Salió del café detrás
de Jane después de pagar la cuenta, pero cuando estuvo en la acera el coche se
alejaba a toda velocidad, queriendo perderse en el horizonte.
Jane era la primera
persona que sabía del posible embarazo de Any. Se plateó varias veces si era
una buena idea o no hablar con ella sobre eso, hasta que finalmente sucedió.
Las cosas ya no eran
igual, cierto. Jane era diferente a la chica del pueblo; la alocada, rebelde,
la que era sólo destrucción y libertinaje, había desaparecido. Tom sabía desde cuando había
cambiado. Desde que él comenzó a alejarse de ella, desde que Any estaba a su
lado.
¿Por qué después de
tantas cosas, jane actuaba de esa manera? ¿Por qué ahora parecía decidida, no
como antes? ¿Era porque ya no estaba segura de su cariño?
Tom suspiró cansado.
La decisión de permanecer junto a Any había nacido de esos días donde salían a
todos lados, donde parecían todo menos amigos. Any era especial, siempre lo
fue.
Llegó a casa encontró
a Bill tirado en el sillón viendo la televisión con una chica pelirroja
recostada en su regazo, Beatriz, si mal no recordaba Tom. Llevaba poco con esa
chica y era la segunda vez que la veía en casa.
-Ey —Saludó tirando
las llaves sobre la mesa. Ambos alzaron la cabeza y la movieron en forma de
respuesta.
-Any vino a buscarte —Murmuró
Bill, volviendo la mirada a la pantalla y llevando una mano al cabello
abundante de la chica que estaba sobre él.
-¿A qué horas?
-Está allá arriba, en
tu cuarto —Le dijo.
-Ah...
…
-Hola —Dijo entrando
a la habitación. Any alzó la mirada de su cuaderno donde se encontraba
escribiendo.
-Hola —Respondió ella
con una sonrisa. Tom se acercó hasta donde estaba y le dio un beso en la
mejilla.
-¿Cómo estás? —Preguntó
sentándose a su lado.
-Bien, ya me siento
bien. Ya no tengo malestares. La próxima semana me entregan resultados —Dijo. Dejó el cuaderno al lado.
-Hay que esperar
entonces.
Any se removió en su
lugar incomoda y echó hacia atrás su cuerpo hasta que quedó recostada en el
colchón mirando el techo.
-¿Qué pasa si sale
positivo?
-Nada, lo
afrontaremos —Respondió Tom. Aunque no se había planteado qué era lo que iba a
hacer si todo se confirmaba.
-¿Cómo?... ¿Viviremos
juntos? ¿Nos casaremos?
-¿Te quieres casar? —Any
suspiró.
-Sí, pero no así. No
por obligación. No cuando estoy estudiando.
-¿Entonces qué
propones? —Replicó Tom con enfado.
-¡Nada! No estoy
proponiendo nada, sólo…
-¿No quieres tenerlo?
-Sí, tu sabes que sí.
Pero no de esta manera. De cualquier formas sé que no haré nada para evitarlo
pero aun así no dejo de sentirme extraña. No dejo de pensar en todo lo que
significa tener un bebé. —Hizo una pausa larga. Tom se recostó también y la
miró fijamente. Se dio cuenta que tenía los ojos llenos de lágrimas. Estaba a
punto de ponerse a llorar — Además… lo nuestro no está bien…
-Podemos arreglarlo.
-Yo a veces no estoy
interesada en lo que haces y a veces a ti tampoco te interesa lo mío.
Últimamente casi ni nos vemos…
…
Llegó a su
departamento con pocos ánimos y con muchos deseos de dormir. Como no había
comido nada desde el desayuno, antes de irse a clases, terminó pidiendo una
pizza a domicilio. En cuanto pudo comer dos bocados de la rebanada se dio cuenta
que su estómago era un nudo, en el cual no se iba permitir pasar nada más de
comida. Estaba engarrotado como su todo su cuerpo y hasta como estaba su mente.
Después de haber salido corriendo del café donde había visto a Tom fue a pasear
a una plaza comercial que visitaba a menudo en sus ratos libres, pero al final
terminó delante de la puerta de su departamento y con las llaves en la mano.
Desolada era una
palabra que podía llegar a explicar un poco de cómo se sentía. La noticia de
Tom había sido inesperada. El sólo imaginarse que él y Any… ni siquiera
concebía tener esa clase de pensamiento en su cabeza, eran demasiado
perturbadores.
Recordó con desanimo que
Tom y ella jamás llegaron a algo más. ¿Qué
tenía Any que ella no? Se preguntó a sí misma pero al darse cuenta de tal
cuestionamiento se echó hacia atrás en el sillón.
-No es posible que
estés pensado en eso —Se regañó así misma.
En ese mismo momento,
decidida a no pensar más en el asunto, tomó su celular y marcó con
desesperación el número de Edgar.
Despertó gracias al
sonido de la alarma. Después de hablar largamente con Edgar se había quedado
dormida, ni siquiera había tenido ánimos para volver a la universidad y tomar
su última clase.
Se levantó del sillón
y caminó pesadamente hacia su cuarto, ahí tomó todo lo necesario para bañarse y
lo hizo rápidamente porque en menos de media hora debía estar en el bar, para
trabajar.
-Hoy te ves más
cansada que siempre —Comentó Juliana mientras movía ágilmente la brocha del
rubor sobre los pómulos de la rubia.
Jane se miró con
desagrado en el enorme espejo de aquella habitación del Bar y asintió estando
de acuerdo con ella.
A los pocos minutos, Jane
bajó la mirada a sus manos donde yacía su móvil pues lo sintió vibrar.
-¿Piensas ignorarme otra vez? —Leyó en el mensaje de texto. Jane
rodó los ojos y colocó el móvil sobre el mueble que estaba delante, donde
Juliana tenía una gran cantidad de objetos, en su mayoría para maquillar.
-¿Qué pasa guapa, es
tu novio?
-Ojalá fuera él —Murmuró
— Es mi amigo, del que te hablé el otro día.
-Ah, ¿y qué dice
ahora? —Jane se encogió de hombros.
-Ha estado llamándome
pero no tengo cabeza para hablar con él.
-¿Pelearon?
-Algo peor que eso —Respondió
— Me contó que probablemente su novia esté embarazada.
-Oh, es eso… —Juliana
hizo una mueca horrenda —Supongo que por eso traes esa cara.
-Sí. Un hijo es otro
nivel…
-¿Tenías esperanzas a
volver con él?
-No quería tenerlas…
pero sí, las tenía.
-Lastima…
-Da igual —Murmuró
encogiéndose de hombros.
Juliana terminó de
maquillarla y Lau –un compañero que atendía la barra– le entregó el vestuario que le tocaba esa vez.
Jane observó el atuendo con atención. Era un vestido de color negro tan corto
que permitía ver con detalles el ligero de sus medias.
Jane se metió en el
probador que Juliana había colocado al fondo de la habitación hacia unos
cuantos días. Se quitó el vestido que llevaba y se colocó el diminuto atuendo
que le entregó Lau. Se miró en el espejó que estaba colocando en una de las
columnas y le gustó como se veía.
El encargado del bar
no había parado hasta que consiguió que no sólo fuera mesera y cantinera, sino
también una participante de los shows que se daban una vez por semana. Para
Jane, la idea no había resultado descabellada, necesitaba el dinero para pagar
sus estudios, el alquiler del departamento y cubrir gastos extras ya que su
padre apenas lograba mandarle un diez por ciento.
-¿Por qué cada traje
se te ve mejor que el anterior? —Cuestionó la maquillista con frustración. Jane
sonrió y se encogió en hombro. Juliana no tenía ni de qué quejarse. Era mayor,
cierto, pero más guapa que cualquiera de veinte. Tenía una cabellera castaña,
larga y ondulada. Su cuerpo estaba bien proporcionado y las facciones de su
cara eran angulosas y bien definidas.
-Pero debo advertirte
que hay varios de los que te molestan allá afuera —Advirtió la mujer.
-Ash, que fastidio. —A
Jane le gustaba su trabajo, le gustaba estar sobre aquel escenario y sentir cómo
la música la seducía y la hacía obviarse de todo. Lo único que le disgustaba de
todo aquello era la insistencia de varios clientes del bar para llevarla a la
cama. Un día, de la primera semana que entró a trabajar, se quedó sin dinero y
tuvo que obligarse a aceptar la invitación de un cliente, el que menos
repulsivo le resultó. No había salido bien. Nada, absolutamente nada. No logró siquiera darle un buen beso, sus
labios tercos y aferrados no se lo permitieron; ellos no querían el sabor de
otra boca, ellos sólo deseaban unos labios, esos que estaban a millones de siglos
de volver a ser de ella.
-Faltan cinco minutos
para que empiece el show —Le dijo Lau entrando de nuevo a la habitación. —Ten
mucho cuidado. Vi al viejo que vino la semana pasada, el que te molestó.
-Vale, lo tendré. —Respondió
Jane en automático.
Cuando estuvo en el
centro del escenario ni siquiera reparó en el hecho de que el lugar estaba
completamente lleno. No fue hasta que las luces brillantes comenzaron a
parpadear y a moverse por todos lados cuando vio a toda esa gente esperando
sólo por ella. La música empezó a sonar de repente y su cuerpo se comenzó a
mover acompañado de los silbidos de todos los presentes.
-Continuará...
