domingo, 31 de marzo de 2013

Capítulo 83: Adiós, Mi mejor amigo.


La clínica no se vació hasta que dieron las diez de la noche. Jaime se llevó a su hermano a casa cuando la enfermera le dio la oportunidad para que se marchara, y Miguel fue a dejar a Elena a su casa.
Jane volvió la mirada hacia Tom y Any. Estaban fuera de la clínica sintiéndose en un sueño del cual no iban a tardar en despertar. Pero todo indicaba que no era un sueño, que finalmente se habían librado de Shane. Aunque hacerse a la idea era algo que no iba a suceder demasiado rápido.
-Bueno, chicos, nos vemos después… —Dijo con tono cansado. Y así era cómo se sentía en esos momentos, estaba cansada y sin fuerzas. El haberse enfrentado a Shane de esa manera había requerido de mucha energía, y ahora finalmente el subidón de adrenalina había disminuido por completo.
-Vale, nos vemos pronto —Le dijo Any con voz sonriente, se acercó a ella y la estrechó entre sus brazos.
-Sí, iré a visitarte en estos días —Le respondió la rubia. Any asintió repetidas veces y se separó.
-Visítame, también —Le dijo Tom. Jane apenas sonrió.
-Vale, lo haré. Pero tú tampoco me abandones —Le dijo. Se acercaron el uno al otro y se dieron un abrazo que duró apenas unos segundos. — Se cuidan, eh.
-¿No quieres que te acompañemos a tu casa? —Cuestionó Kaulitz. Jane lo miró por un momento y luego dirigió su mirada en la calle. A unos metros distinguió una figura que se acercaba en la obscuridad. Jane entornó los ojos sintiendo su corazón elevar de ritmo pero en cuanto el individuo logró estar más cerca, lo identificó y sus latidos se normalizaron.
-Creí que ya se habían marchado todos —Dijo Edgar mientras se acercaba.
-Ya nos vamos —Respondió Tom un tanto tajante.
-Sí, yo también me voy —Agregó Jane. Edgar se acercó un poco más y se colocó a su lado, le dedicó una mirada fija y profunda que ella no fue capaz de advertir pues en esos momentos miraba a la parejita que tenía delante de ella. Pero Tom si lo notó, pudo ver en aquellos ojos, similares a los de Lina, el sentimiento que llevaba dentro de sí, derramándose a litros y esparciéndose por todos lados. No eran deseo lo que había en ellos, como antes; ahora había amor.

-Voy para aquellos rumbos —Mintió deliberadamente Ed. —Si quieres puedo acompañarte.
Jane volteó a mirarlo.
-Me parece bien —Dijo. —Adiós Any, adiós Tom —Se despidió antes de comenzar a caminar en la dirección por donde Edgar había llegado. Éste inmediatamente la siguió, después de despedirse apresuradamente de los que se quedaban.


Mientras caminaba notó lo rápido que lo hacía y que Edgar, disimuladamente, trataba de alcanzarla. Quería alejarse de Tom, alejarse de ellos. Sentía como si una mano de hierro sostuviera su corazón y cuando él estaba junto a Any -le dedicara una palabra en un susurro, una mirada intensa o una caricia tierna- esa mano apretara a con todas sus fuerzas sobre su pedazo de carne, provocándole un dolor tan intenso que se volvía insoportable.
-Gracias por tratar de avisarme de lo que sucedía —Musitó la rubia mientras disminuía su paso. Edgar alcanzó a ir a su lado.
-No fue nada —Dijo —Aunque en cuanto me descubrieron me hicieron esto —Se señaló la cara con una sonrisa cómica en el rostro.
Jane carcajeó débilmente mientras lo miraba, pues llevaba una pinta horrible; tenía la cara hinchada y unos cuantos moretones que pronto cambiarían a un color más intenso.
-¿No salías con él? —Inquirió Edgar muy seriamente luego de unos minutos.
-Sí, pero lo eché a perder hace algún tiempo —Respondió con la mirada fija en el frente y sintió cómo él la contemplaba con detenimiento.
-¿Te gusta todavía? —Cuestionó con impresión al darse cuenta. Jane hizo una cara de asco.
-Como no te calles, tendré que romperte la nariz personalmente —Edgar rio. —Lo digo en serio.
-No puedo creer que ames a Kaulitz —Dijo sin dejar su impresión.
-¡Edgar, deja de joder! —Exclamó sonriendo y él la acompañó con una risa suave.
-Oye Jane… —Dijo poniéndose serio de repente.
-¿Mmm?
-Perdóname por todo lo que te hice —Dijo muy a fuerzas y con la mirada en el suelo.
Los pies de Jane dejaron de moverse, se detuvo, y lo hizo justo antes de llegar a la calle, la cual tenían que cruzar. Recordó aquellos días de angustia, aquellas amenazas que recibía constantemente de él, aquel terror que había experimentado aquella noche. Pero en ese momento nada de eso le provocaba miedo, ya no. La mirada de Edgar había cambiado y ella podía ver con claridad que era sincera.

Edgar se detuvo ta
mbién y se atrevió a mirarla directamente a la cara.
-Me he enamorado de ti, Jane —Le dijo con voz suave. Jane abrió los ojos.
-No, no. Tú estabas obsesionado hace nada… no puedes haberte enamorado de mi tan fácilmente, no te creo. La obsesión no es amor, Edgar. Porque cuando estas obsesionado con alguien quieres que esa persona te pertenezca por el resto de sus días, sin importar las condiciones en que se de eso, sin importar qué sentimientos tenga ella.
-No estoy obsesionado. Lo supe aquella noche cuando le dije a Shane lo que había sucedido entre nosotros. Lo supe cuando desee con todas mis fuerzas que estuvieras bien, sin importarme que él me matara en ese mismo instante.
-Edgar…
-No pienso robarte besos nunca más así que estará bien si te pregunto… —Hizo una pausa y Jane continuó mirándolo con asombro — ¿Puedo besarte?
Ella no respondió. Sus ojos permanecieron conectados durante un largo tiempo. Entonces Edgar se acercó unos cuantos pasos.
-¿Jane…?
-Puedes hacerlo —Le respondió finalmente. Edgar deshizo la distancia que los separaba y se inclinó. Era mucho más alto que Tom, de hecho le sacaba como unos siete u ocho centímetros, lo que era prácticamente lo mismo para Jane, porque entre ambos no había mucha diferencia de tamaño. 
Cuando Jane cerró los ojos, sintió los labios de Edgar posaste sobre los suyos de manera suave y se trasportó a un lugar lejano, que le borraba cualquier pensamiento que había en su mente.


…
-Entonces, Shane entró a la clínica y le ordenó a Lamb que no me dejara ir. Te marcó y sólo pude llorar, aunque no quería que te preocuparas… pero estaba tan asustada que no me pude controlar —Dijo frustrada —Justo después de que te colgó, entró Jaime y Miguel y con ellos tres tipos más. Se pusieron a pelear y lo bueno es que Jaime fue más hábil que Shane, por eso pudo someterlo en el piso. Joder, yo no dejaba de llorar.
-Está bien, vale. Ya pasó —Dijo Tom en un susurro. Ella sonrió reconfortada.
-Sí, al fin se terminó todo.
-Nosotros estábamos en la plaza, primero Jane recibió dos llamadas de Edgar y luego yo recibí la de Jaime y enseguida la de Shane. Sentí demasiado pánico sólo de imaginarme que te había hecho algo. No lo soporté y comencé a correr… Jane me siguió. —Contó Tom bastante alterado.
-Ya no hay que hablar de esto —Pidió ella sintiendo el miedo recorrerle.
-De acuerdo. ¿De qué quieres hablar?
-Ahora que Shane ya no estará… qué va a pasar contigo y Jane.
-Nada —Se apresuró a responder. —Seguiremos siendo amigos ¿Te parece bien eso? —Any se encogió de hombros.
-Es evidente que ella siente muchas cosas por ti… incluso creo que ahora se le notan más que antes —Tom suspiró — ¿No tiene ganas de volver con ella?
-¿Quieres tú que regrese con ella?
-¡No es lo que yo quiera!
-¿Entonces, por qué parece que es eso lo que sugieres?
-Sólo quiero que estés seguro. —Dijo Any con la mirada triste.
-Estoy seguro.
-Vale —Murmuró.
-¿Te das cuenta de lo que me has dicho? —Dijo sonriendo, Any frunció el ceño —Eres tan linda —Dijo —Se supone que debes abrazarme no dejarme ir jamás, no venderme a tu rival —Any continuó con la misma mirada y Tom sonrió más ampliamente.
Se pegó más a ella y le acarició la mejilla con el revés de su mano. La mirada de la chica se relajó cuando vio en que en los ojos de él había deseo.
-No lo voy a repetir ¿No dijiste que preferías que te lo demostrara? —Dijo en un susurro. Con su mirada perturbada y el corazón latiéndole acelerado se dirigió hacia sus labios rosas. Ella jadeó sobre su boca y rodeó el cuello con los brazos intensificando más el beso.

Se separaron para tomar aire y Tom se volvió a sentar donde estaba antes e incluso se desparramó sobre el sillón quedando más cómodo. En esa ocasión jaló las caderas de la chica y la colocó sobre él. Vio como An sonreía ampliamente, llena de felicidad, seguridad y deseo, para después apoderarse de sus labios de manera salvaje.

Cuando volvió a tomar aire y se alejó un poco, Tom se dio el lujo de contemplar cómo salía volando por los aires el suéter gris y la blusa blanca de tirantes que llevaba, quedando solamente en sostén. Tom recorrió su espalda, acariciándola pausadamente hasta que se encontró con la tela de la prenda que cubría sus senos.
-Vamos arriba —Susurró Any sobre sus labios. Tom asintió rápidamente y recordó aquella ocasión cuando estuvieron a punto de hacerlo en su habitación y que no había sucedido por que Miguel había llegado.
Sus cuerpos desnudos se encontraron finalmente. Las sabanas cubrían sus cuerpos. Unidos por besos intensos, por caricias ardientes, se fueron perdiendo poco a poco en el deseo de poseerse el uno al otro.
Cuando él se colocó entre sus piernas y empujó la pelvis con suavidad, Any se aferró a su espalda y la danza de sus cuerpos comenzó, el calor y el deseo eran tan intensos que rápidamente se convirtió en salvajes embestidas que los dejaban sin aliento.


…
Cuando Jane abrió los ojos ya eran las diez de la mañana. Se descubrió a sí misma sonriendo al recordar lo sucedido la noche anterior. Increíblemente, Edgar, la persona que fue su peor pesadilla durante un tiempo, le habló en susurros y le pidió tiernamente un beso. Y después la besó con mucha calma. Revivió con lujo de detalle el momento y experimentó una sensación de alivio y satisfacción.

Después de haberse bañado y una vez que estuvo lista, bajó a desayunar. En el comedor la esperaban ya sus padres conversando animadamente, e incluso haciendo bromas infantiles.
-Jane —Saludó Stefan cuando se dio cuenta de la presencia de su hija.
-Hola —Respondió sonriendo.
-Estuve hablando esta mañana con el comandante y me dijo que al parecer hay muchas pruebas en contra de Shane, lo que le imposibilita salir rápido como él quería. Se va a iniciar una investigación, y van a llamar a algunos de los implicados para declarar.
-Me parece perfecto —Dijo pasando de largo hacia la cocina. Cogió un plato y se sirvió un poco del desayuno saludable que había preparado su madre.
-Al fin nos libramos de Shane —Dijo Stefan con emoción.
Jane sonrió ampliamente mientras se sentaba a la mesa. El ambiente en casa había cambiado,

Llegó al bar de su padre y fue ella a quien le tocó abrir, lo demás trabajadores no habían llegado aún. Cuando logró quitar el ultimo candado que se encontraba en la parte de abajo de la puerta, se reincorporó y jaló con fuerzas la reja. Luego de tres tirones se dio cuenta que estaba atorada. Jane se volvió frustrada hacia la calle y se recargó en la reja. Entonces lo vio, justo delante de ella. Llevaba una sonrisa amplia dibujada en sus carnosos labios y esa mirada limpia y alegre que hacía tiempo no le dedicaba.
-Parece que necesitas ayuda —Le dijo. Jane asintió costosamente y se hizo a un lado para que él pudiera ayudarla. Luego de un tirón con fuerza la reja se abrió y ella resopló indignada por la rapidez con que había conseguido desatorarla.
Jane se apresuró a tomar la llave de la puerta y abrirla.
-Pasa —Le dijo un vez que encendió la luz adentro. Tom atravesó la puerta y se acercó a la barra, donde se sentó en uno de los taburetes. Jane se colocó del otro lado de ella y comenzó acomodar las cosas, para recibir a los clientes. Sacó una pequeña maseta y la colocó en la esquina y junto a ella dejó dos botellas, una de vino tinto y otra de tequila.
-¿Cómo estás?
-Bien, increíblemente bien. Cuando me acosté no me podía dormir, me parecía un sueño. Ahorita ya me lo estoy creyendo.
-Buenos días —Dijo un joven de cabellos negros, desde la calle. Jane miró hacia allá y saludó sacudiendo la mano. Era Leo, uno de los empleados del bar.
El chico entró al bar con un andar sonriente, se acercó a Jane y le dio un sonoro beso en la mejilla.
-¿Cómo estas preciosa?
-Ahora, muy bien —Le dijo sonriendo.
-Ya lo noto, estas de buen humor.
-Tom, él es leo —Le dijo a este, quien contemplaba con recelo la escena —Leo, él es mi amigo Tom.
-¿Es Kaulitz? —Cuestionó con voz sonriente. Jane rodó los ojos al recordar que en una ocasión Leo había conseguido sacarle detalles sobre lo que sentía por Tom.
-Leo —Dijo Jane quejándose. Le sacó la vuelta a la barra y se acercó a su amigo, lo tomó de la muñeca y lo jaló. — ¿Te puedes quedar a cargo un momento?
-Vale, vale, pero no te tardes, desde que vino Shane y te atacó, confío en quedarme solo.
-Sí,Leo. Volveremos pronto.

Tom y Jane salieron del bar y caminaron hacia la derecha.
-Me alegra que vinieras a verme tan pronto —Musitó Jane.
-Necesitaba saber cómo estabas después de todo lo que sucedió ayer.
-Me siento diferente… —Murmuró.
-¿Pero bien? —Cuestionó Tom con duda.
-Estupendamente bien, como nunca… —Hizo un gesto de estar pensando — Bueno, en realidad me siento como cuando fuimos a la ciudad, cuando íbamos a la playa… —Suspiró —Sólo puedo asemejarlo con momentos que pasé a tu lado.
-Jane…
-No digas nada… sé que lo tuyo con Any es muy serio… —hizo una pausa —Pero sobre todo que…
-¿Sobre todo qué, Jane?
-Sobre todo que lo mejor que puede haber entre nosotros es la amistad.
-Jane, sé que me quieres —Ella bajó la mirada, con el ceño fruncido.
-Sí y yo sé que tú no lo haces cómo antes. Me he dado cuenta demasiado tarde de que te quiero de verdad.
-Jane…
-Tom, sé porque has cambiado. Te he hecho demasiado daño y tú todo este tiempo sólo has estado para mí, dándome todo tu amor. Entiendo por qué tus sentimientos por mí se han debilitado tanto.
-La última vez que nos peleamos, fue parte de lo que provocó todo esto. Porque yo te deseaba, te deseaba demasiado, quería estar junto a ti, comerte a besos cada vez que te tuviera cerca, entregarte todo mi amor. Pero esta vez, ese día, todas esas ilusiones se rompieron. Se volvieron nada.
-Lo sé, lo sé. Fue tan estúpida, no sé cómo capaz de decirte eso sobre mí y Shane cuando ni… —Se calló de repente. Cuando teníamos tiempo sin siquiera darnos un beso, cuando la vez que él se atrevió a tocarme, sólo pude rogarle a mi mente que imaginara que eras tú quien me besaba y tocaba, le respondió en su mente. Pero no fue capaz de decirlo en voz alta.
-Tom ya no importa. Cometí muchos errores, demasiados.
-Yo también
-¿Qué error puedes haber cometido tú?
-Haber dado el paso que cruzaba la línea entre la amistad y el amor. Haber permitido que nuestras charlas se convirtieran en besos…
-¿Qué vamos hacer, Tom? No sé tú, pero me siento demasiado confundida, asustada y perturbada, por todo lo que pasó entre nosotros.
-Lo sé. Me pasa algo similar.


…
La luna llena desprendía un color intenso y brillante, tanto que Jane no lograba apartar la mirada más de dos segundos, en seguida de mirar a otra parte volvía la vista y contemplaba fijamente al satélite otra vez.
Miró la hora en el reloj negro que llevaba en la muñeca derecha y descubrió que eran las ocho y media de la noche. Justo en ese momento escuchó el motor de un auto, el cual se detuvo justo enfrente de donde ella estaba.
Jane abrió el portón y salió de su casa. Descubrió que en el auto no sólo iban Tom y Any, como ella lo había esperado, sino que también Faber, Lina y Miguel. Cuando llegó junto al vehículo ya todos estaban esperándola fuera de él
-¿Por qué tardaron tanto? —Cuestionó Jane con furia dirigiendo su mirada enrojecida especialmente a Tom —Creí que se habían marchado sin despedirse de mí.
Tom le había anunciado quince días antes que se iba a la ciudad como tanto había soñado, se iría a estudiar la universidad y estaría con su padre y su hermano, pero además de eso, agregó que no se iba solo, que Any se iba con él. La impresión fue tan grande para Jane -a pesar de que las cosas estaban claras entre ellos, que sólo habían quedado en amistad y nada más- se soltó a llorar desconsoladamente como pocas veces lo había hecho. Sabía que Tom y Any seguían juntos, que se veían felices juntos y que llevan semanas saliendo oficialmente, pero la idea de saberlo lejos afloró todos los sentimientos que había reprimido durante todos esos meses.
A pesar de que él le juró que trataría de visitarla cada fin de semana, cada que tuviese vacaciones, nada de eso la consoló.
Y en ese preciso momento se sentía tan asustada y triste como cuando escuchó la noticia por primera vez.
-Jamás nos iríamos sin despedirnos de ti —Dijo Tom con voz sumamente seria. Los ojos de Jane se cristalizaron y bajó la mirada temiendo ponerse a llorar —Ey, no te pongas triste, no llores —Le dijo en un murmullo y Jane descubrió que se hallaba a unos cuantos pasos de ella.
-No estoy llorando —Replicó más furiosa que antes, tanto por creer que se había marchado sin despedirse, como por mostrarse tan débil.
Tom estiró el brazo y con los dedos acarició sus mejillas.
-Te echare mucho de menos, extrañaré pasar por ti al bar en las tardes e ir a tomarnos un café.  —Jane asintió costosamente.
-Los echaré de menos también —Volteó a ver a Any, quien le sonreía a distancia.
-No te preocupes Jane, te llamaremos cada que podamos —Dijo Miguel. Quien se iba también a estudiar. Aunque los hermanos iban a estar viviendo en su propia casa, Jane sabía que Any iba a estar tan cerca de Tom, que seguramente su relación se iba hacer más fuerte de lo que ya era.

En un momento sintió la bilis subirle por el esófago, y estuvo a punto de vomitar, cuando Any, Miguel y Tom comenzaron a repartir abrazos en despedida. Afortunadamente logró controlarse cuando se alejó disimuladamente de ellos.
-Voy a venir a verte cada que pueda y te mandaré mensajes muy constantemente —Le dijo Tom sacándola de todos sus pensamientos. Jane alzó la cabeza y se dio cuenta que estaba frente a ella, y que los demás seguían despidiéndose a una cierta distancia.
-Júralo —Pidió con tono amenazante y tratando de sonar burlona.
-Ya me voy —Le dijo.
-Vete.
-¿Quieres que me valla? —Cuestionó muy serio e inesperadamente alargó el brazo hasta que la sujetó de la mano.
-Qué más da, de cualquier manera te vas a ir —Murmuró con voz seca mientras miraba con el ceño fruncido sus manos tocándose, mirando esos dedos nerviosos tratando se jugar con los de ellas.
-Voy extrañar todas esas expresiones tuyas —Jane volvió a verlo y permaneció como una vil estatua — Ya me voy Jane… —Le dijo despacito. Sus ojos se mantuvieron conectados y sus manos se fueron separando poco a poco, lentamente, de una manera tan agonizante que Jane sintió que le desgarraban el corazón.
-Adiós, mi mejor amigo… —Susurró una vez que no existió ningún contacto físico entre ellos.
-Adiós, Jane —Murmuró él.
Jane permaneció agazapada contra el portón de su casa, viendo con impresión cómo él se marchaba. Era un cambio de vida que en algún momento iba suceder, pero Jane no pensó que de ese modo tan inesperado, justo cuando Shane ya no estaba para impedirles estar juntos. Pero no había marcha atrás. Las cosas eran así por alguna razón y Jane quería aferrarse a esa idea. 

Cuando Tom volvió el rostro antes de abordar el auto, Jane le dedicó una ligera sonrisa cargada de tristeza, mientras su pecho contenía la desesperación y frustración de no poder evitar que se marchara. Se dio cuenta entonces, mientras de alejaba, que esa era la única manera que se podían suceder las cosas, la única forma de permanecer siempre a su lado era la de verlo como amigo, como debió ser siempre; alguien con quien los besos estaban prohibidos, así como el deseo que estremecía su cuerpo cuando lo tocaba. 
Jane restregó sus manos en sus ojos para difuminar las pequeñas lagrimas que habían luchado para salir de sus ojos. Suspiró profundamente e hizo el además de volverse hacia la entrada de su casa, cuando sintió una presencia no muy lejos. Volteó hacia allá y ahí estaba de pie Edgar con una sonrisa amplia y cariñosa. 
Jane sonrió de medio lado e hizo un movimiento con la cabeza indicándole que entrara a casa junto con ella.




-Fin
Gracias por leer. Ya me dirán qué opinan del capítulo.








sábado, 23 de marzo de 2013

Capítulo 83: Su suerte ha terminado




Luego de algunos minutos se dejó llevar, pasando por alto el hecho de que Tom le había rechazado deliberadamente y echando aún lado el dolor y permitiéndose disfrutar de su cercanía.
-¿Ya te sientes mejor? —Inquirió tiempo después, sin dejar de sostenerla entre sus brazos.
Jane asintió y se separó de él. Sin querer continuar con su ataque de histeria se sentó en la banca con la mirada fija en sus zapatos. Tom se colocó a su lado al poco rato.
-Siento haber intentado… —Musitó la rubia finalmente.
-No te preocupes ya no importa —Murmuró.
Jane suspiró profundamente.
-Lo que sucede es que ahora estoy con Any y no quiero echarlo a perder. Quiero hacer las cosas bien con ella.
-No como conmigo —Replicó Jane sin proponérselo.
-Yo no fui quien echó a perder todo en lo nuestro —Murmuró Tom — Pero da igual, esto no tiene nada que ver contigo.
Jane continuó con su mirada baja y se inundó de más tristeza al escucharlo. Cada cosa que hacía sólo servía para estropear lo poco bueno que quedaba entre ellos.


El móvil en la bolsa de la rubia comenzó a cantar una melodía de rock pesado. Jane reconoció el timbre, era una llamada.
Cuando miró la pantalla arrugó la frente muy extrañada y con la misma expresión se llevó el aparato al oído.
-¿Diga? —Respondió pero sólo pudo escuchar un par de pitidos que le informaron que la otra persona había finalizado la llamada. El móvil volvió a sonar antes de que lo metiera dentro de la bolsa y Jane repitió la acción , el resultado fue exactamente el mismo.
-¿Qué querrá Edgar? —Cuestionó para sí misma. Esperó a que el móvil volviera a sonar pero no lo hizo, asi que decidió devolverle la llamada, sin embargo no contestó.
-No crees que ya hemos esperado demasiado —Inquirió ella sin querer sonar demasiado preocupada, dejó el móvil dentro de la bolsa y se volvió para ver a su amigo.
-Lo sé ¿No creerás que les pasó algo…? —Dijo Tom.
Ni bien había terminado de hablar cuando otra melodía irrumpió en la tranquilidad de la plaza y la ansiedad que les recorría enteros.
Ahora se trataba del móvil de Tom.

-¡Ya sé dónde está Shane! —Gritó Jaime sin darle oportunidad a Kaulitz de contestar.
-¿¡Dónde!?
-En la clínica —Respondió Jaime como pudo.
-¿Qué? —Cuestionó atónito.
-Nosotros ya vamos en camino ¿Tienen modo de llegar?
-No, pero ya veremos cómo le hacemos. Ustedes vayan adelantándose. —Propuso Tom — ¿Sabes lo que están haciendo ahí? —Cuestionó luego con pánico.
-No, pero estoy seguro que no debe ser nada bueno. —Y al terminar de decir eso, colgó.
El móvil se le resbaló de las manos que le temblaban sin poder evitarlo. El aparato cayó sobre la banca y comenzó a  sonar una vez más, lo alzó y miró la pantalla. Era un número desconocido, que en cualquier otro momento no hubiese atendido.
-¿Sí? —Respondió con el corazón latiéndole a mil por hora.
-To-tom —Dijo una voz rota en llanto. Tom supo quién era al instante, era su novia, su dulce Any.
-¿¡Any!? ¿¡Qué sucedió!?
-¡Tom! —Chilló de nuevo.
-¿Qué sucede?
-Es Shane —Alcanzó a escuchar la voz de la pelirroja, la cual perdió intensidad como si alguien la hubiese alejado del aparato.

-Kaulitz, viejo amigo —Dijo la voz de Shane, a cambio de la dulce voz de su novia.
-¡Any! ¡Qué le has hecho a Any! —Vociferó fuera de sus casillas. Shane rio estrepitosamente, seguramente disfrutando a más no poder del resultado tan satisfactorio que había obtenido — ¡Si le has hecho algo juro que te mato!
-Uy, que miedo Kaulitz. Tenía razón Lamb, la pelirroja significa mucho para ti, digamos que es bastante similar al interés que tienes por mi Jane.
Tom comenzó a respirar con bocanadas de aire y sintió como la rubia, que estaba a un lado de él, lo sujetaba del brazo tratando de tranquilizarlo.
-¡Deja a Any en paz!
-A ver Kaulitz, déjame preguntarte una cosa ¿Te creías tan listo como para ir por el pueblo buscándome con tus idiotas amigos? ¡Por dios! ¡Eres un estúpido! Sabía que no debía confiar en tu palabra cuando dijiste que te unirías a nosotros. Era una vil treta y sabes querido amigo, conmigo no se juega.
-¿Qué es lo que quieres Shane?
-Ya lo sabes —Indicó con obviedad —Añadiéndole el que Jaime, Jane y el güerito, hermano de tu novia, dejen de buscarme como si pudieran hacerme algo —Tom apretó el puño deseando con todas sus fuerzas tenerlo frente para romperle la cara a golpes. —Tengo ojos en todas partes, Kaulitz.
Shane guardó silencio esperando que respondiera algo.
-Tienes que dejar a Any…
-¿Sana y salva? Claro, sólo tienes que cumplir tu parte y todo será algodones de azúcar y flores de colores —Culminó con voz sonriente, y fue eso lo último que escuchó de esa llamada.
-Tenemos que ir a la clínica —Dijo alterado.
-¿Qué ha pasado? —Cuestionó Jane, había alcanzado a escuchar pedazos de la conversación pero necesitaba comprender todo con claridad.
-Shane está en la clínica, tiene a Any. Estoy seguro que le está haciendo daño —Dijo rápidamente. —Tenemos que llegar a ayudarla —Jane asintió repetidas veces.



…
Cuando llegaron a la clínica ésta estaba rodeada por dos camionetas lujosas negras, las cuales pertenecían a Shane; por la camioneta de Jaime, donde habían recorrido la ciudad; así como por el auto de Elena, estacionado donde mismo.
Las gotas de sudor descendieron por su rostro bajando por su cuello hasta colarse dentro de su camiseta. Su pecho subía y bajaba, no sólo por la llamada que había recibido de Shane en la plaza, ahora también jadeaba por la carrera que había hecho hasta ahí, junto con Jane.
-Juré que ya no estarían aquí cuando llegáramos —Murmuró ella detrás de él.

Tom se apresuró a dirigirse a la entrada de la clínica imaginándose que lo peor estaba ocurriendo ahí dentro. El corazón quería salirse de su pecho y sentía la furia recorrerle por casa centímetro de su cuerpo y más que nada quería golpear, desgarrar, apretar, lo que sea que se le pusiera enfrente y que tuviera que ver con Shane .

Cuando entró lo primero que vio fue a Shane tirado en el suelo con Jaime encima de él dándole puñetazos en la cara; también estaba Lamb, quien era sujetado por uno de los primos de Lina y un muchacho corpulento amigo de Jaime, impidiendo que el perrillo faldero de Shane intentara proteger a su gran amigo.
-¡Te dije que si te volvías a meter con mi hermano te iba a ir muy mal! —Exclamaba Jaime sin dejar de golpear su rostro, cuerpo y todo lo que podía de Shane. Este se retorcía de dolor sin poder hacer nada para evitar los embates que estaba recibiendo. Tom observó iracundo la escena, deseando estar en el lugar de Jaime, pero lo cierto que en esos momentos tenía cosas más importantes qué hacer y contuvo el impulso de apartar a Jaime y echarse encima de su peor pesadilla.
-¿¡Dónde está Any!? —Fue lo único que pudo pronunciar Tom cuando reaccionó.
-¡Está en la habitación, con Faber! —Exclamó Edgar quien estaba delante de la puerta que daba acceso al cuarto, con el rostro rojo y la nariz y la boca sangrando escandalosamente. Tom no tuvo ni tiempo de asociar el hecho de que él estaba ahí, y que las llamadas que había recibido Jane era para advertirle lo que estaba pasando, y que al ser descubierto había recibido una gran paliza.


 Tom fue directamente hacia allá sacándole la vuelta a Jaime y a Shane que yacían sobre el piso, justo en medio del pasillo. Tuvo curiosidad de saber cómo es que las cosas habían terminado de aquel modo pero se contuvo, lo que más deseaba era saber cómo estaban Any, Faber y Elena.
Entró a la habitación y Any exclamó su nombre en un chillido ahogado, acto seguido se abalanzó sobre él para abrazarlo con todas sus fuerzas y llorar desconsoladamente aferrándose a su cuerpo. 
 Tom se sumergió un instante en el alivio de saberla a salvo y en el abrazo apretado que le daba, pero después se dedicó a mirar a Faber y a Elena. Ambos estaban en perfectas condiciones. Su amigo seguía acostado en la camilla y Elena estaba sentada en el banquillo junto a él, con una expresión de pánico en el rostro.

-¡Ah, suéltame! —La voz se Jane se coló entre sus oídos.
Soltó de un solo movimiento a Any y corrió de regreso por donde había llegado. Lamb tenía sujetada a Jane de los cabellos y ella tenía una mueca de dolor espantosa en el rostro, y tanto el primo de Lina como el corpulento amigo de Jaime, estaban en el suelo intentando recomponerse, seguramente Lamb los había golpeado y para así conseguir liberarse.
 Tom sin esperarse a que alguien más se decidiera hacer algo se acercó a ellos como un endemoniado.

-No te acerques Kaulitz… —Advirtió Lamb en tono amenazante pensado que Tom se detendría, pero este en lugar de detenerse se abalanzó sobre él y le dio un golpe en el ojo izquierdo mientras empujaba a Jane hacia un lado.
Lamb se reincorporó con el ojo entrecerrado y aventó un golpe hacia Tom, éste hábilmente lo esquivó y aprovechó para recibirlo con un contundente puñetazo en el estómago que lo dejó sin aire y que lo obligó a retorcerse hasta caer el suelo. Para ese momento los dos que lo sostenían antes ya estaban de pie y lo volvieron a sujetar para evitar que atacara a alguien de nuevo
-¿Estas bien? —Inquirió Tom volviéndose hacia Jane.
-Sí —-masculló asintiendo con lágrimas en los ojos y el cabello totalmente desparramado.

-¡Tenemos que terminar con esto! —Dijo Tom elevando la voz.
Todos guardaron silencio e incluso Jaime dejó de golpear a Shane quien tenía el rostro lleno de sangre y estaba completamente hinchado.
-Es evidente Shane, que la gente se ha puesto en tu contra, lo que significa que no tienes las probabilidades de ganar una pelea, como lo tenías antes. —Continuó hablando —Te sugiero que retires y nos dejes en paz a todos de una buena vez.
Shane gruñó debajo del cuerpo de Jaime, éste lo aprovechó de pretexto para propinarle otro golpe más en la nariz.
-¡Jane! —Exclamó Stefan entrado a la clínica en ese mismo instante.

 El sitio para esos momentos estaba a tu máxima capacidad, la mayoría de los presentes eran conocidos de Jaime que anteriormente había sido cómplices y amigos de Shane, pero que habían terminado odiándolo por su manera prepotente y egoísta de ser. También estaba unos cuantos York´s entre ellos Edgar y dos primos de los más cercanos a él y a Lina.

-¡Shane, es momento que aceptes tu derrota y nos dejes en paz! —Prosiguió Tom con voz firme.
-He llamado a la madre de Jaime y me ha dicho que la policía no tardará en llegar —Interrumpió Stefan hablando apresuradamente. Tom sintió el alivio recorrerle el cuerpo como el antídoto para un veneno mortal y miró a Jane, está le dedicó una mirada intensa. 

-No me hagas reír, viejo estúpido —Carcajeó Shane a duras penas.
-Sí te hace reír, idiota —Contrarrestó Tom —No son la clase de policía que está coludida con todos los de tu clase, son los estatales —Shane no dejó de sonreír, estaba seguro de la protección de que le brindaba la policía. Así fueran o no estatales o del mismo pueblo.
-Personas que sienten aprecio por la familia de Faber y Jaime y que están dispuestos a ayudarlos —A completó Stefan.
-Esta vez has cometido un gran error, te has metido con la persona menos indicada, en el momento menos indicado —Anunció Jaime con una sonrisa amplia. Shane abrió los ojos como platos al darse cuenta de lo que eso significaba.


Los minutos pasaron rápidos dentro de aquel edificio. Jaime y Tom sujetaban a Shane, esperando a que el amigo de la familia de Jaime y los demás policías llegaran.
Todo permaneció bajo de control hasta que finalmente se escucharon las estridentes sirenas a lo lejos.

-¡Se van arrepentir de esto! —Vociferó Shane — ¡Te vas arrepentir Jane por haberte unido a ellos! ¡Ya verán! ¡Estaré libre tan pronto que ni siquiera tendrán oportunidad de sonreír! —Continuó, mientras dos encapuchados lo sostenían y le colocaban las manos hacia atrás para atrapar sus muñecas entre las esposas.
Jaime, Jane y Tom contemplaron la escena con el corazón latiéndoles aprisa. Vieron cómo subían entre jalones a Lamb y a Shane a una de las patrullas y como todos los demás policías comenzaban abordar las tres camionetas puck up y dos patrullas para después marcharse. La única camioneta que permaneció donde mismo fue la del comandante.
-Bueno, chicos —Dijo Jaime finalmente cuando la quinta camioneta desapareció a lo lejos —Gracias por su cooperación, de verdad no creí que fueran a participar en la detención de Shane…
-Estábamos hartos de él —Masculló un joven pelirrojo entre el grupo de los York´s.
-Gracias a ti por avisarnos de esto —Dijo el muchacho corpulento que había estado sosteniendo a Lamb, Tom recordó en ese momento cómo se llamaba. Era Erick, el hijo de una mujer sola que trabajaba en el mismo lugar que la madre Tom. Recordaba que ese muchacho estuvo varios años junto a Shane, incluso llegó a sujetarlo de los brazos en una ocasión cuando lo atraparon en uno de los callejones obscuros de la ciudad, pero después de eso no lo volvió a ver. Supuso entonces, que él había decidió alejarse de esos pandilleros, y también se imaginó lo difícil que debió ser para Erick separarse de Shane, tan difícil como lo era para Jane.
-Afortunadamente todo salió mejor de lo que esperábamos —Dijo Jaime. Varios de los presentes asintieron, entre ellos Tom y Jane —Bien, voy a saludar al comandante, pueden marcharse. Y cualquier cosa, ya saben dónde buscarme —Culminó mientras se dirigía al hombre que estaba mirando desde lejos.  

…
-Bueno, listo —Anunció Jaime entrando a la habitación de Faber después de haber estado hablando con el comandante, su madre y Stefan.
Dentro del cuarto estaban Faber, Any, Miguel, Elena, Jane, Edgar, Tom; los tres último habían preferido entrar a la clínica, dejando que Jaime platicara con el comandante.
-La policía se llevará a Shane a la ciudad.
El silencio inundó la habitación, nadie fue capaz de hablar durante unos minutos.
-No puedo creerlo —Murmuró Edgar finalmente — ¿Es en serio?
-Sí, estuve hablando con el comándate y dijo que lo iban a trasladar a la ciudad. A partir de aquí se inicia una investigación, al parecer ya existían denuncias de otras personas, jóvenes a quienes Shane solía amenazar y atacar como lo hacía con Tom.  Pero nadie había hecho nada…
-¿Y tú crees que lo detengan? —Cuestionó Jane con duda.
Le parecía increíble que de esa manera tan fácil y rápida Shane hubiese sido enviado a la cárcel, cuando ella vio a gente luchar contra él durante años. Vio a madres que lo denunciaban por el daño que le había hecho a sus hijos por las drogas, los ataques y las amenazas. Incluso recordaba a un tal Jonas, un joven al cual dejó paralitico después de una paliza. Pero jamás se hizo justicia y Jane aún dudaba que eso pudiera suceder.
-Sí —respondió Jaime seguro —Esa gente que vino son amigos de mis padres, y también míos. El comadante en jefe acaba de ser elevado a ese puesto por su excelente trabajo como supervisor de cuadrillas de policías. Quitaron al que estaba para ponerlo a él hace menos de dos semanas, el anterior era amigo de la familia de Shane pero eso se acabó. La suerte de Shane ha terminado.
-Entonces no hay posibilidad de que salga libre —Inquirió Miguel.
-Sí, pero digamos que son menos que antes. —Contestó Jaime.
-Espero que nunca salga —Dijo Faber apretando los dientes.


 -Continuará.
Lo más probable es que este sea el penúltimo capítulo. Como verán, a la historia le queda bastante de donde seguirle asi que por eso considero que lo mejor es hacer una segunda parte. 
 En lo personal tengo mis dudas respecto a este capítulo (ya sabes, soy demasiado exigente conmigo misma, pero well) pero espero que les guste. Sé que se alegraran por lo de Shane, yo también me alegré. 

Hasta luego, hasta el próximo.