Ni siquiera amigos, ni siquiera conocidos.
Los domingos nunca habían sido los favoritos de Tom, no desde que Bill se habia marchado del pueblo para irse a vivir con su papá, ese día habia sido un horroroso domingo. Pero ahora, después de mucho tiempo, sentía que era un buen domingo, uno diferente a todos. Estaba trabajando con Faber en el restaurante. Habia decidido continuar a pesar de que la cuenta con Jaime ya estaba saldada.
-Mi mamá insiste que le page a Jaime los arreglos extra que le hizo al auto, se indignó tanto cuando le dije que no aceptó que le pagara.
-Le caes bien a mi hermano aunque no sea uno de nosotros…
-¿Es tu hermano no? Quizás por eso le caigo bien
-Quizás —Murmuró Faber.
-Oye, me dijo algo sobre Jane…
-¿Qué te alejaras de ella? —Tom asintió. — A mí también me lo dijo… creo que tiene razón, Jane no es nosotros.
-No lo sé…
-No sabes qué
-Si podré mantenerme alejado de ella —Admitió Tom
-¿Te gusta?
-¡No! Es solo que me parece alguien mucho más interesante de lo que aparenta ser… Tal vez si me guste pero no de forma romántica o algo así, más bien me cae bien…
-Hablando de… —Dijo Faber mirando hacia la entrada. Tom giró un poco su rostro para poder ver y ahí estaba Jane, entrando al restaurant.
Sus sentidos se concentraron solo en ella. La observó con atención, iba vestida con una pequeña falda negra floreada de holanes, con una blusa blanca ajustada y un suéter de tela delgada de color gris, su cabello rubio brillante con ondas caía en cada hombro. Se veía increíblemente hermosa.
Jane alzó la mirada y se encontró con ese par de ojos que la miraban minuciosamente. Sonrió y movió la cabeza en forma de saludo.
-Hola chicos
-¡Hola Jane! —Respondió efusivamente Faber, Tom solo sonrió. Jane llegó hasta la barra donde estaban los chicos. — Qué te trae por aquí—Jane sonrió antes de responder.
-Nada, solo… —Hizo una pausa y miró por un momento a Tom que hasta ahora no habia abierto la boca. —Necesito pedirte un favor —Faber la miró con mucha atención —Quiero ver si me permites a tu amigo una media hora —Él miró a Tom, ese se encogió de hombros si comprender de qué iba todo —Prometo traerlo de vuelta ¿Vale? —Faber asintió con una amplia sonrisa.
Tom se quitó el delantal y la camisa blanca y los colgó en un clavo.
-Ya regreso —Le dijo a su amigo.
Salieron del restaurant y caminaron por la arena en silencio.
-¿Por qué estas tan serio? —Le preguntó Jane luego de algunos minutos.
-Por nada… —Respondió Kaulitz.
-Bueno… —Dijo Jane un poco molesta. Era obvio que se debía a algo. —Quise que vinieras porque necesito hablar contigo…
-Si dime —Jane se detuvo y él también.
-Bueno es que… —Hizo una pausa —Sé que no somos amigos, siquiera conocidos pero me gustaría saber porqué me has estado evitando
-¿Evitando? —Preguntó como si no supiera de que ha hablaba pero en el fondo comprendía a qué se refería — No he estado evitándote —Jane se cruzó de brazos y volteó hacia otro lado — Es solo que… —Resopló y continuo hablando —Que he estado ocupado, con ya sabes… —Se agachó a recoger una piedrita y la lanzó al agua. Ni siquiera él habia entendido sus propias palabras.
-Vale —Dijo Jane con un gesto de apatía. Sus palabras no eran ciertas, Jane no estaba equivocada, Tom la estaba ignorando y no era capaz de decírselo en la cara, de decirle la razón de tal rechazo.
Jane bajó el rostro y clavó la mirada en la arena, suspiró mirando las conchitas enterradas y los restos de mar que habia a la orilla de la playa. ¡Claro! Por qué alguien como él iba a querer ser su amiga, por qué iba a querer hablarle. Tom no era como todos, estaba convencida de ello. A él poco le importaba si era muy guapa, o si tenía un grupo espectacular, si llevaba ropa cara o si tenía influencias. No, él no era así. Seguramente a Tom le gustaban las chicas dulces, bonitas, tiernas, cultas, respetuosas, razonables, sencillas y sin duda ella no tenía nada de eso. Pensar en todas esas cosas solo logró que una sensación muy desagradable se apoderara de ella. Se sentó en la arena y contempló el horizonte.
-Lo siento —Le dijo Kaulitz sentándose junto a ella. Jane no respondió ni siquiera se movió.
-Comprendo... —Dijo mucho rato después — Comprendo que soy el tipo de persona con quien gustes tratar —Dichas aquellas palabras se levantó sacudiéndose la falda y las piernas. No dio marcha atrás y comenzó a caminar por donde habia llegado. No sabía si sentía pena o rabia, pero estaba claro Tom no quería ser nada de ella, ni amiga ni conocida ni nada.
-¿Qué pasó? —Preguntó Faber a verla pasar con esa expresión en el rostro.
-Nada no te preocupes —Respondió con voz fuerte y decidida.
-Cuando te veremos por aquí —Se apresuró a decir el amigo de Tom antes de que ella comenzara andar.
-Jamás volveré por aquí, no soy como tú o como él —Dijo con voz que denotaba arrogancia —A quién engañamos estoy mejor con los míos —Dijo para luego marcharse. Tom, quien alcanzó a escuchar aquellas duras palabras, llegó juntó a Faber.
-¿Pero qué paso? —Le preguntó este desconcertado por la reacción de la chica.
-Nada... —Le respondió él. Se colocó la camiseta y el delantal para luego entrar a la cocina en busca de algún quehacer para distraerse.
Los domingos nunca habían sido los favoritos de Tom, no desde que Bill se habia marchado del pueblo para irse a vivir con su papá, ese día habia sido un horroroso domingo. Pero ahora, después de mucho tiempo, sentía que era un buen domingo, uno diferente a todos. Estaba trabajando con Faber en el restaurante. Habia decidido continuar a pesar de que la cuenta con Jaime ya estaba saldada.
-Mi mamá insiste que le page a Jaime los arreglos extra que le hizo al auto, se indignó tanto cuando le dije que no aceptó que le pagara.
-Le caes bien a mi hermano aunque no sea uno de nosotros…
-¿Es tu hermano no? Quizás por eso le caigo bien
-Quizás —Murmuró Faber.
-Oye, me dijo algo sobre Jane…
-¿Qué te alejaras de ella? —Tom asintió. — A mí también me lo dijo… creo que tiene razón, Jane no es nosotros.
-No lo sé…
-No sabes qué
-Si podré mantenerme alejado de ella —Admitió Tom
-¿Te gusta?
-¡No! Es solo que me parece alguien mucho más interesante de lo que aparenta ser… Tal vez si me guste pero no de forma romántica o algo así, más bien me cae bien…
-Hablando de… —Dijo Faber mirando hacia la entrada. Tom giró un poco su rostro para poder ver y ahí estaba Jane, entrando al restaurant.
Sus sentidos se concentraron solo en ella. La observó con atención, iba vestida con una pequeña falda negra floreada de holanes, con una blusa blanca ajustada y un suéter de tela delgada de color gris, su cabello rubio brillante con ondas caía en cada hombro. Se veía increíblemente hermosa.
Jane alzó la mirada y se encontró con ese par de ojos que la miraban minuciosamente. Sonrió y movió la cabeza en forma de saludo.
-Hola chicos
-¡Hola Jane! —Respondió efusivamente Faber, Tom solo sonrió. Jane llegó hasta la barra donde estaban los chicos. — Qué te trae por aquí—Jane sonrió antes de responder.
-Nada, solo… —Hizo una pausa y miró por un momento a Tom que hasta ahora no habia abierto la boca. —Necesito pedirte un favor —Faber la miró con mucha atención —Quiero ver si me permites a tu amigo una media hora —Él miró a Tom, ese se encogió de hombros si comprender de qué iba todo —Prometo traerlo de vuelta ¿Vale? —Faber asintió con una amplia sonrisa.
Tom se quitó el delantal y la camisa blanca y los colgó en un clavo.
-Ya regreso —Le dijo a su amigo.
Salieron del restaurant y caminaron por la arena en silencio.
-¿Por qué estas tan serio? —Le preguntó Jane luego de algunos minutos.
-Por nada… —Respondió Kaulitz.
-Bueno… —Dijo Jane un poco molesta. Era obvio que se debía a algo. —Quise que vinieras porque necesito hablar contigo…
-Si dime —Jane se detuvo y él también.
-Bueno es que… —Hizo una pausa —Sé que no somos amigos, siquiera conocidos pero me gustaría saber porqué me has estado evitando
-¿Evitando? —Preguntó como si no supiera de que ha hablaba pero en el fondo comprendía a qué se refería — No he estado evitándote —Jane se cruzó de brazos y volteó hacia otro lado — Es solo que… —Resopló y continuo hablando —Que he estado ocupado, con ya sabes… —Se agachó a recoger una piedrita y la lanzó al agua. Ni siquiera él habia entendido sus propias palabras.
-Vale —Dijo Jane con un gesto de apatía. Sus palabras no eran ciertas, Jane no estaba equivocada, Tom la estaba ignorando y no era capaz de decírselo en la cara, de decirle la razón de tal rechazo.
Jane bajó el rostro y clavó la mirada en la arena, suspiró mirando las conchitas enterradas y los restos de mar que habia a la orilla de la playa. ¡Claro! Por qué alguien como él iba a querer ser su amiga, por qué iba a querer hablarle. Tom no era como todos, estaba convencida de ello. A él poco le importaba si era muy guapa, o si tenía un grupo espectacular, si llevaba ropa cara o si tenía influencias. No, él no era así. Seguramente a Tom le gustaban las chicas dulces, bonitas, tiernas, cultas, respetuosas, razonables, sencillas y sin duda ella no tenía nada de eso. Pensar en todas esas cosas solo logró que una sensación muy desagradable se apoderara de ella. Se sentó en la arena y contempló el horizonte.
-Lo siento —Le dijo Kaulitz sentándose junto a ella. Jane no respondió ni siquiera se movió.
-Comprendo... —Dijo mucho rato después — Comprendo que soy el tipo de persona con quien gustes tratar —Dichas aquellas palabras se levantó sacudiéndose la falda y las piernas. No dio marcha atrás y comenzó a caminar por donde habia llegado. No sabía si sentía pena o rabia, pero estaba claro Tom no quería ser nada de ella, ni amiga ni conocida ni nada.
-¿Qué pasó? —Preguntó Faber a verla pasar con esa expresión en el rostro.
-Nada no te preocupes —Respondió con voz fuerte y decidida.
-Cuando te veremos por aquí —Se apresuró a decir el amigo de Tom antes de que ella comenzara andar.
-Jamás volveré por aquí, no soy como tú o como él —Dijo con voz que denotaba arrogancia —A quién engañamos estoy mejor con los míos —Dijo para luego marcharse. Tom, quien alcanzó a escuchar aquellas duras palabras, llegó juntó a Faber.
-¿Pero qué paso? —Le preguntó este desconcertado por la reacción de la chica.
-Nada... —Le respondió él. Se colocó la camiseta y el delantal para luego entrar a la cocina en busca de algún quehacer para distraerse.
A veces queremos cambiar las cosas,
por el miedo a afrontarlas, por el miedo a fracasar
por el miedo a terminar peor de la que ya lo estamos,
sin darnos cuenta de que si les hacemos frente
con valentía quizás encontremos el camino correcto…
por el miedo a terminar peor de la que ya lo estamos,
sin darnos cuenta de que si les hacemos frente
con valentía quizás encontremos el camino correcto…


