Jane abrió los ojos de golpe al escuchar la alarma de su móvil. Respiró
profundamente y se acorrucó entre las sabanas deseando no haber despertado y
permanecer para siempre en el sueño que acababa de tener. Un sueño que se
ubicaba en el pueblo, en la playa para ser más específicos. Ella se encontraba
recostada en el regazo de su amigo, mientras éste jugaba despreocupadamente con
algunos de sus mechones rubios. Jane en ese sueño se sintió inmensamente feliz,
pero ahora, al despertar se sentía la persona más infeliz de todas.
-Deja de auto-compadecerte, Jane —Se reprendió con dureza —
Intentaras ser su amiga. No. Serás su amiga y nada más.
Salió de la cama con nuevos ánimos y se metió a bañar.
Mientras acomodaba el auto en uno de los espacios del
estacionamiento de la universidad, Jane pensó en lo feliz que sería si no
tuviese que tomar clases tan temprano. Una vez apagado el motor observó la
portada de su carpeta donde se encontraba guardado su horario detrás del
plástico protector. Genial, le tocaba diseño básico. Suspiró fastidiada, odiaba
esa materia como todas las demás de la carrera. Diseño gráfico era la que menos
de desagradó de la lista de licenciaturas que ofertaba la universidad y por eso
había decidido estudiarla.
Miró su celular para ver qué tanto faltaba para entrar a clases y
vio que tenía un mensaje que decía:
¡Despiertate! Enviado,
Jue a las 6:50
Jane sonrió, era de Tom el mensaje y seguramente lo había recibido
cuando estaba bañándose. Sin dudarlo buscó la opción de llamar y esperó a que
respondiera.
-¡Jane! —Dijo su voz alegre.
-Ey, si desperté y llegué cinco minutos antes de mi primera clase —Dijo
con aires de grandeza.
-Anoche eras un zombi viviente —Dijo Tom y Jane rio. Es cierto, se
habían quedado unos cuantos minutos hablando de trivialidades después de volver
a ser amigos y la primera en rendirse ante el sueño había sido ella.
-¿Zombi viviente? ¿No se supone que los zombis están muertos? —Cuestionó
entre carcajadas.
-Vale, un zombi y ya. —Rio también —Anoche dijiste que lo más
seguro era que te ibas a quedar dormida.
-Pues ya vez, estoy en mi faceta de responsable.
-Bueno chica responsable, te tengo que dejar me está entrado otra
llamada.
-Adiós —Alcanzó a decir. Seguramente era Any quien le llamaba.
Bufó molesta y tomó su bolsa y carpeta para ir a su entretenida
clase.
Cuando terminó su última clase se dirigió al café, de nuevo había
quedado de verse con Tom. Buscó un lugar cálido donde sentarse, esta vez le tocaba
elegir a ella puesto que Tom no había llegado.
-Hola —Dijo Tom cuando estuvo a un distancia considerable de donde
Jane estaba sentada. Ella sonrió ampliamente al verlo.
-Ey, creí que no venias.
-Claro que sí, sólo que el maestro estaba revisando trabajos al
azar —Suspiró.
-No tienes suerte entonces
-Al parecer no —Sonrió.
-¿Ya pediste algo? —Jane negó.
-Tengo hambre ¿y si pedimos un baguette?
-Me parece bien. No voy a tener tiempo de comer antes de irme al
bar —Tom se mordió la comisura de los labios.
-¿Por qué entraste a trabajar ahí?
-Porque es lo que sé hacer mejor.
-¿Bailar?
-¡No! Bailar no, estar en ese ambiente. Llevo poco bailando, en el
pueblo jamás lo hice —Tom sonrió.
-Yo recuerdo a verte visto bailar un par de veces…
-Ya, pero no…
-Y lo hacías muy bien —Agregó interrumpiéndola.
-Okay, cambiemos de tema. —Dijo rápidamente —Entonces ¿pido dos
Baguettes? —Preguntó mientras se levantaba. Vio a Tom asentir.
Se dirigió a la chica que atendía la caja quien volteó a ver a Tom
en dos ocasiones, Jane bufó un poco molesta, pero entendía porque la chica lo
miraba tanto. Tom se veía realmente guapo aunque llevaba sus clásicos jeans
obscuro con una camiseta pegada a su cuerpo debajo de la cazadora.
-¿Te vas mañana? —Cuestionó Tom cuando Jane estuvo de regreso.
-Sí, a primera hora —Respondió y le pasó su baguette — Me iba a
llevar el auto pero mejor no, ya quedó Edgar de ir a recogerme a la estación de
autobuses.
-Me están dando ganas de ir también, no he visto a mamá desde que
me viene, ni a Faber ni Lina ni Jaime.
-¡Vamos! —Exclamó Jane emocionada.
-Estaría bien pero no puedo, quedé de salir el sábado con Any a
una fiesta con sus amigos de la universidad.
-Ah…
-Pero a la próxima si voy —Sonrió.
-Sí, nos programamos mejor —Propuso Jane y continuó comiendo.
-¿Cuándo volverás? —Preguntó él una vez que terminó en el pedazo
de pan que le quedaba.
-El domingo en la noche. Porque el lunes tengo clase temprano y no
puedo faltar.
-¿Quieres que pase a recogerte? —Jane guardó silencio pensando en
que Tom volvía tomarse demasiadas atenciones para con ella — porque… nos vamos
a ver más seguido ¿no es así? —Dijo al ver que Jane seguía sin responder.
-Mmm…
-¿Jane?
-Oh, sí. Nos veremos más seguido. Ya te dije que sí.
-¿En serio, Jane? —Ella sonrió con dificultad.
-Claro que sí. Te lo prometo.
Después de terminar de comer con Tom se fue a su departamento y
acomodó unos cuantos cambios de ropa en su pequeña bolsa estilo mochila que Elena
le había regalado antes de venirse a la ciudad. Una vez todo listo se bañó y
alistó para irse a trabajar al bar.
El viento le desparramaba el cabello de un lado a otro, y él había
estado observando como ella no se daba cuenta que eso sucedía y que la hacía
lucir totalmente angelical y guapa. Era una imagen preciosa ante sus ojos; pues
además, los últimos rayos de la tarde se daban un brillo tan resplandeciente
que apenas podía apartar sus ojos durante pequeños lapsos para mirar a Snoopy
que le mordía la punta del zapato.
Any alzó la mira y su cabello dio una sacudida más. Tom sonrió.
-¿Qué? —Cuestionó ella sin entender. Tom negó sin apartar su
sonrisa y volvió a mirar a su pequeño cachorrito que seguía clavándole los
pequeños dientes de manera tierna.
-Bueno, ya terminé de enviar mi guion. Ojalá me den respuesta
pronto.
-¿Cuándo te van a responder?
-Emmm… yo creo que hasta el lunes. Si les gusta tendré trabajo de
medio tiempo en ese periódico —Dijo no muy convencida —Aunque no sé…
-A mí me gustó.
-Tú eres mi novio, tiene que gustarte —Refunfuñó ella.
-Bueno, a Bill le gustó —Any se encogió de hombros —Y también a…
bueno no tuve tiempo de enseñar la copia que me diste a alguien más.
-No importa, ya se sabrá.
-¿Cómo vas a trabajar si…? —Any pegó un respingo y luego resopló
enfadada.
-No sé, igual puedo decir que haré las correcciones de los
artículos desde casa. Me dijeron que dan mucha accesibilidad si ven que
trabajas bien.
-Me parece perfecto —Dijo él.
Vio como Any dejaba de lado la laptop que había estado usado los
últimos cuarenta minutos y finalmente se centró en él.
-Por cierto… ¿viste siempre a Jane? —Preguntó. Tom se sorprendió
porque desde que llegó a su casa estaba esperando esa pregunta.
-Sí, después de las clases… ya vez que el café nos queda cerca a
ambos —Le contó sin querer entrar más en el tema.
-¿Y qué te platicó? —Cuestionó. Miró la mesa y tomó uno de los
libros que estaban apilados y comenzó a ojear sin querer demostrar mucho
interés, pero Tom sabía que le importaba demasiado el tema.
-Se va mañana al pueblo y creo que vuelve hasta el domingo.
-Ah…
-Al parecer ya no huirá de mí.
-¿Aceptó ser tu amiga?
-Sí, me reafirmó lo de anoche aunque como que no quería —Dijo —Pero
no fue tan difícil a como creí. ¿Qué piensas tú?
-¿Yo? Ya sabes lo que pienso.
-¿No te gusta? —Cuestionó mirándola finamente. Any continuaba
pasando las páginas del libro.
-¿Te gustaría que fuera mejor amiga de uno de mis exnovios, uno al
que quise demasiado y por quien arriesgue mi vida de muchas maneras?
-Any…
-¿Te gustaría?
-No te conozco ningún novio.
-Ese el problema Tom. No lo entiendes…
-Pero Any…
-No. ¿Sabes? No quiero hablar del tema —Tomó sus cosas y se
levantó. —Nos vemos mañana.
-Any, espera no te vayas —Ella comenzó andar hacia la puerta de cristal
que conducía dentro de la casa de Tom.
-Te espero mañana a las siete —Finalizó y se marchó sin volver
atrás.
…
Jane abrió los ojos cuando el autobús se detuvo. Se levantó y tomó
su mochila del porta equipaje.
-Gracias —Le dijo al chofer mientras los autobuses dejaban bajar a
las personas, atravesaron una puerta de cristal y finalmente se encontró dentro
de la terminal.
A lo lejos divisó a Edgar, sentado en una de las bancas de
espera. Se levantó al verla y sonrió cuando sus ojos se encontraron.
-Hermosa —Murmuró a unos cuantos pasos.
-Te he extrañado demasiado —Le dijo mientras la apretaba con más
fuerza. Cuando finalizó el abrazo sujetó su rostro con ambas manos y la besó.
Jane sonrió sobre el beso que se volvía poco a poco más intenso.
-Llévame a casa —Le pidió cuando sus labios se separaron. Edgar sujetó su mano y la condujo fuera de la terminal.
…
La primera en alegrarse de verla fue su madre, quien la abrazó y
besó y le repitió mil veces lo mucho que la extrañaba. Jane se asombró de
escucharla hablar con tanta soltura, su madre generalmente se contenía y
guardaba sus sentimientos. Comieron los tres juntos, Jennifer, Edgar y Jane
hablando todo lo que había pasado en ese mes que estuvieron sin verse.
Cuando la tarde llegó Jane salió de casa. Edgar la había dejado
con su madre después de terminar de comer y ahora ella iba a buscar a su papá,
quien debía estar atendiendo el bar.
De camino al bar aprovechó para entrar en algunos de los locales
que solía visitar con frecuencia antes. Caminó despacio por las calles y a lo
lejos, entre las calles miró el mar y recordó todos los buenos momentos que
había pasado ahí a lado de Tom.
Suspiró enfadada. Pensar en él románticamente ya no estaba en sus
planes.
Llegó al bar y a los primeros que se encontró fue a sus compañeros
de trabajo. Estos la recibieron con abrazos y besos y le presentaron a los
chicos nuevos que entraron a trabajar en el bar.
-¿Y mi papá? —Luego de algunos minutos, cuando por fin encontró
espacio entre tanta platica.
-Está en la bodega, ya le llamo —Dijo uno de ellos.
Jane se apoyó en la barra mientras esperaba. Cada uno de los
empleados regresó a su lugar, unos limpiando las mesas, otros acomodando
mercancía y otros esperando detrás de la barra que un cliente llegara. Eran el
triple de empleados que cuando ella estaba en el bar. Sabía que a su padre le
estaba yendo muy bien con el negocio pero nunca se imaginó que a ese grado.
-¡Jane! —Exclamó Estefan. Ella volvió el rostro hacia la puerta de
donde su padre estaba saliendo. — ¿Por qué no me avisaste que venias?
-Era una sorpresa.
Estefan se acercó a paso rápido y la abrazó con fuerza. Otro gesto
más que la tomó desprevenida.
-¿Cómo estas papá? —Preguntó Jane al separarse.
-Bien, un poco estresado. Tengo que andar detrás de estos vagos —Dijo
refiriéndose a los empleados —Me haces falta, nadie trabaja como tú —Jane
sonrió.
-Exageras…
-¿Cómo te ha ido con la escuela? —Jane rodó los ojos —¿No te
gusta?
-Sí, pero… bueno no sé… a lo mejor es cosa de acostumbrarme.
-Mmm —Dio un respingo —Ven, vamos a sentarnos. —Le dijo señalando
una de las mesas.
-¿Qué ha habido de nuevo aquí, en el pueblo?
-Nada interesante, lo mismo de siempre. Niñitos haciendo
alborotos, fiestas nocturnas, peleas callejeras, robos. Afortunadamente las
fiestas aquí en el bar han estado controladas. Ahora que Shane está en la cárcel
todo ha mejorado.
-Qué has sabido de él, por cierto. —Estefan suspiró antes de
responder.
-Es esa una de las razones por la que quería hablar contigo
personalmente.
-¿Qué pasa? —Inquirió sin querer sonar alarmada, pero lo estaba.
El sólo imaginarse a Shane libre, era su peor pesadilla.
-Su padre está haciendo todo lo posible para libéralo, supe que están
ganando. Ya sabes esa gente se compra a la policía y me ha extrañado que no
hayan logrado liberarlo.
-¿Crees que salga?
-Tenemos que estar preparados para todo, Jane.
-¿No te dijeron nada cuando fuiste a declarar? —Jane negó
lentamente.
-No quisieron decirme nada, de hecho sólo declaré y casi me echan.
-Es raro.
-Lo sé. ¿Y si lo dejan libre?
Stefan guardó silencio pensando en una solución.
-Por el momento será mejor que no regreses al pueblo. Si estas
allá en la ciudad será más difícil que te encuentre o te haga algo.
-Continuará. Es corto lo sé. Pero bueno. Espero que les guste.



