Capítulo 9: La noche es muy larga
Abrió los ojos asustada al encontrarse de frente con la persona que menos deseaba ver. Ahí estaba él, el dueño de la mayoría de sus problemas. Edgar estaba delante de ella con una sonrisa de maldad y diversión en su rostro.
-¿Vienes conmigo preciosa?—Le dijo con tono de voz sugerente.
-Es que… —Trató de evadir.
-¿No vas a venir conmigo hermosa? —Le dijo entrecerrando los ojos.
-Yo… bueno… —Edgar le ofreció su mano con un gesto de caballerosidad pero Jane sintió miedo y no gusto de estrechar su mano con la de él. Comenzó a ser guiada por el chico de veintiséis años hacia un lugar desconocido e intrigante para ella. Edgar media cerca de uno noventa de estatura, además que tenía un cuerpo musculoso por el gimnasio, aun lado de él Jane era diminuta; Daba miedo, a Jane le daba terror.
Caminaron hacia a la parte trasera del local donde no había nadie, cruzaron dos puertas hasta que llegaron ala puerta que conducía a la salida. Edgar abrió la puerta y la dejó pasar primero a ella. Estuvieron finalmente afuera, la obscuridad no permitía ver mucho y Jane supo que estaba a merced de su peor pesadilla.
Jane comenzó a temblar al sentir como el frio le calaba los huesos y no solo temblaba de frio también temblaba de miedo.
-¿Qué te dije Jane el otro día? —La tomó inesperadamente del cuello y la estampó contra la pared.
-Que… que tenía que conseguir el dinero —Trato de decir pero apenas podía articular palabra.
-¿¡Y lo hiciste!? —Jane negó repetidas veces. —No estés jugando conmigo hermosa —le dijo acariciándole la mejilla con la mano que tenia libre, Jane comenzó a respirar entrecortadamente. —O si quieres podemos repetir lo de la otra noche y quizás te perdone alguna que otra cosa —Susurró muy cerca de sus labios. Jane hizo una cara de asco al recordar ese día, uno de los peores en su vida.
-Por favor, te juro que te voy a pagar el dinero…
-Tienes que hacerlo si no tu padre se va al infierno y claro después voy a visitar a Shane a contarle lo bien que la pasamos en mi habitación la otra noche—Sonrió con mucha satisfacción al ver el rostro de la chica.
El padre de Jane había robado al local de motos de los York’s gran cantidad de dinero hacia dos meses, todo por el vicio que tenia a la cocaína. A cambio de que lo metieran a la cárcel Jane había hecho un trato con Edgar. Había quedado de darle una cierta cantidad de dinero, cantidad de dinero que trato de pagar acostándose con él pero eso solamente había servido para que Edgar la tuviera en sus manos —Tú decides me pagas el dinero o tu novio se entera que le has pintado el cuerno y tu padre se muere.
-Te lo voy a pagar —Aseguró Jane con la voz rota.
-Así será —Dijo Edgar con una sonrisa en el rostro. Le mordió los labios con rudeza y finalmente la dejó libre. Jane escupió y se limpió la boca repetidas veces —Ah y por cierto… No se te ocurra volver a hacer algo en contra de mí, de mis hermanas o de mi local porque si no olvidaré el trato y tu padre morirá en el mismo instante—Amenazó con mucha seguridad —Nos vemos —Le dijo sonriendo. Entró por la puerta por la que habían salido y desapareció. A Jane comenzó a faltarle el aire sintiendo pánico de la situación en la que se había metido y todo por culpa de su padre, todo por no tener dinero, todo por haberse acostado con Edgar, todo por las malditas drogas. Sabía que si Shane se enteraba que lo había engañado era capaz de tomar un arma y volarle el cerebro de un solo disparo y no solo a ella sino también a todas las personas que quería, pero tampoco podría soportar si le pasaba algo a su padre. Cualquiera de las dos opciones eran igual de malas así que no podía permitirlo de ninguna manera.
Se quedó ahí por mucho tiempo sin moverse siquiera un centímetro. Sentía el temor recorrerle por todo el cuerpo sin detenerse, al contrario parecía que con cada segundo estaba peor. Respiraba entrecortadamente a causa del gran susto, a causa de las palabras amenazantes de Edgar. Lo peor de todo era que no podía hacer nada para quitárselo de encima.
Cuando se sintió un poco menos frustrada y asustada entró al lugar. Deseaba que Edgar jamás volviera aparecer delante de ella. No quería verlo. Le daba asco, repugnancia, le hacía sentir dolor.
Llegó hasta la barra escondiéndose entre la gente para que nadie notara de donde venia.
-Ey Jane —Apareció Emma junto a ella.
-¿No has visto a Shane? —Preguntó Jane antes de que su amiga comenzara hablar. Lo que menos quería era que su amiga notara el estado en que estaba.
-¿No estabas con él ahorita en el baño? —Cuestionó su amiga muy intrigada.
-¡No! Estoy acá ¿No me ves? —Respondió con mucha irritación. Emma abrió los ojos dándose cuenta de lo que realmente pasaba. —Espera… ¿estás diciendo que Shane estaba con alguien en el baño? —Ni había terminado de formular bien la pregunta cuando ya estaba de pie con una expresión de desconcierto.
-Quizás no era él, seguro vi mal —Intentó decir Emma pero ya era demasiado tarde. Jane pasó entre la gente rogando que no fuera lo que su mente pensaba, entonces, definitivamente, la calificaría esta como la peor y más larga noche de su vida.
Entró al baño de mujeres y miró en todas direcciones. Todos los cubículos estaban vacios excepto el de en fondo. Se quedó callada en el silencio de la pequeña habitación y escucho algunos ruidos extraños.
-Espera… —Susurró Emma detrás de ella. Jane comenzó a caminar en esa dirección ignorando por completo a su amiga. Tocó dos veces el cubículo cerrado y nadie respondió, entonces miró a Emma. Esta negó con la cabeza e hizo algunas señas para que Jane la siguiera. Ella no lo hizo, entró al cubículo de alado y se subió en el retrete. Emma miraba asustada la escena…
-Se acabó —Dijo Jane en voz alta al mirar lo que ya presentía. Podía reconocerlo donde fuera. Shane levantó la cabeza de un solo movimiento al escuchar la voz de su novia y entonces la miró. Jane apoyó su barbilla en su mano izquierda contemplando atentamente la “bonita” escena. Su novio agasajándose con una puta. Vio como su novio empujaba a la chica que estaba con él y entonces pudo verla. Fue como si otra cubeta de agua fría le callera enzima a reconocerla. —No puedo creerlo —Resopló con una sonrisa. Pintó una mueca de asco y bajó negándose a mirar más a esas asquerosas personas.
-Ey Jane espera —Escuchó desde el cubículo. Jane se quedó ahí cruzada de brazos y esperó para enfrentarlo. No se iba a mover de ahí hasta decirle todo lo que le quería decir. Salió Shane abotonándose la camisa y detrás de él venía Kenya con la mirada baja y acomodándose el cabello. — Lo que viste… —Intentó explicarse pero Jane lo cortó rápidamente.
-Me das asco y tú también —Miró con desprecio a la que se hacía llamar su amiga.
-Perdón —Dijo Shane con arrepentimiento.
-¡No te perdono! Y tú lo sabes Shaney esto ¡Escúchalo bien! Jamás ¿Oíste? Jamás, te lo voy a perdonar… —Jane dio la vuelta con el nudo en la garganta, se encontró con su otra amiga que la miraba con un rostro desecho. Jane solo negó lentamente mirándola a los ojos con una gran decepción.
-Perdón Jane nunca pude decírtelo… —Dijo Emma con lágrimas en los ojos.
-Jane espera, no puedes terminarme
-¿¡Qué no puedo!? —Volvió a mirarlo —Acabas de mandar a la mierda todo lo que teníamos —Dijo con mucha decepción — ¡No te me acerques! —Gritó cuando Shane adelantó un paso. —Puedes seguir con lo tuyo con esta puta a mi ya no me importa —Dijo dando por finalizada aquella horrible situación. Pasó por un lado de Emma sin mirarla con la rabia y el dolor recorriéndole todo el cuerpo, sin duda esta noche había sido de las peores. ¿Cómo nunca se había dado cuenta? Los dos le habían estado viendo la cara de idiota y quien sabe desde cuándo. Sollozó y se limpió con furias las lágrimas traicioneras que habían bajado por su rostro. Shane no se merecía si quiera un sollozo. Shane no se merecía nada de ella.
-¿Vienes conmigo preciosa?—Le dijo con tono de voz sugerente.
-Es que… —Trató de evadir.
-¿No vas a venir conmigo hermosa? —Le dijo entrecerrando los ojos.
-Yo… bueno… —Edgar le ofreció su mano con un gesto de caballerosidad pero Jane sintió miedo y no gusto de estrechar su mano con la de él. Comenzó a ser guiada por el chico de veintiséis años hacia un lugar desconocido e intrigante para ella. Edgar media cerca de uno noventa de estatura, además que tenía un cuerpo musculoso por el gimnasio, aun lado de él Jane era diminuta; Daba miedo, a Jane le daba terror.
Caminaron hacia a la parte trasera del local donde no había nadie, cruzaron dos puertas hasta que llegaron ala puerta que conducía a la salida. Edgar abrió la puerta y la dejó pasar primero a ella. Estuvieron finalmente afuera, la obscuridad no permitía ver mucho y Jane supo que estaba a merced de su peor pesadilla.
Jane comenzó a temblar al sentir como el frio le calaba los huesos y no solo temblaba de frio también temblaba de miedo.
-¿Qué te dije Jane el otro día? —La tomó inesperadamente del cuello y la estampó contra la pared.
-Que… que tenía que conseguir el dinero —Trato de decir pero apenas podía articular palabra.
-¿¡Y lo hiciste!? —Jane negó repetidas veces. —No estés jugando conmigo hermosa —le dijo acariciándole la mejilla con la mano que tenia libre, Jane comenzó a respirar entrecortadamente. —O si quieres podemos repetir lo de la otra noche y quizás te perdone alguna que otra cosa —Susurró muy cerca de sus labios. Jane hizo una cara de asco al recordar ese día, uno de los peores en su vida.
-Por favor, te juro que te voy a pagar el dinero…
-Tienes que hacerlo si no tu padre se va al infierno y claro después voy a visitar a Shane a contarle lo bien que la pasamos en mi habitación la otra noche—Sonrió con mucha satisfacción al ver el rostro de la chica.
El padre de Jane había robado al local de motos de los York’s gran cantidad de dinero hacia dos meses, todo por el vicio que tenia a la cocaína. A cambio de que lo metieran a la cárcel Jane había hecho un trato con Edgar. Había quedado de darle una cierta cantidad de dinero, cantidad de dinero que trato de pagar acostándose con él pero eso solamente había servido para que Edgar la tuviera en sus manos —Tú decides me pagas el dinero o tu novio se entera que le has pintado el cuerno y tu padre se muere.
-Te lo voy a pagar —Aseguró Jane con la voz rota.
-Así será —Dijo Edgar con una sonrisa en el rostro. Le mordió los labios con rudeza y finalmente la dejó libre. Jane escupió y se limpió la boca repetidas veces —Ah y por cierto… No se te ocurra volver a hacer algo en contra de mí, de mis hermanas o de mi local porque si no olvidaré el trato y tu padre morirá en el mismo instante—Amenazó con mucha seguridad —Nos vemos —Le dijo sonriendo. Entró por la puerta por la que habían salido y desapareció. A Jane comenzó a faltarle el aire sintiendo pánico de la situación en la que se había metido y todo por culpa de su padre, todo por no tener dinero, todo por haberse acostado con Edgar, todo por las malditas drogas. Sabía que si Shane se enteraba que lo había engañado era capaz de tomar un arma y volarle el cerebro de un solo disparo y no solo a ella sino también a todas las personas que quería, pero tampoco podría soportar si le pasaba algo a su padre. Cualquiera de las dos opciones eran igual de malas así que no podía permitirlo de ninguna manera.
Se quedó ahí por mucho tiempo sin moverse siquiera un centímetro. Sentía el temor recorrerle por todo el cuerpo sin detenerse, al contrario parecía que con cada segundo estaba peor. Respiraba entrecortadamente a causa del gran susto, a causa de las palabras amenazantes de Edgar. Lo peor de todo era que no podía hacer nada para quitárselo de encima.
Cuando se sintió un poco menos frustrada y asustada entró al lugar. Deseaba que Edgar jamás volviera aparecer delante de ella. No quería verlo. Le daba asco, repugnancia, le hacía sentir dolor.
Llegó hasta la barra escondiéndose entre la gente para que nadie notara de donde venia.
-Ey Jane —Apareció Emma junto a ella.
-¿No has visto a Shane? —Preguntó Jane antes de que su amiga comenzara hablar. Lo que menos quería era que su amiga notara el estado en que estaba.
-¿No estabas con él ahorita en el baño? —Cuestionó su amiga muy intrigada.
-¡No! Estoy acá ¿No me ves? —Respondió con mucha irritación. Emma abrió los ojos dándose cuenta de lo que realmente pasaba. —Espera… ¿estás diciendo que Shane estaba con alguien en el baño? —Ni había terminado de formular bien la pregunta cuando ya estaba de pie con una expresión de desconcierto.
-Quizás no era él, seguro vi mal —Intentó decir Emma pero ya era demasiado tarde. Jane pasó entre la gente rogando que no fuera lo que su mente pensaba, entonces, definitivamente, la calificaría esta como la peor y más larga noche de su vida.
Entró al baño de mujeres y miró en todas direcciones. Todos los cubículos estaban vacios excepto el de en fondo. Se quedó callada en el silencio de la pequeña habitación y escucho algunos ruidos extraños.
-Espera… —Susurró Emma detrás de ella. Jane comenzó a caminar en esa dirección ignorando por completo a su amiga. Tocó dos veces el cubículo cerrado y nadie respondió, entonces miró a Emma. Esta negó con la cabeza e hizo algunas señas para que Jane la siguiera. Ella no lo hizo, entró al cubículo de alado y se subió en el retrete. Emma miraba asustada la escena…
-Se acabó —Dijo Jane en voz alta al mirar lo que ya presentía. Podía reconocerlo donde fuera. Shane levantó la cabeza de un solo movimiento al escuchar la voz de su novia y entonces la miró. Jane apoyó su barbilla en su mano izquierda contemplando atentamente la “bonita” escena. Su novio agasajándose con una puta. Vio como su novio empujaba a la chica que estaba con él y entonces pudo verla. Fue como si otra cubeta de agua fría le callera enzima a reconocerla. —No puedo creerlo —Resopló con una sonrisa. Pintó una mueca de asco y bajó negándose a mirar más a esas asquerosas personas.
-Ey Jane espera —Escuchó desde el cubículo. Jane se quedó ahí cruzada de brazos y esperó para enfrentarlo. No se iba a mover de ahí hasta decirle todo lo que le quería decir. Salió Shane abotonándose la camisa y detrás de él venía Kenya con la mirada baja y acomodándose el cabello. — Lo que viste… —Intentó explicarse pero Jane lo cortó rápidamente.
-Me das asco y tú también —Miró con desprecio a la que se hacía llamar su amiga.
-Perdón —Dijo Shane con arrepentimiento.
-¡No te perdono! Y tú lo sabes Shaney esto ¡Escúchalo bien! Jamás ¿Oíste? Jamás, te lo voy a perdonar… —Jane dio la vuelta con el nudo en la garganta, se encontró con su otra amiga que la miraba con un rostro desecho. Jane solo negó lentamente mirándola a los ojos con una gran decepción.
-Perdón Jane nunca pude decírtelo… —Dijo Emma con lágrimas en los ojos.
-Jane espera, no puedes terminarme
-¿¡Qué no puedo!? —Volvió a mirarlo —Acabas de mandar a la mierda todo lo que teníamos —Dijo con mucha decepción — ¡No te me acerques! —Gritó cuando Shane adelantó un paso. —Puedes seguir con lo tuyo con esta puta a mi ya no me importa —Dijo dando por finalizada aquella horrible situación. Pasó por un lado de Emma sin mirarla con la rabia y el dolor recorriéndole todo el cuerpo, sin duda esta noche había sido de las peores. ¿Cómo nunca se había dado cuenta? Los dos le habían estado viendo la cara de idiota y quien sabe desde cuándo. Sollozó y se limpió con furias las lágrimas traicioneras que habían bajado por su rostro. Shane no se merecía si quiera un sollozo. Shane no se merecía nada de ella.
Capítulo 10: Un nuevo día
La mañana había comenzado como cualquier otra pero para Jane todo, absolutamente todo, era distinto. Se sentía sin ánimos, dolida, triste, llena de heridas incurables y perdurables por siempre.
Se despertó con calma, se tomó su tiempo para estirarse y para observar unos minutos el techo de su habitación. Cerró los ojos al cabo de unos minutos y otra lágrima escapó de sus ojos sin pudor alguno. Estaba consciente de clase persona que había sido hasta ahora y de todo lo que había hecho pero jamás se había sentido como hoy. Sin Shane todo era distinto y por mucho que le costaba admitirlo, no podía imaginarse una vida sin él. Lo quería como jamás había querido a otro chico y con él había pasado las mejores épocas de su vida ¿Cómo recuperarse de esto tan rápido? ¿Podía realmente perdonarlo? Sabía que esa no era una posibilidad, que a pesar de que ella ya había faltado varias veces a su noviazgo ahora no podía hacer como si nada pasara. Jane no era buena para olvidar y estaba segura que cuando quisiera besar a Shane, Kenya iba aparecer por arte de magia en su mente.
Se levantó con pesadez y se dirigió al espejo del tocador, se miró a sí misma y pudo reconocer la tristeza y la decepción en sus ojos y se preguntó si existía una medicina que pudiera curarla…
Después de arreglarse bajó al comedor donde le esperaba ya su desayuno.
-Buenos días —Dijo Jennifer la madre de Jane. Estaba sentada en el comedor con la mirada fija en su hija y con una cucharada de comida delante de su boca.
-Mm —Gruñó Jane sin ánimos si quiera para hablar. Se sentó delante del plato con poca comida como siempre lo pedía, lo observó y estrujó.
-¿No tienes hambre? —Cuestionó su madre mirándola con atención, Jane negó lentamente.—¿Te peleaste con Shane? —Indagó con cautela para suavizar la reacción de su hija pero esta no respondió. —¿Iras a la escuela el lunes? —Preguntó tratando de cambiar a un tema más sencillo para ella. Sabía que Jane no había asistido en los últimos días.
-No mamá —Respondió Jane con voz seca. Se puso de pie antes de que su madre siguiera bombardeándola con preguntas como esas —Me voy —Se despidió mientras caminaba hacia la salida.
-¿Vas a salir así? —Cuestionó su madre con otro tono de voz, con ese que le taladraba los oídos a Jane siempre que lo usaba.
-Si así voy a salir —Giró hacia su madre y se señaló así misma de manera retadora —¿Algún problema? ¿O quieres que me ponga algo ridículo de tu closet? —Habló del mismo modo.
-¡Jane! —Exclamó Jennifer asombrada. Jane retomó su camino ignorando los gritos furiosos de su madre. Esto no era extraño para ella, su madre siempre de los siempre le criticaba la manera en que vestía pero hoy no estaba para aguantarla.
Emprendió camino una vez en la calle sin rumbo fijo, estaba sin auto y no le apetecía conducir, pensar era mucho más sencillo si iba caminando…
Se sentó en la mesa que estaba de frente al mar con la intensión de contemplarlo claramente. Había llegado al restaurant “bandidos” después de caminar media hora por el pueblo. El sitio era tranquilo y acogedor, no era grande era una palapa sin puertas ni ventanas estaba totalmente al aire libre solamente la cocina estaba en un pequeño cuarto a la entrada del lugar.
-Bueno días Jane —Saludó Faber, quien por ahora trabajaba los domingos ayudándole a su madre con su restaurant.
-Hola —Respondió Jane lo más amable que pudo.
-Aquí tienes la carta en unos minutos vuelvo para ver que pedirás —Jane asintió sin mirarlo. Miró la carta por unos segundos y cuando decidió que pedir la dejó a un lado esperando que Faber volviera. Hacía más de dos años que no visitaba este lugar, ni siquiera recordaba lo bonito que era. Cuando su padre no andaba en malos pasos solía traerla a comer, pero para Jane ya no había nada de eso.
Llevaba más de la mitad de su comida, estaba comiendo con calma como nunca había comido en su vida, siempre estaba apresurada y hoy por primera vez se detenía a hacer las cosas con tiempo para disfrutarlas.
Escuchó risas interrumpiendo su tranquilidad, giró el rostro en dirección a la entrada del restaurante.
-¡Ey amigo! —Exclamó Faber quien estaba delante de la caja registradora. Faber salió de ahí a él.
-Muero de hambre Faber que tienes para comer… —Hablaba saludaba a Faber chocando las manos. Jane se quedó con la vista fija al reconocerlo, era Tom. Volvió la mirada rápidamente a su plato, no quería que Tom la descubriera mirándolo. Resopló indignada al darse cuenta de tu actitud tan tonta, de la manera en que se ponía cada vez que lo veía. Tienes dieciocho años Jane –se repetía –No actúes como si tuvieras trece…
Estaba tan metida en sus pensamientos que ni siquiera escuchó cuando Faber le dijo a Tom que ella estaba ahí y tampoco escuchó los pasos que se aproximaban a su mesa.
-Hola —Dijo Tom cuando llegó a su lado. Jane pegó un brinco y levantó la mirada.
-Ho-ola —Dijo estúpidamente y regañó por ello.
-¿Me puedo sentar? —Preguntó al ver que Jane no decía nada —El lugar esta vacio y no me apetece comer solo —Se explicó, Jane continuó mirándolo con sorpresa. —Si no quieres no… —Dijo sonriendo de medio lado.
-Oh perdón, claro que puedes sentarte —Dijo rápidamente y con entusiasmo. Tom se sentó enfrente ante la mirada fija de la rubia.
-Aquí tienes Tom —Dijo Faber llegando con una hamburguesa, papas y un vaso grande refresco —Provecho —Dijo sonriendo con burla, Tom lo fulminó la mirada.
Jane apartó la mirada cuando Tom la miró directo a los ojos.
-¿No tienes hambre? —Preguntó antes de pegarle una mordida ala hamburguesa.
-No mucha —Dijo Jane.
-Ayer te vi en la fiesta… —Jane hizo una mueca de desagrado al recordar todo lo que había pasado. — ¿No te divertiste? —Preguntó al ver la reacción.
-Como nunca en la vida —Ironizó, Tom solo alzó las cejas. —Perdón no va contigo —Respiró profundamente —Fue el final de muchas cosas —Dijo en un murmullo. — ¿Y tu como te la pasaste? —Le preguntó para cambiar de tema.
-Bien, normal —Respondió simplemente. No quería recordar el altercado que había tenido con Shane y Lamb pero que gracias a los York’s no había pasado a mayores.
-Es la primera vez que coincidimos en una fiesta —Dijo Jane con cierta emoción.
-No, no es la primera vez —Dijo Tom, Jane apartó la expresión de alegría de su rostro —Hemos estado en muchas otras fiestas solo que tu no me has visto —Jane abrió la boca para replicar pero la cerró cuando no tuvo que decir.
Se despertó con calma, se tomó su tiempo para estirarse y para observar unos minutos el techo de su habitación. Cerró los ojos al cabo de unos minutos y otra lágrima escapó de sus ojos sin pudor alguno. Estaba consciente de clase persona que había sido hasta ahora y de todo lo que había hecho pero jamás se había sentido como hoy. Sin Shane todo era distinto y por mucho que le costaba admitirlo, no podía imaginarse una vida sin él. Lo quería como jamás había querido a otro chico y con él había pasado las mejores épocas de su vida ¿Cómo recuperarse de esto tan rápido? ¿Podía realmente perdonarlo? Sabía que esa no era una posibilidad, que a pesar de que ella ya había faltado varias veces a su noviazgo ahora no podía hacer como si nada pasara. Jane no era buena para olvidar y estaba segura que cuando quisiera besar a Shane, Kenya iba aparecer por arte de magia en su mente.
Se levantó con pesadez y se dirigió al espejo del tocador, se miró a sí misma y pudo reconocer la tristeza y la decepción en sus ojos y se preguntó si existía una medicina que pudiera curarla…
Después de arreglarse bajó al comedor donde le esperaba ya su desayuno.
-Buenos días —Dijo Jennifer la madre de Jane. Estaba sentada en el comedor con la mirada fija en su hija y con una cucharada de comida delante de su boca.
-Mm —Gruñó Jane sin ánimos si quiera para hablar. Se sentó delante del plato con poca comida como siempre lo pedía, lo observó y estrujó.
-¿No tienes hambre? —Cuestionó su madre mirándola con atención, Jane negó lentamente.—¿Te peleaste con Shane? —Indagó con cautela para suavizar la reacción de su hija pero esta no respondió. —¿Iras a la escuela el lunes? —Preguntó tratando de cambiar a un tema más sencillo para ella. Sabía que Jane no había asistido en los últimos días.
-No mamá —Respondió Jane con voz seca. Se puso de pie antes de que su madre siguiera bombardeándola con preguntas como esas —Me voy —Se despidió mientras caminaba hacia la salida.
-¿Vas a salir así? —Cuestionó su madre con otro tono de voz, con ese que le taladraba los oídos a Jane siempre que lo usaba.
-Si así voy a salir —Giró hacia su madre y se señaló así misma de manera retadora —¿Algún problema? ¿O quieres que me ponga algo ridículo de tu closet? —Habló del mismo modo.
-¡Jane! —Exclamó Jennifer asombrada. Jane retomó su camino ignorando los gritos furiosos de su madre. Esto no era extraño para ella, su madre siempre de los siempre le criticaba la manera en que vestía pero hoy no estaba para aguantarla.
Emprendió camino una vez en la calle sin rumbo fijo, estaba sin auto y no le apetecía conducir, pensar era mucho más sencillo si iba caminando…
Se sentó en la mesa que estaba de frente al mar con la intensión de contemplarlo claramente. Había llegado al restaurant “bandidos” después de caminar media hora por el pueblo. El sitio era tranquilo y acogedor, no era grande era una palapa sin puertas ni ventanas estaba totalmente al aire libre solamente la cocina estaba en un pequeño cuarto a la entrada del lugar.
-Bueno días Jane —Saludó Faber, quien por ahora trabajaba los domingos ayudándole a su madre con su restaurant.
-Hola —Respondió Jane lo más amable que pudo.
-Aquí tienes la carta en unos minutos vuelvo para ver que pedirás —Jane asintió sin mirarlo. Miró la carta por unos segundos y cuando decidió que pedir la dejó a un lado esperando que Faber volviera. Hacía más de dos años que no visitaba este lugar, ni siquiera recordaba lo bonito que era. Cuando su padre no andaba en malos pasos solía traerla a comer, pero para Jane ya no había nada de eso.
Llevaba más de la mitad de su comida, estaba comiendo con calma como nunca había comido en su vida, siempre estaba apresurada y hoy por primera vez se detenía a hacer las cosas con tiempo para disfrutarlas.
Escuchó risas interrumpiendo su tranquilidad, giró el rostro en dirección a la entrada del restaurante.
-¡Ey amigo! —Exclamó Faber quien estaba delante de la caja registradora. Faber salió de ahí a él.
-Muero de hambre Faber que tienes para comer… —Hablaba saludaba a Faber chocando las manos. Jane se quedó con la vista fija al reconocerlo, era Tom. Volvió la mirada rápidamente a su plato, no quería que Tom la descubriera mirándolo. Resopló indignada al darse cuenta de tu actitud tan tonta, de la manera en que se ponía cada vez que lo veía. Tienes dieciocho años Jane –se repetía –No actúes como si tuvieras trece…
Estaba tan metida en sus pensamientos que ni siquiera escuchó cuando Faber le dijo a Tom que ella estaba ahí y tampoco escuchó los pasos que se aproximaban a su mesa.
-Hola —Dijo Tom cuando llegó a su lado. Jane pegó un brinco y levantó la mirada.
-Ho-ola —Dijo estúpidamente y regañó por ello.
-¿Me puedo sentar? —Preguntó al ver que Jane no decía nada —El lugar esta vacio y no me apetece comer solo —Se explicó, Jane continuó mirándolo con sorpresa. —Si no quieres no… —Dijo sonriendo de medio lado.
-Oh perdón, claro que puedes sentarte —Dijo rápidamente y con entusiasmo. Tom se sentó enfrente ante la mirada fija de la rubia.
-Aquí tienes Tom —Dijo Faber llegando con una hamburguesa, papas y un vaso grande refresco —Provecho —Dijo sonriendo con burla, Tom lo fulminó la mirada.
Jane apartó la mirada cuando Tom la miró directo a los ojos.
-¿No tienes hambre? —Preguntó antes de pegarle una mordida ala hamburguesa.
-No mucha —Dijo Jane.
-Ayer te vi en la fiesta… —Jane hizo una mueca de desagrado al recordar todo lo que había pasado. — ¿No te divertiste? —Preguntó al ver la reacción.
-Como nunca en la vida —Ironizó, Tom solo alzó las cejas. —Perdón no va contigo —Respiró profundamente —Fue el final de muchas cosas —Dijo en un murmullo. — ¿Y tu como te la pasaste? —Le preguntó para cambiar de tema.
-Bien, normal —Respondió simplemente. No quería recordar el altercado que había tenido con Shane y Lamb pero que gracias a los York’s no había pasado a mayores.
-Es la primera vez que coincidimos en una fiesta —Dijo Jane con cierta emoción.
-No, no es la primera vez —Dijo Tom, Jane apartó la expresión de alegría de su rostro —Hemos estado en muchas otras fiestas solo que tu no me has visto —Jane abrió la boca para replicar pero la cerró cuando no tuvo que decir.
El amor es incomprensible y doloroso,
deberías saber que las almas gemelas no existen,
deberías nunca volver a creer en el amor…

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