me sentía así hasta hace poco… —Sonrió amargamente. —Sin embargo no puedo mentirte diciendo que no me duele o que ya no siento nada… sería ilógico —Tom asintió convencido de ello. Jane alzó la mirada desando ser acobijada por aquella mirada pero al hacerlo él inmediatamente apartó sus ojos se ella.
-Sabes —Agregó Jane con tono débil y cansado —Desearía no tener que regresar… —Tom se atrevió a mirarla.
-Nuestras vidas ahí han sido y son un asco ¿No? —Afirmó sin dejar de mirarla y con una chispa de tristeza y dolor en los ojos.
-Al menos ahora nos tenemos el uno al otro —Una sencilla frase que se incrustó directo en su corazón. ¿Al menos se tenían uno al otro? ¿Era eso cierto? Tom estaba convencido de que en parte si lo era, pero sabía también que cada uno llevaba en sus corazones distintos sentimientos. Y eso ocasionaba que una pequeña línea los separara…

…

-¡Por una puta vez en tu vida podrías a verme a visado que te ibas! —Gritó Jennifer mirando a Jane acusadoramente. Acabada de llegar a casa y ya estaba siendo bombardeada por misiles de guerra.
-Nunca lo hago ¿porqué iba a empezar a hacerlo ahora?
-Mira Jane no me saques de quicio, que te envió a vivir con tu padre…
-¡Haz lo que se te venga en gana! ¡Aquí o allá será la misma mierda! —Gritó antes de salir corriendo para encerrarse en su habitación. Hacía años que las cosas no iban bien en casa, a veces si otras no. Existía una barrera muy grande construida entre ella y su madre, todo desde que se separó de su padre. En definitiva era algo que nunca iba a perdonarle, pero ahora el punto no era ese; lo que le molestaba a Jane eran sus patéticos intentos de fingir que estaba preocupada por ella, era estúpido e ilógico para ella creer algo como eso si nunca antes ocurrió.
-Jane abre… —Pidió su madre detrás de la puerta.
-¿Qué quieres? ¡Déjame en paz!
-Estaba preocupada por ti ¿No lo entiendes?
-Ya, claro… Como no lo pensé, tu mi mamá, la que siempre se preocupa por mi —ironizó Jane melodramáticamente con palabras envenenadas.
-¡Lo estaba! —Aseguró ella. —Tus primos vinieron a buscarte, tus amigos y hasta Shane ¿Cómo no iba a estarlo si siempre estas con ellos?
-Pues no lo estaba ¡Ahora déjame sola!

…

-¿Te la has pasado bien? —Cuestionó Simone minutos después de Tom se sentara en el sillón con el control de la televisión.
-Sí, he visto a Bill y la verdad es que me he divertido con Jane
-Me alegro… ¿Y cómo está tu padre?
-No sé, bien ¿Por qué? —Cuestionó con cierto tono irritado dejando de mirar la pantalla para verla a ella. Su madre bajó la mirada apenada. — No sé cómo sigues queriéndolo… —Murmuró Tom. Se puso de pie y anduvo hasta la cocina.
-El corazón no puede ser mandado hijo…
-Ya, pero él te engañó y te dejó ¿Por qué no puedes recordar eso? —Su madre suspiró tristemente. Se pudo de pie y siguió a Tom.
-¿Conoces a Sam y a sus amigos? —Preguntó solamente para cambiar de tema.
-Si porqué —Preguntó con poco interés mientras sacaba la caja de leche del refrigerador.
-Es que ayer vino por aquí la policía —Tom se paralizó — Y me preguntó por ellos, y que si tú los conocías…
-¿Po-or qué? ¿Qué paso? —Cuestionó tratando de mantenerse firme y ajeno a los hechos.
-No sé, no me dijeron, pero yo creo que están en cosas muy chuecas… será mejor que te mantengas lejos de ellos ¿Vale cariño? —Tom asintió lentamente intentando procesar la información. Inmediatamente el miedo de ser descubierto lo invadió, si se enteraban que habia robado aquella casa lujosa les caerían varios años encima. No era algo que alguien de su edad tuviera entre sus planes.

Debes de beber la leche, corrección, de hacer el intento de beberla pues debido a la conversación con su madre su estomago se habia encogido y su garganta cerrado impidiéndole pasar algo de liquido, subió a su habitación.
Ansioso, un poco asustado y con nauseas se acostó intentando descansar un poco cosa que, después de veinte minutos, se dio cuenta que no iba a suceder.

Conectó el móvil al cargador y esperó varios minutos para poder utilizarlo, cuando el móvil logró tener un poco de carga lo tomó y busco con desesperación el número de ella pero antes de que presionara el botón verde para realizar la llamada apareció en la pantalla: Jane llamando.

CAPITULO 40: Kaulitz, qué viene después


Había solo una cosa de la cual si estaba consciente de las ganas que tenia de besarla…
Jane se movía rítmicamente, con mucha gracia e ímpetu. Para Tom era demasiada la sensualidad que sus movimientos le daban, y esto lograba hipnotizarlo aún más; se sentía transportaba a otra dimensión.
La canción terminó llevando consigo el valor que había conseguido tener por un instante. Jane se separó él sonriendo alegremente, se le veía bastante entusiasmada.
Una nueva canción resonó alborotando a todos los que estaban a su alrededor, inmediatamente inició un baile alocado donde las miradas y las sonrisas era lo única que podían compartir. La gente comenzó a amontonarse, unos pegados con otros intentando mantener el ritmo, casi ni se podía respirar por tanto empujón y tanta locura.

-¡Hay que salir de aquí!—Le dijo Jane apuntando hacia la barra, Tom asintió mientras le tomaba la mano para ir detrás de ella — Es una verdadera locura —Dijo Jane cuando lograron llegar a la barra, estaba sofocada y acalorada.
-Empezaba a divertirme —Dijo Tom —Te mueves cada vez mejor —Jane sonrió mínimamente apenada.
-¿Me has visto?
-Alguna vez, en alguna fiesta… —Dijo él sin adentrarse demasiado en el tema.
-Pues gracias —Respondió ella, también sin querer indagar en el hecho de que él se fijaba demasiado en ella. Tom se quedó mirándola fijamente, de esa manera que a Jane le costaba definir. Ella apartó la mirada de sus ojos bonitos fijándola las botellas de vino que estaban en la barra, pensando en que si continuaba mirándole de esa manera después se iba hacer adicta a esa peculiar forma de mirar.

-¡Ey quiero una copa! —Le gritó al Bartender, este estaba del otro lado de la barra atendiendo a unos chicos. Cuando se desocupó se aproximó hacia donde Jane estaba.
-Te dejaron esto —Le dijo el muchacho pasándole una bebida. Jane sonrió ampliamente a ver la copa de vodka, con arándanos y limón, la cual era su favorita. Ese regalo solamente podía venir de una sola persona.

Jane giró de un solo movimiento buscándole con desesperación, buscó entre toda la gente pero no se veía por ahí cerca.
Tom se dio cuenta de la expresión de jane, su rostro se había iluminado, nunca antes le había visto así, de esa manera como si esa persona fuera alguien realmente especial para ella. Por un momento, sintió envidia de no poder ser él el que provocara esas reacciones. Sintió también deseos de conocer esa persona, de saber quién era, saber quién era capaz de hacerla sonreír de esa manera.
-Oye… —Dijo Jane fijando finalmente la mirada en su amigo después de haber recorrido todo el sitio con la misma — Te importa si te dejo un rato, es que necesito encontrar a alguien… —Tom asintió sonriendo costosamente. Jane sin decir nada mas salió disparada adentrándose entre la gente, dejando claro que realmente quería encontrarse con aquella persona.
Tom suspiró atosigado cuando Jane se le perdió de vista, regresó la vista a la barra y le pidió una copa al Bartender que había atendido a Jane.
-Esa chica siempre esa así… —Dijo el muchacho dirigiéndose a Tom. Este alzó la mirada para comprobar que realmente se dirigía a él. —Siempre está con gente gorda, ya sabes… mafiosos y esas cosas —Le explicó al ver el rostro confundido de Kaulitz.
-Y él que le dio esto —Señaló la copa — es uno de esos?
-No, él es otra cosa, es un niño rico que viene muy a menudo por aquí con la esperanza de volver a ver a la rubia… —Tom frunció el ceño aun sin comprender.
-Ya te digo, es mejor que te busques a otra, créeme esa chica ya la tienen vista y no querrás tener problemas… —Le aconsejó el muchacho de todo corazón. Tom sonrió agradecido y luego se marchó en busca de algo que pudiera despejarle la mente, principalmente para no pensar más en ella.



El resto de la noche fue historia, Kaulitz logró encontrar a una chica guapa con la cual bailar un rato, beber y conversar pero lo cierto era que su cabeza estaba en otro lado y lo peor era que en todo el lugar no habia ni rastros de Jane.
La noche terminó para él cuando recibió un mensaje de su amiga diciéndole que lo esperaba en el coche para irse a dormir. Tom dejó la chica guapa, morena y alta de buen cuerpo, con ganas de una buena noche; pero a él no le importó, no le importó el hecho de que casi saliera corriendo para ir donde estaba su querida amiga.


-¿Dónde estabas? —Le preguntó cuando abordó el auto. Jane esta recostada en el asiento con los ojos cerrados, tenía sueño y estaba tomada.
-Estaba con un viejo amigo, la verdad es que la he pasado muy bien —Respondió levantando la cabeza para mirar a Tom. Sonrió estúpidamente y volvió apoyar la cabeza en el asiento pero sin dejar de mirarlo.
-¿Y tu dónde estabas?
-Ahí dentro buscándote —Respondió simplemente y sin agregar nada más. Jane cerró los ojos luchando por no quedarse dormida pero al final no lo consiguió. Tom condujo de regreso al hotel sin poder apartar las últimas palabras de Jane, Estaba con un viejo amigo, la verdad es que la he pasado muy bien. ¿Qué se suponía que significaba esa frase? ¿Quién era ese viejo amigo? ¿Seria alguien importante para ella? Era obvio que si, sino ella no se hubiera puesto tan feliz, sino ella no hubiera sonreído de aquella manera, sino ella no hubiera ido corriendo en su búsqueda.

El camino se hizo eterno entre tanto cuestionamiento y tantos pensamientos perturbadores…

…

El sol dio directamente en su rostro, apretó los ojos y se cubrió con la sabana negándose a despertar pero ya no había remedio. Se levantó de mal humor y fue hacia el baño y se lavó la cara. Había dormido muy mal, de hecho lo más acertado era decir que no había dormido en toda la noche y en cambio ella en cuando había tocado la cama había caído en brazos de Morfeo.
Se pegó suaves cachetadas en el rostro al darse cuenta que ahí, de nuevo, estaba ella en sus pensamientos. Se preguntaba qué había sucedido ayer para que ahora amaneciera con Jane en la cabeza, en qué momento se había instalado ella ahí y la mejor pregunta: cómo la sacaba. Se sonrió de mala gana dándose cuenta que las últimas semanas había girado en torno a ella.

-¡Que estúpido eres! —Se recriminó a sí mismo. Era claro, desde el primer momento se habia sentido atraído por ella.
Salió del baño minutos después y se encontró con Jane de pie delante del tocador cepillándose el cabello.
-Ey hola —Saludó Jane con un sonrisa. Tom respondió con una mueca horrenda sin mirarla. Jane alzó las cejas sin comprender su reacción —¿Dormiste mal o qué?
-No —Respondió él secamente. Jane giró para mirarlo de frente pero Tom fingía que hacia algo con su móvil.
-¿Estas enojado por algo? —Tom alzó la cabeza y la miró seriamente, se encogió de hombros e hizo una mueca. Pasó de largo y se acercó al buró de la cama donde habia dejado su billetera. — ¡Venga, que no te la has pasado tan mal! —Le dijo ella indignada, y sin creérsela que él pudiera estar enojado.
-Dices tú —Se limitó a decir irónicamente, mientras metía la billetera en la bolsa trasera de su pantalón.
-Pero si hasta te he visto bailar con una morena muy guapa toda la noche —Tom volteó a verla. —Ja! No te hagas que te visto…
-Al menos me has visto, yo a ti no te volví a ver hasta que apareciste en el carro toda borracha
-No estaba borracha —Replicó.
-Si claro, no estabas borracha seguramente estabas drogada o algo así —Jane abrió la boca sin dar crédito a lo que acababa de escuchar. No le sorprendían las palabras, habia escuchado insultos peores, lo que le sorprendía era que vinieran precisamente de él.
-No sé qué traes hoy pero créeme no te voy a estar aguantando —Sentenció Jane acercándose a él, hasta que se detuvo frente a él.
-Que bueno, yo tampoco pensaba aguatar más tus rollos de niña loca —Soltó el sin contemplaciones. Jane soltó el aire que habían retenido un instante sus pulmones.
-¡Eres un idiota!
-Más lo serás tú —Contestó él.
-¡Eres un idiota, un tonto, un estúpido de mierda! —Gritó Jane sacada quicio, Tom miró la furia en sus ojos tanta como la furia que él sentía en ese momento, pero más de estar enojado con ella o con alguien, estaba furioso consigo mismo por estar teniendo esos sentimientos. —¡Y sabes, si te vas a poner así solo por una idiotez será mejor que...! — No alcanzó a terminar lo que iba a decir porque Tom se hacía acercado a ella y la habia sujetado del rostro fuertemente —Su-ueltame… —Dijo Jane sin aliento al ver su rostro tan cerca al de ella. Aunque hizo todo lo posible por sacarse las manos de su rostro no pudo, él la sujetaba con demasiada fuerza. Tom atrapó los labios de Jane, en un movimiento rápido, dejándola atónita. Comenzó a besarla con intensidad mientras Jane forcejeaba para poder separarse pero no lo consiguió, al contrario, sin darse cuenta comenzó a abrir los labios dejándose llevar por la situación.

CAPITULO 39: Estas atrapado Kaulitz


-¡Ya está! —Exclamó Jane poniéndose de pie con muchos ánimos —Quiero ir a bailar, quiero beber, quiero una noche loca en esta ciudad… —Tom la miró sin comprender y con un gesto de espanto en el rostro.
-Esos cambios de humor tuyos me van a volver loco —Dijo él con mucha pesadez. Jane sonrió ampliamente.
-Quiero olvidar todo, quiero beber y beber hasta quedarme sin conciencia ¡Venga Tom! ¡Estamos en la ciudad! —Tom negó lentamente.
-Conozco otras formas…
-Pues he dicho que tendré una noche loca y tú vendrás conmigo… —Comenzó a caminar de regreso al coche, el cual estaba frente al parque al otro lado de la calle. — ¿Qué?¿Te vas a quedar ahí? —Insistió. El ancianito, definitivamente, le habia cambiado el humor.
Kaulitz se levantó de la banca no muy convencido pero la insistencia de Jane podía más que él.
-¡Venga! Qué tal si te encuentras con una chica interesante —Insistió ella, Tom sonrió a fuerzas.
-No tengo ganas de un amor de una sola noche
-Ya, claro… como en el pueblo te espera una pelirroja bastante angelical —Refunfuñó Jane.
-Por supuesto, es por eso, muero por verla —Ironizó Tom siguiéndole el juego. La realidad era que ni siquiera se habia acordado de Any en todo este tiempo.
-Como sea —Continuó Jane hablando normalmente —Yo quiero encontrarme con un chico guapo y musculoso, sin aires de fresita estúpido, que por lo menos baile y bese bien —Llegaron a la calle y esperaron a que pasara un coche para poder cruzar.
-Veo que tienes tu prototipo de hombre “perfecto”… —Gesticuló con las manos. Jane rodó los ojos y subió al auto, Tom la siguió un poco después, otra vez le tocaba conducir a él.
-Al menos tengo todo planeado, quiero pasármela bien no aburrida
-¿Estás diciendo que soy aburrido?
-Admítelo querido amigo, la diversión no es lo tuyo… —Tom la miró un instante y luego enfocó la vista hacia el frente. Él no era aburrido, ¡Claro que no! ¿O sí? Apretó los dientes disimuladamente para Jane no notará su molestia.
-Pero bien que te escapaste conmigo —Dijo minutos después.
Jane sonrió mientras lo veía echar andar el auto.
-Bueno en eso si tienes un punto a tu favor…
-¿Lo ves? No soy aburrido —Alegó él sonriendo más relajado.

…

Lo primero que hizo Jane al llegar al centro nocturno fue dirigirse a la barra y pedir un buen trago, Tom solo la observaba disfrutar mientras bebía.
-Toma algo para que acompañes —Le decía ella, Tom seguía resistiéndose —Dame otra igual —Le pidió al bartender, este obedeció al instante y cuando terminó prepararla se la pasó a Tom.
-¿Ya encontraste a tu prototipo? —Le preguntó Tom mientras se llevaba la bebida a la boca.
-No, pero seguro aparecerá… —Respondió mirando con atención a la gente a su alrededor, buscando con cierta desesperación a alguien que estuviera a su altura.
-¿Quieres bailar? —Le preguntó cuando finalmente tuvo el valor de hacerlo. Jane volvió la mirada a él y lo miró a los ojos profundos de su amigo.
-Creí que no te gustaba bailar
-No me gusta —Admitió él, Jane sonrió. Dejó la bebida sobre la barra y le quitó la que él tenía colocándola en el mismo lugar. Sujetó su mano derecha y se lo llevó hacia donde la demás gente bailaba.

Jane cruzó los brazos alrededor del cuello de Kaulitz y él la sujetó con fuerza de la cintura y la acercó aun más a él. Comenzaron a bailar una canción movida pero bastante sugerente, las parejas a su alrededor que comían a besos con gran pasión, pero al menos él no los veía.
Hipnotizado, era una palabra que le quedaba chica en esos momentos, estaba mucho más que eso. Conforme los minutos corrían se sentía más y más atrapado, y la verdad era que le gustaba esa sensación. Le agradaba estar tan cerca de ella.

No era consciente de nada, no se daba cuenta de lo que estaba sucediendo dentro de él, de cómo la miraba, de cómo actuaba cuando estaba a su lado, de cómo su corazón bombeaba por cada sonrisa suya, de cómo sus ojos buscaban insistentemente los suyos, de cómo hacia todo y más solo por ella, Kaulitz aun no era consciente de lo que Jane le estaba haciendo sentir, sin embargo habia solo una cosa de la cual si estaba consciente de las ganas que tenia de besarla…

Capitulo 38: ¿No es como ellos?


-Aquí te espero —Le dijo ella cuando Tom abrió la puerta.
-¿Qué? Claro que no, vamos —Le dijo sin darle tiempo de negarse, salió de la camioneta y le dio la vuelta, jane aun estaba dudando. — ¿Te acobardas? No creí que fueras así pero bueno, ahorita vengo
-Tu ganas —Dijo cuando Tom comenzó a caminar en dirección a la casa. —Bajó del auto y caminó a paso rápido para alcanzarlo.

La puerta de aquella casa de fachada elegante se estaba abriendo cuando Jane llegó a lado de Kaulitz. Ante ellos apareció un hombre mayor, su cabellera mostraba algunos indicios de la edad, tenía los ojos color claro iguales a los de Tom, en ellos se reflejaba el cansancio pero también confesaba juventud y felicidad.
-Thomas —Dijo sorprendido. Se acercaron uno al otro y se dieron un abrazo — Que sorpresa… ¿Pasó algo? ¿Tu madre se encuentra bien? —Preguntó rápidamente.

-Si ella está muy bien solo vinimos de fin de semana —Dijo Tom volteando a ver a Jane.

-Ah… —Dijo su padre. —¿Y ella quien es? —Dijo enfocando su atención en ella.

-Es Jane

-Mucho gusto señor —Se aproximó un paso al hombre y le extendió la mano.

-¿Jane? —Cuestionó recordado algo —¿Tus padres son los Drake’s?

-Sí, son ellos —Respondió intentando sonreír, odiaba que fuera conocida solo por sus padres y no por meritos propios.

-Como has cambiado, te conocí cuando tu padre te llevaba al parque —Jane sonrió amargamente. Tenía tan presentes aquellos días, cuando realmente se la pasaba bien, cuando su padre era un real padre. — ¿Qué ha sido de él?

-Eso mismo quisiera saber yo… —Respondió secamente. El rostro del hombre cambió al ver en los ojos de la chica la amargura de los años.

-Pues bueno… pasen, pasen —Dijo rápidamente mientras se hacía a un lado—¿Así que es tu novia? —Preguntó imprudentemente, caminando detrás de los chicos. Tom volvió el cuerpo hacia su padre y le hizo un gesto con la boca.

-No, somos amigos solamente —Resaltó Kaulitz. Su padre sonrió avergonzado y dijo.

-Bill esta allá arriba, seguro querrá verte a ti y a tan bonita chica —Le alentó, Tom asintió ansioso por las ganas que tenia de verlo, Jane por su parte presintió que algo no iba a marchar del todo bien y por lo tanto tuvo grandes deseos de salir corriendo.

Pocas eran las veces en que Jane se habia sentido tan amedrentada por una situación. Las imágenes estaban en su mente y no podía no sentirse culpable, ella y sus “amigos” tenían la culpa de que Tom se hubiese separado de su hermano, ella tenía la culpa de muchas cosas que seguramente le habían pasado a Bill.

Pasaron un largo pasillo después de subir las escaleras al segundo piso, hasta que finalmente se detuvieron delante de una puerta de madera de color negra.

Tom abrió la puerta de golpe, sin darle tiempo a Jane para prepararse. Entró ala habitación y Jane miró desde lejos como se arrojaba sobre el chico que estaba tirado sobre la cama. Lucharon en la cama como niños pequeños, entre sonrisas y gestos de sorpresa, hasta que finalmente se pusieron de pie.

-He traído a una amiga —Dijo Tom finalmente cambiando su tono de voz alegre a uno más serio, entonces Bill miró hacia la puerta donde Jane permanecía estática. La sonrisa deslumbrante que llevaba aquel angelical rostro desapareció de golpe al verla a los ojos. Jane no parpadeó, al contrario aguantó aquella mirada fría, llena de dolor y resentimiento. Bill frunció el ceño y volteó a ver a su hermano para dejar de verla, para no revivir los malos momentos que esa chica traía a su memoria y sobre todo para que él le explicara la razón de que ella estuviera ahí.

-T-e esp-ero en el coche —Fue todo lo que pudo pronunciar Jane delante de ellos. Dio la vuelta y recorrió de regreso el camino por donde habían llegado. Salió de la casa de los Kaulitz lo más rápido que pudo y se metió dentro del coche respirando entrecortadamente.

…

-¡Vuelve pronto hijo para que pases un día completo con nosotros! —Escuchó Jane a lo lejos. Se dio cuenta entonces que Tom se estaba despidiendo de su padre a fuera de la casa.

-Claro que si, pronto volveré, hasta luego —Finalizó para después darle un abrazo cariñoso a su padre. Jane volvió a sonreír amargamente y sintió la necesidad de ponerse a llorar. Ella a comparación de Tom estaba completamente sola, ella a comparación de Tom no era una buena persona, ella a comparación de Tom no tenía ni el cariño de sus “amigos”, ni el amor de un padre o de una madre, ni aun hermano a cual tenerle confianza. Ella, en ese momento, sentía que no tenía nada.

Mantuvo la mirada baja cuando Tom abordó el auto. Le habia dejado libre el asiento del volante, permitiendo que él condujera.

-Jane… —Le llamó con voz suave. Jane no respondió, ni siquiera se movió. — ¿Todo está bien vale? —Le dijo restándole importancia.

-No lo está, no para mí… —Tom encendió el auto y partió sin saber a dónde ir. — ¿Qué te dijo? —Preguntó poco después. — ¿Qué te dijo? —Insistió Jane al no recibir respuesta. — ¡Joder habla no te quedes callado!

-Me dijo que… que no debí llevarte, que no quería verte… que me alejara de ti…

-Demasiada información para mí —Ironizó Jane en un intento bastante patético de suavizar sus emociones, pero no logró. — Él debe odiarme… —Susurró.

-Él no te odia, no es así… solo…

-No está bien, me lo merezco ¿Sabes? Realmente me lo merezco…

-Vamos no importa —Insistió Tom.

-Si importa, me importa porque ¡Joder! Es una persona con sentimientos, que nosotros lo tratábamos peor que a un bicho, que a una alimaña… Es tu hermano, joder es tu hermano y ustedes no se lo merecían… —Kaulitz apretó los dientes con rabia recordando los momentos difíciles que vivió en aquella época, sobre todo cuando se ensañaban con Bill… —Me duele porque es tu hermano, porque fue demasiado incluso para mi…

-Te duele porque no eres como ellos…



Mostrarte fuerte ante los demás no siempre es la manera más fácil, porque todo eso que no muestras se va acumulando hasta que ya no hay más espacio, hasta que un día no soportas más y lo expulsas; y, a veces, aunque lo hagas nunca es suficiente porque no lo hiciste en el momento indicado.

Aunque no lloraba sentía el pecho oprimido y abatido. Estaban sentados en la banca de un parque, el primero que se les habia cruzado en el camino, ninguno de los dos habia hablado en los últimos veinte minutos, la tensión estaba presente y ese sentimiento de desolación no abandonaba a ninguno de los dos.

-¿Les hago una foto? —Preguntó una voz interrumpiendo los pensamientos de ambos. Tom alzó la mirada y se encontró con un hombre de edad avanzada, un anciano de rostro angelical y una mirada llena de paz, llevaba una cámara profesional colgada al cuello de esas que se veían muy poco actualmente.

-¿Qué dices? —Dijo mirando a Jane, esta asintió sonriendo.

-Acérquense un poco —Indicó el dulce fotógrafo. Jane dejó caer su cabeza en el hombro de su amigo y sonrió sin proponérselo. El flashazo indicó que la imagen ya estaba capturada. — En un momento se las doy —Dijo el hombre tomando la foto que habia salido por un lado de la cámara. Comenzó a abanicarla de un lado a otro y finalmente se la entregó a Tom.

Ambos sonrieron al verla foto.

-Que guapos —Dijo Jane sonriendo.

-Aquí tiene señor —Le dijo Tom entregándole unos cuantos billetes. El hombre sonrió agradecido y se marchó felizmente.

-¡Ya está! —Exclamó Jane poniéndose de pie con muchos ánimos —Quiero ir a bailar, quiero beber, quiero una noche loca en esta ciudad…

Capítulo 37: My best friend


-Vale, vale, tú ganas —Dijo él finalmente. Jane sonrió triunfante mientras Tom se levantaba. Él se quitó las sabanas de encima dejando al descubierto su torso desnudo, inevitablemente, los ojos de Jane se pasearon observándolo detenidamente. Era imposible decir que él no estaba bien físicamente y Jane jamás se habia dado cuenta, hasta ahora. — ¿Qué? —Le dijo él al darse cuenta que le miraba tan minuciosamente.
-¡Nada, que te apures!¡Si no me voy yo sola! —Replicó dando la vuelta. Alzó las cejas, cuando ya no era vista por Tom, y sonrió divertida pensando en lo guapo que se veía así, agradeció dos cosas: Una, que llevara pantalones puesto y Dos, no haberlo visto de esa manera antes de dormir porque seguramente no hubiera podido pegar un ojos pensando en lo bien formado que estaba su amiguito.
-Me voy a ir adelantando —Le dijo girando antes de llegar a la puerta. Tom se estaba colocando la camisa.
-Espérame ya voy —Le dijo él.

Jane salió de la habitación y encendió un cigarrillo mientras esperaba a Tom. Tenía la cabeza en blanco y un sentimiento de bienestar poco conocido por ella. Sus ánimos estaban elevados hasta el cielo, se sentía en las nubes. No habia lugar para pensar en los problemas que tenía en el pueblo.

-Joder —Dijo Tom. Jane alzó la mirada y se dio cuenta que ya iba saliendo de la habitación. — ¿De dónde sacaste ese vestido? —Cuestionó mirándole de arriba abajo. Jane le dio una gran calada al cigarro y respondió sonriendo.
-Yo siempre llevo ropa en mi bolsa.
-¿Por eso es tan grande?
-Idiota —Murmuró ella reprimiendo una sonrisa. Comenzó a caminar con Tom detrás de ella. — ¿Qué comeremos? —Le preguntó minutos después. Iban bajando las escaleras.
-Lo que sea está bien, decide tú —Le dijo él.
-Vale, veremos que encontramos, se me antoja algo que no sea muy… —se sobresaltó al sentir la vibración de su móvil dentro la bolsa. — Ya se me hacia raro que no sonara —Murmuró de mala gana mientras sacaba el aparato de su bolsa. Cuando lo tuvo entre sus manos observó la pantalla y leyó en ella el nombre de su prima.
-¡Ey Jane donde estas! —Exclamó la voz escandalosa de Any.
-Venga Any no grites que no estoy sorda —Replicó retirando el móvil de su oreja. Miró a Tom y le hizo un gesto de fastidio, él sonrió asintiendo.
-¡Perdón! Pero dime dónde estas
-Muy lejos —Le dijo con voz misteriosa.
-¿Estas con Tom?
-Ajá —Respondió Jane sonriendo.
-¿Donde?
-En la cuidad
-¿En la cuidad? ¿Pero qué hacen allá?
-Fue una locura
-Ya, olvidaste que me iba a quedar contigo estos días
-Joder Any no lo pensé pero te lo juro te lo recomenzare.
-Oye dile que lo siento —Le dijo Tom. Jane frunció el ceño sin comprender.
-Dice Tom que lo…
-Ya lo escuché, dile que da igual… —Interrumpió Any con voz desanimada.
-Bueno Any te tengo dejar, después hablamos ¿Vale?
-Vale.
La llamada se cortó antes de que Jane pudiera agregar algo más.
-¿Por qué me dijiste que le dijera lo siento? ¿Qué le hiciste? —Preguntó Jane tratando de recordar si habia sucedido algo en la playa.
-Habíamos quedado de salir, bueno en eso estábamos cuando Lamb llegó…
-¿Ibas a salir con Any? —Tom asintió alzando las cejas. — ¿Te gusta? —Preguntó sonriendo pero sin poder simular su sorpresa.
-No lo sé, quizás.
-Harían una bonita pareja… —Dijo simplemente y continuó caminando.

…

-En la casa de mi padre tengo ropa, podríamos ir… —Le dijo Tom. Estaban en un restaurante en el centro de la cuidad, a punto estaban de terminar de comer. Habían paseado por muchos sitios antes de detenerse en ese tranquilo lugar y se la habían pasado muy bien.
-Vale, yo creo que sobrevivo con este vestido para la noche
-Te va bien —Le alagó, Jane sonrió.
-Oye ¿y si vamos a bailar más tarde?
-¿Conoces algún lugar?
-Si hay una zona donde hay solo sitios nocturnos, Shane y yo íbamos a uno siempre que veníamos a la cuidad, se llama Bow o algo así…
-Me parece bien, tengo mucho que no voy a un lugar de esos aquí en la cuidad.
-¿No vienes casi a la cuidad verdad?
-No, aparte que mi hermano es más de otras cosas, con sus amigos, más personal… —Jane bajó la mirada. — ¿Lo conocías? —Jane asintió costosamente.
-No es algo de lo que me sienta muy orgullosa… —Murmuró.
-Ya, pero es pasado y ya no importa… —Ella hizo una mueca.

…

-Has estado muy seria —Le dijo Tom. Iban de camino a su casa y en todo el camino Jane no habia abierto la boca ni para decir una pequeña palabra.
-Si quisiera hablar ya lo habría hecho —Replicó ella con cierto fastidio en la vos, Tom sonrió de lado sin apartar la mirada de por donde conducía.
-¿No será por mi hermano?
-Para nada, solo no quiero hablar ¿Cuál es el problema con ello? —Tom resopló quedándose callado para no seguirle el rollo a Jane, se veía a kilómetros que no estaba de humor.
-Mira donde está la camioneta azul —Dijo señalando hacia el frente, Jane alzó la mirada buscando entre las casas la camioneta — Esa es la casa de mi papá —Le dijo. El auto avanzó unos metros más hasta que finalmente se detuvo detrás de la dichosa camioneta azul que estaba estacionada frente a la casa del padre de Tom. Jane tomó aire profundamente mirando por la ventanilla y deseo no haber aceptado ir con él, lo que menos deseaba era ver la cara Bill.