Alzó el rostro y observó las
nubes naranjas que se distinguían en el horizonte través del ventanal, era una
imagen preciosa pues el atardecer caía poco a poco, como todas las tardes. No
siempre tenía oportunidad de ser testigo de algo tan maravilloso que se
apreciaba cada día desde su departamento, pero era su día libre y no tenía nada
hacer.
Se encontraba recostada en el
sillón morado, con una taza de té en la mano y un libro sobre el regazo. Estaba
leyendo como se lo habían pedido en la universidad, pero se daba cuenta que más
que ser una obligación era un lujo hacerlo.
-Jane… —Le
llamó una voz suave. Ella pegó un respingo y cerró el libro. Volvió el rostro
por encima del hombro y vio a Edgar parado fuera de la habitación del fondo.
Acababa de salir del baño, llevaba ropa limpia, el conjunto más nuevo que
tenía, y el cabello brillándole por la humedad y el gel con que se había
peinado. Se veía increíblemente guapo, más que siempre, con esa camiseta azul
obscuro y esos pantalones negros pegados al cuerpo.
Salieron del
departamento y se dirigieron a un restaurante de comida japonesa que había
visitado varias veces en las últimas tres semanas.
-¿Entonces, te vas a
ir ya? —Cuestionó Jane desanimada.
-Sí, mañana temprano
tengo que ir a trabajar con Jaime y en la tarde ayudarle mi padre con el
negocio de motos.
-Pero si apenas
llegaste ayer.
-Yo también quisiera
quedarme —Susurró él mirándola fijamente.
-Bueno, si no hay más
remedio —Resopló — A lo mejor voy el fin de semana a visitar a mis padres.
-Eso estaría muy
bien. De hecho, llegaré a tu casa para hablar con Jennifer, siempre quiere
saber de ti. Y como desde que te viniste a estudiar no has regresado…
-Lo sé, pero con el
trabajo y la escuela… —Suspiró — la verdad es que no me da tiempo. Pero pediré
permiso en el bar viernes y sábado y así me quedo hasta el domingo en el
pueblo.
Jane vio como el
móvil que había dejado junto a los cubiertos, sobre la mesa, comenzó a
parpadear. Miró la pantalla y continuó comiendo.
-¿Sigues evitándolo?
—Cuestionó Edgar. Jane lo miró frunciendo el ceño.
-No lo estoy evitando
—Ed alzó las cejas —Estoy contigo, si le contesto estaremos hablando dos horas…
-¿Hace cuánto que no
quedas con él? —Cuestionó, aunque ya sabía la respuesta.
-Nos hemos visto sólo
una vez desde que llegué —Respondió bajando la mirada.
-¿Y cuantas veces han
hablado por teléfono?
-Unas cinco…
-¡Y no lo estas
evitando! —La rubia rodó los ojos.
-Déjalo ya, Ed, por
favor…
-¡Pero si te ha
estado llamando desde que amaneció, joder! ¡Contéstale!
-¡No lo voy a hacer!
Ya me ha mandado un mensaje, dijo que me invitaba a tomar un café y que le
contestara. No le contesté y por eso no ha dejado de llamarme. —él la analizó
con la mirada durante unos minutos.
-No puedes evitarlo
eternamente —Jane sacudió la mano restándole importancia a las palabras del
muchacho.
-¿Qué me dices tú de
Nara?
-¿Qué con ella? —Inquirió
Edgar con una sonrisa.
-Sí, la última vez me
dijiste que no te dejaba en paz.
-Sí, siempre va a
visitar a Jaime. Le cocina y le ayuda con cosas de la casa. —Jane chasqueó la
lengua recordando A Nara, a la hermana de Jaime, la cual no contaba con más de
quince años, pero que a pesar de ello era tan guapa y angelical, que cualquier
podía llegar a interesarse en ella.
-Lo hace para estar
cerca de ti, porque sólo va cuanto tu estas ahí —Murmuró molesta.
-Sí, pero a mí no me
interesa. Y ya sabes por qué —Edgar alargó el brazo sobre la mesa y sujetó su
mano. Jane sonrió ante el acto.
Las horas pasaron
volando. Cuando terminaron de comer fueron al bar donde trabajaba Jane y estuvieron
sentados en los sillones que estaban al fondo de la pista, antes de que ella
entrara a trabajar.
-Nos vemos la
siguiente semana —Le dijo Edgar. La sostuvo del rostro y la miró por un momento,
después se acercó a ella y le dio un beso prolongado.
-No te vayas —Susurró
ella entre el beso.
…
Jane se reflejó en el
amplio espejo que estaba a disposición de todos en esa habitación del Bar. Era
un lugar donde las meseras se ponían el uniforme asignado del día, donde las
bailarinas se maquillaban para las shows y donde cualquier empleado conversaba o
tomaba unos minutos para descansar del barullo de la gente.
-¿Ya te vas, linda? —Preguntó
Juliana, una de las chicas que llevaba más cinco años trabajando en aquel lugar
y la cual conversaba de vez cuando con la rubia. Era de las pocas personas que a Jane le caía bien de verdad.
-Sí, estoy muerta —Murmuró.
-Vale, descansa.
Recuerda que mañana te toca a ti —Le giñó un ojo.
Jane tomó sus cosas y
salió del lugar.
Cuando llegó al
departamento no quiso saber nada de libros, de cigarros o de llamadas a Edgar o
Elena, solamente deseaba una cosa: descansar.
Una vez colocada la
piyama se metió en la cama bajo las cobijas. Estaba apunto de quedarse dormida
cuando un sonido la sacó de su ensoñación. Con fastidio alzó el móvil y miró la
pantalla. Era Tom.
-Uff —Suspiró. El
móvil dejó de sonar pero al instante el sonido volvió a inundar la habitación.
Seguido de eso sintió un pequeño vibrar bajo sus manos, un mensaje.
-Sí no me contestas te llamaré toda la noche —Leyó Jane. Y supo que
hablaba en serio. Esas cinco conversaciones telefónicas que habían tenido, en
dos de ellas Tom había tenido que recurrir a esa misma estrategia.
-Te odio, te odio —Repitió con una sonrisa amplia en los labios antes de deslizar la yema del dedo pulgar por la pantalla, para responder la
tercera llamada.
-Al fin respondes —Dijo
él con voz sonriente. Jane no entendía cómo es que podía estar tan feliz
después de llevas más de cuatro días ignorándolo.
Cuando alzó los ojos
hacia el reloj que estaba colgado en lo alto de la pared, se fijó que había
pasado apenas un minuto de la última vez que lo miró. El tiempo corría
demasiado lento, el clima en aquel salón era caluroso, pegajoso, pues no servía
la ventilación, y todo lo que podía pensar era en que había quedado de verse con
él en un café, a dos cuadras de la universidad.
No tenía la menor
idea de qué era lo que la maestra señalaba en la imagen proyectada en la pared,
escuchaba su voz de vez en cuando pero sus pensamientos la transportaban muy
lejos; bueno, no tan lejos. Se transportaba a la cafetería que estaba a sólo
dos cuadras y donde Tom le había dicho que la iba a estar esperando desde la
una de la tarde porque saldría temprano de clases.
El mes transcurrió
demasiado rápido, tan rápido como llegó la idea de mudarse a la ciudad, elegir
una carrera que más se adecuara a ella y trabajar en aquel bar que estaba a una
manzana de su departamento. Todo eso había ocurrido gracias a que no soportaba
no ver más a Tom, pero en cuanto llegó a la ciudad su valentía calló sobre el
suelo y se aferró a la idea de mantenerse ocupada y no verlo frecuentemente. La
vez que se habían visto resultó tan abrumadora para ella que no quería volver a
repetirlo.
Tom no era el mismo,
lo viera por donde lo viera. Ahora, él estaba interesado en estudiar, de hecho
no paraba de hablar de su facultad de artes donde le enseñaban técnicas de
dibujo, pintura, historia contemporánea y muchas cosas más que él le había
mencionado a Jane, pero que ella no recordaba. Además, en ese corto encuentro
no paró de hablar de su hermano, de su vida con su papá, pero eso no le
molestaba; lo peor era que no paraba de hablar de ella, de Any.
Cuando la clase
terminó salió disparada de la universidad, se subió a su auto y condujo a toda
velocidad las dos cuadras que la separaban de él. Aunque no quería que las
cosas fueran como la última vez que lo vio, y estaba segura que serían así, moría
por verlo, por hablar con él. Se preguntó cómo es que había soportado tanto
tiempo sin saber de él.
Mientras se
estacionaba frente al local pensaba en todo lo que había sucedido en el pueblo
y en que Tom definitivamente había retrocedido al área de “amigos” y no había
manera en que Jane lograra hacerlo avanzar otra vez. Tom ya no tenía esa
mirada, esa que la devoraba con ternura y pasión, ya no lo veía nervioso ante
su presencia y él estaba muchísimo menos interesado en lo que le sucedía a
ella.
Jane por un momento,
mientras empujaba la puerta de cristal, deseo poder sentir otra vez sus brazos
rodeándole el cuerpo, sus dedos recorriendo su rostro y sus labios dándole esos
besos suaves y adictivos. Deseó escuchar sus susurros en su oído, escuchar sus
palabras de amor y sus juramentos de “jamás voy alejarme de ti”.
Al ubicarlo en el
fondo de la cafería leyendo un grueso libro desechó a la basura sus
pensamientos. Eso no iba a pasar, eso jamás volvería a pasar, lo veía en sus
ojos claros.
-Hola —Saludó
llegando a su lado. Tom alzó la mirada y sonrió. A Jane se le cayó la mandíbula al suelo al verlo. ¿Cómo podía versa tan sensualmente guapo?
-Hola, Jane —Dijo
entusiasmado. Se levantó y la abrazó inesperadamente. Jane se dejó llevar por
aquel reconfortante contacto. Una de las cosas que más añoraba, su contacto.
-¿Cómo estás? —Cuestionó
ella mientras tomaba asiento frente a él.
-Bien, preguntándome
por qué no me contestabas. Ayer estuve a punto de ir a buscarte al bar.
-Te he dicho que no
quiero que vallas ahí —Murmuró.
-Lo bueno es que me
contestaste, porque si no lo hubieras hecho seguro hoy me hubieses visto
pidiendo un trago en la barra.
-Y por eso te
conteste —Replicó.
-Se nota que me has extrañado.
-No sabes cuánto —Ironizó
rolando sus ojos azules.
-Necesitaba verte,
saber cómo estabas —Le dijo finalmente con voz más seria. — ¿Tú no?
-No… bueno sí… pero
he estado tan ocupada que no tengo tiempo para pensar en si extraño a alguien o
no.
-¿Ni siquiera a tu
mejor amigo? —Jane contuvo la respiración para luego tragar en seco. —Supongo
que al único que tienes oportunidad de extrañar es a Edgar… por cierto ¿cómo va
eso? —Jane reprimió una sonrisa.
-Bien, estuvo el fin
de semana aquí, se fue ayer en la tarde.
-Estupendo. ¿Y la
hermana de Jaime? —Jane frunció el ceño mirando sus manos sobre la mesa.
-Igual, sigue detrás
de él. Pero Ed dice que no tiene ningún interés en ella.
-Pues no, te tiene a
ti —Dijo Tom. Jane alzó la mirada, sin aliento. Buscó en sus ojos indicios de
algo pero no encontró más que una mirada cariñosa y unas palabras sinceras.
Reprimió un suspiro.
-¿Y tú cómo has
estado con Any? ¿Todo bien?
-Mmm… no muy bien —Respondió
pensativo.
-¡Aja! ¡Me has estado
buscando porque quieres hablar conmigo no porque quieras verme! —Acusó Jane.
Tom sonrió y se encogió de hombros antes de responder.
-La verdad es que sí…
—Murmuró. Jane se irguió en su lugar y lo contempló con atención y seriedad.
-¿Pelearon? ¿Te
engaña con alguien? ¿Va mal la relación? —Tom soltó una carcajada.
-No. No. Más o menos —Respondió.
Una luz de esperanza brilló en su interior al escuchar lo último.
-Así que va mal la
relación ¿eh? —Tom asintió.
-No nos vemos mucho últimamente.
Está muy ocupada con los trabajos de la universidad y como se ha apasionado mucho
con ello… —Tom resopló. —además encontré un trabajo con uno de mis maestros, en
una de sus galerías. Mis ratos libres la paso trabajando y practicando lo que
estoy viendo en la universidad.
-Pues deberían
encontrar el tiempo.
-Deberíamos… —Susurró.
Jane continuó analizándolo con la mirada, pero a pesar de que le había dicho
todo eso le parecía que no era suficiente, que había algo más que deseaba
soltar.
-¿Pasa algo más?
Tom le dedicó una
larga mirada y después le dio un sorbo a su café, fue entonces que Jane se dio
cuenta que ella no bebía nada. Se levantó y fue hacia la barra donde había la
chica que atendía la caja.
Mientras esperaba que
la chica realizara su pedido comenzó a pensar en que podría ser lo otro que
preocupaba. La luz de esperanza la deslumbró por un momento al pensar en la
posibilidad de que Any y Tom iban a terminar. Eso significaba que iba poder
verlo más a menudo, que cuando hablaran Any iba a estar mínimamente en las
conversaciones. Iban a salir y a ser como en el pueblo. Y eso era lo que Jane
más quería. Un segundo después de estar pensado aquello se regañó mentalmente. La
culpable de todo era ella, ni siquiera tenía derecho a desear algo como aquello
y más cuando era obvio que no volvería a suceder.
-¿Y bien? —Preguntó
volviendo con un café americano en la mano. Tom se encogió de hombros y tomó
una bocanada de aire. Sus ojos no se apartaron de ella en ningún momento.
-Sí, hay algo más… —Respondió
tan serio que Jane se alarmó —No sé cómo decírtelo…
-¿Es algo grave?
-Sí y no. Es algo
extraño. Nos preocupa.
-¿Les preocupa? —Tom
asintió.
-Any cree que… —Jane contuvo
el aliento pensando en todas las posibles respuestas —Bueno es que… ella cree
que… que podría estar emb… —Jane abrió los ojos y pegó un bote sobre su
asiento, como si alguien la hubiese asustado. Y en realidad así era.
-¿Embarazada?
-Sí.
Jane mantuvo la expresión
de asombro pero apartó rápidamente los ojos de él. Embarazada ¡Embarazada! La
luz de esperanza se apagó de golpe dejándola en completa obscuridad. Eso era
más de lo que Jane pudo imaginar.
-¿Jane? —Le llamó Tom
con voz suave luego de unos minutos.
-Dios, es que no
puedo creerlo. —Se llevó las manos al cabello y se masajeó el cuero cabelludo. —Pero
Tom, un hijo es…
-Lo sé, lo sé —Respondió
él. Jane trató de apartar la expresión angustia que tenía en ese momento cuando
volvió la mirada a sus ojos pero no lo logró.
La noticia le había caído
como balde de agua helada. ¿Tom con un hijo? ¡Con un hijo de Any!
-Jane ¿A dónde vas? —Escuchó
que Tom cuestionaba mientras se ponía de pie.
-No sé qué decir —Masculló
y comenzó andar hacia la salida.
-Continuará....
He vuelto con capítulos. n.n espero que les guste.


