sábado, 11 de febrero de 2012
Capitulo 49
-Quédate conmigo —Le dijo para después estrecharla fuertemente entre sus brazos. Luego de unos minutos del reconfortable abrazo se separaron. —Quédate a mi lado y lo daré todo por ti —Le aseguró de una manera en que Jane le creyó por un instante. Sus labios se encontraron después de aquellas palabras verdaderas y se besaron con intensidad y deseo. Era un beso amargo que llevaba consigo el sabor amargo de la cruel realidad que los azotaba y la dulzura de la esperanza de que su amor triunfara…
-Siento interrumpir… pero me gustaría pasar a la cocina, si no les importa —Dijo Jaime mirando con las cejas alzadas la escena. Jane y Tom se separaron al instante y se hicieron a un lado para dejarlo pasar.
-Emm yo… voy con Elena —Murmuró Jane. Tom se quedó ahí, en el mismo lugar, viendo como Jane se alejaba en dirección a Elena con paso apresurado. Sabía que ella estaba asustada aunque intentaba reprimirlo, veía en su rostro y ojos el miedo pero él confiaba en Jaime, él no era capaz de delatarlos con Shane.
-Hay Thomas… —Musitó Jaime volviendo de la cocina, negó repetidas veces la cabeza desaprobando lo que había visto. — Eso es jugar con fuego y ya sabes que te puedes quemar… —Advirtió Jaime.
-No estoy jugando —Aseguró Tom con cierta irritación.
-Tú no pero quién te dice que ella no lo hace… —Tom resopló. —La conozco mejor que tú y sé que resultará de esto, en serio. No te lo digo en mala plan, te lo digo como amigo —Finalizó Jaime para después volver a la cocina y continuar con su trabajo.
La duda nació y logró crecer en menos de un segundo en el corazón de Kaulitz. Pensó en una y otra vez en esas palabras y sintió que Jaime tenía razón. Para Jane él solo era una distracción, una salida a sus problemas, una esponja para absorberle el dolor… ella no lo iba querer, no de esa manera; no como él la quería a ella.
Tom no volvió a la mesa donde Elena y Jane comían, Jaime fue el que se encargó de atenderlas el tiempo restante. Ellas terminaron marchándose sin despedirse, dejando el dinero de la cuenta en la mesa.
Más tarde, cuando la hora de salida llegó, Tom fue a visitar a Faber.
…
-Ya te dije que estoy bien —Aseguró Faber por enésima vez, y así era pero Kaulitz no se convencía. Estaba impactado por el estado en que se encontraba su buen y valiente amigo, y todo era por él. Estaba seguro que jamás olvidaría todo lo que Faber hacia por él.
-Espero que no me estés mintiendo sólo para no hacerme sentir mal —Advirtió Tom con actitud severa — O seré yo el que te rompa las costillas —Faber sonrió a duras penas, le costaba mucho aún, tenía el rostro hinchado y lleno de hematomas que escandalizaban aun más su aspecto.
-¿Y cómo va todo?
-Pues no he sabido nada de Shane y está mañana estuve con Jane, ella está bien. Está evitándolo, si él la encuentra no sé qué sucederá.
-Mierda —Masculló Faber muy preocupado.
-Tengo que hacer algo Faber… tengo que ayudarla de alguna forma.
-Lo veo muy difícil, son la mafia… —Tom negó lentamente —Ya no puedes, no podemos hacer más, este es limite Tom.
-No, no. Yo voy hacer algo —Se levantó de la silla donde estaba sentado y comenzó a pasearse pensando en qué hacer.
-Joder no hagas una estupidez, ya es demasiado. Pudieron matarme, lo sabes y no lo hicieron por Jaime pero a ti no te van a tener consideración —Quiera que entrara en razón, que se diera cuenta que ya no se podía hacer mas, de que no debía arriesgarse más por ella —A esos no les importa nada, no son como nosotros
-Yo voy a ayudarla —Aseguró.
-¡Ellos son gente mala! —Exclamó Faber desesperado.
-Lo voy a hacer y no quiero que tú me ayudes, no quiero que te expongas más…
-Te voy a ayudar de cualquier manera—Dijo con tono cansado.
…
-No puedo estar escondiéndome toda la vida, es obvio que vendrán aquí, estamos en tu casa —Dijo Jane mirando a Elena a través del espejo del tocador.
-¿Y si te vas a casa de tu amigo?
-¡No! Con él no, no quiero que le suceda algo.
-Ya, pero tampoco puedes ir con Shane y decirle ¡Ey aquí estoy, haz conmigo lo que quieras! —Jane se dio un vistazo en el espejo y se acomodó la minifalda ignorando completamente las palabras aterradas de su amiga.
-No voy a esconderme más… —Dijo muy segura. Elena le suplicó con la mirada pero ni eso funcionó. Jane tomó su bolso y salió de la habitación, estaba decidida a todo, fuera lo que fuera.
-Le voy a marcar a Tom y le diré la idiotez que vas hacer —Dijo Elena como última opción para convencerla.
-¡Tu no vas hacer nada! —Volvió la vista hacia Ella. — ¡No lo harás! —Le gritó enfurecida. Elena no dijo nada más y se quedó parada viendo con Jane cavaba su propia tumba.
Jane llegó a la puerta y antes de salir miró hacia atrás, Elena la mirada a lo lejos.
-Te prohíbo que lo hagas —Sentenció antes de salir. La noche estaba presente una vez más y el frio habia vuelto como una premonición.
El móvil de Jane comenzó a sonar una y otra vez, lo sacó de la bolsa y lo observó con detenimiento.
-¿Bueno? —Respondió insegura.
-¿Estas escondiéndote de mi? —Dijo la voz de Shane. Jane se estremeció de miedo.
-No, só-lo quería que te tranquilizaras…
-Ahora estoy tranquilo —Dijo con voz melodiosa, voz que en lugar de inspirar confianza inspiraba terror. —Estoy esperando que vengas por tu propia cuenta… —Susurró.
-Pues espera sentado porque jamás volveré contigo, ya ha sido suficiente
-¿Así? —Dijo él con voz sonriente.
-¡Si! —Gritó Jane y colgó. Respiró agitada una y otra vez, tenia lagrimas en los ojos y sentía la desesperación correrle por todo el cuerpo. No podía ir con él, no era tan estúpida para hacerlo. Elena tenía razón, era lo peor que podía hacer, Shane era el ser humano más despreciable de todos, el más loco.
Alzó de nuevo el móvil y buscó entre sus contactos un número especial. En cuando lo encontró presionó el botón verde y se lo llevó a la oreja esperando ser atendida lo más rápido posible.
-¿Preciosa? —Respondieron del otro lado, Jane de alguna manera sintió el alivio recorrerle por todo el cuerpo.
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