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| Miguel |
-¿A dónde van? —Cuestionó Miguel. Jane no advirtió su
presencia hasta que habló.
-A buscar a Shane —Respondió la rubia. Volvió a ver a
Tom y a Jaime, en esos momentos ninguno llevaba una expresión amistosa en su
rostro.
-No pensaran enfrentarse a él ¿verdad?
-Claro que sí —Dijo Tom.
Jane supo, por la expresión que puso su primo, que no
tenía opción de replicar.
-Bien, voy con ustedes entonces.
Jane vio a Any salir de la clínica en ese mismo
momento y acercarse a ellos con paso lento y tranquilo.
-¿Qué sucede? ¿Por qué esas caras? — cuestionó ella.
Nadie contestó.
-¿Pasa algo? —Insistió.
-Por qué no se van adelantando y ahorita los alcanzo —Dijo
Tom dirigiéndose a Jane, Jaime y Miguel.
-Ey, no hables como si yo no estuviera presente —Masculló
Any.
-Vamos, sólo es un momento —Le suplicó él.
Cuando Jaime se llevó a Jane y Miguel en dirección a
su camioneta Tom comenzó a decirle qué era lo que iban a hacer.
-Vamos a ir a buscar a Shane
-¿Qué?
-Sé que suena descabellado pero es algo que debemos
hacer.
-No estarás hablando en serio ¿verdad?
-Claro que sí. Tenemos que hacerlo y ya está decidido.
Sólo quiero decirte que me esperes, que cuides de Faber y que vendré por ti más
tarde, para llevarte algún lado.
-Quiero irme a casa.
-Bien, te llevaré a casa.
-Tom ¿estás seguro que quieres continuar con esto? —Cuestionó
tan seriamente que él sintió pánico al comprender que rumbo tomaba esa
pregunta.
Con sus ojos fijos en ella se acercó y quiso
entregarle su corazón, explicarle que lo que sentía era puro, y fuerte; que tal
vez no se parecía al amor que experimentó por jane, pero que se estaba haciendo
interminable.
-Any —Susurró. La dulce pelirroja le miró con ansias y
deseo, aguantándose y reprimiendo las ganas de tirarse en ese mismo instante
sobre sus brazos —Te juro que quiero estar contigo.
-No me lo digas si quieres que te crea, mejor
demuéstralo.
Any se acercó a sus labios y le plantó un beso por
demás intenso. Tom no pudo más que sujetarla de la cintura, aferrándose con lo
que podía a esos sentimientos, deseando
que se volvieran infinitos.
-¡Tom, venga ya! ¡Que me largo sin ti! —Gritó Jaime
desde la camioneta. Abrió la puerta y se bajó, al instante comenzó hacer señas
para que se apresurara. Sin embargo, él no le prestó atención, estaba atrapado
en la danza cadenciosa que tenían sus labios.
El beso se alargó unos segundos más hasta que
finalmente Any tuvo el valor de separar sus bocas y, cuando lo hizo, refunfuñó
enojada, pues lo que menos deseaba era romper ese contacto. Y fue exactamente
lo que Tom sintió.
-Cuídate, y por favor, piensen antes de hacer alguna
locura —Tom asintió mirándola de cerca, con los ojos embobados en sus labios
ahora rojos.
Un segundo después comenzó a andar hacia la camioneta,
donde lo esperaban los demás. Volvió hacía Any y vio que ella le dedicaba una
dulce sonrisa, Tom le respondió sonriendo ampliamente para después retomar su
camino.
Jane volvió la vista hacia el frente con el corazón
arrugado y sintiéndose repentinamente sin fuerzas, la imagen de Tom y Any
besándose se clavó como una espada afilada en su pecho y comprendió cómo se había
sentido él aquella vez que la vio en el bar.
Kaulitz se había olvidado de ella, no, más bien, sus
sentimientos por Any ahora eran fuertes. Aunque Jane aún lograba ver en sus
ojos claros los destellos del amor que le tenía, pero ese amor había perdido la
espontaneidad y la fuerza. Any, día a día, robaba esos sentimientos. Aceptaba,
con difícil resignación y con una profunda tristeza, que no existía más
culpable que ella misma. Se lo merecía, sí, pero el dolor era tan intenso como en
la época donde quería alejarlo. Ahora, no necesitaba estar lejos de él, tampoco
sentía deseos de hacerlo como en ese entonces, pero ya era demasiado tarde para
retenerlo a su lado.
-¿Cuál es el plan? —Cuestionó Tom abriendo la puerta
del lado donde Jane estaba sentada. La rubia giró la cabeza para verlo, Kaulitz
hizo el ademan de querer subirse y ella se recorrió en el asiento hacia el otro
extremo. Adelante iban Miguel y Jaime, este último era quien iba a conducir.
Tom se sentó en el lugar donde Jane había estado
sentada hacia un segundo y esperó a que alguien respondiera.
-He hablado con mi padre y se va a unir a nosotros —Murmuró
ella.
-Eso es perfecto —Dijo Tom.
-Y mi madre está tratando de ponerse en contacto con
uno de nuestros amigos de la ciudad, uno que trabaja para la policía del estado,
para ver si pueden resolver algo —Dijo Jaime.
-¿Crees que quiera ayudarnos?
-No tengo la menor idea, lo más probable es que no,
pero nada perdemos con intentarlo. Mientras tanto debemos encontrar a Shane, estoy
muriendo por partirle la cara.
-Yo también, no tienes idea de cuánto —Apoyó Kaulitz.
-Pero debemos tener cuidado con Shane, él es muy astuto
y probablemente se imagine que vamos a hacer algo en su contra —Dijo Jane
-Bien, entonces ¿a dónde debemos ir primero? —Cuestionó
Jaime fijando sus ojos grandes en el retrovisor para ver a Jane, ya que era la más adecuada para
responder la pregunta, teniendo en cuenta que ella sabía a dónde iban Shane y
los demás.
-A casa de Lamb, siempre se reúnen ahí —Contestó ella.
La camioneta comenzó a avanzar por la avenida
principal en dirección al norte, la casa de Lamb estaba sobre esa calle y Jane
sabía que casi siempre Shane y sus amigos se reunían ahí, pues era el acceso
más rápido tenían en comparación a la casa de Shane que estaba ubicada más al
centro de la ciudad.
La camioneta se detuvo a unos cien metros de la casa,
Jaime bajó de ella sin esperar a nadie más. Tom y Jane salieron también.
Enfrente de la casa estaba una de las camionetas
negras y lujosas que Shane solía utilizar.
-Esperen —Murmuró Miguel mientras bajaba. — ¿Entonces
vamos a ir, tocar la puerta y ya está? —Cuestionó bastante preocupado cuando
Jaime, Tom y Jane se detuvieron mirando, con un tipo de deseo y desesperación,
la casa.
-Exactamente —Respondió Jaime y comenzó a andar.
-No creo que…
Trató de decir pero no alcanzó a terminar la frase
pues comenzaron a andar hacia la casa. Jaime era quien caminaba más de prisa,
grandes y firmes zancadas con las que no le tomó nada estar frente a la
entrada.
Jaime golpeó la puerta con el puño con tanta fuerza
que era probable que hasta los vecinos escucharan el llamado.
-¿¡Quién!? —Gritó una voz femenina del otro lado de la
puerta.
Nadie respondió y la puerta se abrió dejando ver a una
joven diminuta de cabello rubio obscuro, una de las hermanas de Lamb.
-Jaime ¿Qué se te ofrece?
La muchacha de no más de catorce años le dedicó una
sonrisa y la expresión del rostro de Jaime se relajó.
-¿Se encuentra Lamb y Shane? —Cuestionó Jane.
-No, no han regresado.
Jaime suspiró.
-¿No sabes dónde podrían estar?
-Jamás me dicen a dónde van, ya lo sabes ¿Para qué los
buscan? —Cuestionó con cierto recelo.
-Da igual, no era nada importante —Respondió la rubia
dando la vuelta para marcharse.
Jaime, Miguel y Tom siguieron sus pasos.
-Admito que fue una pésima idea venir y tocar la
puerta ¿Por qué mejor no los buscamos por la ciudad y nos dejamos de
formalidades? —Dijo Jaime al borde explotar de furia.
-¿Qué quieres decir? —Preguntó Miguel.
Pasaron los siguientes treinta minutos recorriendo la
ciudad y no encontraron rastros claros de la ubicación de Shane. Parecía que se
lo había tragado la tierra, lo extraño era que, ya fuera Lamb o Shane, siempre
se les veía rondar por alguna parte de la ciudad y en ese momento simplemente
no aparecían.
Las voces de Jaime y Miguel eran las que se escuchaban
con más frecuencia durante la búsqueda, de vez en cuando Kaulitz hablaba para
hacer algún comentario pero al cabo de unos minutos volvía a callarse. Jane, por su parte, se mantenía mirando por la ventanilla, sin abrir la boca para nada.
-Voy a ponerme en contacto con unos amigos y con los York´s, ellos seguro van a querer apoyar en esto —Dijo Jaime cuando Tom, Jane y
Miguel estuvieron sentados en una banca blanca, en la plaza del pueblo,
descansando después del recorrido por las calles. Miguel estaba mareado y Jane
no apartaba su expresión de intranquilidad.
-Me parece bien —Respondió Tom.
-Ojalá tu madre ya nos tenga una respuesta —Musitó
Jane y Jaime asintió.
-Bueno, volveré en un rato. Van a quedarse ¿Verdad? —Cuestionó
Jaime, pero sonó más como una afirmación. Él había notado el ambiente hostil
que permaneció en la parte de atrás de la camioneta y podía ver en la cara que
llevaban ambos que necesitaban hablar.
-Yo voy, te acompaño —Dijo Miguel mientras se
levantaba.
Jane volteó a ver a Tom y este a ella, esperando que
el otro se moviera; ninguno lo hizo.
-Nos vemos, si surge algo les llamaré —Se despidió
Jaime.
-¿Lo hizo apropósito? —Preguntó Jane con un poco de
asombro mirando cómo Jaime y Miguel se alejaban. Tom afirmó con la cabeza
suspirando cansado.
Luego de algunos minutos de silencio la rubia se
acomodó en su lugar para apoyar su rostro en la palma de su mano, su brazo
estaba recargado en el respaldo de la banca. Mientras la quietud reinaba y los
atrapaba, se dedicó a mirarlo con atención, viendo como ese rostro permanecía
mirando hacia el frente, sin desear verla a la cara.Observó con detenimiento su perfil delineado perfectamente, le parecía una estatua de yeso perfectamente tallada. Sus pestañas largas y alzadas en la punta, adornando esos ojos, cafés y claros, que hablaban más que sus labios. Y luego esa nariz respingadita, ese cabello oscuro hecho rastas que era sujetado con una media coleta y que caía sobre sus hombros; y esos labios que mordía nerviosamente de vez en vez.
Jane suspiró.
-¿Quieres ir por un café mientras esperamos? —Invitó
Jane apuntando con la mano el local que se encontraba enfrente de donde Jaime
anteriormente había tenido estacionada la camioneta.
-Me parece bien —Respondió él.
...
-¿Cómo va lo de Any? —Se atrevió a preguntar cuando la
muchacha dejó los cafés sobre la mesa.
-Bien, hace nada que lo estamos tomando más enserio.
-Ya son novios —Afirmó Jane mirándolo fijamente, Tom
asintió —Me alegro. Ustedes hacen una espectacular pareja, lucen bien, además
que creo que tienen muchas cosas en común.
-Nosotros también lucíamos bien juntos.
Jane tomó el vaso y bebió un gran sorbo de café.
-Sabes a lo que me refiero —Masculló ella — ¿Qué caso
tiene hablar de eso ahora?
-Ninguno, aunque me gustaría saber si lo tuyo con
Shane va a continuar después de lo que sucedió.
-No, no lo soporto —Dijo bajando los ojos por primera
vez, su mirada se empaño rápidamente y luchó con todas sus fuerzas para no
llorar ahí mismo.
-Creí que aquel día habías dicho que soportabas muy
bien estar a su lado… —Le recordó.
Jane tragó en seco. Apretó con fuerza el vaso y se
levantó de golpe. Avanzó como una ráfaga de viento huracanado por entre las
mesas hasta que se detuvo frente a la cajera, le entregó un billete pagando su
café y salió del local.
-Jane, espérame… —Dijo Tom saliendo detrás de ella.
-No quiero —Continuó caminando, cruzó la calle y se
dirigió a la banca donde habían estado sentados antes.
-Jane…
-No lo soporto —Dijo. Se detuvo y volvió para verlo de
frente —No lo he soportado desde que te conocí —Tom la miró con tristeza — ¿Y
sabes por qué es eso? Porque tú eras lo opuesto a él, porque gracias a ti
descubrí lo que es que le importes realmente a alguien, lo que es el amor de
verdad y sin condiciones. Comprendí lo que significa que una persona esté ahí
para ti, sin necesidad de llenarte de palabras huecas… porque tú me lo
demostrabas cada vez que podías.
-Jane… —Susurró Tom viendo como ella se secaba, con
las palmas de las manos, las lágrimas que descendieron por sus mejillas.
-No digas nada ¿Vale? Está perfecto. Está bien que estés
con Any porque estoy segura que ella si sabe amarte.
-Jane… —Trató de interrumpirla pero ella continuó
hablando.
-Ella es lo que mereces, yo… yo perdí mi oportunidad
por ser tan estúpida.
-Jane detente —Le dijo tomándola del brazo y tirando de
ella. Se encontraba tan aturdida y sin fuerzas que se dejó hacer. No opuso
resistencia cuando acercó el cuerpo de ella al de él, dejándolos completamente
juntos; llevándose con ese acto todas las palabras que estaban a punto de salir de su boca.
Sus rostros
estuvieron frente a frente, a pocos centímetros de rosarse. Jane recordó aquellos
momentos en los que estuvo así con él, donde acto seguido unían sus bocas en un
perfecto beso. Y era lo que más deseaba
en ese momento, acercarse a él, rosar sus labios y robarle el aliento con un
beso mientras entrelazaba sus manos como aquel día en el callejón cuando él la había rescatado de Shane.
Sintió el temblor de sus piernas y el ritmo cardíaco elevarse, e hizo lo que su corazón le suplicaba. Se acercó a él, acortó la poca
distancia que los separaba, con la intención de volver a ser dueña de esos
labios, de apoderarse de esa boca carnosa y adictiva que sabía acomodarse a la
perfección con la suya. Cuando su boca estuvo a nada de tocar la de Tom, él
movió su rostro hacia un lado y se inclinó sobre ella, estrechándola entre sus
brazos.
Jane permaneció inmóvil, atrapada en aquel abrazo
mágico pero, que a la vez, era como una fuerte bofetada en el rostro.
Tom no
había querido besarla.
-Continuará...
Ya lo he dicho, quedan pocos capítulos a la temporada, no sé si tres o menos. Pero pronto seguiré con la siguiente temporada que tendrá nuevo nombre :D
Gracias por leer <3
