Any bajó del auto y Tom hizo lo mismo. Estaban delante de la casa
que ella habitaba junto a su hermano y de vez en cuando sus padres, pero ellos
casi nunca estaban, generalmente se iban de viaje o regresaban al pueblo a
pasar unos días en la casa junto a lago.
-¿Qué tal si hablamos mañana… o pasado? Ahora no me siento bien,
con todo lo que pasó con en el bar…
-Sé que estás tan alterada como yo pero por favor, dime qué pasa —Suplicó Tom.
Ella no respondió.
Colocó la llave en la cerradura de la puerta y la abrió.
-Pasa —Le dijo pesadamente.
Tom vio que no tenía deseos de hablar del tema
pero él no podía esperar más. Necesitaba saber qué era eso que le atormentaba,
que le había cambiado tanto en las últimas semanas.
Cuando se sentaron en la sala, Any se colocó a cierta distancia de
él, no como siempre solía sentarse. Siempre se sentaba a su lado y buscaba una
manera de tocarlo, ya sea colocando la mano en su pierna, o tocando los dedos
de su mano libre. Ahora era distinto y eso, sin duda, era una señal más de que
algo estaba sucediendo.
Tom comenzó a mover la pierna con evidente desesperación al ver
que ella no se animaba a hablar.
-Any…
Ella permaneció en silencio.
-¿Es por Jane? Dime si es por Jane…
Any cerró los ojos y los apretó con fuerza. Una línea dura y
marcada apareció en su entrecejo.
-Sí, es por ella. No quiero que la vuelvas a ver —Soltó de
repente.
Tom se sorprendió ante lo inesperado de sus
palabras.
-¿Qué?
Any tomó una bocanada de aire antes de volver
hablar.
-No soporto que hagas todo por ella, no soporto
que la busques, que te llame cuando se le dé la gana. No lo soporto.
-Any, no puede ser Jane la razón. Tú te has
estado comportando extraño desde mucho antes.
-Jane siempre ha sido la causa —Murmuró. Pero por
alguna razón a Tom le pareció una justificación más que otra cosa.
-¿Quieres que no la vea? —Any asintió lentamente
y con la mirada fija en sus manos que se movían nerviosamente sobre su regazo. —No
puedes estar hablando en serio. Ya hemos hablado de esto.
-Lo sé, pero he estado pensado todo este tiempo
y… no, no quiero verte con ella, nunca más.
-Sabes que no podré hacerlo.
Any se levantó y caminó hacia la puerta con pasos
muy firmes. Era una ráfaga de furia, Tom
podía verlo. De hecho, jamás la había visto tan molesta.
-Hazle como quieras, entonces. Ahora vete, quiero
dormir.
-¡Any! ¡Se razonable! ¡Esto no tiene sentido!
-¡Lo que no tiene sentido es que vallas detrás de
tu exnovia, que hables siempre de tu exnovia, que te emociones porque estas
volviendo a salir con tu exnovia, y que tu maldita exnovia ahora se haga llamar
tu amiga! ¡Eso es lo que no tiene sentido! —Gritó y apuntó hacia afuera.
-Any, ¿de qué hablas? Jane siempre ha sido mi
amiga. Mejor admite que esa no es la verdadera razón —Llegó hasta ella y Any
bajó la mirada nuevamente.
Hacia un segundo había parecido muy segura, firme
y realmente molesta, en ese momento, con la mirada escondida, parecía de nuevo
una justificación todo lo que había dicho.
-Bueno, si no quieres decirme no lo hagas.
-Ya te lo he dicho… —Murmuró.
-¿Está bien que pase por ti el lunes para ir por los
resultados? Procura no volver al bar, yo trataré de averiguar si fue realmente
una coincidencia que nos encontráramos con Lamb. Cuídate ¿Sí?
-Tú también, Tom —Respondió.
Se alejó de aquella casa, abordó su auto y
condujo lentamente por las calles solitarias de esa ciudad desconocida.
Continuaba analizando el comportamiento de Any. Cabía la posibilidad de que
todo lo que dijo fuera cierto, pero se negaba a creerlo pues algo le decía que
ella le ocultaba la verdadera razón de su actitud.
Durante el camino se preparó mentalmente para ser
recibido por los ataques de su hermano. Seguramente estallaría en rabia cuando
se enterara que le había dicho a su novia que no creía posible poder alejarse
de Jane y que prácticamente había roto con Any por defender su extraña amistad
con la rubia.
Cuando entró a casa vio a su hermano recostado en
el sillón más amplio de la sala, con un control de video juego en la mano y con
su novia dormida a un lado de él.
-Hola —Murmuró Tom.
-¿Cómo te fue? ¿Por qué has llegado tan temprano? —Cuestionó
inmediatamente pausando el entretenido juego. No era temprano, eran las dos de
la mañana pero Tom llegaba hasta las cuatro o cinco cuando salía con Any.
-Vimos a Lamb —Soltó Tom sin más. Bill trató de
no parecer impresionado. Se apartó de la chica cuidando no despertarla y se
acercó a su hermano.
-¿Cómo dices? —Tom asintió y caminó de regreso
por donde había llegado hasta que se detuvo delante de la puerta; la abrió y se
apoyó en el marco mirando hacia afuera.
-Eso, nos encontramos con él en el bar…
-¿Qué hacía ahí?
-No estoy seguro.
-¿Crees que los estaba siguiendo?
-No sé… a lo mejor…
-Por orden de Shane.
-Si nos seguía seguro ha sido por orden de Shane,
pero aún no estoy seguro si fue una coincidencia que nos lo encontráramos,
porque sólo nos saludó y no trató de atacarnos ni nada.
-Tom, debes tener mucho cuidado. A lo mejor ni
aquí en la ciudad estas a salvo. —Tom tragó saliva. Bill tenía razón.
-Lo sé, mañana voy hablar con Jaime y preguntarle
si sabe algo sobre el tema…
Permanecieron unos cuantos minutos en silencio
observando el cielo obscuro y brumoso en el que no se apreciaba ni una sola
triste estrella, a diferencia del pueblo donde todas relucían intensamente.
-¿Y qué pasó con Any?
-Hablamos, aunque no muy bien. Los dos estábamos
muy alterados por lo de Lamb.
-¿Pero llegaron a algún acuerdo?
Tom se tomó su tiempo para responder. Estaba
buscando las palabras correctas para decírselo a su hermano sin que se pusiera
histérico.
-No llegamos a ningún acuerdo. Discutimos y al
final no quedamos en nada. Ella dijo que era por Jane que actuaba de esa manera
y que no quería verme con ella nunca más.
-¡Era obvio, Tom!
-No, no lo era.
-Claro que sí.
-¿De qué lado estas?
-Del tuyo, pero acepta que ella tiene razón —Tom
bufó.
Regresó dentro de la casa y se fue a su
habitación.
Los ojos de Jane se cerraron. Una sonrisa amplia
quedó dibujada en sus labios y así permaneció hasta que entró en un sueño
profundo. Soñó muchas cosas. Soñó con sus amigos, con su vida en el pueblo, con
sus padres riendo, con la playa, con sus primos, con las clases en la escuela.
Soñó con todo, pero sobretodo soñó que se convertía en una mujer honesta y
dejaba de ser lo que era. Se concentraba en sus estudios, conseguía un buen
trabajo y al final creaba una estable familia y que todo eso sucedía a lado de
Tom.
Suspiró profundamente y poco a poco fue abriendo
los ojos. El momento fue justo en el que el autobús se detuvo. Habían llegado a
su destino.
Se levantó y tomó su maleta del compartimiento que
estaba encima de su cabeza y se la colgó al hombro. Salió detrás de la fila de
personas que descendían por la puerta delantera.
Atravesó la estación a toda prisa hasta que
finalmente lo miró. Sonrió ampliamente y se acercó a él.
-Hola.
-¡Hola, Jane! —Saludó él.
Jane se acercó para darle un beso en la mejilla
pero fue recibida por un abrazo fuerte y reconfortante. Se dejó abrazar y
disfrutó del momento a más no poder. Mientras estaba en el pueblo no deseo otra
cosa que ver sus ojos bonitos, que escuchar su voz cálida y grave, pero
sobretodo estar entre sus brazos.
-¿Estás bien? —Cuestionó al notar que algo en su
reacción no estaba bien. La gran muestra de afecto se había alargado más de lo
que ella hubiera imaginado y además de eso la apretaba con tal firmeza e
intensidad, como si quisiera aferrarse eternamente a ella.
Jane sintió como Tom movía la cabeza sobre su
hombro, respondiendo negativamente a su pregunta.
-¿Qué sucedió?
-Fue un fin de semana complicado —Dijo —Peleé con
Any el sábado y es como si hubiésemos terminado. Y además, vimos a Lamb en el
bar al que fuimos.
-¿Qué? —Cuestionó exaltada y lo apartó con
suavidad.
-Sí, no estamos seguros si fue por coincidencia o
si nos estaba vigilando.
-¡Dios, Tom! —Exclamó al asimilar el significado
de aquello.
Tomó el tirante de la maleta que se había caído
de su hombro con el abrazo y se lo recompuso. Comenzó a caminar pensando en la
situación, y sabiendo que Tom iba detrás de ella.
-Mi padre me ha dicho que es posible que Shane
salga libre —No pudo evitar que su voz sonara aterrorizada.
Tom se colocó a su lado y la observó fijamente
sin dejar de caminar.
-¿Estás hablando en serio? Eso no puede ser.
-Sí que lo es. Yo creo que lo van a dejar en
libertad, son mafia y ya sabes que para esa clase de gente no hay límites, ni
siquiera aquí en la ciudad. Mi padre dijo que estaban buscando la manera de
hacer ver que los delitos de Shane no fueron tan graves, y así alcanzará fianza
o algo por el estilo.
-¿Qué vamos a hacer, Jane? —Cuestionó Tom muy
alarmado.
-No lo sé —Suspiró.
Incertidumbre y angustia eran los sentimientos
que reinaron dentro del auto durante el camino. Era el silencio quien llevaba
en mando de la situación. Ninguno había sido capaz de pronunciar palabra,
probablemente porque estaban más preocupados tratando de encontrar solución a
sus problemas.
-¿Cómo está todo en el pueblo? —Inquirió Tom
cuando detuvo el auto frente al departamento de Jane.
-Bien, todo sigue espeluznantemente igual. Vi a
Faber, quien por cierto te mandó un montón de saludos. Ah, también vi a Elena y
a Jaime.
-Sí, pasé mucho tiempo con mis padres. No sé, fue
raro pero agradable. Creo que me han extrañado mucho por eso pude llevarme de
otra manera con ellos. A mi papá le está yendo de maravilla en el bar, lo ha
remodelado y todo.
-¿En serio?
-Sí, tienes que verlo… Ah, y te mandó saludos.
-Gracias —Sonrió— ¿Y Edgar? No lo has mencionado
para nada. ¿No lo viste? —Jane tragó saliva.
-Sí…
-¿Se pelearon? —Jane negó.
-Es sólo que… —Hizo una pausa y volteó a verlo a
los ojos —tu llamada me desconectó demasiado. No podía pensar en salir con él,
o verlo… lo evité… nos vimos una hora antes de venirme…
-Perdóname —Dijo él muy sinceramente.
-¿Qué pretendes Tom? ¿Eh? Dímelo, porque no lo
comprendo. Si esperas que salgamos otra vez…
-Sé que eso no va a suceder —Se apresuró en
replicar con mucha sequedad.
-¿Entonces?
-Sólo dije lo que sentía en ese momento. No estoy
esperando nada de ti, sólo tu amistad.
Jane se encogió de hombros y entró al edificio.
…
-¿Me vas a invitar a comer? —Cuestionó cuando
Jane lo hizo a pasar al departamento.
-Sí, aunque no sé qué hay en la despensa —Contestó.
Dejó su maleta a lado del sillón que estaba
frente a la televisión y se metió en el espacio de que estaba designado para lo
cocina. Sacó todo lo que encontró y se puso a cocinar, con Tom observándola a
distancia ya que no había querido que le ayudara.
Después de haber servido dos platos con pollo,
ensalada y arroz los llevó hasta la sala y colocó uno a cada extremo de la
pequeña mesita de centro.
-Se ve delicioso, no sabía que eras buena
cocinando.
-No lo soy, pero he tenido que aprender por
obligación.
-Pues yo te diré si tienes futuro como ama de
casa —Respondió riendo. Jane parpadeó repetidas veces y observó con atención
como se llevaba un trozo de pollo y ensalada a la boca y los laboreaba
lentamente.
-Me gusta, podría comer esto eternamente.
Jane contuvo el aliento.
-A veces dices cosas…
-¿Qué con ellas?
-Tú sabes qué con ellas —Murmuró Jane —Me das a
entender que sientes algo por mí.
Su mirada le obligó apartar sus ojos azules a
otro lugar. Se maldijo por ello, por ser tan tonta y no aguantarle siquiera una
simple mirada. Pero oh, no era una simple mirada. Era su maldita mirada. Esa
mirada que la dejaba al descubierto, indefensa y la mareaba hasta hacerla
sentir que flotaba.
-Siento cosas por ti, Jane. ¿Tú no?
Jane se volvió a quedar sin aliento y volvió a
conectar sus miradas. ¡Joder! ¡Claro que sentía cosas por él! ¡Inclusive eran
más intentas que antes! O Bueno, mejor definidas. Y en ese momento, mirando sus
ojos claros, moría por acercarse y morderle la boca. “Mierda, no deberías pensar eso, Jane” –se regañó así misma.
-Tom…
-Vale, vale. No he dicho nada —Dijo sonriente y
continuó comiendo.
Jane trató de hacer lo mismo pero de repente el hambre
que tenía se marchó. Comió lo que quedaba en su plato a regañadientes y luego
cuando terminó se levantó y fue al fregadero a lavarlo. Tom seguía comiendo.
-¿Te ayudo? —Preguntó llegando con el plato en la
mano. Jane asintió y se hizo a un lado en el fregadero para darle espacio.
Continuó tallando el plato con la esponja llena de espuma y luego se lo pasó a
Tom para que éste lo enjuagara.
-¿Realmente terminaste con Any?
Le pasó el sartén donde había cocinado el pollo.
Tom lo tomó y enjuagó antes de contestar.
-Bueno, no fue algo así como: Any, quiero
terminar contigo. Fue más bien: No voy a dejar de verla, y ella: entonces,
hazle como quieras y lárgate.
-¿En serio? —Tom asintió pesadamente. — ¿Y el
embarazo?
-Mañana iremos por los resultados —Respondió — ¿A
qué horas sales de clases?
-Mañana es lunes… salgo a las… salgo a las once
porque la maestra de la última clase no asistirá.
-¿Nos podemos ver en cuanto salgas?
-¿No vas a ir con Any?
-Para ese momento ya voy a estar desocupado y voy
a necesitar hablar contigo sobre lo que sea que resulte.
Jane asintió.
-Estoy tan confundido. No sé si tengo miedo de
esa responsabilidad o es que no siento amor por Any…
Jane suspiró y el flujo de palabras brotó de su
boca casi sin desearlo.
-Yo creo que sea algo de eso. El problema soy yo.
—Aseguró. Quiso sonar despreocupada, segura, pero no le resulto, su voz se
quebró al final de la frase.
Tom se quedó mudo y continuó enjuagando un par de
utensilios que ella le pasó.
-Te hice mucho daño ¿por qué sigues teniendo esa
inclinación por mí? —Tom no respondió — ¿Eres consciente de que puedo seguir
lastimándote?
El siguió sin responder y ella reposó su espalda
en el mueble junto al fregadero y se cruzó de brazos mirando cómo Tom terminaba
con su labor, o más bien como fingía enjuagar los trastes para escaparse de su
mirada.
-Yo no quiero eso para ti. Tú eres demasiado
bueno para mí. Te mereces una chica que sepa valorar tu amor. No a mí. No a
alguien como yo, alguien que no te sabe amar de la forma correcta. —Él buscó su
mirada al momento, impresionado por sus palabras, sobretodo porque había creído
entender algo. Vio a Jane tragar en seco. ¿Había dicho que lo amaba? ¿Realmente
eso había dado a entender? Que lo amaba pero simplemente no sabía cómo hacerlo.
Sus ojos miraron intensamente los de ella y
descubrió en ellos la verdad de sus palabras. Su corazón comenzó a latir
desesperado dentro de su pecho y cuando se dio cuenta estaba sujetando un plato
con fuerza a punto de reventarlo en mil pedazos.
Lo amaba. Había dicho que lo amaba y él
simplemente no podía reaccionar. Su mente gritaba que hiciera algo, que saliera
de ese lugar y se escondiera debajo de la tierra, pero su corazón lo mantenía
clavado ante él suelo de aquella habitación que sólo olía a comida pero
sobretodo olía a Jane. Ese malvado pedazo de carne en su pecho le rogaba que se
tirara sobre sus brazos y la besara como tanto estaba deseando hacerlo.
-Creo que debes irte, es tarde —Dijo Jane
finalmente. Luego de varios minutos en lo que esperó que hiciera algo. Pero al
ver que no lo hacía, que seguía mirándola fijamente con los labios ligeramente
abiertos se dio cuenta que la había cagado como tantas otras veces.
-Jane… ¿has dicho que me amas? —Logró pronunciar
con dificultad.
Ella se humedeció los labios y frunció el ceño.
-¿Qué vas a hacer con eso, Kaulitz? —Cuestionó
intentando sonar irónica pero sólo consiguió que su voz se rompiera al final, aun
así continuó hablando — ¿Vas a decir que no te importa nada? ¿Qué has olvidado
todo y que vas a estar conmigo a pesar de ello? —La expresión en el rostro de
él obscureció —Ni siquiera yo puedo perdonar las cosas que te hice ¿Puedes
hacerlo tú?
Tom no respondió.
-¿Qué esperas de mí? Estoy jodida y no tengo
salvación.
Tom dejó el plato, que había sostenido en lo alto
mientras la escuchaba hablar, sobre el
escurridero y se acercó a ella quedándose a medio metro de distancia.
-Han pasado meses —Dijo —Y creí que todo eso lo
había olvidado… pero ahora que lo dices no puedo ni siquiera recordarlo.
La rubia alzó la mano blanca y la colocó sobre su
mejilla. Una corriente eléctrica estremeció a ambos.
Él retrocedió dos pasos y después dio la vuelta
para regresar a la sala donde había dejado su celular. Una vez lo tuvo en sus
manos salió del departamento sin despedirse.
P.D.:



