lunes, 13 de mayo de 2013

Mi único amor| Capítulo 4: No lo merezco.



El cuerpo de Jane de estremeció al escuchar las palabras de su padre, pero tenía razón, si permanecía en el pueblo corría riesgo de que Shane le hiciera algo. Inmediatamente al pensar en esa posibilidad pensó en Tom y sintió que se le iba el alma del cuerpo. No, a Tom no lo iba a volver a tocar, de eso se iba a encargar ella. Pero no sólo estaba Tom; también Jaime, Elena, Edgar, Lina, Faber, los primos York´s, algunos amigos de Jaime.
Jane tomó una bocanada de aire tratando de tranquilizarse.
-Todo va a estar bien mientras estés en la ciudad.
-¿Realmente crees que lo dejen libre? —Cuestionó angustiada. Deseaba que él le respondiera que no, que le dijera que se iba hacer justicia y todo iba a marchar bien.
-Sí, Jane. Su familia es demasiado poderosa, seguramente no lo han dejado en libertad porque están acomodando las cosas de la mejor manera para que nadie ponga objeción a su liberación.
Jane se llevó las manos a la cara y se las pasó por el cabello, las mejillas y la frente, con mucha desesperación.
-¿Qué va a pasar con los demás? Sí, yo voy a estar en la ciudad, pero… ¿y Jaime, Faber, Elena, Lina, Edgar... tú papá? ¿Te has puesto a pensar en ello?
Stefan tragó en seco.
-Sí, lo he pensado, pero yo creo que nosotros estaremos bien. A todos ellos los protegen sus familiares. Pero yo a ti, Jane, no puedo protegerte aunque lo intente.
-¡Me ayudaste mucho la última vez! —Le dijo ella recordando la detención de Shane.
-¡Pero no tengo dinero como ellos, no puedo protegerte así como lo harán los padres de Faber o Lina! —Escupió muy frustrado.

…
Después de estar con su padre continuó su recorrido por el pueblo. Caminó cuatro cuadras hacia el norte hasta que el cantó de las gaviotas despertó una sonrisa en sus labios. Vio el restaurante de la familia de Faber y se acercó manteniendo la sonrisa.
-Buenas tardes, ¿Cuál será su pedido? —Cuestionó Faber sin levantar la mirada. Estaba realizando cuentas en una libreta de hojas verdes.
-Faber, soy yo —Dijo Jane. Faber alzó la mirada y abrió los ojos.
-¡Jane! ¡Qué gusto verte! —Exclamó tan efusivo como siempre.
Se levantó de la silla donde estaba sentado y le sacó la vuelta al mostrador para saludarla. Le dio un fuerte y efusivo abrazo. Jane no esperaba menos de él.
-¿Cómo estás? —Cuestionó la rubia al separarse.
-¡Estupendamente bien! Aunque los he extrañado demasiado ¿Desde cuándo estas en el pueblo?
-Llegué esta mañana.
-Woh ¿Y cómo ha ido todo allá en la ciudad? —Preguntó mientras se sentaba en uno de los taburetes donde la gente solía sentarse para pedir su orden; le indicó a Jane que se sentara también.
-Muy bien, estoy yendo a la universidad.
-Eso me comentó Tom.
-Sí, y también estoy trabajando en un bar y vivo en un departamento. La verdad me he adaptado bien, me gusta.
-Qué bueno. —Dijo él sonriendo. —Ni te pregunto por Tom porque sé no se hablan…
-De hecho esta semana decidimos frecuentarnos más seguido.
-¿De verdad? ¿Y cómo están las cosas entre ustedes? —Inquirió mirándola con curiosidad.
-Nada ha cambiado. Él con Any… y luego con eso de que está embarazada. —Faber asintió.
-Sí, me enteré de eso. La verdad creo que es el peor error que pudieron cometer.
-¿Por qué? Están jóvenes pero no serán los primeros.
-No lo digo por eso —Murmuró Faber.
-¿Cómo?
-Sé lo mucho que te quiso, y créeme, un amor así no se muere de la noche a la mañana.
-Han pasado muchos meses ya…
-Es que es Tom. Lo sé, tendrías que a verlo visto en esos día. Con sólo ver su cara podías saber que estaba pensando en ti
-¿De-e verdad?
-Y luego cuando te veía, eso incluso antes de que se conocieran y fueran amigos. Te mirada, siempre lo hacía. Cuando alguien hablaba mal de ti o algo, él ponía mala cara. A mí me decía siempre que tú no eras lo que parecías, que eras diferente. Él veía cosas buenas en ti, cosas que nadie más podía ver —Le contó Faber con una expresión tan seria que Jane no tuvo duda que decía la verdad.
Ella sintió un pinchazo en el corazón y se mordió el labio con fuerza autocastigándose por haber sido tan estúpida con él.
-¿Tú crees que él aún…?
-Sí, pero quiere olvidarte por todo lo que pasó.
-¿Está utilizando a Any para olvidarme? —Cuestionó Jane asombrada. Nunca hubiera pensado en algo así.
-No lo sé, Jane. Pero yo creo que sí, sólo que no se ha dado cuenta.
-Mmm… —Dijo Jane.
Suspiró y miró hacia abajo.
-¿Qué pasa contigo? —Preguntó Faber con suma tranquilidad.
Jane alzó la mirada y contuvo el aliento un segundo.
-Estoy pagando caro todas las cosas que le hice.
-¿Pero qué sientes?
Jane se mordió la comisura del labio inferior con nerviosismo y contuvo el aliento una vez más.
-Que lo quiero, que lo quiero tanto hasta el grado de sentir que no lo merezco.
-¡Waoh!
 -No le digas nada de esto por favor —Suplicó.
-No te preocupes, no le diré nada. Será cuestión de tiempo. Está dolido, y si lo está significa que aún te quiere.


Después de pasar la tarde platicando con Faber fue a casa de Elena, ahí le informaron que ella había salido y que seguramente no regresaría hasta tarde. Eran ya pasadas las diez de la noche pero optó por seguir caminando por la avenida principal donde los ojos la reconocían pero nadie se acercaba a ella, nadie de los que antes estaban en su círculo de amistad. Decidió no preocuparse más por ello, era evidente que esa gente se movía por interés y ella ya no entraba en nada de eso.

Terminó frente a la casa de Jaime, tocó dos veces y esperó a que le abriera.
-¡Jane, qué sorpresa! —Exclamó él al abrir la puerta.
-Hola, Jaime —Dijo sonriendo. Jaime la recibió con un fuerte abrazo y la hizo pasar.
Ahora comprendía quienes eran sus verdaderos amigos.


…



-¿Puedo ir a verte? —Escribió Tom en el móvil y envió el mensaje.
-No Tom, estoy a punto de quedarme dormida. Mañana tengo que levantarme temprano. —Recibió como respuesta.
-Mañana es sábado, Any —Escribió él y lo envió.
-Bueno, entonces tengo sueño.
Tom suspiró y se dejó de escribir mensajitos y le marcó para hablar con ella.
-Ey, Tom —Respondió ella con voz apagada.
-Any, necesitamos hablar. Esto no puede seguir así.
-Estoy de acuerdo pero tengo mucho sueño… ¿qué tal si hablamos mañana? —Dijo sin apartar aquel tono de voz, eso alarmaba más a Tom.
-Pero Any ¿Estas bien? creí que esto era por la presión de la escuela o lo del embarazo…
-No es nada de eso. Mañana hablamos ¿Vale? —Interrumpió ella.
-Sé qué no es por eso, llevas varios días así, incluso antes de que sospecharas que estabas embarazada. Any, por favor dime qué pasa, no voy a poder dormir. —Cuestionó desesperado.
Escuchó como Any suspiraba profundamente.
-Tampoco puede ser por Jane, porque hace unos cuantos días a penas que ella y yo nos vimos…
-Mañana Tom.
-¿Ya no me quieres?
-Más de lo que debería. —Respondió —No es eso…
-Me estas asustando, entonces.
-¿Tom, tú me quieres? —Cuestionó con voz rota. Tom contuvo el aliento antes de responder.
-Sí, Any. Te quiero.
-Hasta mañana, Tom. Descansa —Dijo y colgó.


Miró la pantalla del aparato sin creer lo que Any había hecho. ¿Qué pasaba con ella? ¿Por qué se comportaba de aquella manera?
Mientras aventaba el móvil a un lado se le cruzó por la mente que quizá era él el problema. Quizá Any pensaba que aún no había superado su amor con Jane. Pero sí lo había hecho, y precisamente era gracias a ella.
Suspiró profundamente ¿Había superado realmente a Jane? En ese momento, sentado en aquel sillón, viendo la pared vacía, experimentó una gran confusión. Recordó el bar, cuando la fue a buscar. Ella moviéndose sobre aquel escenario con tal libertad y goce, saboreando la música, experimentando un éxtasis, parecía un ángel. Ella poseía esa cualidad de seducir con solo una mirada, con un mínimo gesto.

Volvió la mirada al móvil y lo tomó. Buscó entre las llamadas realizadas y encontró rápidamente el número de Jane. Le marcó sin pensarlo mucho y esperó que no estuviera lo suficientemente ocupada con su familia, amigos o con Edgar.
-¿Diga? —Contestó con voz ronca.
-Jane soy Tom. ¿Estabas dormida?
-¡Tom, hola! Sí, un poco. Llegué a casa muy cansada —Dijo con voz somnolienta — ¿Pasó algo?
-No, nada sólo quería saber cómo estabas… ¿Cómo estaba todo para allá?
-Muy bien, la verdad es que me han recibido muy bien. Vi a Faber y a Jaime. Estaban muy emocionados y dijeron que nos han extrañado mucho —Tom sonrió.
-Me imagino, a veces quisiera volver.
-Lo sé, yo también. Quisiera quedarme —Dijo con voz sonriente — ¿Y cómo estás tú? —Tom suspiró antes de responder.
-Bien.
-Uy, eso no sonó para nada bien.
-Problemas con Any. También para eso te hablaba. No sé qué hacer.
-¿Qué pasa? ¿Es por el emb…?
-No, no sé. —Dijo antes de que terminara de pronunciar la palabra —Ha estado muy rara, ha dejado de ser cariñosa.
-¿Es por mí? —Cuestionó Jane. Tom tomó una bocanada de aire antes de responder.
-En parte creo que sí, pero hay algo más, lo sé… hoy cuando estuve hablando con ella quise ir a visitarla pero me dijo que estaba muy cansada y no que más…
-Ajá —Incitpo ella a que continuara hablando pero Tom realizó un larga pausa dudando si debía decir lo que estaba en la punta de su lengua.
Finalmente, luego de unos segundos, tomó valor y habló con dificultad.
-Le pregunté si ya no me quería.
-¿Qué te dijo?
-Que más de lo que debería.
Jane suspiró.
-Entonces no tienes de qué preocuparte, a lo mejor es que tiene miedo por lo que está pasando…
-Ojalá estuvieras aquí —Dijo él de repente con voz apagada y sintiéndose culpable pues a quien debería estar deseando a su lado era a su novia no a ella.
-Tom —Replicó Jane sin aliento.
-No quiero estar solo. No hoy.
-No lo estas.
-Jane…
-¿Qué?
-¿Y si aún no me he olvidado de ti?






-Continuará. El capítulo era más largo pero me voy en un rato fuera de la ciudad y vendré el jueves y me parecían muchos días. En fin, es cortito. 

lunes, 6 de mayo de 2013

Capítulo 3: De vuelta





 Jane abrió los ojos de golpe al escuchar la alarma de su móvil. Respiró profundamente y se acorrucó entre las sabanas deseando no haber despertado y permanecer para siempre en el sueño que acababa de tener. Un sueño que se ubicaba en el pueblo, en la playa para ser más específicos. Ella se encontraba recostada en el regazo de su amigo, mientras éste jugaba despreocupadamente con algunos de sus mechones rubios. Jane en ese sueño se sintió inmensamente feliz, pero ahora, al despertar se sentía la persona más infeliz de todas.
-Deja de auto-compadecerte, Jane —Se reprendió con dureza — Intentaras ser su amiga. No. Serás su amiga y nada más.
Salió de la cama con nuevos ánimos y se metió a bañar.

Mientras acomodaba el auto en uno de los espacios del estacionamiento de la universidad, Jane pensó en lo feliz que sería si no tuviese que tomar clases tan temprano. Una vez apagado el motor observó la portada de su carpeta donde se encontraba guardado su horario detrás del plástico protector. Genial, le tocaba diseño básico. Suspiró fastidiada, odiaba esa materia como todas las demás de la carrera. Diseño gráfico era la que menos de desagradó de la lista de licenciaturas que ofertaba la universidad y por eso había decidido estudiarla.
Miró su celular para ver qué tanto faltaba para entrar a clases y vio que tenía un mensaje que decía:
¡Despiertate! Enviado, Jue a las 6:50
Jane sonrió, era de Tom el mensaje y seguramente lo había recibido cuando estaba bañándose. Sin dudarlo buscó la opción de llamar y esperó a que respondiera.
-¡Jane! —Dijo su voz alegre.
-Ey, si desperté y llegué cinco minutos antes de mi primera clase —Dijo con aires de grandeza.
-Anoche eras un zombi viviente —Dijo Tom y Jane rio. Es cierto, se habían quedado unos cuantos minutos hablando de trivialidades después de volver a ser amigos y la primera en rendirse ante el sueño había sido ella.
-¿Zombi viviente? ¿No se supone que los zombis están muertos? —Cuestionó entre carcajadas.
-Vale, un zombi y ya. —Rio también —Anoche dijiste que lo más seguro era que te ibas a quedar dormida.
-Pues ya vez, estoy en mi faceta de responsable.
-Bueno chica responsable, te tengo que dejar me está entrado otra llamada.
-Adiós —Alcanzó a decir. Seguramente era Any quien le llamaba.
Bufó molesta y tomó su bolsa y carpeta para ir a su entretenida clase.


Cuando terminó su última clase se dirigió al café, de nuevo había quedado de verse con Tom. Buscó un lugar cálido donde sentarse, esta vez le tocaba elegir a ella puesto que Tom no había llegado.
-Hola —Dijo Tom cuando estuvo a un distancia considerable de donde Jane estaba sentada. Ella sonrió ampliamente al verlo.
-Ey, creí que no venias.
-Claro que sí, sólo que el maestro estaba revisando trabajos al azar —Suspiró.
-No tienes suerte entonces
-Al parecer no —Sonrió.
-¿Ya pediste algo? —Jane negó.
-Tengo hambre ¿y si pedimos un baguette?
-Me parece bien. No voy a tener tiempo de comer antes de irme al bar —Tom se mordió la comisura de los labios.
-¿Por qué entraste a trabajar ahí?
-Porque es lo que sé hacer mejor.
-¿Bailar?
-¡No! Bailar no, estar en ese ambiente. Llevo poco bailando, en el pueblo jamás lo hice —Tom sonrió.
-Yo recuerdo a verte visto bailar un par de veces…
-Ya, pero no…
-Y lo hacías muy bien —Agregó interrumpiéndola.
-Okay, cambiemos de tema. —Dijo rápidamente —Entonces ¿pido dos Baguettes? —Preguntó mientras se levantaba. Vio a Tom asentir.
Se dirigió a la chica que atendía la caja quien volteó a ver a Tom en dos ocasiones, Jane bufó un poco molesta, pero entendía porque la chica lo miraba tanto. Tom se veía realmente guapo aunque llevaba sus clásicos jeans obscuro con una camiseta pegada a su cuerpo debajo de la cazadora.

-¿Te vas mañana? —Cuestionó Tom cuando Jane estuvo de regreso.
-Sí, a primera hora —Respondió y le pasó su baguette — Me iba a llevar el auto pero mejor no, ya quedó Edgar de ir a recogerme a la estación de autobuses.
-Me están dando ganas de ir también, no he visto a mamá desde que me viene, ni a Faber ni Lina ni Jaime.
-¡Vamos! —Exclamó Jane emocionada.
-Estaría bien pero no puedo, quedé de salir el sábado con Any a una fiesta con sus amigos de la universidad.
-Ah…
-Pero a la próxima si voy —Sonrió.
-Sí, nos programamos mejor —Propuso Jane y continuó comiendo.
-¿Cuándo volverás? —Preguntó él una vez que terminó en el pedazo de pan que le quedaba.
-El domingo en la noche. Porque el lunes tengo clase temprano y no puedo faltar.
-¿Quieres que pase a recogerte? —Jane guardó silencio pensando en que Tom volvía tomarse demasiadas atenciones para con ella — porque… nos vamos a ver más seguido ¿no es así? —Dijo al ver que Jane seguía sin responder.
-Mmm…
-¿Jane?
-Oh, sí. Nos veremos más seguido. Ya te dije que sí.
-¿En serio, Jane? —Ella sonrió con dificultad.
-Claro que sí. Te lo prometo.

Después de terminar de comer con Tom se fue a su departamento y acomodó unos cuantos cambios de ropa en su pequeña bolsa estilo mochila que Elena le había regalado antes de venirse a la ciudad. Una vez todo listo se bañó y alistó para irse a trabajar al bar.


El viento le desparramaba el cabello de un lado a otro, y él había estado observando como ella no se daba cuenta que eso sucedía y que la hacía lucir totalmente angelical y guapa. Era una imagen preciosa ante sus ojos; pues además, los últimos rayos de la tarde se daban un brillo tan resplandeciente que apenas podía apartar sus ojos durante pequeños lapsos para mirar a Snoopy que le mordía la punta del zapato.
Any alzó la mira y su cabello dio una sacudida más. Tom sonrió.
-¿Qué? —Cuestionó ella sin entender. Tom negó sin apartar su sonrisa y volvió a mirar a su pequeño cachorrito que seguía clavándole los pequeños dientes de manera tierna.
-Bueno, ya terminé de enviar mi guion. Ojalá me den respuesta pronto.
-¿Cuándo te van a responder?
-Emmm… yo creo que hasta el lunes. Si les gusta tendré trabajo de medio tiempo en ese periódico —Dijo no muy convencida —Aunque no sé…
-A mí me gustó.
-Tú eres mi novio, tiene que gustarte —Refunfuñó ella.
-Bueno, a Bill le gustó —Any se encogió de hombros —Y también a… bueno no tuve tiempo de enseñar la copia que me diste a alguien más.
-No importa, ya se sabrá.
-¿Cómo vas a trabajar si…? —Any pegó un respingo y luego resopló enfadada.
-No sé, igual puedo decir que haré las correcciones de los artículos desde casa. Me dijeron que dan mucha accesibilidad si ven que trabajas bien.
-Me parece perfecto —Dijo él.
Vio como Any dejaba de lado la laptop que había estado usado los últimos cuarenta minutos y finalmente se centró en él.
-Por cierto… ¿viste siempre a Jane? —Preguntó. Tom se sorprendió porque desde que llegó a su casa estaba esperando esa pregunta.
-Sí, después de las clases… ya vez que el café nos queda cerca a ambos —Le contó sin querer entrar más en el tema.
-¿Y qué te platicó? —Cuestionó. Miró la mesa y tomó uno de los libros que estaban apilados y comenzó a ojear sin querer demostrar mucho interés, pero Tom sabía que le importaba demasiado el tema.
-Se va mañana al pueblo y creo que vuelve hasta el domingo.
-Ah…
-Al parecer ya no huirá de mí.
-¿Aceptó ser tu amiga?
-Sí, me reafirmó lo de anoche aunque como que no quería —Dijo —Pero no fue tan difícil a como creí. ¿Qué piensas tú?
-¿Yo? Ya sabes lo que pienso.
-¿No te gusta? —Cuestionó mirándola finamente. Any continuaba pasando las páginas del libro.
-¿Te gustaría que fuera mejor amiga de uno de mis exnovios, uno al que quise demasiado y por quien arriesgue mi vida de muchas maneras?
-Any…
-¿Te gustaría?
-No te conozco ningún novio.
-Ese el problema Tom. No lo entiendes…
-Pero Any…
-No. ¿Sabes? No quiero hablar del tema —Tomó sus cosas y se levantó. —Nos vemos mañana.
-Any, espera no te vayas —Ella comenzó andar hacia la puerta de cristal que conducía dentro de la casa de Tom.
-Te espero mañana a las siete —Finalizó y se marchó sin volver atrás.


…
Jane abrió los ojos cuando el autobús se detuvo. Se levantó y tomó su mochila del porta equipaje.

-Gracias —Le dijo al chofer mientras los autobuses dejaban bajar a las personas, atravesaron una puerta de cristal y finalmente se encontró dentro de la terminal. 
A lo lejos divisó a Edgar, sentado en una de las bancas de espera. Se levantó al verla y sonrió cuando sus ojos se encontraron.
-Hermosa —Murmuró a unos cuantos pasos.

-Hola —Respondió Jane. Ella se apresuró a rodearlo con los brazos y Edgar se aferró a su cuerpo.
-Te he extrañado demasiado —Le dijo mientras la apretaba con más fuerza. Cuando finalizó el abrazo sujetó su rostro con ambas manos y la besó. Jane sonrió sobre el beso que se volvía poco a poco más intenso.
-Llévame a casa —Le pidió cuando sus labios se separaron. Edgar sujetó su mano y la condujo fuera de la terminal. 


…

La primera en alegrarse de verla fue su madre, quien la abrazó y besó y le repitió mil veces lo mucho que la extrañaba. Jane se asombró de escucharla hablar con tanta soltura, su madre generalmente se contenía y guardaba sus sentimientos. Comieron los tres juntos, Jennifer, Edgar y Jane hablando todo lo que había pasado en ese mes que estuvieron sin verse.

Cuando la tarde llegó Jane salió de casa. Edgar la había dejado con su madre después de terminar de comer y ahora ella iba a buscar a su papá, quien debía estar atendiendo el bar.
De camino al bar aprovechó para entrar en algunos de los locales que solía visitar con frecuencia antes. Caminó despacio por las calles y a lo lejos, entre las calles miró el mar y recordó todos los buenos momentos que había pasado ahí a lado de Tom.
Suspiró enfadada. Pensar en él románticamente ya no estaba en sus planes.

Llegó al bar y a los primeros que se encontró fue a sus compañeros de trabajo. Estos la recibieron con abrazos y besos y le presentaron a los chicos nuevos que entraron a trabajar en el bar.
-¿Y mi papá? —Luego de algunos minutos, cuando por fin encontró espacio entre tanta platica.
-Está en la bodega, ya le llamo —Dijo uno de ellos.

Jane se apoyó en la barra mientras esperaba. Cada uno de los empleados regresó a su lugar, unos limpiando las mesas, otros acomodando mercancía y otros esperando detrás de la barra que un cliente llegara. Eran el triple de empleados que cuando ella estaba en el bar. Sabía que a su padre le estaba yendo muy bien con el negocio pero nunca se imaginó que a ese grado.
-¡Jane! —Exclamó Estefan. Ella volvió el rostro hacia la puerta de donde su padre estaba saliendo. — ¿Por qué no me avisaste que venias?
-Era una sorpresa.
Estefan se acercó a paso rápido y la abrazó con fuerza. Otro gesto más que la tomó desprevenida.
-¿Cómo estas papá? —Preguntó Jane al separarse.
-Bien, un poco estresado. Tengo que andar detrás de estos vagos —Dijo refiriéndose a los empleados —Me haces falta, nadie trabaja como tú —Jane sonrió.
-Exageras…
-¿Cómo te ha ido con la escuela? —Jane rodó los ojos —¿No te gusta?
-Sí, pero… bueno no sé… a lo mejor es cosa de acostumbrarme.
-Mmm —Dio un respingo —Ven, vamos a sentarnos. —Le dijo señalando una de las mesas.
-¿Qué ha habido de nuevo aquí, en el pueblo?
-Nada interesante, lo mismo de siempre. Niñitos haciendo alborotos, fiestas nocturnas, peleas callejeras, robos. Afortunadamente las fiestas aquí en el bar han estado controladas. Ahora que Shane está en la cárcel todo ha mejorado.
-Qué has sabido de él, por cierto. —Estefan suspiró antes de responder.
-Es esa una de las razones por la que quería hablar contigo personalmente.
-¿Qué pasa? —Inquirió sin querer sonar alarmada, pero lo estaba. El sólo imaginarse a Shane libre, era su peor pesadilla.
-Su padre está haciendo todo lo posible para libéralo, supe que están ganando. Ya sabes esa gente se compra a la policía y me ha extrañado que no hayan logrado liberarlo.
-¿Crees que salga?
-Tenemos que estar preparados para todo, Jane.
-¿No te dijeron nada cuando fuiste a declarar? —Jane negó lentamente.
-No quisieron decirme nada, de hecho sólo declaré y casi me echan.
-Es raro.
-Lo sé. ¿Y si lo dejan libre?
Stefan guardó silencio pensando en una solución.
-Por el momento será mejor que no regreses al pueblo. Si estas allá en la ciudad será más difícil que te encuentre o te haga algo.





-Continuará. Es corto lo sé. Pero bueno. Espero que les guste.