domingo, 28 de abril de 2013

My only Love. Capítulo 3: Papeles invertidos.






-Así que no vas a responder ¿eh? —Envió el mensaje de texto esperanzado de recibir respuesta, pero luego de cinco minutos supo que no recibiría nada.
-¿Qué haces, Tom? —Cuestionó Bill entrando a la cocina. Tom estaba recargado en la barra con el móvil en una mano y las lleves de su auto en la otra.
-Nada.
-¿Vas a salir?
-Sí, creo —Respondió distraído.
-¿Con Any?
-No, Any tenía que ir a estudiar, mañana tiene examen a la primera hora.
-Ah, ¿y con quién vas a salir? —Inquirió su hermano dedicándole una mirada de entera curiosidad.
-Luego te cuento —Contestó y salió de la casa dejando a Bill con la palabra en la boca y con millones de preguntas rondándole en la cabeza.

Cuando el auto se detuvo se encontraba a unos metros de un bar. Uno que Miguel había mencionado en una de sus tantas conversaciones sobre Jane. Él le contó que la rubia había comenzado a trabajar ahí poco después de haber llegado a la ciudad. Después, al preguntarle a Jane si era cierto que ahí trabajaba ésta no tuvo más remedio que admitirlo no sin antes prohibirle que la visitara alguna vez.
Sin embargo ahora era diferente, ella no había respondido a su llamado y lo que menos deseaba era permanecer otro mes alejado de ella. Además, necesitaba su apoyo, necesitaba alguien con quien hablar sobre lo de Any. No, más bien necesitaba hablar específicamente con ella.

Entró al bar abriéndose paso entre la gente. Recordó al instante por qué no le agradaban demasiado los lugares como ese, la mezcla de olores a Sexo, cigarro, sudor, drogas y alcohol le producían deseos de vomitar. La gente besándose y casi teniendo sexo ahí en ese sitio y a la vista de todos, era lo menos atractivo que había visto en su vida.
Logró atravesar la pista con éxito y vio que al fondo un baile de luces se movía al ritmo de una música que resultaba inquietante. Muchas de las personas, en su mayoría hombres, estaban amontonados frente al escenario donde alguien bailaba. Después de echar un rápido vistazo al lugar y no ubicar a su amiga por ningún lado se aproximó al sitio donde todos tenían fija la atención.


Sus ojos se clavaron en aquella figura que se movían con sensualidad y armonía en medio del escenario. Su cuerpo danzaba con seguridad. Ella arqueaba su columna vertebral, su cuello, al compás en que sus manos fluían.
Tom abrió la boca para dejar escapar un jadeo, era Jane. Su cabellera larga y rubia la delató, junto con esas piernas largas y esas proporciones de cuerpo. Él podía identificarla donde fuera.
Se abrió paso entre la gente y se acercó lo más que pudo. Los gritos le azotaron los oídos. Miradas llenas de obscuro deseo, de lujuria desbordante. Por un momento sintió enormes deseos de correr hacia ella y cubrirla de todo aquel que se atrevía a admirarla de manera prohibida, pero alcanzó a detenerse. Era absurdo hacer algo como aquello.

De repente vio a un hombre intentando subir al escenario. Jane disimuladamente retrocedió pero finalmente el hombre llegó hacia ella. Tom abrió los ojos cuando la sujetó de la cintura y la pegó a él. El corazón se le aceleró y comenzó a perder la compostura; deseaba ir allá y apartarlo de un golpe de ella. Sintió la rabia recorrerle el cuerpo como veneno, dio un paso decisivo para ir a ayudarla pero vio la sonrisa seductora en el rostro de Jane. Ella se comenzó a mover sensualmente delante de aquel hombre, siguiéndole el juego, atreviéndose a acariciar su rostro de vez en cuando. Tom no había visto nada más repulsivo que aquello y comprendió el porqué de que Jane no quería verlo ahí. No deseaba que la viera actuando de esa manera, seduciendo a los hombres, bailando para ellos.

A pesar de lo desagradable y perturbador que resultaba verla, permaneció ahí tratando de observarla solamente a ella. De vez en cuando lo lograba, de vez en cuando las imágenes que capturaban sus ojos se fundían con imágenes del bar en pueblo, donde ella había besado a otro.



La música terminó y Jane apartó de un empujón al hombre y se volvió al publicó para agradecer los minutos de atención, entonces lo vio.
Tom hizo un movimiento con la cabeza y Jane hizo la reverencia dirigida a todos. Dio la vuelto y se metió entre las cortinas del fondo a paso rápido pero disimulado.
-Está aquí —Le dijo a Juliana con un gritito ahogado. La mujer morocha que la esperaba del otro lado del escenario la miró sin comprender.
-¿Quién?
-Mi amigo —Dijo sin aliento —Me ha visto bailar…
-¿Y? —Jane tomó una bocanada de aire y se tranquilizó. Era cierto, no tenía nada de malo pero porqué se sentía como si fuera la peor cosa que había hecho en su vida.
-No sé, no quería que me viera —Respondió vagamente.
Tenía que verlo, no podía huir de él todo el tiempo. Le había dicho que no la visitara, evidentemente Tom en ese sentido no había cambiado, seguía siendo tan terco como lo era en el pueblo.
Volvió a respirar profundamente y le sacó la vuelta al escenario por atrás, hasta que abrió la puerta que conectaba con el antro. Se dirigió a la barra y de camino allá se encontró de frente con un hombre joven de ojos negros y cabello azulado.

-Hola, rubia. ¿Aceptaras mi invitación? —Dijo cuando estuvieron frente a frente y recorriendo descaradamente el cuerpo de la chica con la mirada. Jane arrugó el ceño y apartó la expresión de angustia por una de enfado.
-Ahora no me molestes —Escupió. Le sacó la vuelta y  continuó su camino. 
Llegó a la barra y ubicó a su objetivo rápidamente. Estaba sentado en un taburete pidiendo algo de tomar a Lau. Se acercó y se colocó a su lado.
Tom tardó unos cuantos segundos en darse cuenta de su presencia.

-Hola —Masculló cuando la vio. Su voz sonó extremadamente seca evidenciando que había presenciando todo el espectáculo y que no le agradó en lo absoluto.
-¿Qué haces aquí? —Replicó a la defensiva. Tanto por la mirada acusadora que le dedicaban esos ojos claros como por saber que la había visto bailar.
-No sabía dónde más encontrarte, como no has querido contestarme…
-Sino he querido es por algo, ¿no crees? —Replicó de nuevo utilizando el mismo tono.
-No creo que no sea por lo que te conté ¿o sí? —Dijo él.
-La perspicacia no es una de tus mejores cualidades, ¿eh?
Tom se giró sobre su asiento, recargando la espalda en la barra para darle la cara al lugar. Observó con detenimiento todo a su alrededor prestándole atención a lo que sucedía con los jóvenes bailando, con la gente que conversaba en grupo, o con las parejas que se besaban apasionadamente.
Jane no dejó de mirarlo ni un momento, y luego de un rato fue capaz de detectar un gesto en su rostro mientras miraba al frente. Era un gesto parecido a furia. Ella siguió el rumbo de su mirada y se encontró con una figura a lo lejos. Era el tipo de cabello negro azulado y ojos negros y profundos, que en esos momentos le dedicaba una mirada feroz y arrasadora.
-¿Lo conoces?
-Sí.
-Parece que espera por ti —Le dijo volviendo el rostro a la rubia. Jane se encogió de hombros.
-No interesa.
-¿No? —Jane reiteró negado un par de veces. — Deberías ponerte algo más —Agregó. Jane se miró y se dio cuenta que había olvidado quitarse el diminuto vestuario.
-¿Qué tiene? —Replicó. Tom no respondió, solamente volvió el cuerpo hacia la barra para tomar la bebida que Lau le acababa de servir — ¿Se me ve mal? —Cuestionó para enfadarlo y por qué no, para provocarlo también.
-No, se te ve demasiado bien.
-Ah…
-¿A qué horas vas a salir?
-Ya casi, nada más me cambio y listo —Respondió ella.
-¿Te puedo llevar? Así platicamos un poco…
-No, gracias. Prefiero los taxis ellos no me miran con odio como tú.
-Jane…
-No importa, sino me voy con una compañera.
-No puedes seguir ignorándome.
-¿Quieres apostar? —Le retó la rubia alzando una ceja.
-Haz lo que quieras, igual no te libraras de mí —Replicó Tom con enfado y se bebió el contenido de su vaso de un solo golpe.
Jane suspiró profundamente. Era cierto, Tom era capaz de visitarla en el bar todos los días que fuesen necesarios hasta hacer que ella le prestara la atención necesaria.
-Vale, tú ganas. Voy a cambiarme y nos vamos —Masculló muy a fuerzas. 
Tom sonrió complacido.

Jane regresó a la habitación, se quitó el vestido y se colocó el que llevaba antes, el cual era más largo; sin embargo, también se le pegaba al cuerpo. Se colocó la chamarra de cuero de color negro y las botas en lugar de las brillantes zapatillas que Lau le había entregado.

Salieron del bar y caminaron una cuadra para llegar al auto de Tom. Luego de unos minutos de silencio Tom se decidió a hablar.
-¿Por qué saliste corriendo del café?
-No sé, me tomaste desprevenida. Nunca imaginé que me dirías algo como eso… ¿Se van a casar?
-No sé, tenemos que estar seguros y después empezar a planear.
-¿Te casarías? —Inquirió. Le asustaba la idea pero tenía que saberlo.
-No lo sé, Jane.
-¿Pero quieres casarte? —Tom suspiró.
-¿Por dónde queda tu casa?

El auto se detuvo frente a un edificio blanco de 12 pisos, el que Jane habitaba era el número 9. Bajó del auto con pesadez y se acercó al porton negro que se alzaba varios metros. Tom la siguió de cerca y ella por un momento deseó estar sola y no tener soportar su presencia, en esos instantes era realmente insoportable.
Presionó en los botones la clave que le habían dado para poder acceder a su departamento y la puerta se abrió.
-Pasa —Murmuró mientras se hacía a un lado. Caminaron unos cuantos pasos hasta que estuvieron frente a las escaleras y al elevador. Jane presionó el botón rojo delante de ella y las puertas de metal se abrieron.
-Ni Any ni Miguel quisieron decirme donde vivías —Comentó mientras el elevador se movía.
-Les prohibí a ambos decírtelo —Respondió con sinceridad.
-¿Por qué no has querido verme?  —Ella no respondió. Las puertas del elevador se abrieron y salió. Se acercó a la puerta de su departamento y introdujo la lleve en la cerradura. — ¿Por qué no has querido verme, Jane? —Insistió. Jane dejó de intentar abrir y volvió a verlo.   
-He estado muy ocupada.
-¡Deja de mentir!

-¡Que no miento! —Gritó. Apretó los puños y se exigió a sí misma tranquilizarse. Abrió la puerta y avanzó hacia dentro sin decirle nada a Tom, pero supo que iba detrás de ella.
-Jane, llevamos más de un mes ignorándonos. No sé tú pero ya me cansé de eso. Quiero verte, platicar contigo como antes, salir por ahí todos juntos —Jane quiso replicar, decirle que era la idea más estúpida que había escuchado porque no soportaba verlo con Any, ver como le daba besos o como la acariciaba. Odiaba sólo pensarlo. Pero no lo dijo, simplemente se quedó pegada a sus ojos — ¿Jane, qué te pasa? ¿Por qué has cambiado tanto conmigo?
-No he cambiado.
-Claro que sí, después de que detuvieran a Shane dijimos que nos veríamos y lo hicimos unas veces pero después…
-Después tú te viniste ¿Qué iba hacer yo?
-Llegaste a la ciudad unos días después, Jane. Y me enteré hasta que Miguel me lo contó ¿¡Por qué no querías verme!? —Gruñó. Jane continuó mirándolo fijamente sin inmutarse ni reflejar ningún tipo de emoción — ¿Por Any? ¿No soportas verme con ella?... ¿Jane, me quieres?
Sus ojos se abrieron de par en par. ¿Qué si lo quería? ¡Mierda!
Tom aún no le perdonaba todas las idioteces que le había hecho en el pueblo y además, seguía con Any; seguía con ella e iba a tener un hijo,  seguramente se iban a casar y vivir feliz durante toda su vida; de esa manera en que ella jamás podría.
Jane tomó una bocanada de aire.

-Es demasiado confuso para mí —Dijo dirigiéndose a la cocina.
-Quiero tener tu amistad otra vez —Masculló Tom yendo detrás de ella.
Jane se detuvo y se planteó detenidamente las palabras de Tom. Volver a ser amigos… volver al tiempo donde no se separaban pero qué pasaba si comenzaba a sentir deseos de besarlo, de abrazarlo. No, no. Amigos no.
-Ahora no hay nadie que nos lo impida, Jane —Suplicó él.
La rubia tragó en seco. Cierto, antes la detenía el miedo que le tenía a Shane pero ahora no había nada interponiéndose entre ellos. Nada, salvo los sentimientos que llevaba en su corazón. ¿Se puede enterrar el amor? Se preguntó a sí misma. Si Tom tenía un hijo con Any no existiría ser humano que hiciera que él fuera irresponsable y dejara a Any. Desgraciadamente conocía demasiado bien a Tom, y sabía que tan leal podía ser con sus principios.

Su corazón se batió de dolor ante esa opción.

No podía seguir evitándolo, era cierto, porque lo necesitaba tanto como él a ella. Necesitaba ver sus ojos claros, tomar un café juntos y hablar de cualquier cosa. Lo necesitaba, aunque sólo fuese como su amigo.

Tomó una profunda bocanada de aire y después la expulsó lentamente.
 
-¿Qué dices? ¿Amigos? —Le dijo Tom extendiendo la mano. Jane la observó por un momento para después volver a sus ojos.
-Amigos —Murmuró.
Tom sonrió y ella le correspondió la sonrisa, pero no lo hizo por las mismas razones que él. Sonrió al recordar que antes era ella la que suplicaba amistad y desechaba toda clase de amor de parte de Tom.
Los papeles ahora estaban peligrosamente invertidos. Ahora era ella quien sentía el corazón desgarrado por una promesa de amistad que sólo le echaba sal a la herida.



-Continuará. Ahora los papeles invertidos, veremos que siente Jane siendo la que suplica amor. n.n

lunes, 22 de abril de 2013

Capítulo 2: Labios que no besan





Salió del café detrás de Jane después de pagar la cuenta, pero cuando estuvo en la acera el coche se alejaba a toda velocidad, queriendo perderse en el horizonte.
Jane era la primera persona que sabía del posible embarazo de Any. Se plateó varias veces si era una buena idea o no hablar con ella sobre eso, hasta que finalmente sucedió.
Las cosas ya no eran igual, cierto. Jane era diferente a la chica del pueblo; la alocada, rebelde, la que era sólo destrucción y libertinaje, había desaparecido. Tom sabía desde cuando había cambiado. Desde que él comenzó a alejarse de ella, desde que Any estaba a su lado.
¿Por qué después de tantas cosas, jane actuaba de esa manera? ¿Por qué ahora parecía decidida, no como antes? ¿Era porque ya no estaba segura de su cariño?
Tom suspiró cansado. La decisión de permanecer junto a Any había nacido de esos días donde salían a todos lados, donde parecían todo menos amigos. Any era especial, siempre lo fue.

Llegó a casa encontró a Bill tirado en el sillón viendo la televisión con una chica pelirroja recostada en su regazo, Beatriz, si mal no recordaba Tom. Llevaba poco con esa chica y era la segunda vez que la veía en casa.
-Ey —Saludó tirando las llaves sobre la mesa. Ambos alzaron la cabeza y la movieron en forma de respuesta.
-Any vino a buscarte —Murmuró Bill, volviendo la mirada a la pantalla y llevando una mano al cabello abundante de la chica que estaba sobre él.
-¿A qué horas?
-Está allá arriba, en tu cuarto —Le dijo.
-Ah...

…
-Hola —Dijo entrando a la habitación. Any alzó la mirada de su cuaderno donde se encontraba escribiendo.
-Hola —Respondió ella con una sonrisa. Tom se acercó hasta donde estaba y le dio un beso en la mejilla.
-¿Cómo estás? —Preguntó sentándose a su lado.
-Bien, ya me siento bien. Ya no tengo malestares. La próxima semana me entregan resultados —Dijo. Dejó el cuaderno al lado.
-Hay que esperar entonces.
Any se removió en su lugar incomoda y echó hacia atrás su cuerpo hasta que quedó recostada en el colchón mirando el techo.
-¿Qué pasa si sale positivo?
-Nada, lo afrontaremos —Respondió Tom. Aunque no se había planteado qué era lo que iba a hacer si todo se confirmaba.
-¿Cómo?... ¿Viviremos juntos? ¿Nos casaremos?
-¿Te quieres casar? —Any suspiró.
-Sí, pero no así. No por obligación. No cuando estoy estudiando.
-¿Entonces qué propones? —Replicó Tom con enfado.
-¡Nada! No estoy proponiendo nada, sólo…
-¿No quieres tenerlo?
-Sí, tu sabes que sí. Pero no de esta manera. De cualquier formas sé que no haré nada para evitarlo pero aun así no dejo de sentirme extraña. No dejo de pensar en todo lo que significa tener un bebé. —Hizo una pausa larga. Tom se recostó también y la miró fijamente. Se dio cuenta que tenía los ojos llenos de lágrimas. Estaba a punto de ponerse a llorar — Además… lo nuestro no está bien…
-Podemos arreglarlo.
-Yo a veces no estoy interesada en lo que haces y a veces a ti tampoco te interesa lo mío. Últimamente casi ni nos vemos…


…


Llegó a su departamento con pocos ánimos y con muchos deseos de dormir. Como no había comido nada desde el desayuno, antes de irse a clases, terminó pidiendo una pizza a domicilio. En cuanto pudo comer dos bocados de la rebanada se dio cuenta que su estómago era un nudo, en el cual no se iba permitir pasar nada más de comida. Estaba engarrotado como su todo su cuerpo y hasta como estaba su mente. Después de haber salido corriendo del café donde había visto a Tom fue a pasear a una plaza comercial que visitaba a menudo en sus ratos libres, pero al final terminó delante de la puerta de su departamento y con las llaves en la mano.
Desolada era una palabra que podía llegar a explicar un poco de cómo se sentía. La noticia de Tom había sido inesperada. El sólo imaginarse que él y Any… ni siquiera concebía tener esa clase de pensamiento en su cabeza, eran demasiado perturbadores.
Recordó con desanimo que Tom y ella jamás llegaron a algo más. ¿Qué tenía Any que ella no? Se preguntó a sí misma pero al darse cuenta de tal cuestionamiento se echó hacia atrás en el sillón.
-No es posible que estés pensado en eso —Se regañó así misma.
En ese mismo momento, decidida a no pensar más en el asunto, tomó su celular y marcó con desesperación el número de Edgar.


Despertó gracias al sonido de la alarma. Después de hablar largamente con Edgar se había quedado dormida, ni siquiera había tenido ánimos para volver a la universidad y tomar su última clase.
Se levantó del sillón y caminó pesadamente hacia su cuarto, ahí tomó todo lo necesario para bañarse y lo hizo rápidamente porque en menos de media hora debía estar en el bar, para trabajar.


-Hoy te ves más cansada que siempre —Comentó Juliana mientras movía ágilmente la brocha del rubor sobre los pómulos de la rubia.
Jane se miró con desagrado en el enorme espejo de aquella habitación del Bar y asintió estando de acuerdo con ella.
A los pocos minutos, Jane bajó la mirada a sus manos donde yacía su móvil pues lo sintió vibrar.
-¿Piensas ignorarme otra vez? —Leyó en el mensaje de texto. Jane rodó los ojos y colocó el móvil sobre el mueble que estaba delante, donde Juliana tenía una gran cantidad de objetos, en su mayoría para maquillar.
-¿Qué pasa guapa, es tu novio?
-Ojalá fuera él —Murmuró — Es mi amigo, del que te hablé el otro día.
-Ah, ¿y qué dice ahora? —Jane se encogió de hombros.
-Ha estado llamándome pero no tengo cabeza para hablar con él.
-¿Pelearon?
-Algo peor que eso —Respondió — Me contó que probablemente su novia esté embarazada.
-Oh, es eso… —Juliana hizo una mueca horrenda —Supongo que por eso traes esa cara.
-Sí. Un hijo es otro nivel…
-¿Tenías esperanzas a volver con él?
-No quería tenerlas… pero sí, las tenía.
-Lastima…
-Da igual —Murmuró encogiéndose de hombros.
Juliana terminó de maquillarla y Lau –un compañero que atendía la barra– le  entregó el vestuario que le tocaba esa vez. Jane observó el atuendo con atención. Era un vestido de color negro tan corto que permitía ver con detalles el ligero de sus medias.

Jane se metió en el probador que Juliana había colocado al fondo de la habitación hacia unos cuantos días. Se quitó el vestido que llevaba y se colocó el diminuto atuendo que le entregó Lau. Se miró en el espejó que estaba colocando en una de las columnas y le gustó como se veía.

El encargado del bar no había parado hasta que consiguió que no sólo fuera mesera y cantinera, sino también una participante de los shows que se daban una vez por semana. Para Jane, la idea no había resultado descabellada, necesitaba el dinero para pagar sus estudios, el alquiler del departamento y cubrir gastos extras ya que su padre apenas lograba mandarle un diez por ciento.


-¿Por qué cada traje se te ve mejor que el anterior? —Cuestionó la maquillista con frustración. Jane sonrió y se encogió en hombro. Juliana no tenía ni de qué quejarse. Era mayor, cierto, pero más guapa que cualquiera de veinte. Tenía una cabellera castaña, larga y ondulada. Su cuerpo estaba bien proporcionado y las facciones de su cara eran angulosas y bien definidas.
-Pero debo advertirte que hay varios de los que te molestan allá afuera —Advirtió la mujer.
-Ash, que fastidio. —A Jane le gustaba su trabajo, le gustaba estar sobre aquel escenario y sentir cómo la música la seducía y la hacía obviarse de todo. Lo único que le disgustaba de todo aquello era la insistencia de varios clientes del bar para llevarla a la cama. Un día, de la primera semana que entró a trabajar, se quedó sin dinero y tuvo que obligarse a aceptar la invitación de un cliente, el que menos repulsivo le resultó. No había salido bien. Nada, absolutamente nada.  No logró siquiera darle un buen beso, sus labios tercos y aferrados no se lo permitieron; ellos no querían el sabor de otra boca, ellos sólo deseaban unos labios, esos que estaban a millones de siglos de volver a ser de ella.

-Faltan cinco minutos para que empiece el show —Le dijo Lau entrando de nuevo a la habitación. —Ten mucho cuidado. Vi al viejo que vino la semana pasada, el que te molestó.
-Vale, lo tendré. —Respondió Jane en automático.

Cuando estuvo en el centro del escenario ni siquiera reparó en el hecho de que el lugar estaba completamente lleno. No fue hasta que las luces brillantes comenzaron a parpadear y a moverse por todos lados cuando vio a toda esa gente esperando sólo por ella. La música empezó a sonar de repente y su cuerpo se comenzó a mover acompañado de los silbidos de todos los presentes.



-Continuará...


martes, 16 de abril de 2013

Mi único amor. Capítulo 1: La noticia




Alzó el rostro y observó las nubes naranjas que se distinguían en el horizonte través del ventanal, era una imagen preciosa pues el atardecer caía poco a poco, como todas las tardes. No siempre tenía oportunidad de ser testigo de algo tan maravilloso que se apreciaba cada día desde su departamento, pero era su día libre y no tenía nada hacer.
Se encontraba recostada en el sillón morado, con una taza de té en la mano y un libro sobre el regazo. Estaba leyendo como se lo habían pedido en la universidad, pero se daba cuenta que más que ser una obligación era un lujo hacerlo.
-Jane… —Le llamó una voz suave. Ella pegó un respingo y cerró el libro. Volvió el rostro por encima del hombro y vio a Edgar parado fuera de la habitación del fondo. Acababa de salir del baño, llevaba ropa limpia, el conjunto más nuevo que tenía, y el cabello brillándole por la humedad y el gel con que se había peinado. Se veía increíblemente guapo, más que siempre, con esa camiseta azul obscuro y esos pantalones negros pegados al cuerpo.
-¿Ya estás listo? —Cuestionó Jane. Edgar asintió repetidas veces.
Salieron del departamento y se dirigieron a un restaurante de comida japonesa que había visitado varias veces en las últimas tres semanas.
-¿Entonces, te vas a ir ya? —Cuestionó Jane desanimada.
-Sí, mañana temprano tengo que ir a trabajar con Jaime y en la tarde ayudarle mi padre con el negocio de motos.
-Pero si apenas llegaste ayer.
-Yo también quisiera quedarme —Susurró él mirándola fijamente.
-Bueno, si no hay más remedio —Resopló — A lo mejor voy el fin de semana a visitar a mis padres.
-Eso estaría muy bien. De hecho, llegaré a tu casa para hablar con Jennifer, siempre quiere saber de ti. Y como desde que te viniste a estudiar no has regresado…
-Lo sé, pero con el trabajo y la escuela… —Suspiró — la verdad es que no me da tiempo. Pero pediré permiso en el bar viernes y sábado y así me quedo hasta el domingo en el pueblo.
Jane vio como el móvil que había dejado junto a los cubiertos, sobre la mesa, comenzó a parpadear. Miró la pantalla y continuó comiendo.
-¿Sigues evitándolo? —Cuestionó Edgar. Jane lo miró frunciendo el ceño.
-No lo estoy evitando —Ed alzó las cejas —Estoy contigo, si le contesto estaremos hablando dos horas…
-¿Hace cuánto que no quedas con él? —Cuestionó, aunque ya sabía la respuesta.
-Nos hemos visto sólo una vez desde que llegué —Respondió bajando la mirada.
-¿Y cuantas veces han hablado por teléfono?
-Unas cinco…
-¡Y no lo estas evitando! —La rubia rodó los ojos.
-Déjalo ya, Ed, por favor…
-¡Pero si te ha estado llamando desde que amaneció, joder! ¡Contéstale!
-¡No lo voy a hacer! Ya me ha mandado un mensaje, dijo que me invitaba a tomar un café y que le contestara. No le contesté y por eso no ha dejado de llamarme. —él la analizó con la mirada durante unos minutos.
-No puedes evitarlo eternamente —Jane sacudió la mano restándole importancia a las palabras del muchacho.
-¿Qué me dices tú de Nara?
-¿Qué con ella? —Inquirió Edgar con una sonrisa.
-Sí, la última vez me dijiste que no te dejaba en paz.
-Sí, siempre va a visitar a Jaime. Le cocina y le ayuda con cosas de la casa. —Jane chasqueó la lengua recordando A Nara, a la hermana de Jaime, la cual no contaba con más de quince años, pero que a pesar de ello era tan guapa y angelical, que cualquier podía llegar a interesarse en ella.
-Lo hace para estar cerca de ti, porque sólo va cuanto tu estas ahí —Murmuró molesta.
-Sí, pero a mí no me interesa. Y ya sabes por qué —Edgar alargó el brazo sobre la mesa y sujetó su mano. Jane sonrió ante el acto.

Las horas pasaron volando. Cuando terminaron de comer fueron al bar donde trabajaba Jane y estuvieron sentados en los sillones que estaban al fondo de la pista, antes de que ella entrara a trabajar.
-Nos vemos la siguiente semana —Le dijo Edgar. La sostuvo del rostro y la miró por un momento, después se acercó a ella y le dio un beso prolongado.
-No te vayas —Susurró ella entre el beso.

…
Jane se reflejó en el amplio espejo que estaba a disposición de todos en esa habitación del Bar. Era un lugar donde las meseras se ponían el uniforme asignado del día, donde las bailarinas se maquillaban para las shows y donde cualquier empleado conversaba o tomaba unos minutos para descansar del barullo de la gente.
-¿Ya te vas, linda? —Preguntó Juliana, una de las chicas que llevaba más cinco años trabajando en aquel lugar y la cual conversaba de vez cuando con la rubia. Era de las pocas personas que  a Jane le caía bien de verdad.
 -Sí, estoy muerta —Murmuró.
-Vale, descansa. Recuerda que mañana te toca a ti —Le giñó un ojo.
Jane tomó sus cosas y salió del lugar.
Cuando llegó al departamento no quiso saber nada de libros, de cigarros o de llamadas a Edgar o Elena, solamente deseaba una cosa: descansar.
Una vez colocada la piyama se metió en la cama bajo las cobijas. Estaba apunto de quedarse dormida cuando un sonido la sacó de su ensoñación. Con fastidio alzó el móvil y miró la pantalla. Era Tom.
-Uff —Suspiró. El móvil dejó de sonar pero al instante el sonido volvió a inundar la habitación. Seguido de eso sintió un pequeño vibrar bajo sus manos, un mensaje.
-Sí no me contestas te llamaré toda la noche —Leyó Jane. Y supo que hablaba en serio. Esas cinco conversaciones telefónicas que habían tenido, en dos de ellas Tom había tenido que recurrir a esa misma estrategia.
-Te odio, te odio —Repitió con una sonrisa amplia en los labios antes de deslizar la yema del dedo pulgar por la pantalla, para responder la tercera llamada.
-Al fin respondes —Dijo él con voz sonriente. Jane no entendía cómo es que podía estar tan feliz después de llevas más de cuatro días ignorándolo.



Cuando alzó los ojos hacia el reloj que estaba colgado en lo alto de la pared, se fijó que había pasado apenas un minuto de la última vez que lo miró. El tiempo corría demasiado lento, el clima en aquel salón era caluroso, pegajoso, pues no servía la ventilación, y todo lo que podía pensar era en que había quedado de verse con él en un café, a dos cuadras de la universidad.

No tenía la menor idea de qué era lo que la maestra señalaba en la imagen proyectada en la pared, escuchaba su voz de vez en cuando pero sus pensamientos la transportaban muy lejos; bueno, no tan lejos. Se transportaba a la cafetería que estaba a sólo dos cuadras y donde Tom le había dicho que la iba a estar esperando desde la una de la tarde porque saldría temprano de clases.

El mes transcurrió demasiado rápido, tan rápido como llegó la idea de mudarse a la ciudad, elegir una carrera que más se adecuara a ella y trabajar en aquel bar que estaba a una manzana de su departamento. Todo eso había ocurrido gracias a que no soportaba no ver más a Tom, pero en cuanto llegó a la ciudad su valentía calló sobre el suelo y se aferró a la idea de mantenerse ocupada y no verlo frecuentemente. La vez que se habían visto resultó tan abrumadora para ella que no quería volver a repetirlo.
Tom no era el mismo, lo viera por donde lo viera. Ahora, él estaba interesado en estudiar, de hecho no paraba de hablar de su facultad de artes donde le enseñaban técnicas de dibujo, pintura, historia contemporánea y muchas cosas más que él le había mencionado a Jane, pero que ella no recordaba. Además, en ese corto encuentro no paró de hablar de su hermano, de su vida con su papá, pero eso no le molestaba; lo peor era que no paraba de hablar de ella, de Any.

Cuando la clase terminó salió disparada de la universidad, se subió a su auto y condujo a toda velocidad las dos cuadras que la separaban de él. Aunque no quería que las cosas fueran como la última vez que lo vio, y estaba segura que serían así, moría por verlo, por hablar con él. Se preguntó cómo es que había soportado tanto tiempo sin saber de él.

Mientras se estacionaba frente al local pensaba en todo lo que había sucedido en el pueblo y en que Tom definitivamente había retrocedido al área de “amigos” y no había manera en que Jane lograra hacerlo avanzar otra vez. Tom ya no tenía esa mirada, esa que la devoraba con ternura y pasión, ya no lo veía nervioso ante su presencia y él estaba muchísimo menos interesado en lo que le sucedía a ella.
Jane por un momento, mientras empujaba la puerta de cristal, deseo poder sentir otra vez sus brazos rodeándole el cuerpo, sus dedos recorriendo su rostro y sus labios dándole esos besos suaves y adictivos. Deseó escuchar sus susurros en su oído, escuchar sus palabras de amor y sus juramentos de “jamás voy alejarme de ti”.
Al ubicarlo en el fondo de la cafería leyendo un grueso libro desechó a la basura sus pensamientos. Eso no iba a pasar, eso jamás volvería a pasar, lo veía en sus ojos claros.
-Hola —Saludó llegando a su lado. Tom alzó la mirada y sonrió. A Jane se le cayó la mandíbula al suelo al verlo. ¿Cómo podía versa tan sensualmente guapo?
-Hola, Jane —Dijo entusiasmado. Se levantó y la abrazó inesperadamente. Jane se dejó llevar por aquel reconfortante contacto. Una de las cosas que más añoraba, su contacto.
-¿Cómo estás? —Cuestionó ella mientras tomaba asiento frente a él.
-Bien, preguntándome por qué no me contestabas. Ayer estuve a punto de ir a buscarte al bar.
-Te he dicho que no quiero que vallas ahí —Murmuró.
-Lo bueno es que me contestaste, porque si no lo hubieras hecho seguro hoy me hubieses visto pidiendo un trago en la barra.
-Y por eso te conteste —Replicó.
-Se nota que me has extrañado.
-No sabes cuánto —Ironizó rolando sus ojos azules.
-Necesitaba verte, saber cómo estabas —Le dijo finalmente con voz más seria. — ¿Tú no?
-No… bueno sí… pero he estado tan ocupada que no tengo tiempo para pensar en si extraño a alguien o no.
-¿Ni siquiera a tu mejor amigo? —Jane contuvo la respiración para luego tragar en seco. —Supongo que al único que tienes oportunidad de extrañar es a Edgar… por cierto ¿cómo va eso? —Jane reprimió una sonrisa.
-Bien, estuvo el fin de semana aquí, se fue ayer en la tarde.
-Estupendo. ¿Y la hermana de Jaime? —Jane frunció el ceño mirando sus manos sobre la mesa.
-Igual, sigue detrás de él. Pero Ed dice que no tiene ningún interés en ella.
-Pues no, te tiene a ti —Dijo Tom. Jane alzó la mirada, sin aliento. Buscó en sus ojos indicios de algo pero no encontró más que una mirada cariñosa y unas palabras sinceras.
Reprimió un suspiro.
-¿Y tú cómo has estado con Any? ¿Todo bien?
-Mmm… no muy bien —Respondió pensativo.
-¡Aja! ¡Me has estado buscando porque quieres hablar conmigo no porque quieras verme! —Acusó Jane. Tom sonrió y se encogió de hombros antes de responder.
-La verdad es que sí… —Murmuró. Jane se irguió en su lugar y lo contempló con atención y seriedad.
-¿Pelearon? ¿Te engaña con alguien? ¿Va mal la relación? —Tom soltó una carcajada.
-No. No. Más o menos —Respondió. Una luz de esperanza brilló en su interior al escuchar lo último.
-Así que va mal la relación ¿eh? —Tom asintió.
-No nos vemos mucho últimamente. Está muy ocupada con los trabajos de la universidad y como se ha apasionado mucho con ello… —Tom resopló. —además encontré un trabajo con uno de mis maestros, en una de sus galerías. Mis ratos libres la paso trabajando y practicando lo que estoy viendo en la universidad.
-Pues deberían encontrar el tiempo.
-Deberíamos… —Susurró. Jane continuó analizándolo con la mirada, pero a pesar de que le había dicho todo eso le parecía que no era suficiente, que había algo más que deseaba soltar.
-¿Pasa algo más?
Tom le dedicó una larga mirada y después le dio un sorbo a su café, fue entonces que Jane se dio cuenta que ella no bebía nada. Se levantó y fue hacia la barra donde había la chica que atendía la caja.
Mientras esperaba que la chica realizara su pedido comenzó a pensar en que podría ser lo otro que preocupaba. La luz de esperanza la deslumbró por un momento al pensar en la posibilidad de que Any y Tom iban a terminar. Eso significaba que iba poder verlo más a menudo, que cuando hablaran Any iba a estar mínimamente en las conversaciones. Iban a salir y a ser como en el pueblo. Y eso era lo que Jane más quería. Un segundo después de estar pensado aquello se regañó mentalmente. La culpable de todo era ella, ni siquiera tenía derecho a desear algo como aquello y más cuando era obvio que no volvería a suceder.

-¿Y bien? —Preguntó volviendo con un café americano en la mano. Tom se encogió de hombros y tomó una bocanada de aire. Sus ojos no se apartaron de ella en ningún momento.
-Sí, hay algo más… —Respondió tan serio que Jane se alarmó —No sé cómo decírtelo…
-¿Es algo grave?
-Sí y no. Es algo extraño. Nos preocupa.
-¿Les preocupa? —Tom asintió.
-Any cree que… —Jane contuvo el aliento pensando en todas las posibles respuestas —Bueno es que… ella cree que… que podría estar emb… —Jane abrió los ojos y pegó un bote sobre su asiento, como si alguien la hubiese asustado. Y en realidad así era.
-¿Embarazada?
-Sí.
Jane mantuvo la expresión de asombro pero apartó rápidamente los ojos de él. Embarazada ¡Embarazada! La luz de esperanza se apagó de golpe dejándola en completa obscuridad. Eso era más de lo que Jane pudo imaginar.
-¿Jane? —Le llamó Tom con voz suave luego de unos minutos.
-Dios, es que no puedo creerlo. —Se llevó las manos al cabello y se masajeó el cuero cabelludo. —Pero Tom, un hijo es…
-Lo sé, lo sé —Respondió él. Jane trató de apartar la expresión angustia que tenía en ese momento cuando volvió la mirada a sus ojos pero no lo logró.
La noticia le había caído como balde de agua helada. ¿Tom con un hijo? ¡Con un hijo de Any!

-Jane ¿A dónde vas? —Escuchó que Tom cuestionaba mientras se ponía de pie.
-No sé qué decir —Masculló y comenzó andar hacia la salida.



-Continuará....
 He vuelto con capítulos. n.n espero que les guste.