En cuanto divisó el bar del padre de Jane, se percató
también la presencia del auto de la madre de Faber, una camioneta roja que
solía prestarle muy de vez en cuando; pero también miró de una camioneta negra
lujosa con rines brillantes. Era de Shane, de eso estaba seguro.
Detuvo la moto delante del local, en la banqueta, y se
bajó. Nunca antes había estado ahí dentro, pero Any le había contado que era un
lugar excepcional, con una decoración adecuada y los espacios bien delimitados,
una vez entrabas ya no querías salir.
Al entrar, lo primero que notó fue que el lugar estaba
completamente vacío, o al menos eso parecía a simple vista. No había nadie
atendiendo la caja pero la televisión de pantalla plana que estaba colocada en
lo alto de la pared, justo enfrente, se encontraba encendida en un canal de
música como si alguien la hubiese estado viendo hacia un segundo. Tom sintió
una punzada en el pecho y comenzó a respirar jalando bocanadas de aire.
Extrañado y, por qué no, asustando también, tomó el
móvil y marcó con desesperación el número de su amigo, abatido por no saber de
qué iba todo lo que estaba presenciando. El timbre se escuchó una sola vez y
después se fue directo al buzón, Tom comprobó que definitivamente algo no
estaba bien.
Se colocó en el centro del sitio, entre las mesas
circulares que generalmente estaban ocupadas, y recorrió todo el lugar con una
rápida mirada. Nada parecía estar fuera de lugar, pero no comprendía que era lo
que estaba pasando. ¿Por qué Faber le había llamado diciendo que Jane se
encontraba mal? ¿Por qué estaba su auto afuera o el de Shane?
Antes de que pudiera continuar analizando la situación
una voz armoniosa y seductora se escuchó detrás de él.
-Kaulitz, viejo amigo.
Tom advirtió inmediatamente de quién se trataba antes
de girar para verlo.
-¿De qué se va esto? —Cuestionó Tom sin comprender — ¿¡Dónde
está Faber!? ¿¡Le has hecho algo!?
Shane sonrió ampliamente complacido.
Una puerta color rojo quemado, que se encontraba al
fondo y que Kaulitz no había notado su presencia, se abrió. Lamb fue el primero
en salir, seguido de dos chicos más, con apenas quince años. Ellos avanzaron y
pasaron por en medio de Shane y Tom y se colocaron delante de la puerta de
entrada. Tom supuso que era para impedir que huyera, de cualquier manera no
tenía pensado hacerlo sin Faber y Jane.
Shane sonrió de nuevo, antes de contestar.
-Tu amigo y ella están bien, por ahora.
-¿Qué es lo que quieres decir?
Shane hizo una seña para que Lamb se acercara.
-Explícale —Le ordenó mientras sacaba un cigarro de
una cajetilla verde que llevaba entre las manos. Le dio una profunda calada
cuando lo tuvo encendido y se dedicó a mirar hacia las ventanas de cristal
donde el pueblo parecía seguir su rutina diaria de cualquier día.
-Queremos que te unas a nosotros —Comunicó Lamb con
voz cortada.
Tom frunció el ceño sin comprender.
-¿U-unirme?
Lamb resopló con enfado.
-Sí, unirte ¿Qué no conoces el significado de la
palabra unirte? —Replicó rolando los ojos.
-Trabajar para mí —Habló Shane con voz sumamente
calmada, Tom se sorprendió tanto por el ofrecimiento y por esa forma de hablar
que jamás había escuchado en él.
-¿Quieres que yo trabaje con ustedes? ¿Por qué el
interés, no entiendo? ¿Por qué yo?
-Mira Kaulitz, confórmate con comprender que si no
aceptas algo muy malo le puede suceder tanto a Fabersito como a Jane. —Escupió
Lamb más fastidiado que antes.
-Es que… —Dudó pero Shane lo fulminó con la mirada.
-Es sencillo Kaulitz, mi negocio no está funcionado en
el pueblo.
-Jane ya no es rentable, ya nadie está interesado en
ella —Dijo Lamb con un gesto en la mano, restándole importancia. Tom sintió la
rabia roerle por todo el cuerpo sólo al escuchar su nombre y al saber todo lo
que Shane le obligaba a hacer.
-Cállate, Lamb —Lo regañó Shane. —y como decía,
necesito que alguien se haga cargo. Sé que de cualquier otra manera jamás
aceptarías.
-Y no pienso hacerlo, no pienso trabajar para ti. Me
repugnas demasiado —Masculló Tom.
Shane se limitó a sonreír.
-Lo mismo opino de ti.
-Y más porque ahora todo el mundo habla del chico de
rastas, Kaulitz, el que entró a robar a casa de los Güilón. Las chicas están
locas por ti, joder —Volvió a decir Lamb imprudentemente, la mirada asesina de
Shane no se hizo esperar.
-¿De qué lado estas? —Cuestionó Shane realmente
enojado.
-Pues del tuyo, sólo que él quería saber…
-No estamos aquí para dar explicaciones Lamb, si
Kaulitz le importa un poco la estabilidad física de Faber y Jane tendrá que
aceptar sin replicar.
Tom tomó aire llenado sus pulmones, un acto
desesperado de tranquilizarse pero no funcionó.
…
Logró respirar con alivio cuando la camioneta negra y
lujosa se marchó rechinando las llantas enrabiada en dirección al norte. Cuando
pudo reaccionar corrió hacia la puerta por donde había salido Lamb y la abrió
de golpe. Sintió como su cuerpo perdía un gran peso de encima al visualizar a
Faber y a Jane sentados en el piso. Ambos estaban atados de manos y piernas,
pero en mejor estado del que hubiese imaginado. Faber tenía el ojo derecho
morado y la nariz no le paraba de sangrar, mientras que a Jane le resaltaban
los ojos rojos con maquillaje corrido por las lágrimas, además de que sus
mejillas estaban encendidas; Tom supuso que la habían golpeado pues no era el
clásico matiz rojo que estas adquirían en una situación vergonzosa.
-¡Tom! —Exclamó Faber al verlo — ¿Y Shane y Lamb?
-Ya se fueron
-¿Pero cómo…?
-Joder —Habló Faber mientras Tom desataba los nudos de
las muñecas y de las piernas de Jane —Se me antojó tomarme un cerveza y como
nunca había entrado al bar de Jane simplemente ocurrió venir, cuando entré
estaban Shane y Lamb. El primero tenía sujetada a Jane del cuello —Faber calló
de repente su relato.
-Faber trató de ayudarme pero como veras le fue peor —A
completó Jane. Tom le dedicó una mirada antes de ir con su amigo y comenzar a
desatarlo.
-Sí, me golpearon y la golpearon a ella también —Tom sintió la rabia roerle dentro — Después me obligaron a que llamarte, me
obligaron a decirte que Jane estaba muy mal, no sé porque querían hacer eso. —Tom
se tensó — ¿Por qué lo hicieron?
-Querían…
-¿Qué querían? —Insistió Jane con voz seca.
-¿No creen que necesitan ir a clínica para que los
revisen?
-Yo me encuentro bien, aunque Faber si lo necesita.
Pero no has contestado a nuestra pregunta.
-Cierto —Dijo Faber.
Tom se levantó y contempló a sus amigos mientras se
ponían en pie.
-Shane quiere que trabaje para él.
-¿¡Cómo dices!?
—Exclamó Faber.
Jane bajó la mirada sin echar ver asombro, Tom comprobó
que ella sabía algo.
-¿Está loco? ¡Joder! —Continuó exclamando Faber —
¿Pero por qué quieren que trabajes para él? No entiendo.
Tom no respondió.
-Porque Tom está en boca de todos y además, que yo ya
no le sirvo —Respondió Jane secamente. Avanzó hacia la puerta y salió caminado
a paso rápido.
Tom se acercó a Faber y lo ayudó a mantener el equilibrio.
-¿¡Jane!? ¡Jane! —Tom escuchó la voz alterada y
angustiada de Elena a lo lejos.
-¿Qué les respondiste? —Cuestionó Faber ignorando el
alboroto que se escuchaba fuera.
-Me dijeron que si no aceptaba no los iban a dejar libre —Hizo una pausa para tratar de
hablar con normalidad pero la verdad era que su voz se escuchaba rota — Sé que
Shane es capaz de todo y tuve que decirle que aceptaba.
-¡Qué!
-No sabía qué hacer, yo sólo podía pensar en ti y en
Jane y en que algo muy malo les había pasado. Y en que tenía que aceptar para que no les pasara nada más.
-No piensas trabajar para ellos ¿Verdad?
Tom negó rápidamente.
Caminaron de vuelta a la entrada, Faber apoyado en
Kaulitz pues había recibido una patada en la espinilla que le impedía andar sin
sentir dolor.
Vieron a Elena hablando angustiada delante de Jane,
con Any y Miguel a un lado con la misma expresión. Tom sintió una punzada más
en su pecho recordando cómo había salido corriendo para ayudar a Jane; miró a
Any con ansias y pena, deseando que la pelirroja no estuviese enojada como
debía estarlo. Tenía todo el derecho, pero él no quería hacerla sufrir, no
había pensado en ella durante el recorrido de su casa al pueblo y lo único que
había pensado era Jane, Jane y sólo Jane.
-Estoy bien, se los juro —Decía la rubia con
insistencia.
-Pero Tom dijo… —Murmuró Any.
-¡Sí, pero ya les dije que fue sólo una falsa alarma!
¡No pasó nada!
-¡Faber! —Exclamó Any cuando se percató de la
presencia de ambos y de que este tenia sangre en el rostro. — ¿Qué fue lo que
sucedió, Tom?
-Una broma muy pesada de Shane y Lamb —Respondió él.
Ni Jane ni Faber desmintieron aquella información.
-Sí, pero estoy bien. Sólo necesito que me den algo
para el dolor.
-Y para la hinchazón, lo cual no te vendría nada mal —Replicó
Jane.
…
-Son unos verdaderos idiotas —Dijo Any en un susurro
dirigiéndose a Tom.
Estaban sentados en la pequeña sala de espera de la
clínica, junto a ellos se encontraban Elena y Miguel, mientras que Faber y Jane
eran atendidos por la enfermera pues las horas de trabajo del doctor ya habían
terminado.
-Lo sé…
Any volvió el rostro y miró a Tom directamente. Este
trató de bajar la mirada pero luego de unos segundos desistió de la idea y
permaneció manteniendo la conexión de sus ojos.
-Lo siento —Murmuró. Any sonrió de medio lado pero sus
ojos la delataron cuando se cristalizaron. Tom acarició su mejilla con las
yemas de sus dedos, tratado de reconfortarla.
-Nunca te disculpes por amar a alguien —Dijo haciendo
el intento de sonreír mientras apartaba la mirada de sus ojos.
La puerta del consultorio donde estaban siendo atendidos
Faber y Jane se abrió de golpe y fue la rubia la que sobresaltó a todos los que
ocupaban la sala de espera con el zapatear de sus botas altas.
-¿Cómo te fue? —Preguntó Elena desde su lugar. Jane se
encogió de hombros.
-Bien, ya se los había dicho.
Tom observó que llevaba un pequeño parche en la
mejilla y uno más grande en el cuello, y se sintió inquieto, no había visto
ninguna herida visible ni alarmante cuando la estaba desatando.
-¿Qué te pasó en el cuello y en…? —Dejó la pregunta
inconclusa. Jane volvió a verlo sobresaltada, y asimilando el hecho de que él
le digiria la palabra. Ya lo había hecho en el bar pero estaba tan aturdida con
todo lo que había pasado que ni siquiera se había puesto a pensar en las veces
que soñó con ese momento.
-Nada, un aruñón —Se señaló el cuello —Y una pequeña
cortada que me hice al caer y golpearme con un mueble —Terminó murmurando. Tom
asintió un poco aliviado.
-¿Y a Faber lo están curando? —Preguntó Miguel. Jane
asintió simplemente.
El momento de silencio incomodo se postergó hasta que
Jane habló nuevamente dirigiéndose sólo
a una persona.
-¿Tom, podemos hablar afuera? —Él asintió
inmediatamente y se volvió hacia Any quien mantenía la mirada en sus manos,
como si estas fueran realmente interesantes.
-Ahora vengo —Susurró sólo para ella. Any no se movió
ni siquiera pestañó, simplemente permaneció en la misma posición.
Jane hizo una mueca de asco cuando comenzó a caminar
hacia la puerta cuando nadie la veía,
sabía que estaban juntos. Elena se lo había dicho cuando le habló por teléfono
unas cuantas horas atrás; justo antes de que Shane entrara al bar a reclamarle que
sus resultados en el trabajo no habían aumentado, antes de que Faber tratara de
liberarla y resultara golpeado.
Con el cuerpo temblándole de la impaciencia, de la emoción,
de los nervios, caminó unos cuantos pasos más hasta lograr estar lo suficientemente
lejos de la clínica como para que alguien pudiera escucharlos o verlos.
Tenía tanto tiempo sin estar tan cerca de él que eso
ahora era como un lujo, un privilegio, el cual debía aprovechar.
Tom se detuvo cuando Jane se recargó en la barda alta
que pertenecía al local de dulces que se encontraba a un lado de la clínica y
que en ese momento estaba cerrado.
-Tanto tiempo sin hablar… —Dijo Tom con voz tranquila.
Jane sonrió de medio lado, luego sacó un cigarro de su
chamarra de cuero y comenzó a fumar.
-Lo sé.
Deseaba poder alargar ese momento y permanecer así por
muchos siglos, cerca de él. Pero sabía que eso era imposible. La había cagado un
sinfín de veces en los meses pasado, se había portado como una zorra, le había
herido con las palabras más viles y crueles, y le había demostrado todo menos
amor. Lo que menos se merecía de Tom era su perdón.
-¿De qué querías hablar? —Incitó él. El momento
terminó más rápido de lo que ella hubiese calculado.
Decepcionada alzó la mirada y contempló por un momento
sus hermosos ojos; después, cuando su corazón se sacudió, volteó la mirada
hacia un lado.
-¿Vas a aceptar trabajar para Shane?
-No —Respondió. Jane volvió a mirarlo totalmente
sorprendida, el antiguo Tom hubiese dicho que sí a la primera. — Le dije que lo
haría para que se fueran y los dejaran en paz, pero no pienso hacerlo ¿Sabes el
asco que siento por él, por Lamb? —Jane asintió pesadamente. Lo sabía
perfectamente, últimamente sentía mucho asco por ellos; aunque claro, era igual
al que sentía por sí misma.
-Lo que sea menos huir cobardemente de aquí o aceptar
como idiota todas sus amenazas. Estoy cansado de todo eso y pase lo que pase no
me doblegaré ante él.
Jane tragó en
seco al escuchar sus palabras, él siempre había sido valiente pero ahora se
daba cuenta que su cambio no sólo había sido externo o en cuanto a la alegría
que profesaba, ahora sabía que todos esos meses sin velo, sin hablarle, le
había hecho bien. Tom había crecido, al fin demostraba toda esa fuerza que se
encontraba enterrada en él y que le hacía brillar intensamente.
En esos momentos parecía incluso más atractivo, más
varonil y fuerte de lo que alguna vez le pareció.
-¿Shane te dijo algo de que quería que trabajara para
él? —Jane asintió antes de responder.
-Sí, me dijo que… —Hizo una pausa volviendo su rostro
completamente sombrío —Que no le servía para nada. Es irónico porque hace unos
meses estaba tan obsesionado conmigo y ahora, que nadie está interesado en mí,
me hace a un lado. Y últimamente todos hablan de ti. Escuché un día que Shane
le dijo a Lamb que necesitaban a alguien más porque yo ya no atraía ni a las
benditas moscas, que necesitaba alguien nuevo, alguien en quien todos confiaran
y admiraran. Obviamente no se me ocurrió nadie más que tú, y lo supe porque
todos ellos no paraban de hablar de ti. Kaulitz esto, Kaulitz aquello. Pero
hacernos esto, a Faber, ha sido demasiado.
-¿Vas a seguir aguantado todo lo que te hace? —Cuestionó
Tom sin evitar el dejo de reclamo en la voz.
-Nunca he sabido qué hacer ¿Por qué voy a saberlo
ahora? —Replicó. —Tú nunca has entendido. Tienes a tus amigos que darían todo
por ti, tienes a gente que te aprecia porque te conoce y saben cómo eres,
tienes unos padres excepcionales y un hermano que siempre está contigo aunque
esté tan lejos. Tienes una salida.
-Tú también la tienes sólo que no has querido verla.
Jane suspiró botando la colilla de cigarro para después
pisarla con el tacón de su bota.
-Creí que la próxima vez que habláramos iba a ser
diferente, que iba a ser especial y que terminaríamos
riéndonos.
-Eso no puede pasar justo ahora, y mucho menos
después de lo que acaba de suceder.
-¡Tom! —Un grito alarmado rompió su pequeña burbuja
reduciendo a nada su conversación —¿¡Donde está Faber!? —Exclamó Jaime aproximándose
a ellos.
-Está adentro, lo están curando.
-¿¡Qué Shane golpeo a mi hermano!? —Cuestionó
enfurecido.
-Sí y también a Jane —Respondió Tom.
-¿Te encuentras bien? —Cuestionó dirigiéndose a la
chica con voz más calmada.
-Sí.
-¿Qué fue lo que sucedió?
-Shane estaba reclamándome unas cosas cuando Faber
entró al bar y trató de defenderme. Entonces lo golpearon y también lo obligaron
a que le llamara a Tom.
-¿Para qué?
-Shane quiere que trabaje para él.
-¿Qué?
-Eso, Faber me llamó diciendo que Jane se había
desmayado y obviamente yo corrí a ver que sucedía, fue cuando me dijeron lo que
querían y que si no aceptaba Faber y Jane lo iba a sufrir.
-Maldito hijo de puta —Murmuró Jaime —Me tiene harto.
-Tanto como a mí —Respondió Tom. Jaime lo miró como pensado
en algo.
-Tenemos que hacer algo.
-Sí, tenemos que hacerlo —Respondió Tom con toda
seguridad,
-Continuará.

