martes, 22 de enero de 2013

Capítulo 78: Por fin graduados!



-Tom ¿ya estás listo? —Cuestionó Any por enésima vez. Tom continuó mirando su reflejo en el espejo mientras acomodaba sus rastas de manera que se vieran mejor. Observó su ropa por última vez y se acomodó la chamarra de cuero, entonces volvió el cuerpo hacia Any quien lo miraba ensimismada desde el marco de la puerta.
-Ya terminé —Dijo sonriendo pero Any continuó mirándolo de la misma manera sin poder evitarlo, e incluso tardó unos segundos en reaccionar y cuando lo hizo sólo pudo dibujar una tonta sonrisa de enamorada en sus labios.
Tom avanzó hacia ella y salieron juntos de la habitación.
-Bill está listo desde hace mucho —Comentó ella mientras caminaban.
-Ehh, eso es raro. Él jamás se arregla tan rápido.
-Sí, dijo que se apuró para no dejarme sola, así como alguien lo hizo —Ironizó.
-Tenía que terminar de vestirme y todo lo demás —Any rio y Tom supo por qué, se había tardado más de treinta minutos haciéndolo.
Cuando llegaron a la sala Bill continuaba mirando un documental sobre animales silvestres, se levantó poco motivado y hasta un poco adormitado; había esperado demasiado.
-Casi se queda dormido —Dijo Any mirándolo con una sonrisa burlona —Creo que mi compañía realmente le es aburrida.
-¡Para nada! —Exclamó inmediatamente. — Lo que sucede es que Tom no suele tardarse más de quince minutos para arreglarse. Hoy has roto incluso mi record. —Any soltó una carcajada y los hermanos comenzaron a reír también.
-¿Y mamá? —Preguntó Tom entre risas.
-Se fue a casa de su novio y dijo que te la pasaras bien en la fiesta y que a lo mejor llegaba más tarde —Respondió Bill con más seriedad.
Tom suspiró profundamente pensando en su madre, a pesar de que habían pasado dos semanas desde que estuvo en la cárcel del pueblo, su madre seguía resentida con él; aún no lograba que le hablara con la naturalidad que lo hacía antes. En estos días había hecho todo lo posible para contentarla pero lo cierto era que su madre no era de esas mujeres que se doblegaban tan fácilmente, y él lo sabía. Era un paso realmente grande el que fuera asistir a su fiesta, al menos eso le daba consuelo.

La obscuridad había invadido todo a su paso como cada noche, afortunadamente el frio no calaba tanto como en meses pasados y sólo acompañaba una fresca brisa del mar de la cual nadie quería escapar.
Bajaron del auto y se encaminaron hacia la entrada de la casa, Tom alzó la mirada al imponente portón y fijó sus ojos en la enorme manta que estaba colgada en lo alto, justo en medio de las rejas, en la que decía  “Por fin nos graduamos” “Bienvenidos”.
-Nuestros muchachos han crecido —Dijo Jaime y los demás comenzaron a reír. Faber lo fulminó con la mirada fingiendo estar muy molesto.
-¿Ya habrá llegado Lina? —Cuestionó poco después.
-No creo, teniendo en cuenta cuanto se tarda en arreglarse —Respondió Tom.
-Déjalo ya, hermanito —Se burló Jaime —Que aún no es tu novia y ya tratas de controlarla.
-¡Qué! ¿Novia? AJAJA en sus sueños…
-Supongamos que te creo —Se volvió a burlar Jaime y comenzó a caminar hacia el portón abierto de par en par dándoles una bienvenida aún más esplendida que la que les había dado la enorme manta.

Siguiéndolos a una corta distancia iba Tom con la mente perdida en pensamientos que poco tenían que ver con los que iban delante.  Miró hacia los lados en busca de su figura y se preguntó que si ella sería capaz de aparecer en la fiesta. Tenía que ser así, estaba convencido. Después de haber pasado todas las pruebas posibles, haber peleado con los maestros, haber caído y vuelto a levantarse, para finalmente lograr un promedio aprobatorio, sin duda ella tenía que llegar a su graduación.
Quería convencerse así mismo porque lo que más deseaba era verla, verla después de esas dos largas semanas en las que soñó numerosas veces su bello rostro. Se había dicho a sí mismo que debía conformarse con sólo verla, con sólo ver su reflejo en esos profundos ojos azules porque había desechado la idea de volver a ser como antes al estarla buscando todos estos días, Jane se escabullía de él vilmente y él lo sabía. Algo en eso le dijo que Jane finalmente estaba siendo firme en su decisión de estar con Shane y que todo tenía que ver con Stefan, el padre de Jane.

-¿En qué piensas? —Preguntó Any mirándole con extrema atención.
-En nada… —Dijo él indiferente, aunque el nombre de Jane no dejaba de rondar en su mente.
Escuchó a Any lanzar un sonoro suspiro y fijar la mirada inexpresiva hacia el frente mientras comenzaba a ir a paso ligeramente más rápido, seguramente para alejarse de él por lo mentiroso que era.
-¿No vas a entras? —Cuestionó ella cuando se dio cuenta que se había detenido. Tom negó antes de contestar.
-Adelántate tú, ahora voy.
Any giró sobre sí misma sin decir nada y continuó su camino a un paso aún más rápido que antes.

Después de haber consumido en su totalidad el cigarrillo volvió la mirada a la calle y nada parecía acercarse. Jane no vendría o probablemente ya estaba dentro, lo cual por alguna razón le parecía menos probable.
Entró y a la primera persona que deseo encontrar y que encontró fue a Any, ella estaba ahí por él y no era para nada justo que la dejara botada de esa manera. Se acercó a la mesa donde estaba sentada en compañía de los demás y se sentó  en el lugar que había libre junto a ella.
-Mi pregunta fue estúpida —Dijo ella antes de que Tom se decidiera a hablar —Era obvio que no me ibas a contestar porque estabas pensando en ella —Dijo sonriente. Se tomó un cabello que le había caído sobre la cara cuando volteó a verlo y jugó un momento con el mechón en sus dedos, luego lo echó hacia atrás.
-Lo siento
-Bah, no te disculpes ¿quién te puede culpar por pensar en ella? —Dijo restándole importancia. — ¿Quieres bailar? Creo que nunca te he visto hacerlo —Tom negó rápidamente.
-No bailo, no me gusta —Dijo el sonriendo.
-Mentira, a todos les gusta bailar o bien les da vergüenza hacerlo, pero no creo que sea tu caso. Anda, vamos... Bill no quiso bailar conmigo. —Tom volvió a negar y Any torció la boca.
-Bien, bien… vamos, mejor si bailo —Dijo Bill agregándose a la conversación. Any estiró los labios en una perfecta y brillante sonrisa y se puso de pie al instante, seguida de ella se levantó el de pelo negro con un aspecto también sonriente.
La alegría que irradiaba con cada mirada y con cada sonrisa que le dedicaba a Bill mientras bailaban le hizo sentir extraño. ¿Podía ser posible que sintiera celos de verla tan feliz a lado de su hermano? Quiso responder que no pero no lo hizo, no estaba convencido y no se iba a engañar así mismo. Se recriminó porque probablemente así era, sentía celos como si Any fuera de su propiedad. Egoísta, se llamó así mismo repetidas veces sabiendo que había demasiado espacio en él ocupado por Jane.
Luego de dos canciones de estar mirando como bailaban Any y Bill, se levantó para ir por una bebida; no es que quisiera demasiado una, era más bien que no soportaba verlos juntos, y tan felices, un minuto más. Andando hacía una mesa rectangular que media unos dos metros y que estaba decorada con un mantel blanco, con copas de cristal, flores de colores y arreglos de mesa caros, vislumbró una figura cerca de la entrada.
 Sus ojos no tardaron ni un segundo en reconocerla y su corazón comenzó a latir apresurado. Su primer impulso fue ir hacia ella, pero se lo pensó un minuto; quizá Jane simplemente lo ignoraba y se ocultaba como lo había estado haciendo todos esos días. Suspiró y mantuvo la mirada en Jane, fue entonces que ella se volvió como presintiendo que alguien le miraba.
Sus ojos se unieron y Tom se vio en vuelto de un sinfín de emociones recorriéndole el cuerpo; sin embargo, su mirada era distante y fría, tal y como lo había imaginado.


Jane volvió la mirada a Elena, quien hablaba animadamente frente a ella.
-¿Qué hago Elena?
-No sé, Jane... ¿qué tal hablar con él? —Cuestionó Elena moviéndose nerviosamente. Jane suspiró muy profundamente, bajo la fija mirada de su amiga. —Jamás te había visto así.
-Claro que no. Jamás había estado tan asustada, jamás me había dolido tanto dejar atrás a alguien; pero no puedo hacer nada. Tú lo sabes.
-Lo sé, pero puedes hablar con él. Yo les cuido de que nadie los vea.
-¿Y qué le digo? —Cuestionó frustrada — Ey Tom, lo siento. Te quiero, pero necesito que no nos hablemos nunca más. Shane es un puto loco que sacó a mi padre de la cárcel con la condición que volviera con él y que jamás me acercara a ti; porque si lo hago va hacer daño a todos los que queremos.
-¿Entonces?
-Me voy a volver loca.
-No necesariamente, nadie se ha vuelto loca por no estar con la persona que ama —Jane miró a Elena durante varios segundos. Luego volvió la vista hacia Tom, quien ahora se encontraba sentado en la mesa del fondo hablando con Jaime y Faber.
-Voy a ir a su mesa.
-¿Qué? —Dijo Elena escupiendo el sorbo de cerveza que había tomado. —Pero Jane… qué vas hacer.
-Voy a saludar a Jaime —Dijo sonriendo ampliamente, pero Elena descubrió que no se trataba más que de una sonrisa cargada de falsedad.
-¡Jane! —Exclamó Jaime, cuando la vio llegar a donde él estaba. En la siguiente silla estaba sentado Tom y después Faber, ambos con una expresión de asombro en sus rostros.
-Hola, ¿cómo estás? —Jaime se levantó y la recibió con un beso en la mejilla.
-Bien, trabajando mucho pero me he dado la oportunidad de venir a la graduación de mis amigos —Jane sonrió —Por cierto felicidades —Dijo abrazándola — nunca creí verte graduada.
-Créeme, ni yo… —Murmuró Jane mientras se separaban.
-Ey Faber, qué te parece si vamos por algo de tomar —Dijo Jaime antes de que Jane dijera algo. Dirigió una mirada de complicidad a su hermano  quien estaba tan distraído que no la comprendió.
-Pero si yo no tengo… —Jaime alzó las cejas —Oh sí, muero de sed —Corrigió riéndose. Se levantó rápidamente siguiendo a Jaime.
-Esperen, yo también tengo sed —Exclamó Elena en un hilo de voz. Jane los miró sin creérsela; lo estaban haciendo a propósito.
Jadeó y quiso ir detrás de ellos, pero no pudo; era como si estuviese clavada a la elegante silla. Finalmente, cuando el trio se había alejado lo suficiente, volvió la mirada hacia Tom. Se encontró directamente él, estaba de pie frente a ella con sus ojos fijos cargados de dolor. Algo dentro de ella se apretujó y deseó más que antes salir corriendo.
-Puedes irte si es lo que deseas —Dijo secamente, Jane tragó saliva para derribar el nudo en su garganta.
-En realidad yo no… —Murmuró con dificultad pero se calló cuando no encontró nada coherente que decir — ¿Cómo estás? —Cuestionó vacilante luego de un rato.
-¿A qué debo tu repentino interés en mí?
-¿Interés yo? Qué va, sólo preguntaba por cortesía. —Él clavó sus ojos fijamente en ella — Deja de mirarme así ¿quieres? —Dijo molesta, pero Tom no dejó de hacerlo —Vale, me voy.
-¿Va en serio esta vez? —Cuestionó él. Jane entrecerró los ojos y comprendió a lo que se refería.
-Más que nunca. ¿Sabes? no es como si estuviera a fuerzas… es mi mundo al fin y al cabo, lo que siempre he sido… y lo mejor de todo es que no tengo que fingir que soy buena.
-Conmigo tampoco tenías que hacerlo.
-Ya, lo sé; pero no me sentía cómoda estando contigo siendo como soy, no encajaba y por eso era buena… no porque quisiera serlo.
-Eso no es verdad
-Claro que lo es —Aseguró y Tom negó repetidas veces.
-No lo es, lo que pasa es que estás en tu zona de confort y no quieres hacer nada para mejorar porque te da miedo, porque entre tanta rebeldía y arrogancia eres demasiado cobarde. —Jane frunció el entrecejo y apretó los dientes sumamente ofendida.
-¡No soy cobarde! —Escupió y comenzó a andar alejándose de él y del ruido que estaba a punto de sacarla de quicio. Llegó a la puerta de salida y la atravesó a un paso más rápido que antes. Anduvo hacia el lado izquierdo de la casa, pisando con furia el pasto húmedo por el sereno de la noche. No había nadie, eso era único bueno de ir en aquella dirección porque sabía que Tom iba detrás de ella e iban a terminar en una terrible discusión.
-¿Si no lo eres porqué sigues con él cuando ni siquiera soportas estar a su lado? —Habló detrás de ella, entonces se detuvo.
-¿¡Tú qué sabes!? —Gritó realmente furiosa — ¿Cómo puedes estar tan seguro que no puedo estar a su lado? ¿A caso debo grabarnos en las noches para que nos creas? —Escupió con ironía. El rostro de Tom perdió color e incluso el poco brillo que quedaba en sus ojos cafés desapareció como por arte de magia.

jueves, 10 de enero de 2013

Capítulo 77: Todo fue en vano.


-Voy a mi habitación —Anunció Jane mientras se ponía en pie.
Miró a su padre por un momento y este le respondió con una sonrisa.
-Jane —Dijo él — Voy a hablar con tu madre y en un momento iré contigo. Jane observó a sus padres sentados en la sala, lugar donde minutos antes había fingido conversar en armonía con ellos, como una verdadera y angelical familia. Era patético, pues a pesar de cuanto quisieran aparentar era más que claro que la relación entre todos ellos estaba más que perdida, como muchas otras cosas en su vida.

Jane entró a su habitación con ojos nublados por las lágrimas, se aproximó la cama y se recostó. Quiso detener el llanto pero no pudo, estaba llena de frustración y de enojo. Estaba furiosa con su padre por ser tan inconsciente e irresponsable; con su madre por la actitud que tomaba en situaciones difíciles, aparentado que nada le interesaba; con Shane, porque tenía el poder y control sobre ella, y porque siempre tenía que ser él quien solucionara sus problemas; con la vida que le había tocado vivir, porque la sentía la más miserable de todas; y sobre todo, consigo misma por ser tan estúpida y no tener el valor de hacer las cosas de manera correcta.

En ese momento no se sentía como creyó que se iba a sentir. Haberse humillado ante Shane, haber quedado a su disposición sólo para que su padre tuviera esa libertad, que ella y su madre jamás hubieran podido pagar. Ahora no se sentía maravillada. Era cierto, su padre estaba libre gracias a la petición que le hizo Shane, pero ¿a qué precio?, ¿realmente valía la pena a ver ayudado a su padre a cambio de su propia liberta? De repente, ahí sola, se convenció de que no. Porque ahora su padre estaba libre pero, ¿y ella?
Jane apretó los puños llena de rabia, ahora ella estaba encerrada otra vez.

Suspiró cansada y se levantó de la cama, se metió a bañar y cuando hubo terminado eligió del closet un atuendo para salir. Prefirió un vestido negro ajustado al cuerpo con abrigo de color negro que le llegaba a las rodillas y que hacía la combinación perfecta. Se onduló un poco el largo cabello rubio y se maquilló los ojos con sombras obscuras y  finalmente le dio color a sus labios con labial rojo sangre.
-¿Jane, puedo pasar? —Escuchó a su padre cuestionar detrás de la puerta. Jane se sentó en el borde del colchón y pronunció débil: —Pasa, está abierto.
Los ojos de Stefan la escudriñaron con atención al abrir la puerta, Jane supo por qué lo hacía: llevaba una pésima pinta. Tenía ojos rojos, lo cual era clara evidencia que había llorado; sentía los hombros pesados, como si estos pesaran toneladas y sabía que eso era apreciable a simple vista; además, cuando se bañó notó que la piel de su rostro estaba pálida y que ella entera se veía sin vida.
-Sé que lo que hiciste por mí ha sido muy duro —Pronunció él luego de algunos minutos. Jane rodó los ojos sin poder evitarlo. — Y quiero agradecerte por ello, pero Jane… no tenías que hacerlo…
-¡Claro que sí! ¡Lo último que quería en mi vida era que mi padre pasara años encerrado en una cárcel! —Replicó. — Lo cual debí haber pensado con calma porque eso es igual a lo que ha sucedido siempre. Tú nunca has estado, y que hubieras estado en la cárcel era exactamente lo mismo. Joder cómo no lo pensé antes —Ironizó.
-Lo hiciste porque me quieres y no quieres que sufra —Ella frunció el ceño realmente molesta por aquella absurda conjetura.
-No, eso no es verdad.
-Sé que las cosas contigo nunca irán bien —Habló con mucha calma, cosa que a Jane sorprendió. Su padre generalmente era alguien sin control, un bruto por naturaleza. — Y sé que esto no me lo perdonaras jamás, pero quiero que sepas que haré todo lo que esté en mis manos para compensarte. Ya no desapareceré, no las dejaré solas, especialmente a ti; y sobre todo, te voy a proteger de Shane —Jane escupió una sonrisa falsa al escucharlo —Estoy hablando enserio —Aseguró Stefan, pero ella no apartó su sonrisa irónica y falsa.
-Suena tan bonito, pero a la vez suena a falsedad.
-No es mentira.
-Bleh, lo que digas —Dijo restándole importancia. Se levantó y cogió las zapatillas que estaban sobre el tocador y se las colocó con rapidez —Ahora me voy, espero que puedas protegerme de esta noche y de todas las que vienen… estoy ansiosa por ver cómo lo vas a lograr —Volvió a ironizar para luego abandonar la habitación dejando a su padre con la culpa roerle por el cuerpo como vil veneno.

Sus labios se estiraron en una perfecta e inquebrantable sonrisa que no trasmitía ni un poco de alegría, las luces la trasportaron a recuerdos pasados y experimentó aquella sensación lejana de despreocupación y arrogancia. Se preguntó, una vez más, cómo pudo haber vivido de esa manera; recordó que solía beber y fumar, salir a fiestas y tratar con mucha gente que ni siquiera le interesaba con tal de no sentirse culpable. Ahora, aunque quisiera repetir esas acciones, aunque las hiciera de nuevo, sabía que no iba a poder estar en paz, las cosas no volverían a ser lo mismo jamás.
Se introdujo en ese mundo de nuevo, observó a Shane y deseó salir corriendo, pero se contuvo. Las voces, la música, la gente, todo a su alrededor la consumió. Habló con muchas personas, más hombres que mujeres, sedujo algunos cuantos para alcanzar el objetivo de Shane, bailó y trató de divertirse pero al final la noche terminó igual que una melancólica noche de verano.

…
-Pasen a sentarse, la cena ya está lista —Indicó Simone con tono seco. Tom y Bill se levantaron del sillón y caminaron hasta el comedor, cada quien se colocó en el lugar que le correspondía y permanecieron en absoluto silencio. Los minutos transcurrieron como horas, Tom deseó encontrar el momento perfecto para iniciar esa conversación que se había postergado toda la tarde.
-Eh… —Intentó decir. Su madre alzó la mirada y la fijó, por primera vez desde que había regresado a casa, en él.
-No quiero escucharte, Tom —Dijo ella —No por el momento, estoy demasiado enojada.
-Mamá, sé que estuvo mal lo que hice pero fue por ayudar a una amiga.
-Estoy de acuerdo que a quien tú quieras pero no de esa manera ¿Cómo se te ocurrió robar, he? ¿Sabías que los Ghilon nos apoyaron cuando ustedes estaban pequeños?
-Lo sé —Murmuró costosamente.
-¿Sabes que tuvimos que llamar a tu padre para que pidiera prestado para devolver lo que te robaste? —Él abrió los ojos —Ese fue el arreglo que llegamos con los Ghilon, afortunadamente devolviste lo que habías robado y se lo entregaste a Bill y gracias a eso tu padre no se endeudó demasiado —Tom miró a Bill asombrado de las palabras de su madre, pero prefirió no expresar todas sus dudas en ese momento.
-Lo siento, no debí pero no tuve opción. No quise que hicieran todas esas cosas por mí, promet…
-No digas nada, yo no me como las promesas hechas de palabras. Demuestra Tom, sólo demuestra y esa será tu mejor promesa… —Ni bien terminó de escupir esas palabras cuando se puso de pie, tomó su bolso y salió de casa como alma que llevaba el diablo.
Bill continuó comiendo como si nada hubiese pasado y escuchado, hasta que sintió la mirada de Tom clavada en el como un aguijón de abeja.
-¿Qué hiciste qué con el dinero que te dio Valente? —Bill pegó un brinco al escucharlo.
-Yo… bueno… es que…
-¿No se lo entregaste a ella? —Cuestionó furioso. Su hermano comenzó a mover desesperadamente las manos de los nervios.
-Sí, joder… digo no, tú lo necesitabas más… —Dijo con temor. Tom se levantó del comedor y se sujetó la cabeza con fuerza. Estaba más que furioso, se sentía traicionada por su propio hermano y más porque todo lo que había pasado ahora no servía de nada.
-¡No puedo creer que hayas hecho eso! —Exclamó.
-Yo tampoco me creo lo que hiciste tú, estamos a mano —Replicó él cambiando su ansiedad por furia.
-¡Sabias por qué lo había hecho! ¡Lo sabias, Bill! ¡Joder! Te has pasado —Bufó frustrado y de pronto paró en seco. Stefan estaba libre, lo estaba y no había sido por el dinero que logró conseguir en la casa de los Ghilon. — ¡Joder! —Exclamó al darse cuenta.
-¿Qué? —Cuestionó su hermano — ¿Qué sucede Tom? ¡Dime! —Volvió a cuestionar viendo la expresión que llevaba en el rostro, Tom no respondió. Sin esperar más y con los nervios de punta salió de casa, se subió a la moto que Jaime le había regalado y arrancó en busca de respuestas. 



-Continuará. 

Gracias por leer :)