domingo, 31 de marzo de 2013

Capítulo 83: Adiós, Mi mejor amigo.


La clínica no se vació hasta que dieron las diez de la noche. Jaime se llevó a su hermano a casa cuando la enfermera le dio la oportunidad para que se marchara, y Miguel fue a dejar a Elena a su casa.
Jane volvió la mirada hacia Tom y Any. Estaban fuera de la clínica sintiéndose en un sueño del cual no iban a tardar en despertar. Pero todo indicaba que no era un sueño, que finalmente se habían librado de Shane. Aunque hacerse a la idea era algo que no iba a suceder demasiado rápido.
-Bueno, chicos, nos vemos después… —Dijo con tono cansado. Y así era cómo se sentía en esos momentos, estaba cansada y sin fuerzas. El haberse enfrentado a Shane de esa manera había requerido de mucha energía, y ahora finalmente el subidón de adrenalina había disminuido por completo.
-Vale, nos vemos pronto —Le dijo Any con voz sonriente, se acercó a ella y la estrechó entre sus brazos.
-Sí, iré a visitarte en estos días —Le respondió la rubia. Any asintió repetidas veces y se separó.
-Visítame, también —Le dijo Tom. Jane apenas sonrió.
-Vale, lo haré. Pero tú tampoco me abandones —Le dijo. Se acercaron el uno al otro y se dieron un abrazo que duró apenas unos segundos. — Se cuidan, eh.
-¿No quieres que te acompañemos a tu casa? —Cuestionó Kaulitz. Jane lo miró por un momento y luego dirigió su mirada en la calle. A unos metros distinguió una figura que se acercaba en la obscuridad. Jane entornó los ojos sintiendo su corazón elevar de ritmo pero en cuanto el individuo logró estar más cerca, lo identificó y sus latidos se normalizaron.
-Creí que ya se habían marchado todos —Dijo Edgar mientras se acercaba.
-Ya nos vamos —Respondió Tom un tanto tajante.
-Sí, yo también me voy —Agregó Jane. Edgar se acercó un poco más y se colocó a su lado, le dedicó una mirada fija y profunda que ella no fue capaz de advertir pues en esos momentos miraba a la parejita que tenía delante de ella. Pero Tom si lo notó, pudo ver en aquellos ojos, similares a los de Lina, el sentimiento que llevaba dentro de sí, derramándose a litros y esparciéndose por todos lados. No eran deseo lo que había en ellos, como antes; ahora había amor.

-Voy para aquellos rumbos —Mintió deliberadamente Ed. —Si quieres puedo acompañarte.
Jane volteó a mirarlo.
-Me parece bien —Dijo. —Adiós Any, adiós Tom —Se despidió antes de comenzar a caminar en la dirección por donde Edgar había llegado. Éste inmediatamente la siguió, después de despedirse apresuradamente de los que se quedaban.


Mientras caminaba notó lo rápido que lo hacía y que Edgar, disimuladamente, trataba de alcanzarla. Quería alejarse de Tom, alejarse de ellos. Sentía como si una mano de hierro sostuviera su corazón y cuando él estaba junto a Any -le dedicara una palabra en un susurro, una mirada intensa o una caricia tierna- esa mano apretara a con todas sus fuerzas sobre su pedazo de carne, provocándole un dolor tan intenso que se volvía insoportable.
-Gracias por tratar de avisarme de lo que sucedía —Musitó la rubia mientras disminuía su paso. Edgar alcanzó a ir a su lado.
-No fue nada —Dijo —Aunque en cuanto me descubrieron me hicieron esto —Se señaló la cara con una sonrisa cómica en el rostro.
Jane carcajeó débilmente mientras lo miraba, pues llevaba una pinta horrible; tenía la cara hinchada y unos cuantos moretones que pronto cambiarían a un color más intenso.
-¿No salías con él? —Inquirió Edgar muy seriamente luego de unos minutos.
-Sí, pero lo eché a perder hace algún tiempo —Respondió con la mirada fija en el frente y sintió cómo él la contemplaba con detenimiento.
-¿Te gusta todavía? —Cuestionó con impresión al darse cuenta. Jane hizo una cara de asco.
-Como no te calles, tendré que romperte la nariz personalmente —Edgar rio. —Lo digo en serio.
-No puedo creer que ames a Kaulitz —Dijo sin dejar su impresión.
-¡Edgar, deja de joder! —Exclamó sonriendo y él la acompañó con una risa suave.
-Oye Jane… —Dijo poniéndose serio de repente.
-¿Mmm?
-Perdóname por todo lo que te hice —Dijo muy a fuerzas y con la mirada en el suelo.
Los pies de Jane dejaron de moverse, se detuvo, y lo hizo justo antes de llegar a la calle, la cual tenían que cruzar. Recordó aquellos días de angustia, aquellas amenazas que recibía constantemente de él, aquel terror que había experimentado aquella noche. Pero en ese momento nada de eso le provocaba miedo, ya no. La mirada de Edgar había cambiado y ella podía ver con claridad que era sincera.

Edgar se detuvo ta
mbién y se atrevió a mirarla directamente a la cara.
-Me he enamorado de ti, Jane —Le dijo con voz suave. Jane abrió los ojos.
-No, no. Tú estabas obsesionado hace nada… no puedes haberte enamorado de mi tan fácilmente, no te creo. La obsesión no es amor, Edgar. Porque cuando estas obsesionado con alguien quieres que esa persona te pertenezca por el resto de sus días, sin importar las condiciones en que se de eso, sin importar qué sentimientos tenga ella.
-No estoy obsesionado. Lo supe aquella noche cuando le dije a Shane lo que había sucedido entre nosotros. Lo supe cuando desee con todas mis fuerzas que estuvieras bien, sin importarme que él me matara en ese mismo instante.
-Edgar…
-No pienso robarte besos nunca más así que estará bien si te pregunto… —Hizo una pausa y Jane continuó mirándolo con asombro — ¿Puedo besarte?
Ella no respondió. Sus ojos permanecieron conectados durante un largo tiempo. Entonces Edgar se acercó unos cuantos pasos.
-¿Jane…?
-Puedes hacerlo —Le respondió finalmente. Edgar deshizo la distancia que los separaba y se inclinó. Era mucho más alto que Tom, de hecho le sacaba como unos siete u ocho centímetros, lo que era prácticamente lo mismo para Jane, porque entre ambos no había mucha diferencia de tamaño. 
Cuando Jane cerró los ojos, sintió los labios de Edgar posaste sobre los suyos de manera suave y se trasportó a un lugar lejano, que le borraba cualquier pensamiento que había en su mente.


…
-Entonces, Shane entró a la clínica y le ordenó a Lamb que no me dejara ir. Te marcó y sólo pude llorar, aunque no quería que te preocuparas… pero estaba tan asustada que no me pude controlar —Dijo frustrada —Justo después de que te colgó, entró Jaime y Miguel y con ellos tres tipos más. Se pusieron a pelear y lo bueno es que Jaime fue más hábil que Shane, por eso pudo someterlo en el piso. Joder, yo no dejaba de llorar.
-Está bien, vale. Ya pasó —Dijo Tom en un susurro. Ella sonrió reconfortada.
-Sí, al fin se terminó todo.
-Nosotros estábamos en la plaza, primero Jane recibió dos llamadas de Edgar y luego yo recibí la de Jaime y enseguida la de Shane. Sentí demasiado pánico sólo de imaginarme que te había hecho algo. No lo soporté y comencé a correr… Jane me siguió. —Contó Tom bastante alterado.
-Ya no hay que hablar de esto —Pidió ella sintiendo el miedo recorrerle.
-De acuerdo. ¿De qué quieres hablar?
-Ahora que Shane ya no estará… qué va a pasar contigo y Jane.
-Nada —Se apresuró a responder. —Seguiremos siendo amigos ¿Te parece bien eso? —Any se encogió de hombros.
-Es evidente que ella siente muchas cosas por ti… incluso creo que ahora se le notan más que antes —Tom suspiró — ¿No tiene ganas de volver con ella?
-¿Quieres tú que regrese con ella?
-¡No es lo que yo quiera!
-¿Entonces, por qué parece que es eso lo que sugieres?
-Sólo quiero que estés seguro. —Dijo Any con la mirada triste.
-Estoy seguro.
-Vale —Murmuró.
-¿Te das cuenta de lo que me has dicho? —Dijo sonriendo, Any frunció el ceño —Eres tan linda —Dijo —Se supone que debes abrazarme no dejarme ir jamás, no venderme a tu rival —Any continuó con la misma mirada y Tom sonrió más ampliamente.
Se pegó más a ella y le acarició la mejilla con el revés de su mano. La mirada de la chica se relajó cuando vio en que en los ojos de él había deseo.
-No lo voy a repetir ¿No dijiste que preferías que te lo demostrara? —Dijo en un susurro. Con su mirada perturbada y el corazón latiéndole acelerado se dirigió hacia sus labios rosas. Ella jadeó sobre su boca y rodeó el cuello con los brazos intensificando más el beso.

Se separaron para tomar aire y Tom se volvió a sentar donde estaba antes e incluso se desparramó sobre el sillón quedando más cómodo. En esa ocasión jaló las caderas de la chica y la colocó sobre él. Vio como An sonreía ampliamente, llena de felicidad, seguridad y deseo, para después apoderarse de sus labios de manera salvaje.

Cuando volvió a tomar aire y se alejó un poco, Tom se dio el lujo de contemplar cómo salía volando por los aires el suéter gris y la blusa blanca de tirantes que llevaba, quedando solamente en sostén. Tom recorrió su espalda, acariciándola pausadamente hasta que se encontró con la tela de la prenda que cubría sus senos.
-Vamos arriba —Susurró Any sobre sus labios. Tom asintió rápidamente y recordó aquella ocasión cuando estuvieron a punto de hacerlo en su habitación y que no había sucedido por que Miguel había llegado.
Sus cuerpos desnudos se encontraron finalmente. Las sabanas cubrían sus cuerpos. Unidos por besos intensos, por caricias ardientes, se fueron perdiendo poco a poco en el deseo de poseerse el uno al otro.
Cuando él se colocó entre sus piernas y empujó la pelvis con suavidad, Any se aferró a su espalda y la danza de sus cuerpos comenzó, el calor y el deseo eran tan intensos que rápidamente se convirtió en salvajes embestidas que los dejaban sin aliento.


…
Cuando Jane abrió los ojos ya eran las diez de la mañana. Se descubrió a sí misma sonriendo al recordar lo sucedido la noche anterior. Increíblemente, Edgar, la persona que fue su peor pesadilla durante un tiempo, le habló en susurros y le pidió tiernamente un beso. Y después la besó con mucha calma. Revivió con lujo de detalle el momento y experimentó una sensación de alivio y satisfacción.

Después de haberse bañado y una vez que estuvo lista, bajó a desayunar. En el comedor la esperaban ya sus padres conversando animadamente, e incluso haciendo bromas infantiles.
-Jane —Saludó Stefan cuando se dio cuenta de la presencia de su hija.
-Hola —Respondió sonriendo.
-Estuve hablando esta mañana con el comandante y me dijo que al parecer hay muchas pruebas en contra de Shane, lo que le imposibilita salir rápido como él quería. Se va a iniciar una investigación, y van a llamar a algunos de los implicados para declarar.
-Me parece perfecto —Dijo pasando de largo hacia la cocina. Cogió un plato y se sirvió un poco del desayuno saludable que había preparado su madre.
-Al fin nos libramos de Shane —Dijo Stefan con emoción.
Jane sonrió ampliamente mientras se sentaba a la mesa. El ambiente en casa había cambiado,

Llegó al bar de su padre y fue ella a quien le tocó abrir, lo demás trabajadores no habían llegado aún. Cuando logró quitar el ultimo candado que se encontraba en la parte de abajo de la puerta, se reincorporó y jaló con fuerzas la reja. Luego de tres tirones se dio cuenta que estaba atorada. Jane se volvió frustrada hacia la calle y se recargó en la reja. Entonces lo vio, justo delante de ella. Llevaba una sonrisa amplia dibujada en sus carnosos labios y esa mirada limpia y alegre que hacía tiempo no le dedicaba.
-Parece que necesitas ayuda —Le dijo. Jane asintió costosamente y se hizo a un lado para que él pudiera ayudarla. Luego de un tirón con fuerza la reja se abrió y ella resopló indignada por la rapidez con que había conseguido desatorarla.
Jane se apresuró a tomar la llave de la puerta y abrirla.
-Pasa —Le dijo un vez que encendió la luz adentro. Tom atravesó la puerta y se acercó a la barra, donde se sentó en uno de los taburetes. Jane se colocó del otro lado de ella y comenzó acomodar las cosas, para recibir a los clientes. Sacó una pequeña maseta y la colocó en la esquina y junto a ella dejó dos botellas, una de vino tinto y otra de tequila.
-¿Cómo estás?
-Bien, increíblemente bien. Cuando me acosté no me podía dormir, me parecía un sueño. Ahorita ya me lo estoy creyendo.
-Buenos días —Dijo un joven de cabellos negros, desde la calle. Jane miró hacia allá y saludó sacudiendo la mano. Era Leo, uno de los empleados del bar.
El chico entró al bar con un andar sonriente, se acercó a Jane y le dio un sonoro beso en la mejilla.
-¿Cómo estas preciosa?
-Ahora, muy bien —Le dijo sonriendo.
-Ya lo noto, estas de buen humor.
-Tom, él es leo —Le dijo a este, quien contemplaba con recelo la escena —Leo, él es mi amigo Tom.
-¿Es Kaulitz? —Cuestionó con voz sonriente. Jane rodó los ojos al recordar que en una ocasión Leo había conseguido sacarle detalles sobre lo que sentía por Tom.
-Leo —Dijo Jane quejándose. Le sacó la vuelta a la barra y se acercó a su amigo, lo tomó de la muñeca y lo jaló. — ¿Te puedes quedar a cargo un momento?
-Vale, vale, pero no te tardes, desde que vino Shane y te atacó, confío en quedarme solo.
-Sí,Leo. Volveremos pronto.

Tom y Jane salieron del bar y caminaron hacia la derecha.
-Me alegra que vinieras a verme tan pronto —Musitó Jane.
-Necesitaba saber cómo estabas después de todo lo que sucedió ayer.
-Me siento diferente… —Murmuró.
-¿Pero bien? —Cuestionó Tom con duda.
-Estupendamente bien, como nunca… —Hizo un gesto de estar pensando — Bueno, en realidad me siento como cuando fuimos a la ciudad, cuando íbamos a la playa… —Suspiró —Sólo puedo asemejarlo con momentos que pasé a tu lado.
-Jane…
-No digas nada… sé que lo tuyo con Any es muy serio… —hizo una pausa —Pero sobre todo que…
-¿Sobre todo qué, Jane?
-Sobre todo que lo mejor que puede haber entre nosotros es la amistad.
-Jane, sé que me quieres —Ella bajó la mirada, con el ceño fruncido.
-Sí y yo sé que tú no lo haces cómo antes. Me he dado cuenta demasiado tarde de que te quiero de verdad.
-Jane…
-Tom, sé porque has cambiado. Te he hecho demasiado daño y tú todo este tiempo sólo has estado para mí, dándome todo tu amor. Entiendo por qué tus sentimientos por mí se han debilitado tanto.
-La última vez que nos peleamos, fue parte de lo que provocó todo esto. Porque yo te deseaba, te deseaba demasiado, quería estar junto a ti, comerte a besos cada vez que te tuviera cerca, entregarte todo mi amor. Pero esta vez, ese día, todas esas ilusiones se rompieron. Se volvieron nada.
-Lo sé, lo sé. Fue tan estúpida, no sé cómo capaz de decirte eso sobre mí y Shane cuando ni… —Se calló de repente. Cuando teníamos tiempo sin siquiera darnos un beso, cuando la vez que él se atrevió a tocarme, sólo pude rogarle a mi mente que imaginara que eras tú quien me besaba y tocaba, le respondió en su mente. Pero no fue capaz de decirlo en voz alta.
-Tom ya no importa. Cometí muchos errores, demasiados.
-Yo también
-¿Qué error puedes haber cometido tú?
-Haber dado el paso que cruzaba la línea entre la amistad y el amor. Haber permitido que nuestras charlas se convirtieran en besos…
-¿Qué vamos hacer, Tom? No sé tú, pero me siento demasiado confundida, asustada y perturbada, por todo lo que pasó entre nosotros.
-Lo sé. Me pasa algo similar.


…
La luna llena desprendía un color intenso y brillante, tanto que Jane no lograba apartar la mirada más de dos segundos, en seguida de mirar a otra parte volvía la vista y contemplaba fijamente al satélite otra vez.
Miró la hora en el reloj negro que llevaba en la muñeca derecha y descubrió que eran las ocho y media de la noche. Justo en ese momento escuchó el motor de un auto, el cual se detuvo justo enfrente de donde ella estaba.
Jane abrió el portón y salió de su casa. Descubrió que en el auto no sólo iban Tom y Any, como ella lo había esperado, sino que también Faber, Lina y Miguel. Cuando llegó junto al vehículo ya todos estaban esperándola fuera de él
-¿Por qué tardaron tanto? —Cuestionó Jane con furia dirigiendo su mirada enrojecida especialmente a Tom —Creí que se habían marchado sin despedirse de mí.
Tom le había anunciado quince días antes que se iba a la ciudad como tanto había soñado, se iría a estudiar la universidad y estaría con su padre y su hermano, pero además de eso, agregó que no se iba solo, que Any se iba con él. La impresión fue tan grande para Jane -a pesar de que las cosas estaban claras entre ellos, que sólo habían quedado en amistad y nada más- se soltó a llorar desconsoladamente como pocas veces lo había hecho. Sabía que Tom y Any seguían juntos, que se veían felices juntos y que llevan semanas saliendo oficialmente, pero la idea de saberlo lejos afloró todos los sentimientos que había reprimido durante todos esos meses.
A pesar de que él le juró que trataría de visitarla cada fin de semana, cada que tuviese vacaciones, nada de eso la consoló.
Y en ese preciso momento se sentía tan asustada y triste como cuando escuchó la noticia por primera vez.
-Jamás nos iríamos sin despedirnos de ti —Dijo Tom con voz sumamente seria. Los ojos de Jane se cristalizaron y bajó la mirada temiendo ponerse a llorar —Ey, no te pongas triste, no llores —Le dijo en un murmullo y Jane descubrió que se hallaba a unos cuantos pasos de ella.
-No estoy llorando —Replicó más furiosa que antes, tanto por creer que se había marchado sin despedirse, como por mostrarse tan débil.
Tom estiró el brazo y con los dedos acarició sus mejillas.
-Te echare mucho de menos, extrañaré pasar por ti al bar en las tardes e ir a tomarnos un café.  —Jane asintió costosamente.
-Los echaré de menos también —Volteó a ver a Any, quien le sonreía a distancia.
-No te preocupes Jane, te llamaremos cada que podamos —Dijo Miguel. Quien se iba también a estudiar. Aunque los hermanos iban a estar viviendo en su propia casa, Jane sabía que Any iba a estar tan cerca de Tom, que seguramente su relación se iba hacer más fuerte de lo que ya era.

En un momento sintió la bilis subirle por el esófago, y estuvo a punto de vomitar, cuando Any, Miguel y Tom comenzaron a repartir abrazos en despedida. Afortunadamente logró controlarse cuando se alejó disimuladamente de ellos.
-Voy a venir a verte cada que pueda y te mandaré mensajes muy constantemente —Le dijo Tom sacándola de todos sus pensamientos. Jane alzó la cabeza y se dio cuenta que estaba frente a ella, y que los demás seguían despidiéndose a una cierta distancia.
-Júralo —Pidió con tono amenazante y tratando de sonar burlona.
-Ya me voy —Le dijo.
-Vete.
-¿Quieres que me valla? —Cuestionó muy serio e inesperadamente alargó el brazo hasta que la sujetó de la mano.
-Qué más da, de cualquier manera te vas a ir —Murmuró con voz seca mientras miraba con el ceño fruncido sus manos tocándose, mirando esos dedos nerviosos tratando se jugar con los de ellas.
-Voy extrañar todas esas expresiones tuyas —Jane volvió a verlo y permaneció como una vil estatua — Ya me voy Jane… —Le dijo despacito. Sus ojos se mantuvieron conectados y sus manos se fueron separando poco a poco, lentamente, de una manera tan agonizante que Jane sintió que le desgarraban el corazón.
-Adiós, mi mejor amigo… —Susurró una vez que no existió ningún contacto físico entre ellos.
-Adiós, Jane —Murmuró él.
Jane permaneció agazapada contra el portón de su casa, viendo con impresión cómo él se marchaba. Era un cambio de vida que en algún momento iba suceder, pero Jane no pensó que de ese modo tan inesperado, justo cuando Shane ya no estaba para impedirles estar juntos. Pero no había marcha atrás. Las cosas eran así por alguna razón y Jane quería aferrarse a esa idea. 

Cuando Tom volvió el rostro antes de abordar el auto, Jane le dedicó una ligera sonrisa cargada de tristeza, mientras su pecho contenía la desesperación y frustración de no poder evitar que se marchara. Se dio cuenta entonces, mientras de alejaba, que esa era la única manera que se podían suceder las cosas, la única forma de permanecer siempre a su lado era la de verlo como amigo, como debió ser siempre; alguien con quien los besos estaban prohibidos, así como el deseo que estremecía su cuerpo cuando lo tocaba. 
Jane restregó sus manos en sus ojos para difuminar las pequeñas lagrimas que habían luchado para salir de sus ojos. Suspiró profundamente e hizo el además de volverse hacia la entrada de su casa, cuando sintió una presencia no muy lejos. Volteó hacia allá y ahí estaba de pie Edgar con una sonrisa amplia y cariñosa. 
Jane sonrió de medio lado e hizo un movimiento con la cabeza indicándole que entrara a casa junto con ella.




-Fin
Gracias por leer. Ya me dirán qué opinan del capítulo.