martes, 16 de abril de 2013

Mi único amor. Capítulo 1: La noticia




Alzó el rostro y observó las nubes naranjas que se distinguían en el horizonte través del ventanal, era una imagen preciosa pues el atardecer caía poco a poco, como todas las tardes. No siempre tenía oportunidad de ser testigo de algo tan maravilloso que se apreciaba cada día desde su departamento, pero era su día libre y no tenía nada hacer.
Se encontraba recostada en el sillón morado, con una taza de té en la mano y un libro sobre el regazo. Estaba leyendo como se lo habían pedido en la universidad, pero se daba cuenta que más que ser una obligación era un lujo hacerlo.
-Jane… —Le llamó una voz suave. Ella pegó un respingo y cerró el libro. Volvió el rostro por encima del hombro y vio a Edgar parado fuera de la habitación del fondo. Acababa de salir del baño, llevaba ropa limpia, el conjunto más nuevo que tenía, y el cabello brillándole por la humedad y el gel con que se había peinado. Se veía increíblemente guapo, más que siempre, con esa camiseta azul obscuro y esos pantalones negros pegados al cuerpo.
-¿Ya estás listo? —Cuestionó Jane. Edgar asintió repetidas veces.
Salieron del departamento y se dirigieron a un restaurante de comida japonesa que había visitado varias veces en las últimas tres semanas.
-¿Entonces, te vas a ir ya? —Cuestionó Jane desanimada.
-Sí, mañana temprano tengo que ir a trabajar con Jaime y en la tarde ayudarle mi padre con el negocio de motos.
-Pero si apenas llegaste ayer.
-Yo también quisiera quedarme —Susurró él mirándola fijamente.
-Bueno, si no hay más remedio —Resopló — A lo mejor voy el fin de semana a visitar a mis padres.
-Eso estaría muy bien. De hecho, llegaré a tu casa para hablar con Jennifer, siempre quiere saber de ti. Y como desde que te viniste a estudiar no has regresado…
-Lo sé, pero con el trabajo y la escuela… —Suspiró — la verdad es que no me da tiempo. Pero pediré permiso en el bar viernes y sábado y así me quedo hasta el domingo en el pueblo.
Jane vio como el móvil que había dejado junto a los cubiertos, sobre la mesa, comenzó a parpadear. Miró la pantalla y continuó comiendo.
-¿Sigues evitándolo? —Cuestionó Edgar. Jane lo miró frunciendo el ceño.
-No lo estoy evitando —Ed alzó las cejas —Estoy contigo, si le contesto estaremos hablando dos horas…
-¿Hace cuánto que no quedas con él? —Cuestionó, aunque ya sabía la respuesta.
-Nos hemos visto sólo una vez desde que llegué —Respondió bajando la mirada.
-¿Y cuantas veces han hablado por teléfono?
-Unas cinco…
-¡Y no lo estas evitando! —La rubia rodó los ojos.
-Déjalo ya, Ed, por favor…
-¡Pero si te ha estado llamando desde que amaneció, joder! ¡Contéstale!
-¡No lo voy a hacer! Ya me ha mandado un mensaje, dijo que me invitaba a tomar un café y que le contestara. No le contesté y por eso no ha dejado de llamarme. —él la analizó con la mirada durante unos minutos.
-No puedes evitarlo eternamente —Jane sacudió la mano restándole importancia a las palabras del muchacho.
-¿Qué me dices tú de Nara?
-¿Qué con ella? —Inquirió Edgar con una sonrisa.
-Sí, la última vez me dijiste que no te dejaba en paz.
-Sí, siempre va a visitar a Jaime. Le cocina y le ayuda con cosas de la casa. —Jane chasqueó la lengua recordando A Nara, a la hermana de Jaime, la cual no contaba con más de quince años, pero que a pesar de ello era tan guapa y angelical, que cualquier podía llegar a interesarse en ella.
-Lo hace para estar cerca de ti, porque sólo va cuanto tu estas ahí —Murmuró molesta.
-Sí, pero a mí no me interesa. Y ya sabes por qué —Edgar alargó el brazo sobre la mesa y sujetó su mano. Jane sonrió ante el acto.

Las horas pasaron volando. Cuando terminaron de comer fueron al bar donde trabajaba Jane y estuvieron sentados en los sillones que estaban al fondo de la pista, antes de que ella entrara a trabajar.
-Nos vemos la siguiente semana —Le dijo Edgar. La sostuvo del rostro y la miró por un momento, después se acercó a ella y le dio un beso prolongado.
-No te vayas —Susurró ella entre el beso.

…
Jane se reflejó en el amplio espejo que estaba a disposición de todos en esa habitación del Bar. Era un lugar donde las meseras se ponían el uniforme asignado del día, donde las bailarinas se maquillaban para las shows y donde cualquier empleado conversaba o tomaba unos minutos para descansar del barullo de la gente.
-¿Ya te vas, linda? —Preguntó Juliana, una de las chicas que llevaba más cinco años trabajando en aquel lugar y la cual conversaba de vez cuando con la rubia. Era de las pocas personas que  a Jane le caía bien de verdad.
 -Sí, estoy muerta —Murmuró.
-Vale, descansa. Recuerda que mañana te toca a ti —Le giñó un ojo.
Jane tomó sus cosas y salió del lugar.
Cuando llegó al departamento no quiso saber nada de libros, de cigarros o de llamadas a Edgar o Elena, solamente deseaba una cosa: descansar.
Una vez colocada la piyama se metió en la cama bajo las cobijas. Estaba apunto de quedarse dormida cuando un sonido la sacó de su ensoñación. Con fastidio alzó el móvil y miró la pantalla. Era Tom.
-Uff —Suspiró. El móvil dejó de sonar pero al instante el sonido volvió a inundar la habitación. Seguido de eso sintió un pequeño vibrar bajo sus manos, un mensaje.
-Sí no me contestas te llamaré toda la noche —Leyó Jane. Y supo que hablaba en serio. Esas cinco conversaciones telefónicas que habían tenido, en dos de ellas Tom había tenido que recurrir a esa misma estrategia.
-Te odio, te odio —Repitió con una sonrisa amplia en los labios antes de deslizar la yema del dedo pulgar por la pantalla, para responder la tercera llamada.
-Al fin respondes —Dijo él con voz sonriente. Jane no entendía cómo es que podía estar tan feliz después de llevas más de cuatro días ignorándolo.



Cuando alzó los ojos hacia el reloj que estaba colgado en lo alto de la pared, se fijó que había pasado apenas un minuto de la última vez que lo miró. El tiempo corría demasiado lento, el clima en aquel salón era caluroso, pegajoso, pues no servía la ventilación, y todo lo que podía pensar era en que había quedado de verse con él en un café, a dos cuadras de la universidad.

No tenía la menor idea de qué era lo que la maestra señalaba en la imagen proyectada en la pared, escuchaba su voz de vez en cuando pero sus pensamientos la transportaban muy lejos; bueno, no tan lejos. Se transportaba a la cafetería que estaba a sólo dos cuadras y donde Tom le había dicho que la iba a estar esperando desde la una de la tarde porque saldría temprano de clases.

El mes transcurrió demasiado rápido, tan rápido como llegó la idea de mudarse a la ciudad, elegir una carrera que más se adecuara a ella y trabajar en aquel bar que estaba a una manzana de su departamento. Todo eso había ocurrido gracias a que no soportaba no ver más a Tom, pero en cuanto llegó a la ciudad su valentía calló sobre el suelo y se aferró a la idea de mantenerse ocupada y no verlo frecuentemente. La vez que se habían visto resultó tan abrumadora para ella que no quería volver a repetirlo.
Tom no era el mismo, lo viera por donde lo viera. Ahora, él estaba interesado en estudiar, de hecho no paraba de hablar de su facultad de artes donde le enseñaban técnicas de dibujo, pintura, historia contemporánea y muchas cosas más que él le había mencionado a Jane, pero que ella no recordaba. Además, en ese corto encuentro no paró de hablar de su hermano, de su vida con su papá, pero eso no le molestaba; lo peor era que no paraba de hablar de ella, de Any.

Cuando la clase terminó salió disparada de la universidad, se subió a su auto y condujo a toda velocidad las dos cuadras que la separaban de él. Aunque no quería que las cosas fueran como la última vez que lo vio, y estaba segura que serían así, moría por verlo, por hablar con él. Se preguntó cómo es que había soportado tanto tiempo sin saber de él.

Mientras se estacionaba frente al local pensaba en todo lo que había sucedido en el pueblo y en que Tom definitivamente había retrocedido al área de “amigos” y no había manera en que Jane lograra hacerlo avanzar otra vez. Tom ya no tenía esa mirada, esa que la devoraba con ternura y pasión, ya no lo veía nervioso ante su presencia y él estaba muchísimo menos interesado en lo que le sucedía a ella.
Jane por un momento, mientras empujaba la puerta de cristal, deseo poder sentir otra vez sus brazos rodeándole el cuerpo, sus dedos recorriendo su rostro y sus labios dándole esos besos suaves y adictivos. Deseó escuchar sus susurros en su oído, escuchar sus palabras de amor y sus juramentos de “jamás voy alejarme de ti”.
Al ubicarlo en el fondo de la cafería leyendo un grueso libro desechó a la basura sus pensamientos. Eso no iba a pasar, eso jamás volvería a pasar, lo veía en sus ojos claros.
-Hola —Saludó llegando a su lado. Tom alzó la mirada y sonrió. A Jane se le cayó la mandíbula al suelo al verlo. ¿Cómo podía versa tan sensualmente guapo?
-Hola, Jane —Dijo entusiasmado. Se levantó y la abrazó inesperadamente. Jane se dejó llevar por aquel reconfortante contacto. Una de las cosas que más añoraba, su contacto.
-¿Cómo estás? —Cuestionó ella mientras tomaba asiento frente a él.
-Bien, preguntándome por qué no me contestabas. Ayer estuve a punto de ir a buscarte al bar.
-Te he dicho que no quiero que vallas ahí —Murmuró.
-Lo bueno es que me contestaste, porque si no lo hubieras hecho seguro hoy me hubieses visto pidiendo un trago en la barra.
-Y por eso te conteste —Replicó.
-Se nota que me has extrañado.
-No sabes cuánto —Ironizó rolando sus ojos azules.
-Necesitaba verte, saber cómo estabas —Le dijo finalmente con voz más seria. — ¿Tú no?
-No… bueno sí… pero he estado tan ocupada que no tengo tiempo para pensar en si extraño a alguien o no.
-¿Ni siquiera a tu mejor amigo? —Jane contuvo la respiración para luego tragar en seco. —Supongo que al único que tienes oportunidad de extrañar es a Edgar… por cierto ¿cómo va eso? —Jane reprimió una sonrisa.
-Bien, estuvo el fin de semana aquí, se fue ayer en la tarde.
-Estupendo. ¿Y la hermana de Jaime? —Jane frunció el ceño mirando sus manos sobre la mesa.
-Igual, sigue detrás de él. Pero Ed dice que no tiene ningún interés en ella.
-Pues no, te tiene a ti —Dijo Tom. Jane alzó la mirada, sin aliento. Buscó en sus ojos indicios de algo pero no encontró más que una mirada cariñosa y unas palabras sinceras.
Reprimió un suspiro.
-¿Y tú cómo has estado con Any? ¿Todo bien?
-Mmm… no muy bien —Respondió pensativo.
-¡Aja! ¡Me has estado buscando porque quieres hablar conmigo no porque quieras verme! —Acusó Jane. Tom sonrió y se encogió de hombros antes de responder.
-La verdad es que sí… —Murmuró. Jane se irguió en su lugar y lo contempló con atención y seriedad.
-¿Pelearon? ¿Te engaña con alguien? ¿Va mal la relación? —Tom soltó una carcajada.
-No. No. Más o menos —Respondió. Una luz de esperanza brilló en su interior al escuchar lo último.
-Así que va mal la relación ¿eh? —Tom asintió.
-No nos vemos mucho últimamente. Está muy ocupada con los trabajos de la universidad y como se ha apasionado mucho con ello… —Tom resopló. —además encontré un trabajo con uno de mis maestros, en una de sus galerías. Mis ratos libres la paso trabajando y practicando lo que estoy viendo en la universidad.
-Pues deberían encontrar el tiempo.
-Deberíamos… —Susurró. Jane continuó analizándolo con la mirada, pero a pesar de que le había dicho todo eso le parecía que no era suficiente, que había algo más que deseaba soltar.
-¿Pasa algo más?
Tom le dedicó una larga mirada y después le dio un sorbo a su café, fue entonces que Jane se dio cuenta que ella no bebía nada. Se levantó y fue hacia la barra donde había la chica que atendía la caja.
Mientras esperaba que la chica realizara su pedido comenzó a pensar en que podría ser lo otro que preocupaba. La luz de esperanza la deslumbró por un momento al pensar en la posibilidad de que Any y Tom iban a terminar. Eso significaba que iba poder verlo más a menudo, que cuando hablaran Any iba a estar mínimamente en las conversaciones. Iban a salir y a ser como en el pueblo. Y eso era lo que Jane más quería. Un segundo después de estar pensado aquello se regañó mentalmente. La culpable de todo era ella, ni siquiera tenía derecho a desear algo como aquello y más cuando era obvio que no volvería a suceder.

-¿Y bien? —Preguntó volviendo con un café americano en la mano. Tom se encogió de hombros y tomó una bocanada de aire. Sus ojos no se apartaron de ella en ningún momento.
-Sí, hay algo más… —Respondió tan serio que Jane se alarmó —No sé cómo decírtelo…
-¿Es algo grave?
-Sí y no. Es algo extraño. Nos preocupa.
-¿Les preocupa? —Tom asintió.
-Any cree que… —Jane contuvo el aliento pensando en todas las posibles respuestas —Bueno es que… ella cree que… que podría estar emb… —Jane abrió los ojos y pegó un bote sobre su asiento, como si alguien la hubiese asustado. Y en realidad así era.
-¿Embarazada?
-Sí.
Jane mantuvo la expresión de asombro pero apartó rápidamente los ojos de él. Embarazada ¡Embarazada! La luz de esperanza se apagó de golpe dejándola en completa obscuridad. Eso era más de lo que Jane pudo imaginar.
-¿Jane? —Le llamó Tom con voz suave luego de unos minutos.
-Dios, es que no puedo creerlo. —Se llevó las manos al cabello y se masajeó el cuero cabelludo. —Pero Tom, un hijo es…
-Lo sé, lo sé —Respondió él. Jane trató de apartar la expresión angustia que tenía en ese momento cuando volvió la mirada a sus ojos pero no lo logró.
La noticia le había caído como balde de agua helada. ¿Tom con un hijo? ¡Con un hijo de Any!

-Jane ¿A dónde vas? —Escuchó que Tom cuestionaba mientras se ponía de pie.
-No sé qué decir —Masculló y comenzó andar hacia la salida.



-Continuará....
 He vuelto con capítulos. n.n espero que les guste.

Mi único amor [ My Best Friend II ]



La vida de Jane y Tom a cambiado. Ahora ambos viven en la ciudad. 
Su amistad a cambiado a pesar de que tienen todo la libertad para estar juntos. Algo no es lo mismo y Jane intenta volver a construirlo. Quiere recuperar los momentos que tuvo a su lado, quiere regresar el tiempo y enmendar todos y cada uno de sus errores.  
Tom no es el mismo, ya no está locamente enamorado.
¿Pero será esto verdad o sólo un intento patético de querer cambiar sus sentimientos?