-Son 100 dólares muñeca…
-Gracias corazón —Respondió Jane con un sonrisa seductora. Le dio la cantidad solicitada y tomó la bolsa que el joven le estaba entregando —Nos vemos luego —Se despidió.
-Cuando quieras Jane —Le dijo él con voz sugerente. Ella lo ignoró y se marchó de ahí…
…
-¡Ey Jane despierta! —Jane abrió los ojos de golpe al escuchar aquella voz alterada. —¡Por una mierda qué has estado haciendo! —Reclamó Elena con voz autoritaria. Jane apretó los ojos intentado hacer memoria para poder responder a su pregunta.
-Hay no sé… deja de joder Elena —Respondió fastidiada.
-¿Qué te pasó?¿Por qué estás aquí? —Jane se desparramó el cabello y tiró levemente de él. Le jodía que la despertaran de esa manera. Con el ceño fruncido miró a su alrededor y se dio cuenta por fin de dónde estaba realmente, no era su cama como ella pensaba.
Escuchó un suspiro fatigado salir por la garganta de su amiga.
-¿No te acuerdas verdad? —Jane negó confundida. El viento comenzó a mecer su cabello y el canto de las gaviotas la hizo estremecer. Estaba en una palapa con paredes de concreto donde solía ir con Elena cuando terminaban las fiestas y no querían volver a casa o cuando alguna de las dos estaba lo suficientemente deprimida como para no querer ver a nadie.
Se reincorporó pensado cómo pudo hacer llegado ahí y entonces lo recordó.
-¿Estuviste metiéndote esa porquería? —Cuestionó Elena, jane frunció el ceño.
-¡No! Bueno si y qué, es MI problema… —Su amiga negó repetidas veces.
-Joder Jane… —Permanecieron unos minutos en silencio — ¿Qué pasa? —Ella misma sonrió con ironía, sabía perfectamente lo que sucedía y estaba segura que si ella fuera Jane haría probablemente lo mismo. — Bueno… ya lo sé pero cuéntame seguramente te sentirás mejor que metiéndote esta porquería.
-Es demasiada presión, ya no aguanto. Shane no me dejará en paz.
-¿Y si esperas unos días?…igual y se le pasa, a lo mejor acepta que lo has terminado…
-No es por eso… —hizo una pausa. Elena no sabía mucha información. — Se enteró que estuve con Edgar… —Elena abrió los ojos de la impresión.
-¿Tu y Edgar? —Exclamó extrañada. No lo creía, sabía que Jane jamás le haría caso.
-Larga historia —Murmuró Jane ignorando el tema. —Shane golpeó a Ed hasta casi matarlo y no sé qué quiere conmigo pero estoy segura que no me dejará en paz…
-Además que odia a Edgar… —Jane asintió con ojos asustados.
-Pero hay algo más… —Murmuró Jane en voz muy baja. Elena alzó las cejas intrigada. Se acercó a Jane con interés e hizo a un lado las botellas de alcohol que estaban junto a ella y se sentó. —Tom…
-¿Kaulitz? ¿Qué pasa con él? —Jane suspiró antes de hablar.
-Le gusto —Soltó de golpe. Elena sonrió como si fuera algo que ya supiera y en realidad era así.
-Pobre chico… no está tan feo, de hecho tiene algo… es guapo pero el pobre carece de estilo. No sé, no tiene gracia… es tan gris —Trató de explicarse. Jane la miró fijamente con el ceño fruncido.
-No lo conoces… —Replicó Jane irritada. Sacó un cigarro de la chaqueta sobre la que estaba sentada y lo encendió.
-¿Entonces lo amas? —Preguntó dramatizando
-¡Jajaja! —Jane se rió con ganas —Idiota, no lo amo —Sonrió con ironía. No se creía capaz de amar a alguien — es sólo que él es de una forma en la que nadie ha sido conmigo…
-Te gusta —Afirmó Elena.
-No me gusta… —Tomó una calada profunda de su cigarro. — pero me preocupa lo que me está haciendo sentir…
…
-Hay entrar ese local para que te compres una pastilla y un jugo con suero —Jane gruñó de fastidio. Iba hecha un capullo en el asiento del copiloto sujetándose con fuerza la cabeza, la cual parecía que le iba a estallar.
-Está bien Elena, lo que se te dé la gana.
Elena estacionó el auto enfrente del pequeño mini súper y bajó. Jane lo hizo cinco minutos después, parecía un verdadero zombi.
-Hacia mucho que no te ponías en ese estado…
-Lo sé —Respondió apenas.
-Desde que eres amiga de Tom —Jane resopló con cierto fastidio. Ahora Elena no la iba a dejar en paz. Caminó ignorando el comentario de doble filo de su amiga y se acercó a la pequeña área de farmacia. —Mira este jugo te caerá bien —Elena apreció a su lado. La rubia respondió con una mueca.
-Toma —le tendió una caja de pastillas para el dolor de cabeza. —Tu paga, te voy a esperar afuera —Elena asintió sin decir nada.
Jane se sentía sofocada y no solo por el pequeño y caluroso local, más bien era por toda la carga que llevaba sobre sus hombros. Sacó un cigarro de la bolsa de su chaqueta y empujó la puerta de cristal para finalmente salir al aire libre.
-¿Algún día vas a dejar de fumar? —Alzó la mirada instantáneamente al escuchar aquel timbre dulce de voz.
-Nunca —Respondió con una enorme sonrisa. —¿Qué haces aquí? —Cuestionó sin dejar de sonreír. Caminó pasos rápidos hasta llegar a su lado. Tom se encontraba recostado en el auto de Elena.
-Iba pasando y las vi entrar… Ayer te estuve buscando, te fuiste muy rápido —Jane asintió pero no respondió nada —Creí que te había pasado algo, como tampoco fuiste hoy a clases…
-Está bien Tom, no necesito que te preocupes tanto por mi —Kaulitz apartó cualquier rastro de alegría de su rostro.
-No lo hago porque crea que lo necesites… —Jane resopló. En ese momento un auto pasó a toda velocidad por la calle de enfrente.
-Hay que meternos al auto —Sugirió ella ante la posible aparición de Shane o de alguno de sus amigos. Jane abrió la puerta del copiloto y se metió al auto. Tom lo hizo en la parte de atrás de este. —¿Qué tanto hace? —Cuestionó mirando hacia el local, se veía a Elena como hablaba animadamente con el cajero.
-¿Por eso no fuiste a clase? —Jane volvió el cuerpo y el rostro y volteó a ver a Tom sin comprender. Él estaba recargado entre medio de los asientos delanteros — ¿Estuviste consumiendo esas porquerías?
-¿Cómo lo sabes?
-No lo sé, lo supongo. Tu aspecto…
-Ja! Ya sé que me veo horrible, no tienes que decirlo —Cortócon una sonrisa pero el rostro de Tom seguía como una estatua, sin expresión.
-No estás horrible pero te ves más bonita cuando no lo haces… —Jane rodó los ojos realmente fastidiada y se volvió en el asiento para quedar con la vista hacia enfrente.
-No me vas hacer cambiar así que por favor no mientas…
-No miento —Aseguró él con firmeza. —Nunca, incluso hoy, dejas de verte hermosa —Jane regresó de nuevo la vista hacia Tom. No pudo evitar sonreír al no encontrar en sus ojos algún rastro de burla.
-¡Estoy de vuelta! —Exclamó Elena en cuanto salió del mini súper. Observó a Jane con una sonrisa, y luego se dio cuenta de la presencia de Tom.
-Hola Kaulitz —Saludó cuando abordó el auto con tono de voz severamente serio. No es que le callera mal es solo que la tenían confundida todas las declaraciones que Jane le habia hecho. Era difícil comprender a una amiga cuando su manera de ser siempre habia sido distinta.
Tom tenía que trabajar en el restaurante de la familia de Faber así que Elena lo llevó a petición de su amiga, a final ambas aceptaron la invitación de Kaulitz para que se quedaran a comer y a charlar, aunque a Elena no le hacía mucha gracia la idea aceptó.
-¿Qué van a querer? —Preguntó Tom después de volver de la cocina con el mandil ya puesto y una pequeña libreta donde apuntar la orden. Elena alzó la mirada para verle y dijo:
-Una hamburguesa, papas y una cerveza bien fría.
-Yo también —Dijo Jane.
-Sí pero a ella tráele un té —Interrumpió Elena, Jane refunfuñó.
…
-Quieren dos hamburguesas, papas, una cerveza y un té. —Repitió Tom delante de Jaime, el hermano mayor de Faber y el cual estaba a cargo del restaurante mientras la tormenta pasaba. Faber aún no podía ni moverse.
-Ahorita las tengo lista —Dijo Jaime para después entrar en el cuarto de la cocina. Luego de varios minutos salió con una charola, donde llevaba todo preparado. —Yo se los llevo —Le dijo a Tom, este asintió.
-Ey Jaime —Saludó Jane cuando lo vio llegar.
-Ey, ¿Cómo están?
-Yo muy bien, ella… pues mírala y juzga por ti mismo —Se burló Elena.
-Oye —Dijo Jaime dirigiéndose a Jane —Shane me ha estado marcando. Creo que te está buscando —Jane se cubrió el rostro con ambas manos.
-Cállate que se le quitará el hambre —Lo regañó Elena.
-¿Cómo está tu hermano?
-Está muy bien, no te preocupes por él.
-Lo siento…
-No te preocupes, de cualquier manera hubiera sucedido. Faber a veces puede ser muy loco… y le debía varios favores a Tom. —Jane bajó la mirada poco convencida de las palabras de del chico. Jaime comenzó a dejar el pedido sobre la mesa. Jane se puso de pie sin decir nada y camino hacia donde estaba la caja donde Tom cobraba. Y ahí estaba él. Le sacó la vuelta a la barra y con intenciones de acercarse a él.
-Quiero una cerveza —Le dijo cuando estuvo frente a Tom. Este asintió y se encaminó hacia la cocina que era donde estaba la hielera con cervezas. Jane lo siguió a pasos lentos y se detuvo en el marco de la puerta.
-Te veo mal… —Le dijo él llegando con la cerveza. Se la entregó dudoso, no quería verla más en ese estado.
-Estuve pensando… Lina tiene razón sólo les estoy trayendo problemas, en especial a ti… —Sus palabras se atoraban en su garganta y su mirada no dejaba de estar fija en la lata que tenía en las manos.
-No le hagas caso, Lina sólo está celosa… así es ella.
-Pero es verdad…
-No, no lo es —Replicó Tom con molestia.
-Me voy a ir de aquí —Dijo Jane escupiendo las palabras, trataba de medir su rabia pero le era complicado. Nunca habia controlado sus impulsos hasta ahora, y hacerlo le era algo muy difícil.
-No quiero te vayas —Su corazón de un momento a otro comenzó a latir desesperado de solo imaginarse que algo así sucedería. Solo de imaginarse sin ella —No me dejes solo, por favor —Le suplicó con voz forzada, su garganta comenzaba a cerrarse. Jane alzó la mirada y tragó en seco al verlo directamente con esa mirada que la atravesaba completa.
-¿Qué ha-agoentonc-es? —Cuestionó. La voz se le desgarró.
-Quédate conmigo —Le dijo para después estrecharla fuertemente entre sus brazos. Luego de unos minutos del reconfortable abrazo se separaron. —Quédate a mi lado y lo daré todo por ti —Le aseguró de una manera en que Jane le creyó por un instante. Sus labios se encontraron después de aquellas palabras verdaderas y se besaron con intensidad y deseo. Era un beso amargo que llevaba consigo el sabor amargo de la cruel realidad que los azotaba y la dulzura de la esperanza de que su amor triunfara.
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