jueves, 10 de enero de 2013

Capítulo 77: Todo fue en vano.


-Voy a mi habitación —Anunció Jane mientras se ponía en pie.
Miró a su padre por un momento y este le respondió con una sonrisa.
-Jane —Dijo él — Voy a hablar con tu madre y en un momento iré contigo. Jane observó a sus padres sentados en la sala, lugar donde minutos antes había fingido conversar en armonía con ellos, como una verdadera y angelical familia. Era patético, pues a pesar de cuanto quisieran aparentar era más que claro que la relación entre todos ellos estaba más que perdida, como muchas otras cosas en su vida.

Jane entró a su habitación con ojos nublados por las lágrimas, se aproximó la cama y se recostó. Quiso detener el llanto pero no pudo, estaba llena de frustración y de enojo. Estaba furiosa con su padre por ser tan inconsciente e irresponsable; con su madre por la actitud que tomaba en situaciones difíciles, aparentado que nada le interesaba; con Shane, porque tenía el poder y control sobre ella, y porque siempre tenía que ser él quien solucionara sus problemas; con la vida que le había tocado vivir, porque la sentía la más miserable de todas; y sobre todo, consigo misma por ser tan estúpida y no tener el valor de hacer las cosas de manera correcta.

En ese momento no se sentía como creyó que se iba a sentir. Haberse humillado ante Shane, haber quedado a su disposición sólo para que su padre tuviera esa libertad, que ella y su madre jamás hubieran podido pagar. Ahora no se sentía maravillada. Era cierto, su padre estaba libre gracias a la petición que le hizo Shane, pero ¿a qué precio?, ¿realmente valía la pena a ver ayudado a su padre a cambio de su propia liberta? De repente, ahí sola, se convenció de que no. Porque ahora su padre estaba libre pero, ¿y ella?
Jane apretó los puños llena de rabia, ahora ella estaba encerrada otra vez.

Suspiró cansada y se levantó de la cama, se metió a bañar y cuando hubo terminado eligió del closet un atuendo para salir. Prefirió un vestido negro ajustado al cuerpo con abrigo de color negro que le llegaba a las rodillas y que hacía la combinación perfecta. Se onduló un poco el largo cabello rubio y se maquilló los ojos con sombras obscuras y  finalmente le dio color a sus labios con labial rojo sangre.
-¿Jane, puedo pasar? —Escuchó a su padre cuestionar detrás de la puerta. Jane se sentó en el borde del colchón y pronunció débil: —Pasa, está abierto.
Los ojos de Stefan la escudriñaron con atención al abrir la puerta, Jane supo por qué lo hacía: llevaba una pésima pinta. Tenía ojos rojos, lo cual era clara evidencia que había llorado; sentía los hombros pesados, como si estos pesaran toneladas y sabía que eso era apreciable a simple vista; además, cuando se bañó notó que la piel de su rostro estaba pálida y que ella entera se veía sin vida.
-Sé que lo que hiciste por mí ha sido muy duro —Pronunció él luego de algunos minutos. Jane rodó los ojos sin poder evitarlo. — Y quiero agradecerte por ello, pero Jane… no tenías que hacerlo…
-¡Claro que sí! ¡Lo último que quería en mi vida era que mi padre pasara años encerrado en una cárcel! —Replicó. — Lo cual debí haber pensado con calma porque eso es igual a lo que ha sucedido siempre. Tú nunca has estado, y que hubieras estado en la cárcel era exactamente lo mismo. Joder cómo no lo pensé antes —Ironizó.
-Lo hiciste porque me quieres y no quieres que sufra —Ella frunció el ceño realmente molesta por aquella absurda conjetura.
-No, eso no es verdad.
-Sé que las cosas contigo nunca irán bien —Habló con mucha calma, cosa que a Jane sorprendió. Su padre generalmente era alguien sin control, un bruto por naturaleza. — Y sé que esto no me lo perdonaras jamás, pero quiero que sepas que haré todo lo que esté en mis manos para compensarte. Ya no desapareceré, no las dejaré solas, especialmente a ti; y sobre todo, te voy a proteger de Shane —Jane escupió una sonrisa falsa al escucharlo —Estoy hablando enserio —Aseguró Stefan, pero ella no apartó su sonrisa irónica y falsa.
-Suena tan bonito, pero a la vez suena a falsedad.
-No es mentira.
-Bleh, lo que digas —Dijo restándole importancia. Se levantó y cogió las zapatillas que estaban sobre el tocador y se las colocó con rapidez —Ahora me voy, espero que puedas protegerme de esta noche y de todas las que vienen… estoy ansiosa por ver cómo lo vas a lograr —Volvió a ironizar para luego abandonar la habitación dejando a su padre con la culpa roerle por el cuerpo como vil veneno.

Sus labios se estiraron en una perfecta e inquebrantable sonrisa que no trasmitía ni un poco de alegría, las luces la trasportaron a recuerdos pasados y experimentó aquella sensación lejana de despreocupación y arrogancia. Se preguntó, una vez más, cómo pudo haber vivido de esa manera; recordó que solía beber y fumar, salir a fiestas y tratar con mucha gente que ni siquiera le interesaba con tal de no sentirse culpable. Ahora, aunque quisiera repetir esas acciones, aunque las hiciera de nuevo, sabía que no iba a poder estar en paz, las cosas no volverían a ser lo mismo jamás.
Se introdujo en ese mundo de nuevo, observó a Shane y deseó salir corriendo, pero se contuvo. Las voces, la música, la gente, todo a su alrededor la consumió. Habló con muchas personas, más hombres que mujeres, sedujo algunos cuantos para alcanzar el objetivo de Shane, bailó y trató de divertirse pero al final la noche terminó igual que una melancólica noche de verano.

…
-Pasen a sentarse, la cena ya está lista —Indicó Simone con tono seco. Tom y Bill se levantaron del sillón y caminaron hasta el comedor, cada quien se colocó en el lugar que le correspondía y permanecieron en absoluto silencio. Los minutos transcurrieron como horas, Tom deseó encontrar el momento perfecto para iniciar esa conversación que se había postergado toda la tarde.
-Eh… —Intentó decir. Su madre alzó la mirada y la fijó, por primera vez desde que había regresado a casa, en él.
-No quiero escucharte, Tom —Dijo ella —No por el momento, estoy demasiado enojada.
-Mamá, sé que estuvo mal lo que hice pero fue por ayudar a una amiga.
-Estoy de acuerdo que a quien tú quieras pero no de esa manera ¿Cómo se te ocurrió robar, he? ¿Sabías que los Ghilon nos apoyaron cuando ustedes estaban pequeños?
-Lo sé —Murmuró costosamente.
-¿Sabes que tuvimos que llamar a tu padre para que pidiera prestado para devolver lo que te robaste? —Él abrió los ojos —Ese fue el arreglo que llegamos con los Ghilon, afortunadamente devolviste lo que habías robado y se lo entregaste a Bill y gracias a eso tu padre no se endeudó demasiado —Tom miró a Bill asombrado de las palabras de su madre, pero prefirió no expresar todas sus dudas en ese momento.
-Lo siento, no debí pero no tuve opción. No quise que hicieran todas esas cosas por mí, promet…
-No digas nada, yo no me como las promesas hechas de palabras. Demuestra Tom, sólo demuestra y esa será tu mejor promesa… —Ni bien terminó de escupir esas palabras cuando se puso de pie, tomó su bolso y salió de casa como alma que llevaba el diablo.
Bill continuó comiendo como si nada hubiese pasado y escuchado, hasta que sintió la mirada de Tom clavada en el como un aguijón de abeja.
-¿Qué hiciste qué con el dinero que te dio Valente? —Bill pegó un brinco al escucharlo.
-Yo… bueno… es que…
-¿No se lo entregaste a ella? —Cuestionó furioso. Su hermano comenzó a mover desesperadamente las manos de los nervios.
-Sí, joder… digo no, tú lo necesitabas más… —Dijo con temor. Tom se levantó del comedor y se sujetó la cabeza con fuerza. Estaba más que furioso, se sentía traicionada por su propio hermano y más porque todo lo que había pasado ahora no servía de nada.
-¡No puedo creer que hayas hecho eso! —Exclamó.
-Yo tampoco me creo lo que hiciste tú, estamos a mano —Replicó él cambiando su ansiedad por furia.
-¡Sabias por qué lo había hecho! ¡Lo sabias, Bill! ¡Joder! Te has pasado —Bufó frustrado y de pronto paró en seco. Stefan estaba libre, lo estaba y no había sido por el dinero que logró conseguir en la casa de los Ghilon. — ¡Joder! —Exclamó al darse cuenta.
-¿Qué? —Cuestionó su hermano — ¿Qué sucede Tom? ¡Dime! —Volvió a cuestionar viendo la expresión que llevaba en el rostro, Tom no respondió. Sin esperar más y con los nervios de punta salió de casa, se subió a la moto que Jaime le había regalado y arrancó en busca de respuestas. 



-Continuará. 

Gracias por leer :)