La clínica no se
vació hasta que dieron las diez de la noche. Jaime se llevó a su hermano a casa
cuando la enfermera le dio la oportunidad para que se marchara, y Miguel fue a
dejar a Elena a su casa.
Jane volvió la
mirada hacia Tom y Any. Estaban fuera de la clínica sintiéndose en un sueño del
cual no iban a tardar en despertar. Pero todo indicaba que no era un sueño, que
finalmente se habían librado de Shane. Aunque hacerse a la idea era algo que no
iba a suceder demasiado rápido.
-Bueno, chicos,
nos vemos después… —Dijo con tono cansado. Y así era cómo se sentía en esos
momentos, estaba cansada y sin fuerzas. El haberse enfrentado a Shane de esa
manera había requerido de mucha energía, y ahora finalmente el subidón de
adrenalina había disminuido por completo.
-Vale, nos vemos
pronto —Le dijo Any con voz sonriente, se acercó a ella y la estrechó entre sus
brazos.
-Sí, iré a visitarte
en estos días —Le respondió la rubia. Any asintió repetidas veces y se separó.
-Visítame, también
—Le dijo Tom. Jane apenas sonrió.
-Vale, lo haré.
Pero tú tampoco me abandones —Le dijo. Se acercaron el uno al otro y se dieron
un abrazo que duró apenas unos segundos. — Se cuidan, eh.
-¿No quieres que
te acompañemos a tu casa? —Cuestionó Kaulitz. Jane lo miró por un momento y
luego dirigió su mirada en la calle. A unos metros distinguió una figura que se
acercaba en la obscuridad. Jane entornó los ojos sintiendo su corazón elevar de
ritmo pero en cuanto el individuo logró estar más cerca, lo identificó y sus
latidos se normalizaron.
-Creí que ya se
habían marchado todos —Dijo Edgar mientras se acercaba.
-Ya nos vamos —Respondió
Tom un tanto tajante.
-Sí, yo también me
voy —Agregó Jane. Edgar se acercó un poco más y se colocó a su lado, le dedicó
una mirada fija y profunda que ella no fue capaz de advertir pues en esos
momentos miraba a la parejita que tenía delante de ella. Pero Tom si lo notó,
pudo ver en aquellos ojos, similares a los de Lina, el sentimiento que llevaba
dentro de sí, derramándose a litros y esparciéndose por todos lados. No eran
deseo lo que había en ellos, como antes; ahora había amor.
-Voy para aquellos
rumbos —Mintió deliberadamente Ed. —Si quieres puedo acompañarte.
Jane volteó a
mirarlo.
-Me parece bien —Dijo.
—Adiós Any, adiós Tom —Se despidió antes de comenzar a caminar en la dirección
por donde Edgar había llegado. Éste inmediatamente la siguió, después de
despedirse apresuradamente de los que se quedaban.
Mientras caminaba
notó lo rápido que lo hacía y que Edgar, disimuladamente, trataba de
alcanzarla. Quería alejarse de Tom, alejarse de ellos. Sentía como si una mano
de hierro sostuviera su corazón y cuando él estaba junto a Any -le dedicara una
palabra en un susurro, una mirada intensa o una caricia tierna- esa mano
apretara a con todas sus fuerzas sobre su pedazo de carne, provocándole un
dolor tan intenso que se volvía insoportable.
-Gracias por
tratar de avisarme de lo que sucedía —Musitó la rubia mientras disminuía su
paso. Edgar alcanzó a ir a su lado.
-No fue nada —Dijo
—Aunque en cuanto me descubrieron me hicieron esto —Se señaló la cara con una
sonrisa cómica en el rostro.
Jane carcajeó
débilmente mientras lo miraba, pues llevaba una pinta horrible; tenía la cara
hinchada y unos cuantos moretones que pronto cambiarían a un color más intenso.
-¿No salías con
él? —Inquirió Edgar muy seriamente luego de unos minutos.
-Sí, pero lo eché
a perder hace algún tiempo —Respondió con la mirada fija en el frente y sintió
cómo él la contemplaba con detenimiento.
-¿Te gusta todavía?
—Cuestionó con impresión al darse cuenta. Jane hizo una cara de asco.
-Como no te
calles, tendré que romperte la nariz personalmente —Edgar rio. —Lo digo en
serio.
-No puedo creer
que ames a Kaulitz —Dijo sin dejar su impresión.
-¡Edgar, deja de
joder! —Exclamó sonriendo y él la acompañó con una risa suave.
-Oye Jane… —Dijo
poniéndose serio de repente.
-¿Mmm?
-Perdóname por
todo lo que te hice —Dijo muy a fuerzas y con la mirada en el suelo.
Los pies de Jane
dejaron de moverse, se detuvo, y lo hizo justo antes de llegar a la calle, la
cual tenían que cruzar. Recordó aquellos días de angustia, aquellas amenazas
que recibía constantemente de él, aquel terror que había experimentado aquella
noche. Pero en ese momento nada de eso le provocaba miedo, ya no. La mirada de
Edgar había cambiado y ella podía ver con claridad que era sincera.
Edgar se detuvo
ta
mbién y se atrevió a mirarla directamente a la cara.
-Me he enamorado
de ti, Jane —Le dijo con voz suave. Jane abrió los ojos.
-No, no. Tú
estabas obsesionado hace nada… no puedes haberte enamorado de mi tan
fácilmente, no te creo. La obsesión no es amor, Edgar. Porque cuando estas
obsesionado con alguien quieres que esa persona te pertenezca por el resto de
sus días, sin importar las condiciones en que se de eso, sin importar qué sentimientos
tenga ella.
-No estoy obsesionado.
Lo supe aquella noche cuando le dije a Shane lo que había sucedido entre
nosotros. Lo supe cuando desee con todas mis fuerzas que estuvieras bien, sin
importarme que él me matara en ese mismo instante.
-Edgar…
-No pienso robarte
besos nunca más así que estará bien si te pregunto… —Hizo una pausa y Jane
continuó mirándolo con asombro — ¿Puedo besarte?
Ella no respondió.
Sus ojos permanecieron conectados durante un largo tiempo. Entonces Edgar se
acercó unos cuantos pasos.
-¿Jane…?
-Puedes hacerlo —Le
respondió finalmente. Edgar deshizo la distancia que los separaba y se inclinó.
Era mucho más alto que Tom, de hecho le sacaba como unos siete u ocho
centímetros, lo que era prácticamente lo mismo para Jane, porque entre ambos no
había mucha diferencia de tamaño.
Cuando Jane cerró los ojos, sintió los labios
de Edgar posaste sobre los suyos de manera suave y se trasportó a un lugar
lejano, que le borraba cualquier pensamiento que había en su mente.
…
-Entonces, Shane
entró a la clínica y le ordenó a Lamb que no me dejara ir. Te marcó y sólo pude
llorar, aunque no quería que te preocuparas… pero estaba tan asustada que no me
pude controlar —Dijo frustrada —Justo después de que te colgó, entró Jaime y
Miguel y con ellos tres tipos más. Se pusieron a pelear y lo bueno es que Jaime
fue más hábil que Shane, por eso pudo someterlo en el piso. Joder, yo no dejaba
de llorar.
-Está bien, vale.
Ya pasó —Dijo Tom en un susurro. Ella sonrió reconfortada.
-Sí, al fin se
terminó todo.
-Nosotros
estábamos en la plaza, primero Jane recibió dos llamadas de Edgar y luego yo
recibí la de Jaime y enseguida la de Shane. Sentí demasiado pánico sólo de
imaginarme que te había hecho algo. No lo soporté y comencé a correr… Jane me
siguió. —Contó Tom bastante alterado.
-Ya no hay que
hablar de esto —Pidió ella sintiendo el miedo recorrerle.
-De acuerdo. ¿De
qué quieres hablar?
-Ahora que Shane
ya no estará… qué va a pasar contigo y Jane.
-Nada —Se apresuró
a responder. —Seguiremos siendo amigos ¿Te parece bien eso? —Any se encogió de
hombros.
-Es evidente que
ella siente muchas cosas por ti… incluso creo que ahora se le notan más que
antes —Tom suspiró — ¿No tiene ganas de volver con ella?
-¿Quieres tú que
regrese con ella?
-¡No es lo que yo
quiera!
-¿Entonces, por
qué parece que es eso lo que sugieres?
-Sólo quiero que
estés seguro. —Dijo Any con la mirada triste.
-Vale —Murmuró.
-¿Te das cuenta de
lo que me has dicho? —Dijo sonriendo, Any frunció el ceño —Eres tan linda —Dijo
—Se supone que debes abrazarme no dejarme ir jamás, no venderme a tu rival —Any
continuó con la misma mirada y Tom sonrió más ampliamente.
Se pegó más a ella
y le acarició la mejilla con el revés de su mano. La mirada de la chica se
relajó cuando vio en que en los ojos de él había deseo.
-No lo voy a
repetir ¿No dijiste que preferías que te lo demostrara? —Dijo en un susurro.
Con su mirada perturbada y el corazón latiéndole acelerado se dirigió hacia sus
labios rosas. Ella jadeó sobre su boca y rodeó el cuello con los brazos
intensificando más el beso.
Se separaron para
tomar aire y Tom se volvió a sentar donde estaba antes e incluso se desparramó sobre
el sillón quedando más cómodo. En esa ocasión jaló las caderas de la chica y la
colocó sobre él. Vio como An sonreía ampliamente, llena de felicidad, seguridad
y deseo, para después apoderarse de sus labios de manera salvaje.
Cuando volvió a
tomar aire y se alejó un poco, Tom se dio el lujo de contemplar cómo salía
volando por los aires el suéter gris y la blusa blanca de tirantes que llevaba,
quedando solamente en sostén. Tom recorrió su espalda, acariciándola
pausadamente hasta que se encontró con la tela de la prenda que cubría sus
senos.
-Vamos arriba —Susurró
Any sobre sus labios. Tom asintió rápidamente y recordó aquella ocasión cuando
estuvieron a punto de hacerlo en su habitación y que no había sucedido por que
Miguel había llegado.
Sus cuerpos
desnudos se encontraron finalmente. Las sabanas cubrían sus cuerpos. Unidos por
besos intensos, por caricias ardientes, se fueron perdiendo poco a poco en el
deseo de poseerse el uno al otro.
Cuando él se
colocó entre sus piernas y empujó la pelvis con suavidad, Any se aferró a su
espalda y la danza de sus cuerpos comenzó, el calor y el deseo eran tan
intensos que rápidamente se convirtió en salvajes embestidas que los dejaban
sin aliento.
…
Cuando Jane abrió
los ojos ya eran las diez de la mañana. Se descubrió a sí misma sonriendo al
recordar lo sucedido la noche anterior. Increíblemente, Edgar, la persona que
fue su peor pesadilla durante un tiempo, le habló en susurros y le pidió
tiernamente un beso. Y después la besó con mucha calma. Revivió con lujo de
detalle el momento y experimentó una sensación de alivio y satisfacción.
Después de haberse
bañado y una vez que estuvo lista, bajó a desayunar. En el comedor la esperaban
ya sus padres conversando animadamente, e incluso haciendo bromas infantiles.
-Jane —Saludó
Stefan cuando se dio cuenta de la presencia de su hija.
-Hola —Respondió
sonriendo.
-Estuve hablando
esta mañana con el comandante y me dijo que al parecer hay muchas pruebas en
contra de Shane, lo que le imposibilita salir rápido como él quería. Se va a
iniciar una investigación, y van a llamar a algunos de los implicados para declarar.
-Me parece
perfecto —Dijo pasando de largo hacia la cocina. Cogió un plato y se sirvió un
poco del desayuno saludable que había preparado su madre.
-Al fin nos libramos
de Shane —Dijo Stefan con emoción.
Jane sonrió
ampliamente mientras se sentaba a la mesa. El ambiente en casa había cambiado,
Llegó al bar de su
padre y fue ella a quien le tocó abrir, lo demás trabajadores no habían llegado
aún. Cuando logró quitar el ultimo candado que se encontraba en la parte de
abajo de la puerta, se reincorporó y jaló con fuerzas la reja. Luego de tres
tirones se dio cuenta que estaba atorada. Jane se volvió frustrada hacia la
calle y se recargó en la reja. Entonces lo vio, justo delante de ella. Llevaba
una sonrisa amplia dibujada en sus carnosos labios y esa mirada limpia y alegre
que hacía tiempo no le dedicaba.
-Parece que
necesitas ayuda —Le dijo. Jane asintió costosamente y se hizo a un lado para
que él pudiera ayudarla. Luego de un tirón con fuerza la reja se abrió y ella
resopló indignada por la rapidez con que había conseguido desatorarla.
Jane se apresuró a
tomar la llave de la puerta y abrirla.
-Pasa —Le dijo un
vez que encendió la luz adentro. Tom atravesó la puerta y se acercó a la barra,
donde se sentó en uno de los taburetes. Jane se colocó del otro lado de ella y
comenzó acomodar las cosas, para recibir a los clientes. Sacó una pequeña
maseta y la colocó en la esquina y junto a ella dejó dos botellas, una de vino
tinto y otra de tequila.
-¿Cómo estás?
-Bien,
increíblemente bien. Cuando me acosté no me podía dormir, me parecía un sueño.
Ahorita ya me lo estoy creyendo.
-Buenos días —Dijo
un joven de cabellos negros, desde la calle. Jane miró hacia allá y saludó
sacudiendo la mano. Era Leo, uno de los empleados del bar.
El chico entró al
bar con un andar sonriente, se acercó a Jane y le dio un sonoro beso en la
mejilla.
-¿Cómo estas
preciosa?
-Ahora, muy bien —Le
dijo sonriendo.
-Ya lo noto, estas
de buen humor.
-Tom, él es leo —Le
dijo a este, quien contemplaba con recelo la escena —Leo, él es mi amigo Tom.
-¿Es Kaulitz? —Cuestionó
con voz sonriente. Jane rodó los ojos al recordar que en una ocasión Leo había
conseguido sacarle detalles sobre lo que sentía por Tom.
-Leo —Dijo Jane
quejándose. Le sacó la vuelta a la barra y se acercó a su amigo, lo tomó de la
muñeca y lo jaló. — ¿Te puedes quedar a cargo un momento?
-Vale, vale, pero
no te tardes, desde que vino Shane y te atacó, confío en quedarme solo.
-Sí,Leo.
Volveremos pronto.
Tom y Jane
salieron del bar y caminaron hacia la derecha.
-Me alegra que
vinieras a verme tan pronto —Musitó Jane.
-Necesitaba saber
cómo estabas después de todo lo que sucedió ayer.
-Me siento
diferente… —Murmuró.
-¿Pero bien? —Cuestionó
Tom con duda.
-Estupendamente
bien, como nunca… —Hizo un gesto de estar pensando — Bueno, en realidad me
siento como cuando fuimos a la ciudad, cuando íbamos a la playa… —Suspiró —Sólo
puedo asemejarlo con momentos que pasé a tu lado.
-Jane…
-No digas nada… sé
que lo tuyo con Any es muy serio… —hizo una pausa —Pero sobre todo que…
-¿Sobre todo qué,
Jane?
-Sobre todo que lo
mejor que puede haber entre nosotros es la amistad.
-Jane, sé que me
quieres —Ella bajó la mirada, con el ceño fruncido.
-Sí y yo sé que tú
no lo haces cómo antes. Me he dado cuenta demasiado tarde de que te quiero de
verdad.
-Jane…
-Tom, sé porque
has cambiado. Te he hecho demasiado daño y tú todo este tiempo sólo has estado
para mí, dándome todo tu amor. Entiendo por qué tus sentimientos por mí se han
debilitado tanto.
-La última vez que
nos peleamos, fue parte de lo que provocó todo esto. Porque yo te deseaba, te
deseaba demasiado, quería estar junto a ti, comerte a besos cada vez que te
tuviera cerca, entregarte todo mi amor. Pero esta vez, ese día, todas esas
ilusiones se rompieron. Se volvieron nada.
-Lo sé, lo sé. Fue
tan estúpida, no sé cómo capaz de decirte eso sobre mí y Shane cuando ni… —Se
calló de repente. Cuando teníamos tiempo
sin siquiera darnos un beso, cuando la vez que él se atrevió a tocarme, sólo
pude rogarle a mi mente que imaginara que eras tú quien me besaba y tocaba,
le respondió en su mente. Pero no fue capaz de decirlo en voz alta.
-Tom ya no
importa. Cometí muchos errores, demasiados.
-Yo también
-¿Qué error puedes
haber cometido tú?
-Haber dado el
paso que cruzaba la línea entre la amistad y el amor. Haber permitido que
nuestras charlas se convirtieran en besos…
-¿Qué vamos hacer,
Tom? No sé tú, pero me siento demasiado confundida, asustada y perturbada, por
todo lo que pasó entre nosotros.
-Lo sé. Me pasa
algo similar.
…
La luna llena desprendía
un color intenso y brillante, tanto que Jane no lograba apartar la mirada más
de dos segundos, en seguida de mirar a otra parte volvía la vista y contemplaba
fijamente al satélite otra vez.
Miró la hora en el
reloj negro que llevaba en la muñeca derecha y descubrió que eran las ocho y
media de la noche. Justo en ese momento escuchó el motor de un auto, el cual se
detuvo justo enfrente de donde ella estaba.
Jane abrió el
portón y salió de su casa. Descubrió que en el auto no sólo iban Tom y Any,
como ella lo había esperado, sino que también Faber, Lina y Miguel. Cuando
llegó junto al vehículo ya todos estaban esperándola fuera de él
-¿Por qué tardaron
tanto? —Cuestionó Jane con furia dirigiendo su mirada enrojecida especialmente
a Tom —Creí que se habían marchado sin despedirse de mí.
Tom le había
anunciado quince días antes que se iba a la ciudad como tanto había soñado, se iría
a estudiar la universidad y estaría con su padre y su hermano, pero además de
eso, agregó que no se iba solo, que Any se iba con él. La impresión fue tan
grande para Jane -a pesar de que las cosas estaban claras entre ellos, que sólo
habían quedado en amistad y nada más- se soltó a llorar desconsoladamente como
pocas veces lo había hecho. Sabía que Tom y Any seguían juntos, que se veían
felices juntos y que llevan semanas saliendo oficialmente, pero la idea de
saberlo lejos afloró todos los sentimientos que había reprimido durante todos
esos meses.
A pesar de que él
le juró que trataría de visitarla cada fin de semana, cada que tuviese vacaciones,
nada de eso la consoló.
Y en ese preciso
momento se sentía tan asustada y triste como cuando escuchó la noticia por
primera vez.
-Jamás nos iríamos
sin despedirnos de ti —Dijo Tom con voz sumamente seria. Los ojos de Jane se
cristalizaron y bajó la mirada temiendo ponerse a llorar —Ey, no te pongas
triste, no llores —Le dijo en un murmullo y Jane descubrió que se hallaba a
unos cuantos pasos de ella.
-No estoy llorando
—Replicó más furiosa que antes, tanto por creer que se había marchado sin
despedirse, como por mostrarse tan débil.
Tom estiró el
brazo y con los dedos acarició sus mejillas.
-Te echare mucho
de menos, extrañaré pasar por ti al bar en las tardes e ir a tomarnos un
café. —Jane asintió costosamente.
-Los echaré de
menos también —Volteó a ver a Any, quien le sonreía a distancia.
-No te preocupes
Jane, te llamaremos cada que podamos —Dijo Miguel. Quien se iba también a
estudiar. Aunque los hermanos iban a estar viviendo en su propia casa, Jane
sabía que Any iba a estar tan cerca de Tom, que seguramente su relación se iba
hacer más fuerte de lo que ya era.
En un momento
sintió la bilis subirle por el esófago, y estuvo a punto de vomitar, cuando
Any, Miguel y Tom comenzaron a repartir abrazos en despedida. Afortunadamente
logró controlarse cuando se alejó disimuladamente de ellos.
-Voy a venir a
verte cada que pueda y te mandaré mensajes muy constantemente —Le dijo Tom
sacándola de todos sus pensamientos. Jane alzó la cabeza y se dio cuenta que
estaba frente a ella, y que los demás seguían despidiéndose a una cierta
distancia.
-Júralo —Pidió con
tono amenazante y tratando de sonar burlona.
-Ya me voy —Le
dijo.
-Vete.
-¿Quieres que me
valla? —Cuestionó muy serio e inesperadamente alargó el brazo hasta que la sujetó
de la mano.
-Qué más da, de
cualquier manera te vas a ir —Murmuró con voz seca mientras miraba con el ceño
fruncido sus manos tocándose, mirando esos dedos nerviosos tratando se jugar
con los de ellas.
-Voy extrañar
todas esas expresiones tuyas —Jane volvió a verlo y permaneció como una vil
estatua — Ya me voy Jane… —Le dijo despacito. Sus ojos se mantuvieron
conectados y sus manos se fueron separando poco a poco, lentamente, de una
manera tan agonizante que Jane sintió que le desgarraban el corazón.
-Adiós, mi mejor
amigo… —Susurró una vez que no existió ningún contacto físico entre ellos.
-Adiós, Jane —Murmuró
él.
Jane permaneció
agazapada contra el portón de su casa, viendo con impresión cómo él se
marchaba. Era un cambio de vida que en algún momento iba suceder, pero Jane no
pensó que de ese modo tan inesperado, justo cuando Shane ya no estaba para
impedirles estar juntos. Pero no había marcha atrás. Las cosas eran así por alguna razón y Jane quería aferrarse a esa idea.
Cuando Tom volvió
el rostro antes de abordar el auto, Jane le dedicó una ligera sonrisa cargada
de tristeza, mientras su pecho contenía la desesperación y frustración de no poder
evitar que se marchara. Se dio cuenta entonces, mientras de alejaba, que esa era la única manera que se podían suceder las cosas, la única forma de permanecer siempre a su lado era la de verlo como amigo, como debió ser siempre; alguien con quien los besos estaban prohibidos, así como el deseo que estremecía su cuerpo cuando lo tocaba.
Jane restregó sus manos en sus ojos para difuminar las pequeñas lagrimas que habían luchado para salir de sus ojos. Suspiró profundamente e hizo el además de volverse hacia la entrada de su casa, cuando sintió una presencia no muy lejos. Volteó hacia allá y ahí estaba de pie Edgar con una sonrisa amplia y cariñosa.
Jane sonrió de medio lado e hizo un movimiento con la cabeza indicándole que entrara a casa junto con ella.
-Fin
Gracias por leer. Ya me dirán qué opinan del capítulo.






