sábado, 4 de febrero de 2012

Capítulo 4, 5 y 6



Lina iba caminando apoyada en Tom. Llevaba un aspecto fatal, a pesar de que se había saltado las clases quedándose detrás de los salones esperando que la hinchazón de su labio y mejilla disminuyeran, para la hora de la salida eso no había sucedido ni siquiera un poco, incluso se veía peor que antes.
-Le quiero sacar los ojos —Murmuraba Lina realmente furiosa. Tom ya estaba fastidiado de escuchar esa frase durante las últimas cinco cuadras que habían caminado, por suerte su casa ya estaba muy cerca. —Ojala la expulsen —Murmuró.
-Emm… —Dijo Tom finalmente, casado de oír las repetidas quejas. Aun no le decía a su amiga que había ayudado a Jane. — No creo que la expulsen —Trató de medir sus palabras pero salieron más drásticas de lo que hubiera querido.
-¿Qué? —Se separó de golpe de él. — ¿Cómo que no? ¿No le dijiste al director lo que pasó?
-No bueno… —Trató de explicarse pero no encontró palabras para justificarse, puesto que ni él sabía por qué había hecho eso.
-No dijiste nada ¿verdad? ¿¡Ayudaste a la zorra esa!? —Preguntó realmente indignada. — ¿Sabes de quien es novia? —Tom no respondió. Lo sabía, era novia de su peor pesadilla. ¡Y la había ayudado! ¡Había ayudado a Jane, la loca novia del loco chico! — ¡Bah! Me voy yo sola —Murmuró muy enojada.
-Perdón Lina pero tu tampoco hiciste nada
-Esto te va costar muy, muy caro Thomas —Gritó ignorando las palabras del chico.
Tom reprimió una carcajada al ver como el cuerpo diminuto de su amiga se movía. Lina no era muy alta era de estatura baja y de peso normal y en las condiciones que estaba, era divertido. Lina intentaba caminar a paso rápido pero estaba lastimada de una pierna por la pelea así eso le era casi imposible. Le parecían muy graciosos sus intentos por desaparecer, su comportamiento era un poco infantil y caprichoso, a veces lo era, pero sabía que más tarde se le iba a pasar.
Pasaron dos días en los que Tom pudo sentirse tranquilo, ni Shane ni sus amigos había aparecido para molestarlo. Se sentía ansioso pero a la vez aliviado que eso no hubiera ocurrido pero por las noches su mente pensaba en que quizás su querido enemigo estaba planeando algo en contra de él. Se había cruzado con Jane un montón de veces, veces en la que ella no lo hacía en su mundo. Donde ni siquiera notaba la presencia de Tom.

…

Iba de regreso a casa, eran más de las once de la noche y todas las calles lucían desiertas pero a la vez tenebrosas. Tenía todos sus sentidos alerta para cualquier cosa que pudiera ocurrirle. En su mente llevaba estructurado lo que tenía que hacer si se encontraba con Shane y sus amigos. Correría como siempre, y aunque sabía que siempre lograban alcanzarlo él seguía intentándolo.
Había estado toda la tarde en casa de Lina, con ella las horas se le iban volando.
Lina era una persona con la que nadie se aburriría, siempre tenía algo de qué hablar y eso a Tom le encantaba, no había la necesidad de esforzarse demasiado con ella como con otras chicas. El perdón se lo había ganado muy fácilmente, llevándole una rosa amarilla, las favoritas de su amiga.

…


Caminaba tranquilamente cuando de pronto escuchó unos gritos no muy cerca no muy lejos. Se detuvo de golpe tratando de comprender un poco y solo pudo entender una o dos groserías. Su corazón comenzó a palpitar, la idea de que pudiera ser Shane y sus amigos le aterraba. Comenzó a caminar a paso rápido con esa idea martillándole los pensamientos. Se detuvo al llegar a la esquina para tratar de escuchar algo más, o para comprobar que ya se habían marchado.
-Jajajajajajajaja ¡Jodanse todos! —Escuchó un grito, era la voz de una chica. Entonces la vio. Vio a una chica rubia, alta y bastante delgada, vestida con poco ropa a unos cuantos metros de él recargada en un poste de la luz tambaleándose de un lado a otro, estaba borracha. Vio como recogió un bate de beisbol que estaba tirado en la banqueta y comenzó a caminar hacia el establecimiento que tenía enfrente. Dio unos cuantos pasos y levantó el objeto con una sola intención, romper los vidrios de ese local.
-¡Ey! —Gritó Tom para evitar que la chica hiciera lo que pensaba. La chica se detuvo, movió su cabeza y lo miró. Tom abrió los ojos a darse cuenta de quién era. — ¡Ey qué haces! —Le gritó y comenzó a caminar hacia ella. — ¿Jane que vas hacer? —Jane soltó una sonora carcajada. Llegó hasta ella.
-¿Quii-ién ere-es t-tú? —Cuestionó mirándolo de arriba abajo. Los ojos de la chica estaban un tanto desorbitados por el alcohol. —Ah te acuerdo, me acuerdo… —Corrigió con ese tono de voz de borracho.
Alzó de nuevo al bate y miró a la ventana. Era un establecimiento de motos lujosas.
-¿Qu-ué vas hacer? —Dijo Tom interponiéndose en su camino. Jane se tambaleó y se echó el cabello hacia atrás con un gesto arrogancia según ella pero dejó todo despeinado su cabello..
-¿No ves? —Dijo con tono borde —Haaazteeea uuun laaadoo — Lo empujó y aunque Tom trató de evitar que consumara el hecho, Jane estrelló el bate contra los grandes ventanales.
-¡Noo! —Exclamó Tom tomándola por los hombros pero Jane se volvió a zafar y lanzó otro golpe el cual dio contra el otro cristal. Los pedazos de vidrio los salpicaban. —Jane no hagas esto —Suplicó Tom.
-Que te quites —Gritó furiosa. La alarma del lugar comenzó a sonar. Y a lo lejos escucharon el sonido de una patrulla.
-Déjalo ya —Tom la agarró de un brazo y tiró de ella con fuerza. —Tenemos que irnos
-No, no me voy….
-¡La policía viene Jane! —Le gritó sacado de quicio. Jane se paralizó y comenzó a respirar entrecortada.
-La-a po-olicía —Dijo sin aire en la voz. Tom la tomó de la mano y comenzó a correr. Jane apenas podía seguirle el paso, con lo borracha que estaba su coordinación no era la mejor.
-¡Joder! ¿¡Estás loca!? —Gritaba Tom tirando de ella, sabiendo que si se detenían iban a acabar los dos en muy grandes problemas. Y sabía que ella tendría muchísimos más que él y por alguna razón no quería que eso sucediera.

Llegaron a un callejón donde no había mucha luz. Tom se detuvo, estaba exhausto y aún podía escuchar las sirenas de las patrullas que habían llegado al lugar de los hechos.
-Creo que ya no nos verán —Dijo Tom suspirando con mucho alivio. En cuanto soltó la mano de Jane, esta se sentó en el suelo con la obscuridad abrazándola. Cerró los ojos, estaba a punto de quedarse dormida ahí mismo— Te llevaré a tu casa —Dijo el muchacho viendo el estado deplorable en que estaba.
-No a mi ca-asa no —Dijo con voz suplicante — Por favor —Dijo con voz rota. Levantó la cabeza para ubicar con su mirada en el rostro de Tom que a pesar de la obscuridad lograba distinguirlo. A Kaulitz se le encogió el corazón al ver sus bonitos ojos tan llenos de tristeza y por primera vez en toda su vida pudo ver un lado que nadie conocía de Jane, la otra cara de esa hermosa chica, la Jane que estaba totalmente sola.
-Dame tu mano —Le ofreció caballerosamente. Jane alzó la mano hasta lograr estrecharla con la de él. Kaulitz tiró de ella hasta lograr ponerla de pie, vio como se tambaleó y la sostuvo para evitar que se callera.
Comenzaron a caminar por el callejón obscuro, Jane se apoyaba en Tom para no derrumbarse. Él pensaba en qué podía hacer, sabia donde vivía y de hecho no estaba tan lejos pero se cuestionaba en si era una buena idea llevarla en ese estado a casa, con sus padres. Frunció el ceño pensando en la única solución que tenía era llevarla a su casa, que además estaba más cerca que la de ella…

…

Abrió la puerta con sigilo e hizo entrar a Jane repitiéndole una y otra vez que no hablara tan fuerte. Pasaron por el pasillo a paso rápido hasta llegar a su habitación. Abrió la puerta antes de que su madre los descubriera y cerró con seguro cuando estuvieron dentro.
Encendió la luz y dejó de sujetar a Jane.
-¿Quieres dormir? —Preguntó y la miró expectante. — Ahí está mi cama para que descanses mientras —Dijo con tono de voz amistoso.
-No, no quiero dormir —Dijo Jane con voz más clara que la que tenía en el callejón. Soltó una carcajada mirando a su alrededor. —Quie-ero baiiiilar —Dijo entre risas mientras se movía de un lado a otro, sin ritmo alguno.
Caminó tambaleante hasta a la cama, se sentó en la punta del colchón y se quitó los zapatos y los aventó a donde mejor le pareció. Tom había seguido con la mirada cada uno de sus movimientos, no podía creer que Jane, la chica más guapa, estuviera sentada en su cama.
-Voy por algo… —Dijo Tom sin saber qué hacer.
-No te vayas —Dijo con voz angelical y con matiz de súplica que sonó simplemente encantador para Tom.
-Pero…
-Ven siéntate conmigo —Dijo de nuevo con ese tono de voz. A Tom le dio un escalofrió que le recorrió el cuerpo entero. — No muerdo —Dijo con una débil sonrisa al ver que el chico se la pensaba tanto.

Kaulitz comenzó a caminar a paso extremadamente lento hasta que por fin se sentó a un lado de ella. En el aire se podía percibir la tensión del ambiente, el frio comenzaba a ser cada vez más fuerte y a Tom la mirada fija de Jane lograba calarle más que las heladas madrugadas.
-¿Por qué destrozaste las ventanas? —Preguntó atreviéndose a mirar directamente a Jane. Ella solamente respondió moviendo la cabeza de un lado a otro. No quería hablar del tema, a pesar de estar tomada sabia que eso le causaba dolor y no quiera contárselo a él. No quiera decirle que había entorpecido su plan, su idea de ir a la cárcel. —Por qué no duermes, falta poco para que amanezca… —Sugirió al ver que la chica no iba a contarle nada. Jane asintió sin fuerza. Alzó la mirada y se quedó mirando fijamente a Tom. Un escalofrió recorrió el cuerpo de Tom y se maldijo por está poniéndose tan nervioso por tenerla tan cerca. Suspiró sin darse cuenta y trató de mirar otra parte que no fueran sus sensuales labios.
-Oye… —Dijo Jane con voz suave. Todo quedó a segundo plano en la mente de Tom cuando descubrió las intenciones en los ojos de la chica. Comenzó a jadear disimuladamente, suplicándose mentalmente no perder la razón y el control. — Quiero besarte —Confesó la chica de nuevo con ese tono de voz que a Kaulitz le erizaba la piel. Se quedó como una vil estatua ante ella, al ver como ese rostro angelical se acercaba a él.
¿Es posible que un solo instante,que un solo momento, cambie el rumbo de nuestros sentimientos?

Sus alientos chocaron antes de que sus labios llegaran a rosarse. Para él todo esto era como un sueño pero a la vez también era como una pesadilla, porque estaba besando y siendo besado por Jane, la chica más guapa que había conocido, pero a la vez también sabía que esta chica era prohibida, era la novia de su peor enemigo y eso era algo realmente malo.
Jane sujetó su rostro y abrió los labios para dar paso a ese ansiado momento. Tom comenzó a mover los labios lentamente y con nerviosismo, estaba descolocado al igual que lo estaba Jane, quien a pesar de estar borracha estaba siendo consciente de lo que estaba sintiendo.
Se dejaron llevar por el momento olvidando por completo todo lo que había detrás de ese pequeño instante. No escucharon nada que no fuera el deseo y los latidos frenéticos de sus corazones.
Kaulitz estaba convencido de que en su vida, ninguna de las chicas que había conocido lo había hecho sentir de la manera en Jane lo estaba haciendo sentir justo ahora…




El sol brillaba intensamente en el infinito cielo, tratando de traspasar su calor por las nubes grises. El día había comenzado esplendido, el frio no calaba como otras veces, solamente había una helada pero agradable brisa.

…

Jane se removió entre las sabanas hasta que finalmente abrió los ojos. Su corazón se aceleró al darse cuenta donde estaba, o mejor dicho ver que no estaba donde debería. Quitó las sabanas de su cuerpo observando al que estaba a un lado de ella acto seguido se miró a sí misma y se sintió más tranquila al verse con la ropa puesta, la misma de anoche. Salió la cama despacio, mirando para todos lados, tratando de hacer memoria y reconocer donde estaba.
Escuchó un bostezo proveniente de la cama, volteó hacia allá instantáneamente y miró al chico que se removía entre las sabanas. Vio con intriga como se descubría el rostro y entonces pudo recordar todo.
-Hola —Murmuró Tom al verla ya de pie.
-Ho-ola —Dijo Jane con la voz entrecortada. Tom salió la cama ante la atenta mirada de Jane.
-¿Ya estas mejor? —Le preguntó mientras se colocaba los zapatos. Ella no respondió solo hizo de nuevo el recuento de lo que había pasado la noche anterior. — ¿No recuerdas lo que pasó anoche? —Volvió a preguntar solo que ahora con mucha más seriedad. Jane jadeó disimuladamente cuando a su mente llegaron las imágenes del beso que ella comenzó.
-No-o recuerdo mucho —Mintió con voz débil y nerviosa. Se sintió estúpida como pocas veces se había sentido en su vida. Jane jamás perdía el control de sus sentimientos pero para todos hay una primera vez y parecía que esta era la suya.
-¿Lo de la tienda de motos? —Jane negó lentamente tratando de que Tom no reconociera que no decía la verdad. Claro que recordaba, recordaba absolutamente todo hasta volvía revivir los sentimientos que tenía en ese momento y lo relajada que se había sentido al romper los cristales. También recordaba el motivo que la había llevado hacer todo eso…
-Debo irme —Dijo antes de que el chico la atormentara con más preguntas.

…

-Gracias por todo —Agradeció Jane con una sincera sonrisa.
-¿Segura no quieres que te acompañe? —Volvió a preguntar Tom por tercera vez desde que habían salido de su casa.
-No es necesario, mi casa no queda lejos además tengo algunas cosas que hacer —Respondió volviendo a sonreír. La realidad era que no quería seguir cerca de ese chico si sus amigos o Shane lo veían… o se enteraban que había pasado la noche con él seguramente los cortarían en cachitos primero a él y luego a ella. Con lo celoso y desconfiado que era Shane jamás le iba a creer que solo había dormido en su cama sin que pasara nada más y que Tom la había salvado de ir a la cárcel o ser arrestada por la policía.
…

Emprendió camino rumbo a su casa después de despedirse de Tom. Con cada paso que daba se trasformaba en la Jane que era siempre la fuerte, ruda y individualista chica que todos conocían, pero con ese chico, con Tom había sido diferente. Estaba convencida que nadie, ni siquiera los que se llamaban sus amigos, la hubieran ayudado como lo hizo él. Jane jadeó al ver en sus recuerdos las imágenes del beso, de cómo sus labios chocaban con los de él, de las sensaciones que se había apoderado de ella en ese momento. Tenía que reconocerlo le había gustado mucho, demasiado, ese beso. Se llevó la mano a la frente y suspiró una y otra vez mientras se acomodaba el cabello hacia atrás, sacudió la cabeza para dejar de pensar en eso, solo le hacía perder la realidad de las cosas.
-¡Ey preciosa! —Escuchó no muy lejos. Se detuvo al instante y miró a un costado. Estaba un chico del otro lado de la calle. Era Charlie, un conocido. — ¿Qué haces por estos rumbos amor? —Preguntó con un tono de voz que a Jane no le gustó mientras se cruzaba la calle a paso rápido casi trotando. Llegó hasta ella y le estampó un efusivo beso en la parte baja de la mejilla, Jane se apartó casi con asco. Ese chico no le caía muy bien que digamos.
-Pues ya ves, conociendo otros rumbos —Dijo Jane restándole importancia. Estaba claro jamás diría las verdaderas razones por las que estaba aquí y mucho menos con lo chismoso que era Charlie, seguramente todos se enterarían y pensarían que andaba de puta con ese chico, con Tom. — No en realidad visitaba a una amiga —Dijo finalmente.
-Oh que bien —Sonrió — Oye ayer supe que Shane te andaba buscando —Jane bufó disimuladamente al escuchar el nombre de su novio.
-Mmm —Dije Jane con una mueca. Seguramente su novio estaba furioso.
-¿Y supiste lo del local de motos de los York’s? —Jane abrió los ojos y casi se muerde la lengua.
-No ¿Qué pasó? —Preguntó fingiendo sorpresa.
-Pues no se sabe bien, según que alguien trató de hacer daños pero no se sabe quien ni porqué —Jane desvió la mirada hacia un lugar lejano. Era estupendo que nadie la hubiera visto y todo gracias a Tom. — Supe que Lina York anda investigando por todos lados quien fue el culpable —Si Lina era hermana de Edgar, el dueño del negocio pero esa no era la razón porque Jane había cometido ese daño. La razón iba mucho más allá.
-Bueno luego me cuentas ahora me tengo que ir —Dijo rápidamente, se negaba a seguir hablando tan vacíamente con ese chico.
Si darle oportunidad de hablar Jane comenzó andar de nuevo. Pensando en la lista de problemas que tenia por resolver. Ninguno de ellos tenía una solución posible al menos no de momento.

...

Capitulo 1, 2 y 3

Los inviernos en Leipzig pasaban tranquilamente. Las calles regocijaban entre el sol que se ocultaba detrás las nubes grisáceas. El frio se colaba entre la tela más gruesa y lograba calar hasta los huesos más fuertes. En una ciudad tan pequeña y tranquila como esta, no se puede esperar nada más que felicidad y armonía, sin embargo no todo en la vida es color de rosa; el sol sale demasiado rápido para algunos, mientras que para otros este parece nunca brillar y quedarse siempre en tinieblas…
…
-¿¡Cómo te atreviste!? ¿¡Respóndeme!?—Gritaba un chico rubio y alto, de porte rebelde y a la vez apuesto; mientras golpeaba con gran saña aquel chico. En algún callejón escondido, en la zona más obscura de esa fría cuidad, donde ni siquiera el más valiente se atrevía pisar, donde las ratas más rastreras se aprovechaban de su poder para acabar con los más débiles. — ¿No tienes nada que decir Kaulitz? —Su puño dio contra el estómago del chico.
-Déjame —Suplicó retorciéndose de dolor. Recibió otro golpe en la cara y uno más en la boca destrozándole el labio. Borbotones de sangre salían con cada golpe — Por favor —Suplicó como pudo una vez más, solo que en esta ocasión hasta su voz se escuchaba rota. Su cabellera hecha de rastas caía sobre su rostro; en él se dibujaba una expresión que conmovería a cualquiera, excepto a el agresor y su pandilla de vándalos.
-¡Shane! —Coreaban los espectadores.
-Así que te atreviste a ir de chismoso con la policía ¿no?—Masculló el enfurecido joven. Tom, Tom Kaulitz era el que estaba siendo torturado en esa helada noche. Kaulitz el inadaptado, el solitario, la basura, como le nombraban la mayoría que lo conocía del barrio y como le decía Shane, Shane Lamb, el más fuerte y el controlador de una enorme pandilla de barbaros. Esa clase de pandilla donde no soportaban ver a alguien débil y sin fuerza porque disfrutaban de ver sufrir y suplicar. Tom había ido a la policía a denunciar las agresiones que recibía diariamente, pero para su mala suerte los encargados eran conocidos del padre Shane y por supuesto él había enterado.
-Por favor déjame —Suplicó Tom una vez más sin fuerza en la voz y en todo su cuerpo.
Shane tomó del cabello al chico sin compasión y lo jaló hacia él con rudeza hasta lograr levantarlo.
-Así me gusta Kaulitz, que supliques como la marica que eres. Así aprenderás a no andar de bocón, de cualquier manera nadie te creerá. —Escupió con odio y burla. Sus demás compañeros comenzaron a reír en diabólicas carcajadas al ver como el indefenso y ahora masacrado chico temblaba de pie a punto de desplomarse.
-¡Acaba con él Shane! —Gritó animándolo uno de la pandilla que miraba fascinado el espectáculo.
-¡Sí! ¡Acaba con esa porquería! —Gritó uno más entre carcajadas.
-Por favor —Susurró Kaulitz por última vez. —Te juro que nunca lo volveré hacer. —Aseguró con voz débil. Sintió como las gotas de su sangre le recorrían el cuello para perderse dentro de su camiseta y como su rostro punzaba de dolor.
-Estoy seguro de que no eres tan estúpido como para volverlo hacer —Afirmó complacido Lamb al ver el rostro de sufrimiento del chico. —Si no considérate hombre muerto —Concluyó Shane con una atemorizante sonrisa.
A pesar de que esta situación tan humillante se había vuelto para él ya una rutina no podía acostumbrarse a semejantes palizas y mucho menos hacer algo para evitarlo. Sabía que si se revelaba ante el montón de adolecentes fortachones iba quedar hecho polvo y ahora lo estaba comprobando. Había sido una muy mala idea tratar de buscar una solución.






A veces, aunque supliques al cielo,
aunque pidas ayuda divina,
parece que el mundo donde tú vives está vacío.
Nadie te escucha, nadie está ahí para protegerte
y no puedes hacer nada más que esperar que las cosas algún día cambien…


Habían pasado ya dos horas y lo único que se escuchaba en el obscuro callejón eran los quejidos de un alma destrozada. Se quedó ahí abrazado a sus piernas después de que la pandilla de jóvenes desquiciados se cansaran de él, después de que lo apalearan y lo insultaran.
Todo empezó dos años atrás cuando Kaulitz era popular en todo el barrio, cuando las chicas estaban a sus pies y cuando la gente le tenía respeto, de hecho desde muy pequeño era adorado por todos. Tom jamás había deseado ser como ellos, así que se negó una y mil veces a formar parte de sus bandas y ese fue uno de los principales motivos por lo que toda la pandilla lo comenzó a odiar hasta lograr que la fama se convirtiera en aborrecimiento, hasta lograr que las chicas huyeran asqueadas de él, hasta lograr que quedara completamente solo y hacer de su vida un verdadero infierno.
Kaulitz nunca había sido un chico problema o alguien que se metiera con la gente, pero por tener tanto carisma con la chicas la mayoría de los chicos del pueblo lo odian. Él lo sabía y a veces no comprendía cómo era que existían personas como ellos en el mundo. Se cuestionaba millones de veces que era lo que había hecho para merecer tal castigo. ¿Era una mala persona? No, claro que no. Kaulitz era el mejor de todos pero ahora nadie parecía notarlo…


Se puso de pie tambaleante y se sacudió los pantalones, se acomodó la camiseta y se dio cuenta que la habían roto. Ahogó un gemido de dolor y observó a su alrededor en busca de su chaqueta negra. No estaba, seguramente esos malvados se la habían llevado para hacerlo sufrir más de lo que ya estaba sufriendo. Se acomodó lo mejor que pudo la camiseta y resguardó sus manos dentros de los bolsillos del pantalón para darse un poco de calor; el frio le calaba hasta los huesos y esto hacia que le dolieran mas los golpes. No trató de limpiarse las heridas, pero estaba convencido que a casa jamás podría llegar en ese estado, su madre se moriría de la impresión, así la mejor solución era ir de nuevo con Faber, su único amigo.
Emprendió camino por las obscuras calles rogando no encontrarse con esos malvados, con el rostro sombrío, el cuerpo punzándole de dolor y culpándose por la vida que le había tocado. Llegó a duras penas a casa de su amigo y tocó más de tres veces y al final supo que no había nadie en casa. Suspiró resignado y un poco asqueado de la suerte que traía consigo. Trató de limpiarse los restos de sangre que estaban por todo su rostro y cuando se sintió menos sucio comenzó a caminar alejándose de esa casa…





...


-¡Ya me voy mamá! —Gritó Tom antes de salir de casa.
-¡Ten cuidado Thomas, y no andes solo por la calles que te pueden volver a asaltar! —Gritó su madre con mucha preocupación por su hijo. Tom no le había podido decir la verdad, sabía que su madre no lo comprendería y meterla a ella en ese problema solo empeoraría las cosas. A cambio Kaulitz le mintió diciendo que lo habían asaltado y que lo habían golpeado porque no había querido dar su cartera. Su madre le creyó porque Tom, a pesar de tantas golpizas, jamás había llegado en ese estado, solo ahora que su amigo Faber no había estado para ayudarlo.
Se fue caminando hacia el colegio el cual no quedaba a más de siete cuadras. Pasó el portón de entrada deseando no encontrarse con ninguno de sus más queridos compañeros, los que no lo dejaban en paz. Su colegio no era demasiado grande. Al entrar, a la izquierda estaba la dirección y las oficinas, al fondo dos edificios de dos pisos que eran los salones para no más de doscientos alumnos. Pasando esos salones, más al fondo estaba las canchas de deportes y un poco más allá una zona verde llena de pinos y arbustos, donde algunos alumnos de divertían en los descansos.
-¡Ey Tom! ¡Es aquí!—Gritó Faber desde la ventana de un salón del segundo piso donde les tocaba clase. Kaulitz movió la cabeza saludándolo y caminó más deprisa para llegar allá. Faber le había evitado la pena preguntar dónde le tocaba clase, no tenía idea donde era puesto que era el primer día de clases después de las vacaciones.
Subió las escaleras corriendo y entró al salón donde estaba Faber.
-Hola Faber —Sonrió al verlo.
-¡Ey amigo! —Exclamó emocionado —No te he visto los últimos días —Dijo estrechando su mano con la de él.
-Estuve un poco enfermo —Trató de sonar convincente pero para su mala fortuna Faber era su mejor, y único, amigo y lo conocía de toda la vida. Conocía cada uno de sus problemas.
-Joder Tom ¿Qué te hicieron ahora? —Exclamó indignado. Tom no supo que responder pero su amigo rápidamente comprendió.
-Oye, sabes si es cierto que se mesclaran los alumnos —Dijo Kaulitz aclarándose la garganta y tratando de cambiar de tema.
-Si eso escuché también, pero ya vi la lista de la puerta —La señaló Faber, —Nos tocó juntos
-¿En serio? ¡Qué pasada! —Sonrió complacido, no estaría solo — ¿Y Lina? —Lina era de las pocas chicas que conversaban con él y digamos que la podía llamar amiga. Era de las pocas que no le temía a la pandilla de Shane y que no se dejaba atemorizar por ellos a pesar de las cosas que pudieran hacerle.
-También está en la lista —Dijo Faber caminado hacia la puerta para leer de nuevo la lista. —También esta… —No terminó de hablar cuando golpearon la puerta con un puño haciendo que Faber pegara un brinco.
-Aléjate de mi camino niño estúpido —Dijo con furia una chica de melena rubia. Faber se apartó de un movimiento rápido con los ojos abiertos de la impresión. Ambos la conocían, de hecho todos en la escuela y en el pueblo la conocían. Ella era Jane, una chica como pocas. Tom la miró con un gesto de espanto por un segundo, Jane entró al salón sin siquiera mirar a su alrededor y se sentó hasta el fondo como en todas las clases, expresando claro fastidio.
-Con que su novio no esté con nosotros me conformo —Murmuró Faber disimuladamente. Un escalofrió recorrió la espina dorsal de Tom y entonces se dio cuenta que Faber estaba a un lado de él.
-¿Esta Shane con nosotros? —Inquirió un poco atemorizado. Y aunque hacia el intento de aparentar que no, lo estaba y mucho.
-No vi su nombre en la lista —Respondió. Jane nunca había estado en su misma clase, pero ella y Shane siempre estaban juntos y esto no pintaba para ser la excepción y eso era lo que más preocupado tenia a Tom. Con ese tipo cerca, casi las veinticuatro horas al día, estaría totalmente perdido.
Los alumnos comenzaron a llegar incluso Lina, al final el salón llegó a su máxima capacidad y para suerte de Tom, Shane no parecía estar cerca. Las clases comenzaron. Lina, Faber y Tom estaban sentados en el centro del salón. Este último por más que quería prestar atención en la clase su mente estaba estos lados menos en el asunto que le concernía.
-¡Señorita Drake! ¡Jane Drake! —Exclamó el maestro espantado a todos, pues el salón estaba en completo silencio. — ¿Qué estás haciendo? —Preguntó levantándose de su escritorio. Jane hizo un gesto de indiferencia y continuó con lo suyo, garabateando su cuaderno mientras movía la cabeza al ritmo de la ruidosa música de su I-pod. — ¡Salga de mi clase ahora mismo!
-No quiero —Respondió con voz indiferente.
-¡Que salga! —Gritó el maestro fuera de sus casillas. — Veo que su comportamiento sigue igual que el año pasado.
-Y no cambiará —Respondió Jane quitándose los auriculares. Se levantó de golpe y tomó sus cosas. Pateó con furia las sillas y golpeó a más de un compañero con el bolso mientras camina entre los pupitres. Estaba asqueada de recibir órdenes.
-Espero nunca volver a verte en mi clase —Sentenció el maestro.
-Y yo espero nunca tener que verle la cara de estúpido que tiene —Dijo saliendo de la clase y los demás compañeros comenzaron a reír a carcajadas.

Jane salió de esa clase sintiendo como la rabia y la desesperación la consumían. Estaba harta de todo y aunque trataba de no perder la cabeza a veces todo era demasiado.Sintió la necesidad de hablar con alguien así que sacó su móvil y marcó a la única persona a quien podía llamar. A la única persona en todo el mundo que la comprendía.
-Bueno —Respondieron del otro lado de la línea.
-Ey Shane ¿Estas ocupado? —Preguntó. Shane solía estar siempre ocupado aunque tenía tiempo para ella a veces no era suficiente para Jane.
-Si Jane, muy ocupado —Dijo con cierto tono de voz — ¿Qué pasa?
-No importa luego nos vemos —Colgó y siguió caminando. Estaba segura que no tardarían en echarla de la escuela si su actitud seguía así. ¿Pero cómo ser diferente? Simplemente no podía, esta era Jane y parecía que nadie la soportaba.
Bajó las escaleras a paso rápido y se dirigió a las canchas. Siguió caminando hasta llegar a la zona de pinos y arbustos. Se sentó en un tronco que estaba junto al pino más grande de todos los que había en el lugar. Observó las latas de cervezas tiradas en suelo cerca de donde se había sentado. Suspiró mientras se echaba el cabello hacia atrás. Sacó una cajetilla de cigarros de su bolsojunto con el encendedor y se lo llevó un cigarro a la boca.


…Estaba disfrutando de los últimos restos de su cigarrillo cuando su móvil vibró. Era un mensaje.
¡Jane ven rápido! Kenya se está peleando con Lina. Estamos detrás de los salones. De: Elena.
Se levantó de golpe, tiró la colilla de cigarro y tomó sus cosas. Corrió entre los enormes pinos hasta llegar a las canchas deportivas, a lo lejos observó un puñado de chicos formando un gran círculo. Corrió hacia allá. Kenya siempre se peleaba con esa chica pero nunca había pasado de una discusión y esta vez parecía ser diferente.
-¡Quítense! —Gritaba pasando entre los chicos hasta que llegó a la escena. Su amiga Kenya estaba en suelo tirada con Lina encima de ella. Kenya tenía sangre en la boca y su cabello desparramado. La otra chica estaba perfecta. —Joder —Murmuró Jane.
Aventó sus cosas al suelo y se encamino allá con paso firme y decidido.
-¡Quita tus manos de ella! —Gritó agarrando a Lina del cabello haciéndola aun lado.
-¡Tú no te metas! —Gritó Lina. Apretó los puños y se aventó contra Jane. Los chicos presentes comenzaron a gritar emocionados. Jane solo contuvo la respiración, sabia en lo que se iba a convertir esto y equivalía a su expulsión. Ni modo todo por una amiga, pensó. Lina trató de arañarle la cara pero Jane logró darle una bofetada la cual desubicó un poco a Lina. Se hizo hacia atrás acariciándose la zona dañada. Lina se armó de valor otra vez pero nuevamente Jane la recibió con un golpe y se aventó sobre ella.
-¡Ey detente! —Escuchó Jane entre tanto bullicio. La tomaron de los brazos y la aventaron hacia atrás. Abrió los ojos al ver a un chico que se interpuso entre ella y Lina. — ¿Estás bien? —Le preguntó a Lina.
-Si Tom —Respondió ella con voz temblorosa.
-No te metas —Murmuró Jane fijando su mirada desafiante en el rostro de aquel extraño chico.
-Claro que lo hago, le estás haciendo daño —Dijo muy seguro, como jamás lo había estado. Jane se quedó mirando unos segundos los ojos de aquel chico.
-Estúpida —Escupió mirando a Lina. Soltó un bufido y dio la vuelta hacia su amiga quien ya estaba de pie gracias a sus otras compañeras.Kenya le dedico una mirada de indignación y Jane al instante dio la vuelta hacia el chico. — Esto era entre nosotras, no tenias porque meterte —Gritó furiosa. Tom alzó la mirada sorprendido, había creído que todo había terminado. Jane se aproximó a él con una postura desafiante.
Kaulitz no supo qué hacer ni qué decir solo se quedó mirándola esperando que ella hiciera algo, no se pondría a pelear con una mujer.
-¡Qué está sucediendo aquí! —Escucharon un gritó y de pronto vieron al director aparecer entre el alumnado. Jane y Tom estaban parados uno delante del otro. Los demás compañeros se comenzaron a alejar incluidas Lina y Kenya dejando como únicos culpables a ellos dos. —Ustedes vengan conmigo —Dijo el director señalando a ambos. Dio la vuelta y comenzó a caminar de regreso a los salones. —¡Que vengan! —Gritó al ver que ninguno se movía.
Comenzaron a caminar, Jane unos cuantos pasos más adelante que Tom.
-Deberías replantearte la idea de meterte en una pelea de chicas —Dijo Jane con tono burlesco al ver el rostro preocupado del chico. Tom alzó la mirada y no respondió nada solo vio la sonrisa despreocupada de la chica a quien parecía no importarle ir de camino a la dirección.
-¿Y bien? Quiero que alguien me explique que estaba sucediendo allá a fuera —Dijo el director a ver que ninguno abría la boca para decir algo.
-Era obvio ¿no? —Dijo Jane secamente moviendo de un lado a otro la silla giratoria.
-Si estábamos…—Interfirió Tom tratando de salvar la situación —Ya sabe… discutiendo —El director entrecerró los ojos mirándolo con suspicacia. — Es que Jane terminó conmigo y comenzamos a discutir —Jane resopló reprimiendo una carcajada. Ganas tienes de que sea tu novia, niño estúpido –Pensó Jane.
-Los compañeros creyeron que nos pelearíamos o algo así pero no pasó nada. —Siguió explicando Tom —Claro está que jamás me pelearía con una chica —Kaulitz miró al director esperanzado.
-¿Es cierto señorita Drake?
-Él lo dice ¿no?
-¿Segura que no es una más tus peleas? —Todos incluso el director conocían a Jane. Era reconocida por su actitud rebelde y revoltosa, pero también conocía a Tom y sabía que no era un chico de los que se metiera en problemas, no muy a menudo.
-Es la verdad —Aseguró Tom mirando a Jane, esta asintió con una tímida sonrisa dedicada al director. Esa estrategia la usaba siempre que estaba en problemas.
-Bueno pero no quiero más alborotos ¿Entendido Jane? —La chica le sonrió falsamente para después ponerse de pie. — Pueden marchase —Dijo moviendo la mano.
Tom salió detrás Jane quien parecía tener fobia las direcciones pues iba a paso muy rápido.
-Ni creas que te lo voy a agradecer —Dijo girándose para ver al chico cuando estuvieron fuera de ese lugar.
-No esperaba que lo hicieras —Jane sonrió de manera sincera por primera vez ante Tom. Continuó, un segundo después, su camino hacia el salón donde tenía la siguiente clase pensado en porqué nunca antes lo había visto, por qué no sabía su nombre y porqué la había salvado pudiéndola hundir después de la paliza que le había dado a su novia, amiga o lo que fuera.









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