¿Qué pasaba si no la ayudaba esta vez? ¿si hacia caso de las palabras de Bill?
En el fondo sabia que él tenia razón, pero era Jane y sino la ayudaba, él mismo, no se lo iba a perdonar nunca.
-Tom…
Él alzó la mirada regresando a la realidad. Su madre estaba de pie cerca del sillón analizándolo con la mirada — ¿No me oyes? —Cuestionó extrañada. Él se encogió de hombros como respuesta. — Te buscan allá afuera —Informó señalando hacia la puerta.
-¿Quién? —Preguntó mientras se ponía de pie.
-Jane —Contestó. Después reprimió una sonrisilla al ver la emoción disfrazada de indiferencia en los ojos de su hijo.

Posteriormente del anuncio de su madre, avanzó hacia la puerta a paso rápido para comprobar si sus palabras eran ciertas; y sí, ella estaba ahí. Sintió como su corazón se aceleró al mirar sus ojos, sus maravillosos y hermosos ojos.
-Hola —Dijo ella con una leve sonrisa y un matiz de entusiasmo en su mirada.
-Hola —Respondió Tom un tanto seco, mientras cerraba la puerta detrás de él.
Llegó a su lado y fue ella quien se aventuró a darle un beso corto en los labios, que si no hubiera sido por eso, no hubiera existido más saludo que el antipático “hola”.
-¿Vamos?
-¿Vamos?
-¿A dónde?
-No sé, a otro lado. Necesitamos hablar tranquilamente —Respondió ella notando que Kaulitz estaba un tanto molesto. Lo podía ver en las líneas duras que se formaban entre sus cejas, además de que sus labios seguían apretados el uno contra el otro. — Sé que no hemos podido hablar bien.
-No has querido, que es diferente —Murmuró él.
-Eso no es cierto, no podemos andar por ahí como si nada y menos con mi padre en la cárcel, solo seria un problema más a la lista. —Argumentó Jane. Aunque para Tom sonaba más como una rima gastada y vieja.
-No sé Jane… no tengo humor de hablar contigo.

-Vamos… por favor —Dijo con voz suplicante.
Tom comenzó a caminar detrás de ella, abordaron su camioneta y partieron hacia un rumbo alejado de todos.
-¿Estas molesto, verdad? —Cuestionó ella luego de varios minutos andando en carretera, acompañados de un abrumador silencio.
-Si —Respondió.
Pasaron varios minutos en los que ninguno agregó nada, el auto finalmente se detuvo en una desviación a la derecha de la carretera, estaban a las afueras de la ciudad.
Él se quedó mirando a través de la ventana el paisaje que se ocultaba entre las garras de la noche; mientras que Jane, movía nerviosamente las manos entorno al volante.
-Supongo que tienes derecho a estar así –dijo finalmente, diluyendo el atormentador silencio y buscando su mirada. Tom resopló con fuerza.
-Sólo me fastidia no sentirme seguro de que te tengo.
-No debes dudar —Acercó su mano a su rostro y lo acarició sutilmente. Sus ojos se conectaron y la magia que se produjo en ellos les impidió apartarse.
-Es difícil no hacerlo con tu actitud —Murmuró intentando no rendirse tan fácilmente ante ella.
-Lo sé y te pido perdón por ello —Dijo sinceramente
-Jane… ¿Tú me quieres?
-¡Por supuesto! —Exclamó rápidamente.
-No me refiero a esa formada de querer, no como tu confidente o amigo.
-Sé a lo que te refieres —Respondió ella.
Tom reconoció la sinceridad en sus palabras y el brillo en su mirada que le confirmaba que el significado de la frase. A pesar de las dudas, a pesar de saberse con pocas posibilidades de amor mutuo o de tenerla siempre, él se inclinó hacia ella y unió sus labios.
Amar tanto a esa persona por la que has sido capaz de todo.
Sentirte tan traicionado y humillado,
como jamás en tu vida lo has estado.
Confirmar todos tus patéticos miedos
y el más grande de todos: ella jamás te amará como tú lo haces.
Los minutos pasaron, aunque para ambos cuando estaban juntos parecía como si el tiempo se detuviera de alguna manera. El ritmo de sus besos no cesó hasta que Jane se dio cuenta que era tarde, su madre le había pedido que volviera antes de las diez.
-Debemos volver —Murmuró con dificultad, para después volver a unir sus labios con los de él.
-Un poco más. Te he extrañado demasiado.
-Venga Tom, faltan diez para las diez. Si no llego mi mamá me va a matar, con lo histérica que está últimamente.
-Tu no le tienes miedo a tu madre —Replicó él. Jane sonrió.
-No, pero ella está mal. Además sino llego no me contará lo que está hablando con el abogado mientras yo estoy contigo.
-¿Cómo va eso? —Jane se encogió de hombros.
La expresión de sus ojos azules cambió en el acto. De repente sus ojos se vieron envuelto entre sensaciones de temor y frustración.
-Ella no quiere ayudarme a conseguir el dinero. Podemos vender la casa, sé que será suficiente, es de las mejores que hay en el pueblo pero las escrituras están a su nombre —Suspiró —Dice que no va a dejarlo todo por el, no otra vez.
-Lo siento
-Gracias
-Quisiera poder ayudarte.
-Lo sé, pero no hay nada que puedas hacer. Nada mejor que estar apoyándome.
-Y lo haré siempre.
Jane sonrió conmovida. Se inclinó de nuevo hacia su asiento y unió sus bocas.
-Por cierto — dijo Tom cuando se separaron. Jane mantuvo la distancia, contemplándolo minuciosamente —Any fue hablar conmigo…
-¿Qué te dijo? —Tom suspiró abrumado. Any se merecía que la quisiera, pero él no podía hacerlo y eso no estaba a discusión.
-Bueno es que… el otro día en su casa… ella y yo… —Jane frunció el ceño —Nos besamos y demás –murmuró apenas —y desde entonces no nos habíamos visto. Ella creía que aún teníamos algo.
-¿No le dijiste lo de nosotros o si?
-Lo hice. No podía mentirle, no a ella.
-¡Tom! Por qué lo hiciste! Era mejor así
-No lo era.
-Claro que si, así Shane y los demás podían creer que tu y ella salían y tu y yo podíamos seguir como amigos ¿No lo entiendes?
-Y porque no me lo dijiste antes?
-¡No sabia que Any iba a volver al pueblo pronto!
-¿Tu hubieras aceptado que yo actuara ser el novio de tu prima?
-Bueno…
-Yo no lo hubiera aceptado, así las cosas son mejor tal cual están.
…
El auto se detuvo delante de la casa de Tom, este bajó después de cruzar mirada con Jane. La situación no había mejorados a partir de que Any entró en la conversación, por un lado a Jane le invadían unos celos inmensos saber cómo hablaba de ella, y él seguía con los mismos pensamientos de siempre. No había remedio, por alguna razón ninguno se sentía seguro el otro.
Pero a pesar de todo lo que él pudiera sentir, de lo frustrado que pudiera estar o de saberse que Jane no tenia remedio, él la quería demasiado y ahora más que nunca estaba dispuesto a ayudarle y era precisamente eso lo que iba a hacer.
Puede parecer irreal querer alguien a ese grado,
pero una vez que estas en ello, ni siquiera sabes
cómo has llegado hasta ahí, cómo te ha envuelto
con sus ojos bonitos.
Simplemente sabes que todos y cada uno de tus actos
son, han sido y serán, por ella.
Continuará.
Este fue un capítulo soso y aburrido, no me gustó mucho igual el próximo será mejor, lo prometo. Espero que a ustedes si les agrade. Hoy es mi cumpleaños razón por la que subo capítulo.