lunes, 15 de julio de 2013

Capítulo 7: Honesto.





Estaba en un callejón obscuro, se escuchaban golpes sordos dar contra algo y como alguien lloraba ¿o eran quejidos? ¿Esos sonidos eran quejidos? Se escuchaban tan claramente que los sentía subir desde los pies hasta la cabeza, palpitando sobre ella, queriendo colarse entre las paredes, entre el cráneo, para así llegar a lo más profundo de su conciencia.
Entre tanta obscuridad pudo distinguir destellos rojos, eran gotas que brillaban como agua con diamantes, y que salpicaban desde algún lado para casi alcanzarla. Pronto se dio cuenta que no era agua, que esos extraños destellos eran sangre.
-¡Ahh! —Gritó observando sus manos, en las cuales un instante antes había sentido algo. Líquido y caliente. ¡Era sangre!
-Venga, Jane —Escuchó detrás de ella. Su cuerpo se estremeció y no necesitó girarse para reconocer la risita burlona que seguramente estaba tatuada en aquel rostro socarrón.
Ahogó un grito y se puso a llorar cuando comenzó a ver con más claridad. Algo estaba alumbrando todo, como estuvieran encendiendo lámparas una después de otra. ¿O es que la obscuridad era sólo cosa de ella?
-¡Tom! —Gritó desgarrándose la garganta — ¡Tom! —Volvió a gritar. Se tiró sobre el cuerpo bañado en sangre que yacía sobre el piso de piedras. Cuando puso la cabeza en el pecho del chico comenzó llorar con más fuerza. Estaba vivo pero muy lastimado, muy lastimado otra vez, y había sido ella quien le había hecho daño.
 
Apretó los ojos con mucha fuerza y se llevó las manos al cabello. Estaba sudando, tenía la frente empapada así como algunas partes de la piyama con la que había dormido. Su cuerpo temblaba al compás en que se le agitaba el corazón en el pecho. Era algo muy parecido al pánico lo que sentía.

Salió de la cama trastabillando al tiempo en que realizaba suplicas mentales a sí misma para tranquilizarse. Estaba a punto de ponerse a llorar como en el sueño que acababa de tener. Mientras abría el closet y sacaba un conjunto para vestir, las imágenes, tanto del sueño como del pasado, daban vueltas en su mente. Era como una repetición de lo que ocurrió en el callejón en una ocasión, hacía meses, donde se dio cuenta que Kaulitz, el chico que Shane y sus amigos molestaban a diario, era Tom. Pero a diferencia de esa vez, ahora en el sueño, era ella directamente la que le había hecho daño, casi hasta matarlo. Estaba segura que si no hubiese escuchado sus chillidos de dolor, él habría terminado muerto.
Ese sueño significaba mucho. Era un exacto reflejo de la realidad en que estaba viviendo, una cuchilla de una mortal navaja que podía cortar sus deseos y anhelos de un solo tajo. Era una invitación, una invitación desagradable que escribía en perfecta letra manuscrita que debía alejarse para así no hacerle más daño, porque como el sueño bien lo mostraba, era ella quien le desgarraba el rostro y salpicaba la sangre con golpes certeros.

El solo pensar en la posibilidad de separarse para siempre de él provocó que su pecho se comprimiera. El sólo pensar en hacer caso a ese maldito y desagradable sueño le hizo sentir ganas de vomitar. No, ¡cuál sueño! Esa era una horrenda pesadilla.
 
Jane jadeó de dolor. 


Se tomó un segundo para replantearse de nuevo la situación, uniendo el sueño a lo que había pasado la noche anterior.
¡Sus palabras fueron tan crueles! ¡De nuevo le provocó daño y fue totalmente premeditado!
-Lo has hecho mal otra vez —Se dijo a si misma con tono cansado. Apretó las prendas que había elegido contra su estómago y corrió hasta el baño. Tenía hacer algo inmediatamente, tenía que actuar ya, y comenzar tomar buenas decisiones.

Con el baño caliente su mente se aclaró, así que lo siguiente que hizo fue salir de casa a toda prisa, subirse al auto y conducir a una velocidad más elevada que la que acostumbraba por las calles solitarias de la aún obscura mañana. Sus manos le sudaban en torno al volante y para relajarse trató de cantar una de las canciones que ponían repetidas veces en el bar. No consiguió concentrarse. Sólo podía pensar en el sueño, en lo estúpida que había sido con Tom y en que estaba a nada de perderlo para siempre sin haber luchado realmente por él.


…
Bajó del auto y se dirigió a paso lento hasta la puerta de la casa. Se detuvo sobre el tapete azul de bienvenida que incitaba a limpiarse las suelas de los zapatos. Después de unos segundos alzó la mano y tocó la puerta con los nudillos.
-¿¡Quién!? —Cuestionó una voz aguda antes de que la puerta se abriera. Dedujo que se trataba de Bill.
Jane no contestó simplemente retrocedió varios metros.
La puerta finalmente se abrió y fue recibida por unos ojos impresionados. El chico seguía exactamente igual que antes, alto y delgado, con una mirada limpia y sincera, aunque en ese preciso momento no parecía muy amistoso.
-Hola —Dijo Jane al ver que el chico no hablaba.
Bill permaneció detrás de la puerta sin abrirla completamente.
-Hola, Jane. Buenos días.
-¿Se encuentra Tom? —Cuestionó. Se dio cuenta que estaba jadeando, la mirada penetrante del muchacho la estaba poniendo demasiado ansiosa.
 Bill entrecerró los ojos por un momento pero luego sonrió como si hubiese descubierto en la mirada de la chica algo que le llenó de confianza.
-Sí, está bañándose, creo… ¿Quieres pasar? —Preguntó haciendo un ademan de abrir la puerta. Jane negó antes de responder.
-No, preferiría esperarlo aquí ¿Le puedes avisar?
-Claro —Sonrió de nuevo —Adiós, Jane.
-Adiós, Bill. Me dio gusto verte —Consiguió decir a pesar del temblor en sus labios.

Esperó recargada en su auto, mirando hacia la casa esperado que la puerta se abriera. Al cabo de uno minutos escuchó unos ruidos y entonces apareció Tom en el umbral. Iba con las rastas desatadas, destilando agua. Llevaba puesto un pantalón azul marino que le iba perfecto y le quedaba justo a la cintura y una camiseta blanca que se le ceñía peligrosamente a los músculos de los brazos.
-¿Jane? —Cerró la puerta detrás de él y se acercó a donde estaba ella.
Jane tragó saliva viendo la expresión en su rostro que para nada era amistosa. Era peor que la que había tenido Bill al recibirla.
-Hola…
-¿Qué haces aquí a estas horas? —Cuestionó muy extrañado.
Jane sostuvo su mirada fija en él sin decir una palabra. Tardó en tomar el valor necesario y estuvo a punto de echarse hacia atrás pero de un momento a otro se acercó a él y dejó su rostro a pocos centímetros. Tom seguía con la misma expresión.
-Vine a esto —Susurró y después se apoderó de sus labios. Al principio sintió los labios del muchacho más duros que una roca. A pesar de  eso ella no se dejó intimidar con eso, al contrario, le dio pequeños besitos hasta que finalmente él abrió completamente la boca y le correspondió. Al momento se quedó sin aire y su corazón se quiso salir del pecho. Rodeó su cuello justo después de que él sujetara con fuerza su cintura.
-Jane, detente —Le dijo y luego se apartó.
-Tom… —Murmuró realmente sorprendida.
-No, jane ¿Qué pretendes? —Masculló con voz de reclamo.
-Pedirte perdón por lo de ayer…
-¿Y crees que esta es la manera? —Jane negó aún impactada. No podía creer que le estuviese hablando de esa manera —No Jane, no más. Estoy harto de que siempre suceda lo mismo y que luego trates de arreglarlo de esta manera, porque sabes que no puedo controlarme y caeré rendido a tus pies. Pero hoy ya no.
-Yo no quería hacerte sent…
-Tienes razón, no puedo olvidar lo que has hecho. Y menos si cada día haces o dices algo para lastimarme. —Le cortó más molesto que antes.
-Lo siento…
-Tengo que terminar de cambiarme —Le dijo mirando hacia adentro un momento y luego volvió sus ojos a la rubia. Ella sabía que sólo era una excusa para que se fuera.
-Ok, si es lo que quieres —Murmuró.


…

Any alzó el rostro y su mirada atravesó el cristal del ventanal para perderse entre las nubes lluviosas que se habían alzado en el cielo inesperadamente. Se quedó perdida ante aquella preciosa imagen y luego de algunos minutos su dedo índice dibujó un corazón en el cristal empañado, inmediatamente lo borró como recordando la situación amorosa en la que se encontraba.
-¿Y si salimos así? —Cuestionó volviendo el cuerpo. Tom estaba sentado en la pequeña sala de estar ojeando una revista de espectáculos.
-Nos vamos a mojar —Le recordó.
Any se encogió de hombros, no le importaba mojarse, era mejor que seguir esperando a que la lluvia se calmara.
-Vale, hay que irnos —Se levantó e invitó a la chica pelirroja a que lo acompañara. Por un momento pudo ver en aquel rostro una expresión de tranquilidad mientras sus ojos se juntaron, pero un segundo después volvió a poblarse de tristeza. Any caminó a su lado sin decir una sola palabra, desde que habían llegado a la clínica de salud no había hablado demasiado, ni siquiera cuando estuvieron sentados frente a la doctora.
Atravesaron un largo pasillo poblado de personas en completo silencio.
-¿Vas a ir a clases? —Cuestionó Any empujando una puerta de cristal para llegar a recepción. Tenían que atravesar el lugar y abrir una puerta más y finalmente dejarse bañar por el agua de lluvia.
-No estoy muy seguro, creo que iré a la galería.
-¿O buscarás a Jane? —Cuestionó ella con enfado, mirándolo fijamente por un instante, después volvió la mirada al camino.
Tom pegó un respingo antes de responder.
-No Any, no la buscaré.
-No. Entiendo que lo hagas, ahora eres prácticamente libre.
-Any, te lo dije…
-Te previniste, más bien —Le cortó la pelirroja. Abrió con fuerza la puerta de cristal que daba a la salida y salió sin detenerse siquiera un momento.
Al salir, Tom pisó un charco y el agua salpicó violentamente a su alrededor. Se iba a echar a correr al cruzar la puerta para llegar más rápido al auto pero al ver que su, ahora, exnovia no le importaba mojarse, caminó despacio a su lado.
-¿Sabes qué? Prefiero seguir caminando, tomar un taxi o algo…
-Yo te llevo.
-No tiene caso, Tom. Ya lo has dicho todo y aunque me culpes por el comportamiento que he tenido, ambos sabemos que esa no es la única razón por la que esta mañana no te importaba si estaba embarazada o no.
-Yo… —Intentó decir él pero ella lo interrumpió de nuevo, sólo que esta vez con una voz tan seca como dolorosa.
-Para tu fortuna no estoy embarazada.
-Sabes que un hijo me hubiera hecho muy feliz.
-Sí, pero admitiste que querías tiempo, que no importaba si llevaba en el vientre un niñito tuyo o no, ¡tú decidiste dejarme por Jane!
-No fue por Jane.
-No seas cobarde y admite que fue por ella.
-Si crees que voy a tirarme a los brazos de Jane, estas muy equivocada. Lo mio que ella es muy complicado, y no se va a resolver sólo porque tú no estés esperando un hijo mío. —Hizo una pausa esperando que Any le respondiera, pero ella solo le dedicó una larga mirada llena de dolor —No quise que mi decisión de terminar contigo se viera influenciada por los resultados, por eso te lo dije antes. Quise ser honesto.
-¿Honesto? Fuiste un idiota —Escupió muy enojada y comenzó a caminar por la banqueta alejándose de Tom y obviamente marchándose hacia una dirección que no daba al auto de Kaulitz.

Miró a la chica marcharse con paso decidido, bajo la lluvia. Finalmente ella se detuvo en la equina, al otro extremo, y al momento consiguió hacerse de un taxi. Tom suspiró muy abrumado. Any tenía razón, su comportamiento no era lo único que había provocado que rompieran, sin embargo si ella no hubiese cambiado tanto en las últimas semanas lo más seguro era que no se hubiese dado cuenta de lo que escondía su corazón y por lo tanto no hubiese sido capaz de hablar con ella en la mañana, cuando pasó a recogerla, para decirle que quería terminar. Lo que sentía por Jane era fuerte y doloroso, pero sobretodo complicado. Era cierto que no quería terminar en sus brazos, como se esperaba que lo hiciera, así que estaba decidido a luchar por mantenerse alejado de ella.

Las cosas entre ellos estaban demasiado rotas como para unir los pedazos tan fácilmente. 



-Continuará. Lo sé el capítulo no es muy bueno.