jueves, 25 de octubre de 2012

Capítulo 74: Sólo quería escuchar tu voz.


Las horas pasaron rápidamente hasta que el medio día llegó, el doctor le comunicó que Bill ya estaba listo para marcharse a su casa, luego de la última revisión y la entrega de medicamento para las inflamaciones y el dolor, Bill salió de la habitación.
Tom no pudo evitar elevar una sonrisa de alivio en sus labios pero Bill no le respondió, no quería ni podía hacerlo, se sentía demasiado molesto aún por lo que había sucedido y en el fondo culpaba a su hermano por ello, aunque sabía que era a Shane a quien debía odiar profundamente.
Tom y su madre ayudaron a subir a Bill al auto, y así se marcharon a casa. No pronunció mucho durante el recorrido, y Tom se sentía angustiado y frustrado por la actitud de su hermano, aunque comprendía su reacción. Seguramente no tenía idea de cómo manejar las cosas, así como él.

Luego de mil y un intentos de conversar con su hermano, Tom salió de casa y se sentó en la banqueta, llevaba el celular en la mano, tomó aire y presionó el número de Jane. La llamada entró pero su voz no se escuchó del otro lado y dedujo que ella no quería hablarle. Resignado se levantó y se aproximó al patio de entrada de la casa donde estaba aparcada la moto que Jaime le había regalado.
-¿Vas a salir? —Preguntó su madre abriendo la puerta al escuchar el motor rugir.
-Si, volveré más tarde. —Respondió Tom para después marcharse.
¿Por qué no contestó Jane? ¿Estaría con Shane? ¿Este la convencería de volver con él? ¿Jane se olvidaría tan fácilmente de los buenos momentos que pasó a su lado? Esas y muchas preguntas más pasaban por su mente mientras se dirigía a la casa de Sam. Cuando llegó notó que todos estaban reunidos afuera esperando solamente a que él llegara.
-Por poco y pensábamos que ya no vendrías
-Pero ya estoy aquí —Replicó Tom.
-¿Cómo está tu hermano? —Preguntó uno de los amigos de Sam, uno de cabello rubio de no más de dieciséis años, quien miraba con cierta impresión a Tom, probablemente por los moretones que llevaba en el rostro.
-Lo acaban de dar de alta pero se encuentra recuperándose, estará mejor dentro de unos días. —Respondió Tom secamente.
-¿Qué fue lo que sucedió? —Preguntó Valente, el chico de la pierna rota y con yeso hasta la rodilla.
-Pues…  —Intentó decir, pues no deseaba hablar del tema.
-A ver, a ver… —Interfirió Sam. — Déjense de tanta platica, mejor hay que comenzar con lo nuestro. —Y Tom agradeció que fuera tan inoportuno.

…
No le fue nada sencillo escuchar a Sam hablar con tanta naturalidad sobre tomar objetos de valor en casas ajenas. Para Tom era algo nunca había tenido relevancia y ni siquiera había sentido el deseo de obtener algún carro o de la ropa cara que en ocasiones portaban sus amigos. Sin embargo, para ellos, Sam, Valente y los demás, parecía ser algo más que una necesidad, era un estilo de vida, una manera sencilla de obtener lo que querían sin tener que esforzarse demasiado.
Después de ponerse de acuerdo en cada uno de los pasos que iban a seguir, en como iban a llegar, a entrar, salir y donde se iban a colocar, Sam anunció que había llegado el momento.
-¿Quiénes son los dueños? —Preguntó Tom por curiosidad, y para saber si no se trataba de la casa de alguna familia conocida o amigos de sus padres, aunque era absurdo preguntar puesto que conocía a el noventa porciento de las personas que habitaban en el pueblo.
-Es mejor que no lo sepas —Respondió Sam, sonriendo.
Pronto cada uno joven se memorizó lo que debía hacer, además cada quién preparó su arma para defenderse de cualquier cosa y se vistió acorde a la situación, así como Sam había indicado. Él podía ser el chico más vago e irresponsable del pueblo, pero cuando se trataba de negocios era el mejor organizado y preparando todo.
-Vallan subiendo a la camioneta —Ordenó Sam, quien continuaba revisando los últimos detalles en un croquis que tenía dibujado de la casa. Los demás salieron de la casa, e incluso Tom quien aún no estaba del todo convencido de lo que estaba apunto de hacer.

Tom aguardó a unos cuantos metros de la camioneta y recurrió a una llamada, antes de que Sam saliera de la casa.
No estaba seguro porque marcaba su número. Era como si al escuchar su voz, la seguridad que necesitaba se fuera a instalar milagrosamente dentro de él. Probablemente, también esperaba escucharla decir que su padre estaba a salvo, que ahora se sentía con fuerzas para luchar contra Shane, que no se atreviera a robar pues no valía la pena que se metiera en tantos problemas. Fuera lo que fuera que buscaba en esa llamada, esperó ansiosamente a que le contestara, pero luego de unos segundo supo que no respondería de nuevo.
-Emm… Jane… yo sólo quería escuchar tu voz… —Dijo después del tono que indicó la contestadora, para luego colgar.
Desanimado al no recibir respuesta de Jane miró su móvil otra vez, el nombre de Any le cruzó por la cabeza como un rayo e inmediatamente marcó su número.
-Hola Tom —Respondió ella con notoria alegría antes de que sonara por tercera vez.
-Hola Any… —Dijo.
-Ey, precisamente voy saliendo para tu casa ¿Estás allá?
-No, estoy acá con unos amigos… creo que llegaré tarde.
-¿De verdad? Uhmm que mal…
-Igual puedes ir a visitar a Bill, creo que necesita alguien con quien hablar, alguien que no sea yo… —Agregó con desanimo.
-¿Pelearon? ¿O qué pasó?
-No, por lo mismo… sé que me culpa por salir con Jane.
-Bueno, es que es comprensible… él ha sufrido mucho con esto desde siempre, ahora cuando por fin vuelve y que le vuelvan a hacer lo mismo. De verdad que no se vale…
-Lo sé, lo sé. Por eso lo he dicho que jamás volverá a suceder, de hecho Shane me debe una… bueno en realidad varias, pero esta es la peor de todas.
-¿No pensaras ir a buscarlo o algo parecido? —Tom calló. No sabía qué pero estaba convencido que algo iba a tener que hacer. —Tom, por favor no vallas buscar pelea, son demasiados, te lastimarían.
-Any no te preocupes no lo haré, al menos no hoy.
-¡Toom! —Se quejó. —Por favor…
-Vale, no lo haré. Pero tú sabes que tiene que pagar todas las que nos ha hecho.
-Si, lo sé.
-¿Ya están todos listos? —Cuestionó Sam saliendo por fin.
-Any tengo que colgarte, luego hablamos —Dijo rápidamente sin darle tiempo a que la chica respondiera. En cuanto colgó abordó la camioneta donde los demás reían estúpidamente y se hacían bromas unos a otros.
Sam abordó en el lado del copiloto pues ya había asignado al conductor, el cual debía cumplir ciertas características que él mismo estipulaba.
-Ya saben cada uno lo que le toca hacer ¿No es así? —Cuestionó con seriedad mirando hacia atrás.
-¡Si! —Dijeron algunos, otros tantos como Tom, simplemente asintieron.

-No vamos a tardar mucho en llegar, así que en cuando Nich –el chico que conducía– se detenga a cien metros, corremos hacia dentro. Joel acaba de llamarme y me ha dicho que la casa está sola e incluso logró quedarse con otra de las llaves de la entrada, además de la que ya me dio. —Dijo Sam, Joel era el hermano mayor de Sam, quién acabada de entrar a trabajar a la casa en cuestión como jardinero.
Sam
-Entonces —Dijo el que conducía —en cuando salgan con el botín yo arranco.
-¡No! Tu debes tener ya preparada la camioneta, de hecho en ningún momento debes de apagarla.
-¿Y si alguien nota que los estoy esperando?
-Razón por la que no todos bajaremos en el mismo lugar. Kail y Gil bajaran una calle antes, Louis bajará al otro lado y Tom y yo nos quedaremos enfrente, y entraremos por la principal con la llave que me dio Joel.
-Yo creo que eso es peligroso —Dijo Kail. Quien iba sentado aun lado de Tom. —Kaulitz no sabe nada de robos, es un novato… estas corriendo demasiado riesgo en entrar con él por la principal.
-¡Por lo mismo idiota! —Exclamó Sam — ¿Crees que va a poder entrar por la parte de atrás? Para subir por la barda se necesita de astucia y años de práctica.
-Pues que se quede vigilado —Replicó Kail.
-He dicho que NO. Él entrará con nosotros, con Joel y Nich es suficiente para vigilar.
Nadie se atrevió agregar más sobre el tema, todos sabían lo obstinado que podía llegar a ser Sam, incluso aunque pudiera estar equivocado.
Kail y Gil fueron los primeros en bajar de la camioneta, después Nich condujo hacia la otra esquina de la casa y Louis bajó con el mejor disimulo que pudo. La camioneta le dio la vuelva a la casa a la velocidad de la luz y se detuvo justo enfrente. Sam y Tom fueron los siguientes en bajar, este ultimo no pudo evitar mirar a su alrededor en busca de la presencia de alguien ajeno al plan, pero como solía suceder en las casas de las personas más ricas del pueblo, los vecinos más cercanos estaba a poco menos de medio kilometro.
La operación de entrada a la casa fue realmente sencilla, ya que Sam contaba con la llave que su hermano había conseguido, lo siguiente que hicieron fue correr hacia dentro de la casa como lo había planeado.
-Ve allá —Señaló una gran puerta de madera que estaba al fondo de la sala — Y toma todo lo que te parezca de gran valor y colócalo dentro de la bolsa —Le indicó Sam. Tom asintió repetidas veces mientras sacaba la bolsa que se había guardado en el pantalón y la abría. Su corazón latía aprisa y sentía como su cuerpo estaba rígido debido a la gran tensión que experimentaba. Entró a la habitación y descubrió que se trataba de un estudio y lo recorrió con una rápida mirada, notando que todo lo que en él había era de clase y elegido con sumo cuidado y propiedad. Colocó dentro de la bolsa negra toda clase de objetos que le parecieron que podían valer más de 500 dólares. Esculcó entre los cajones del elegante despacho, y encontró algunas cajas de terciopelo con dos caros relojes y un collar de diamantes, se lo pensó un momento antes de echarlos dentro, pero al final cedió, que más daba, para eso estaba ahí.
-¡Venga Tom! ¡Debemos salir! ¡Joel me dijo que la policía a sido avisada! —Gritó Sam entrando con un aspecto aterrado al despacho donde Tom estaba.
-¿Qué? —Respondió quedándose perplejo.
Sam se apresuró a echar dentro de la bolsa negra unos cuantos objetos de valor que encontró a su paso y echó a correr después de ordenarle a Kaulitz que lo siguiera.
-¡Deberías dejar la bolsa! —Le gritó Tom, corriendo detrás de él.
-No me iré con las manos vacías —Respondió sujetando con más fuerza la bolsa. Y Tom supo que él tampoco podría dejar lo poco que había conseguido tomar. Llegaron a las escaleras y lograron escuchar las sirenas de las patrullas que se acercan a toda velocidad. ¡Estaban apunto de ser atrapados por la policía! ¡De ir a la cárcel! El alma se le fue del cuerpo e incluso sintió su cuerpo repentinamente cargado de energía debido a la adrenalina que estaba experimentando. Bajó las escaleras corriendo y llegó a la cocina, detrás de Sam. Este abrió la puerta que daba al patio trasero y salieron a la luz del atardecer.
-Joder, joder —Murmuraba Sam mirando en todas las direcciones. La barda estaba poblada de enredaderas y arbolejos delgados, en los cuales le era imposible trepar. Luego de algunos segundos llenos de angustia y de terror logró ubicar un espacio pequeños en la barda del fondo, por el cual podían subir y escapar.
-Ven por acá —Dijo y Tom obedeció inmediatamente, haciendo el intento de seguirle muy de cerca. Llegaron rápidamente a la parte de la barda que Sam encontró para subir. Desesperadamente lanzó la bolsa negra hacia el otro lado, ambos escucharon como algunos objetos de porcelana cara se rompían con el imparto. Sin perder más tiempo y con una agilidad impresiónate Sam trepó la barda y en un segundo estaba sobre ella.
-¡Rápido pásame la bolsa para que te puedas subir! —Gritó agitado. Tom le lanzó la bolsa e imitó el acto de subir por la barda sin plantearse el hecho de que jamás había hecho algo semejante. Al instante de hacer contacto con la pared perdió el agarre que por un momento le habían dado las manos y los pies,  y cayó sentado sobre el pasto verde.
-¡Corre! ¡Rápido! ¡Hazlo otra vez! ¡Toma un buen impulso! ¡Yo te sujetaré! —Le gritó Sam desde arriba, sabiendo que los policías ya estaban dentro de la casa y que tardarían unos cuantos segundos en darse cuenta en dónde están. Tom repitió el acto pero para cuando logró sujetarse de la barda hasta con las uñas se dio cuenta que Sam ya había brincado hacia el otro lado con su bolsa.
-¡Atrápenlo! —Escuchó detrás de él, y descubrió la razón por la que Sam había salido corriendo.


- Continuará. 
Esta vez me esforcé en escribir un capítulo largo y bueno aquí está. Trataré de traer el siguiente pronto.

sábado, 13 de octubre de 2012

Capítulo 73: MBF



Cuando salió de la habitación eran cerca de las nueve de la mañana. Su hermano seguía dormido plácidamente, su rostro de porcelana estaba más hinchado que antes, los golpes ahora estaban bien marcados en sus mejillas y en el ojo izquierdo era evidente el color morado y seguramente no iba a poder abrirlo como se debía por días. Su madre, por su parte, se había marchado a primera ahora, debía cambiarse para ir al trabajo, al cual no podía faltar porque le descontaban buena parte de la paga. 

Con un vaso de corcho relleno de café, Tom se sentó en la pequeña sala de estar de la clínica, contempló el vapor que salía de su bebida y recordó el ultimo mensaje recibido de parte de Jane; cuando sintió que la tristeza iba a apoderarse de su cuerpo sacudió la cabeza y suspiró. 

Luego de algunos minutos de pensamientos sin sentido alzó la mirada hacia la puerta de cristal de entrada y vio aparecer a una silueta, al momento la puerta se abrió y pudo ver de quién se trataba. Su cabello rojizo y rizado se movió armoniosamente al compás de sus pasos, su rostro centelló felicidad y sus ojos brillaron con tal intensidad que él se pudo hacer una idea de cuan ilusionada estaba de verlo. Pero lo que más llamó su atención en ella fue el matiz rosado que cubría finamente sus mejillas y la esplendida sonrisa que apreció en sus labios al momento de saludarlo con un movimiento de cabeza. 
-¡Hola…! —Exclamó con dulzura mientras Tom se levantaba para recibirla. Any se apresuró a dejarle un efusivo beso en la mejilla y un abrazo lleno de cariño. —¿Qué fue lo que sucedió? —Preguntó inmediatamente al notar las condiciones en que se encontraba, lo más llamativo era la venda que llevaba sobre la ceja y los moretones en el rostro. 
-Shane y eso estúpidos con los que se junta… —Respondió con dificultad. 
Acto seguido, se sentó de golpe en la banca donde estaba anteriormente, apretó los puños y la quijada reviviendo la rabia que aún seguía estancada dentro de su cuerpo. 
-¿Fue por Jane? —Se aventuró a preguntar la pelirroja con un dejo de reclamo en la voz. Tom bajó la mirada tensando aún más su expresión. — ¿Cómo es posible? 
-Any por favor no me digas nada… que cuando mis amigos se enteren de la verdad y cuando Bill se recupere, me van a atacar con eso y mucho más. 
-¿Y no crees que tendrían razón? —Cuestionó sentándose a su lado. 
-Any, yo la quiero y no me arrepiento de ello… —Jadeó frustrado — ¿O qué se supone que debo de hacer? ¿Dejarla? —Escupió enfadado —¿Ignorar mis sentimientos? —Hizo una pausa esperando que ella le respondiera algo razonable pero al no escucharla continuó — ¿Qué hago para sacarme su imagen de la cabeza? ¿Cómo le hago para dejar de pensar en ella las veinticuatro horas del día? —Any tragó en seco y su expresión entristeció al escucharlo hablar con tanta certeza. 
-No sé como puedes desenamorarte de alguien, a mi a veces también me gustaría hacerlo. —Hizo una pausa —Pero yo no te estoy diciendo que termines con ella —Suspiró. En el fondo lo pedía a gritos pero sabia de sobra que él no lo iba hacer solamente porque ella lo quisiera —Yo solo… no quiero ver que les hagan daño otra vez… 
-Any… 
-¿Por qué no te puedes figar en alguien más? —Agregó perdiendo los estribos y escupiendo un poco del nudo que había en su garganta — ¿Por qué no te enamoras de mí? 
Aquella mirada lo estremeció completo, tanta dulzura y tanto amor le impresionaban, sus ojos eran cristalinos, puros, llenos de esperanza y alegría.
El momento en que unió sus labios a los de él fue completamente inesperado, pero no se alejó; necesitaba del confort de unos labios tibios como los de ella, necesitaba sentir que alguien lo amaba realmente, porque en el fondo sabia que podía darse el lujo de estar seguro de Any tanto como Jane lo estaba de él. Algo en ese dulce beso, en esos movimientos suaves y sin prisa le hizo alborotar las emociones en su corazón. 
-Yo tampoco quiero verte sufrir —Susurró cuando Any se separó soltando un débil suspiro de placer. 
-No lo haces —Aseguró rápidamente —Yo sólo te pido que me dejes estar a tu lado. 

… 

Any se marchó luego de media hora de estar conversando con Tom, le prometió que regresaría más tarde y que ayudaría a cuidar a Bill si era necesario. Estar cerca de ella le hacía sentir un poco culpable, pues Jane seguía ocupando cada rincón de su corazón, aunque sabía que había un espacio pequeño para Any, aun así no quería hacerla sufrir, no quería que se ilusionara como él se ilusionó con Jane. 
Luego de algunos minutos de estarse replanteando lo sucedido recordó que aún estaba el problema de Stefan. Miró el celular y buscó entre ellos alguien que pudiera informarle de la situación, luego de recorrer dos veces la agenda se detuvo en el nombre de Jaime, era la única persona que conocía que podía estar al tanto de algo. 
Escuchó como el celular de su amigo sonaba insistentemente, hasta que finalmente respondió su llamado. 
-Ey Tom ¿Qué pasó? —Preguntó con voz alegre. 
-Nada… solo… es que hoy no podré ir a trabajar… 
-¡Ni que lo digas! ¡No te preocupes! Tomate el tiempo que sea necesario, ya sabes. 
-Gracias… —Agregó. —Oye Jaime —Pronunció con voz distinta. 
-Sí, dime. ¿Qué pasó? 
-Has sabido algo del padre de Jane… 
-En realidad no mucho… —Respondió pero guardó silencio como si estuviera recordando algo nuevo… —La verdad es que ayer en la noche me enteré que dejaron la fianza a la mitad, pero aun así las Drake’s no cuentan con el dinero, ya sabes que Jennifer no quiere vender la casa, como intentó hacerlo Jane. —Tom tomó aire ante la nueva información. 
-Joder —Murmuró. 
-¿Qué sucede? —Indagó notando algo en el joven que le había llamado. 
-Quiero ayudarla, pero no tengo el dinero. 
-Tom, no puedes hacer nada… yo te lo prestaría si lo tuviera pero ya sabes con lo que saco en el taller apenas consigo para sostenerme a mi mismo y un poco más…. 
-Lo sé, lo sé Jaime, no estaba pensando en eso —Respondió al recordar a Sam, en que había quedado mal a la cita y en que probablemente ya no iban a querer que se les uniera en el próximo atraco. 
-¿Qué estas planeando Tom? 
-Nada Jaime, gracias por la información —Le dijo lo más rápido que pudo y colgó para evitar más cuestionamientos. 

Antes de que fuera a cambiar de idea o de replantearse con sensatez la situación marcó el número de su buen amigo Sam. 
-Kaulitz… —Saludó con voz un tanto irónica —Tanto sin saber de ti. 
-Ey Sam, no pude llegar, tuve algunos problemas con Shane… 
-Sí, estoy enterado de algo… 
-Bueno pues… quería saber si aún sigue en pie… —Inquirió dejando la duda en el aire. Sam rio del otro lado de la línea con una risa estrepitosa.

-¿Lo ven? Les dije que nuestro buen amigo Kaulitz no se echaría para atrás tan fácilmente —Dijo a lo lejos, seguramente dirigiéndose a sus compañeros de robo. —Bien Kaulitz, me alegra escuchar eso porque precisamente Valente ha caído enfermo y bueno es él quien nos hacia la guardia… 
-Yo podría hacerlo, incluso entrar con ustedes —Dijo sumamente seguro. Sam volvió a sonreír, sólo que ahora con mucha más satisfacción. 
-Eso me gusta Tom, me parece perfecto… sólo espero que esta vez llegues cuando te lo pido. 
-Claro, ahí estaré. 
-Bueno, vente en la tarde, cuando ya esté obscureciendo y veremos que hacemos, a todos nos urge sacar un poco de dinero y no podemos esperar un día más. 
-Ok. —Respondió Tom y la llamada terminó.