Las horas pasaron
rápidamente hasta que el medio día llegó, el doctor le comunicó que Bill ya
estaba listo para marcharse a su casa, luego de la última revisión y la entrega
de medicamento para las inflamaciones y el dolor, Bill salió de la habitación.
Tom no pudo evitar
elevar una sonrisa de alivio en sus labios pero Bill no le respondió, no quería
ni podía hacerlo, se sentía demasiado molesto aún por lo que había sucedido y
en el fondo culpaba a su hermano por ello, aunque sabía que era a Shane a quien
debía odiar profundamente.
Tom y su madre ayudaron
a subir a Bill al auto, y así se marcharon a casa. No pronunció mucho durante
el recorrido, y Tom se sentía angustiado y frustrado por la actitud de su
hermano, aunque comprendía su reacción. Seguramente no tenía idea de cómo
manejar las cosas, así como él.
Luego de mil y un
intentos de conversar con su hermano, Tom salió de casa y se sentó en la
banqueta, llevaba el celular en la mano, tomó aire y presionó el número de
Jane. La llamada entró pero su voz no se escuchó del otro lado y dedujo que
ella no quería hablarle. Resignado se levantó y se aproximó al patio de entrada
de la casa donde estaba aparcada la moto que Jaime le había regalado.
-¿Vas a salir? —Preguntó
su madre abriendo la puerta al escuchar el motor rugir.
-Si, volveré más tarde.
—Respondió Tom para después marcharse.
¿Por qué no contestó
Jane? ¿Estaría con Shane? ¿Este la convencería de volver con él? ¿Jane se
olvidaría tan fácilmente de los buenos momentos que pasó a su lado? Esas y
muchas preguntas más pasaban por su mente mientras se dirigía a la casa de Sam.
Cuando llegó notó que todos estaban reunidos afuera esperando solamente a que
él llegara.
-Por poco y pensábamos
que ya no vendrías
-Pero ya estoy aquí
—Replicó Tom.
-¿Cómo está tu hermano?
—Preguntó uno de los amigos de Sam, uno de cabello rubio de no más de dieciséis
años, quien miraba con cierta impresión a Tom, probablemente por los moretones
que llevaba en el rostro.
-Lo acaban de dar de
alta pero se encuentra recuperándose, estará mejor dentro de unos días. —Respondió
Tom secamente.
-¿Qué fue lo que
sucedió? —Preguntó Valente, el chico de la pierna rota y con yeso hasta la
rodilla.
-Pues… —Intentó decir, pues no deseaba hablar del
tema.
-A ver, a ver…
—Interfirió Sam. — Déjense de tanta platica, mejor hay que comenzar con lo
nuestro. —Y Tom agradeció que fuera tan inoportuno.
…
No le fue nada sencillo
escuchar a Sam hablar con tanta naturalidad sobre tomar objetos de valor en
casas ajenas. Para Tom era algo nunca había tenido relevancia y ni siquiera
había sentido el deseo de obtener algún carro o de la ropa cara que en
ocasiones portaban sus amigos. Sin embargo, para ellos, Sam, Valente y los
demás, parecía ser algo más que una necesidad, era un estilo de vida, una
manera sencilla de obtener lo que querían sin tener que esforzarse demasiado.
Después de ponerse de
acuerdo en cada uno de los pasos que iban a seguir, en como iban a llegar, a
entrar, salir y donde se iban a colocar, Sam anunció que había llegado el
momento.
-¿Quiénes son los
dueños? —Preguntó Tom por curiosidad, y para saber si no se trataba de la casa
de alguna familia conocida o amigos de sus padres, aunque era absurdo preguntar
puesto que conocía a el noventa porciento de las personas que habitaban en el
pueblo.
-Es mejor que no lo
sepas —Respondió Sam, sonriendo.
Pronto cada uno joven se
memorizó lo que debía hacer, además cada quién preparó su arma para defenderse
de cualquier cosa y se vistió acorde a la situación, así como Sam había
indicado. Él podía ser el chico más vago e irresponsable del pueblo, pero
cuando se trataba de negocios era el mejor organizado y preparando todo.
-Vallan subiendo a la
camioneta —Ordenó Sam, quien continuaba revisando los últimos detalles en un croquis
que tenía dibujado de la casa. Los demás salieron de la casa, e incluso Tom
quien aún no estaba del todo convencido de lo que estaba apunto de hacer.
Tom aguardó a unos
cuantos metros de la camioneta y recurrió a una llamada, antes de que Sam
saliera de la casa.
No estaba seguro porque
marcaba su número. Era como si al escuchar su voz, la seguridad que necesitaba
se fuera a instalar milagrosamente dentro de él. Probablemente, también
esperaba escucharla decir que su padre estaba a salvo, que ahora se sentía con
fuerzas para luchar contra Shane, que no se atreviera a robar pues no valía la
pena que se metiera en tantos problemas. Fuera lo que fuera que buscaba en esa
llamada, esperó ansiosamente a que le contestara, pero luego de unos segundo
supo que no respondería de nuevo.
-Emm… Jane… yo sólo
quería escuchar tu voz… —Dijo después del tono que indicó la contestadora, para
luego colgar.
Desanimado al no recibir
respuesta de Jane miró su móvil otra vez, el nombre de Any le cruzó por la
cabeza como un rayo e inmediatamente marcó su número.
-Hola Tom —Respondió ella
con notoria alegría antes de que sonara por tercera vez.
-Hola Any… —Dijo.
-Ey, precisamente voy
saliendo para tu casa ¿Estás allá?
-No, estoy acá con unos
amigos… creo que llegaré tarde.
-¿De verdad? Uhmm que
mal…
-Igual puedes ir a
visitar a Bill, creo que necesita alguien con quien hablar, alguien que no sea
yo… —Agregó con desanimo.
-¿Pelearon? ¿O qué pasó?
-No, por lo mismo… sé
que me culpa por salir con Jane.
-Bueno, es que es
comprensible… él ha sufrido mucho con esto desde siempre, ahora cuando por fin
vuelve y que le vuelvan a hacer lo mismo. De verdad que no se vale…
-Lo sé, lo sé. Por eso
lo he dicho que jamás volverá a suceder, de hecho Shane me debe una… bueno en
realidad varias, pero esta es la peor de todas.
-¿No pensaras ir a
buscarlo o algo parecido? —Tom calló. No sabía qué pero estaba convencido que
algo iba a tener que hacer. —Tom, por favor no vallas buscar pelea, son
demasiados, te lastimarían.
-Any no te preocupes no
lo haré, al menos no hoy.
-¡Toom! —Se quejó. —Por
favor…
-Vale, no lo haré. Pero tú
sabes que tiene que pagar todas las que nos ha hecho.
-Si, lo sé.
-¿Ya están todos listos?
—Cuestionó Sam saliendo por fin.
-Any tengo que colgarte,
luego hablamos —Dijo rápidamente sin darle tiempo a que la chica respondiera.
En cuanto colgó abordó la camioneta donde los demás reían estúpidamente y se
hacían bromas unos a otros.
Sam abordó en el lado
del copiloto pues ya había asignado al conductor, el cual debía cumplir ciertas
características que él mismo estipulaba.
-Ya saben cada uno lo
que le toca hacer ¿No es así? —Cuestionó con seriedad mirando hacia atrás.
-¡Si! —Dijeron algunos,
otros tantos como Tom, simplemente asintieron.
-No vamos a tardar mucho
en llegar, así que en cuando Nich –el chico que conducía– se detenga a cien
metros, corremos hacia dentro. Joel acaba de llamarme y me ha dicho que la casa
está sola e incluso logró quedarse con otra de las llaves de la entrada, además
de la que ya me dio. —Dijo Sam, Joel era el hermano mayor de Sam, quién acabada
de entrar a trabajar a la casa en cuestión como jardinero.
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| Sam |
-Entonces —Dijo el que
conducía —en cuando salgan con el botín yo arranco.
-¡No! Tu debes tener ya
preparada la camioneta, de hecho en ningún momento debes de apagarla.
-¿Y si alguien nota que los
estoy esperando?
-Razón por la que no
todos bajaremos en el mismo lugar. Kail y Gil bajaran una calle antes, Louis
bajará al otro lado y Tom y yo nos quedaremos enfrente, y entraremos por la
principal con la llave que me dio Joel.
-Yo creo que eso es peligroso
—Dijo Kail. Quien iba sentado aun lado de Tom. —Kaulitz no sabe nada de robos,
es un novato… estas corriendo demasiado riesgo en entrar con él por la
principal.
-¡Por lo mismo idiota! —Exclamó
Sam — ¿Crees que va a poder entrar por la parte de atrás? Para subir por la
barda se necesita de astucia y años de práctica.
-Pues que se quede
vigilado —Replicó Kail.
-He dicho que NO. Él
entrará con nosotros, con Joel y Nich es suficiente para vigilar.
Nadie se atrevió agregar
más sobre el tema, todos sabían lo obstinado que podía llegar a ser Sam,
incluso aunque pudiera estar equivocado.
Kail y Gil fueron los
primeros en bajar de la camioneta, después Nich condujo hacia la otra esquina
de la casa y Louis bajó con el mejor disimulo que pudo. La camioneta le dio la
vuelva a la casa a la velocidad de la luz y se detuvo justo enfrente. Sam y Tom
fueron los siguientes en bajar, este ultimo no pudo evitar mirar a su alrededor
en busca de la presencia de alguien ajeno al plan, pero como solía suceder en
las casas de las personas más ricas del pueblo, los vecinos más cercanos estaba
a poco menos de medio kilometro.
La operación de entrada
a la casa fue realmente sencilla, ya que Sam contaba con la llave que su
hermano había conseguido, lo siguiente que hicieron fue correr hacia dentro de
la casa como lo había planeado.
-Ve allá —Señaló una
gran puerta de madera que estaba al fondo de la sala — Y toma todo lo que te
parezca de gran valor y colócalo dentro de la bolsa —Le indicó Sam. Tom asintió
repetidas veces mientras sacaba la bolsa que se había guardado en el pantalón y
la abría. Su corazón latía aprisa y sentía como su cuerpo estaba rígido debido
a la gran tensión que experimentaba. Entró a la habitación y descubrió que se
trataba de un estudio y lo recorrió con una rápida mirada, notando que todo lo
que en él había era de clase y elegido con sumo cuidado y propiedad. Colocó
dentro de la bolsa negra toda clase de objetos que le parecieron que podían
valer más de 500 dólares. Esculcó entre los cajones del elegante despacho, y encontró
algunas cajas de terciopelo con dos caros relojes y un collar de diamantes, se
lo pensó un momento antes de echarlos dentro, pero al final cedió, que más daba,
para eso estaba ahí.
-¡Venga Tom! ¡Debemos
salir! ¡Joel me dijo que la policía a sido avisada! —Gritó Sam entrando con un
aspecto aterrado al despacho donde Tom estaba.
-¿Qué? —Respondió
quedándose perplejo.
Sam se apresuró a echar
dentro de la bolsa negra unos cuantos objetos de valor que encontró a su paso y
echó a correr después de ordenarle a Kaulitz que lo siguiera.
-¡Deberías dejar la
bolsa! —Le gritó Tom, corriendo detrás de él.
-No me iré con las manos
vacías —Respondió sujetando con más fuerza la bolsa. Y Tom supo que él tampoco
podría dejar lo poco que había conseguido tomar. Llegaron a las escaleras y
lograron escuchar las sirenas de las patrullas que se acercan a toda velocidad.
¡Estaban apunto de ser atrapados por la policía! ¡De ir a la cárcel! El alma se
le fue del cuerpo e incluso sintió su cuerpo repentinamente cargado de energía
debido a la adrenalina que estaba experimentando. Bajó las escaleras corriendo
y llegó a la cocina, detrás de Sam. Este abrió la puerta que daba al patio
trasero y salieron a la luz del atardecer.
-Joder, joder —Murmuraba
Sam mirando en todas las direcciones. La barda estaba poblada de enredaderas y
arbolejos delgados, en los cuales le era imposible trepar. Luego de algunos
segundos llenos de angustia y de terror logró ubicar un espacio pequeños en la
barda del fondo, por el cual podían subir y escapar.
-Ven por acá —Dijo y Tom
obedeció inmediatamente, haciendo el intento de seguirle muy de cerca. Llegaron
rápidamente a la parte de la barda que Sam encontró para subir.
Desesperadamente lanzó la bolsa negra hacia el otro lado, ambos escucharon como
algunos objetos de porcelana cara se rompían con el imparto. Sin perder más
tiempo y con una agilidad impresiónate Sam trepó la barda y en un segundo
estaba sobre ella.
-¡Rápido pásame la bolsa
para que te puedas subir! —Gritó agitado. Tom le lanzó la bolsa e imitó el acto
de subir por la barda sin plantearse el hecho de que jamás había hecho algo
semejante. Al instante de hacer contacto con la pared perdió el agarre que por
un momento le habían dado las manos y los pies,
y cayó sentado sobre el pasto verde.
-¡Corre! ¡Rápido! ¡Hazlo
otra vez! ¡Toma un buen impulso! ¡Yo te sujetaré! —Le gritó Sam desde arriba,
sabiendo que los policías ya estaban dentro de la casa y que tardarían unos
cuantos segundos en darse cuenta en dónde están. Tom repitió el acto pero para
cuando logró sujetarse de la barda hasta con las uñas se dio cuenta que Sam ya
había brincado hacia el otro lado con su bolsa.
-¡Atrápenlo! —Escuchó
detrás de él, y descubrió la razón por la que Sam había salido corriendo.
- Continuará.
Esta vez me esforcé en escribir un capítulo largo y bueno aquí está. Trataré de traer el siguiente pronto.


