CAPITULO 32: Por un amigo
Su pecho subía y bajaba, su respiración era agitada y su corazón latía intensamente. Tenía todos y cada uno de los músculos de su cuerpo tensados y aunque respiraba profundamente de vez en cuando no podía tranquilizarse.
Siempre habia estado en contra de las personas que cometían delitos y sus padres, desde muy pequeño, le habían enseñado que eso era lo peor que una persona podía hacer y él desde entonces se habia prometido a si mismo jamás hacer algo parecido. Sin embargo, él ahora estaba ahí a punto de ir en contra de sus propios valores morales, pero para él no existía otra opción y se convencía mentalmente que su acción seria justificada.
Miró a su alrededor la noche era más obscura que siempre, estaba asustado y sentía que en cualquier momento la policía llegaría y se lo llevarían preso, pero no le importaba, seria la consecuencia de sus actos y si lo detenían estaba dispuesto a afrontarlo.
-¿Kaulitz estás seguro de esto? —Insistió un chico de cabello rubio y largo, de aspecto fuerte y decidido, en su rostro llevaba una expresión de valor y de experiencia con los años, su ojos contaban las noches duras en el pueblo.
-Estoy seguro —Respondió él sin sonar convencido.
-Bueno es el momento de entrar… —Advirtió el chico rubio de melena larga observando a Tom y a sus demás acompañantes. Estaban frente a una casa o más bien una residencia, dentro de un pequeño auto de vidrios polarizados, no era una casa cualquiera, era la más bonita, la más lujosa, la más cara de todo el pueblo, y ellos estaban ahí dispuestos a llevarse todo lo que les fuera posible.
-Tómala Kaulitz —Le dijo el rubio mostrándole una pistola negra. Tom abrió los ojos mirando con detenimiento el objeto delante de sus ojos.
-Pero no dijiste…
-Tómala, son ellos o eres tú…
…
El sol brillaba intensamente, la brisa era fría a pesar de los fuertes rayos del sol. La cuidad poco a poco dejaba de estar en silencio como en las crudas noches pero él no habia dormido ni siquiera un segundo, habia estado despierto toda la noche.
Una canción comenzó a sonar fuertemente en toda la habitación provocándole un pinchazo en la cabeza, tomó el móvil y respondió con mucha pesadez.
-¿Qué quieres Faber? —Contestó con tono borde.
-Saber por qué jodidos no has llegado a clases
-Estoy terminando el trabajo —Replicó con enfado y sostuvo el móvil en su hombro mientras seguía tecleando frente a la computadora.
-¿Aun no lo terminas? —Exclamó impresionado.
-Si listo, solo que me dio por darle clic en el botón eliminar y se me ocurrió volverlo a empezar —Ironizó con enfado.
-Ya, no lo has terminado… pero si ayer ibas por la mitad y eso que Jane habia estado contigo o no me digas que no pudiste continuar porque te la pasaste pensando en lo que Shane y Jane hacían —Tom suspiró aun más molesto de lo que ya estaba.
-Idiota, no me importa que Jane se haya ido con él, me da igual —Aseguró.
-Ya, y yo soy un monje budista
-Faber, tuve otra cosa que hacer pero en cuanto me desocupé me puse hacerlo… deja de joder no he dormido en toda lo noche y necesito terminar esto…
…
-Muchachos desde ahorita les digo que quien no haya traído el trabajo puede darse por reprobado y claro no se salvará de mi castigo especial y ya saben que conmigo no se juega—Sentenció el maestro de ciencias mirando a cada uno de sus alumnos.
-¿Puedo pasar? —Cuestionó Kaulitz sin aire, habia corrido desde que salió de casa para llegar a tiempo.
-Pase y espero que haya traído el trabajo —Dijo el maestro sonriendo con malicia. Entró al salón y miró a Faber y a Lina, ambos tenían una cara de espanto. Miró a Jane quien estaba sentada cerca de sus amigos, caminó hasta allá y se sentó aun lado de Faber para quedar a un lado de ella, Lina respingó inmediatamente, Tom casi siempre se sentaba con ella.
-¿Quién es? —Cuestionó Tom mirando a Faber.
-Es el maestro de ciencias del otro salón, el nuestro no ha venido. Dicen que es temible, sus castigos son… —Tom entrecerró los ojos mirando al maestro con detenimiento — ¿Terminaste tú el trabajo? —Tom asintió y volteó a ver a Jane.
-Ey —le llamó disimuladamente, Jane junto con Elena voltearon hacia él. — ¿Lo hicis…?
-Kaulitz si no se calla se larga —Dijo el maestro mirándolo con una mirada que daba miedo, Tom dejó de mirar a Jane —A ver Jane usted sigue de Alyn, estoy ansioso por ver su trabajo o mejor dicho por ponerle el castigo —Jane tragó saliva y apretó los puños. La chica, Alyn, le mostraba animadamente el trabajo al temible maestro. Tom observó como el maestro calificaba el trabajo, estaba a punto de ir por Jane.
-Jane… —Le llamó en un susurro, Jane lo miró abriendo los ojos —Toma, cámbiale la portada —Le extendió el trabajo que duramente habia estado tratando de terminar y por el cual no habia dormido parte de la noche. Jane lo tomó con duda, estaba impresionada
-¡Pero Tom! —Replicó Lina entre dientes delante de él —Es tuyo no de ella…
-No puedo aceptarlo —Le dijo Jane tratando de regresárselo, él negó rotundamente.
-Tú lo necesitas más que yo… —Susurró y Jane suspiró no muy convencida, sostuvo el trabajo en sus manos.
…
-No debiste hacerlo —Murmuró Jane cruzada de brazos frente a Tom.
-Ya, pero si no lo hubiera hecho te hubieran corrido asique deberías agradecerme no enfadarte —La rubia de ojos azules dejó caer los hombros y los brazos cansada, se acercó un poco a su amigo y lo observó detenidamente.
-Lo sé pero yo no te lo pedí —Replicó con enojo. Tomó una de sus manos y la acercó a sus ojos para verla con más claridad, la tenia roja y rasguñada casi con sangre. — Además mira tus manos —Lo habían puesto a limpiar todo el patio, quitar los restos de pasto seco y plantar más cien arbolitos, todo en un solo día.
-Eso se hace por los amigos ¿no? —Jane negó repetidas veces, estaba furiosa.
-Quizás pero yo me lo busqué no tienes porqué solucionarme todo, no te lo estoy pidiendo porque quizás cuando tu lo necesites yo no haga nada por ti
-No lo estoy haciendo porque quiera algo a cambio
-¡Ya, pero mírate estas muy cansado por el puto trabajo que me diste y por el castigo del viejo ese!
-No es para tanto —Jane bufó desesperada. Se miraron a los ojos fijamente por unos instantes y luego ella dio la vuelta para marcharse.
-Ey no te vayas —Jane no se detuvo —Necesito que vayas a la playa más tarde —ella se detuvo finalmente y lo miró con extrañez —Por favor ve, tengo algo para ti… —Jane no respondió volvió a su camino preguntándose que se traía entre manos.
Su pecho subía y bajaba, su respiración era agitada y su corazón latía intensamente. Tenía todos y cada uno de los músculos de su cuerpo tensados y aunque respiraba profundamente de vez en cuando no podía tranquilizarse.
Siempre habia estado en contra de las personas que cometían delitos y sus padres, desde muy pequeño, le habían enseñado que eso era lo peor que una persona podía hacer y él desde entonces se habia prometido a si mismo jamás hacer algo parecido. Sin embargo, él ahora estaba ahí a punto de ir en contra de sus propios valores morales, pero para él no existía otra opción y se convencía mentalmente que su acción seria justificada.
Miró a su alrededor la noche era más obscura que siempre, estaba asustado y sentía que en cualquier momento la policía llegaría y se lo llevarían preso, pero no le importaba, seria la consecuencia de sus actos y si lo detenían estaba dispuesto a afrontarlo.
-¿Kaulitz estás seguro de esto? —Insistió un chico de cabello rubio y largo, de aspecto fuerte y decidido, en su rostro llevaba una expresión de valor y de experiencia con los años, su ojos contaban las noches duras en el pueblo.
-Estoy seguro —Respondió él sin sonar convencido.
-Bueno es el momento de entrar… —Advirtió el chico rubio de melena larga observando a Tom y a sus demás acompañantes. Estaban frente a una casa o más bien una residencia, dentro de un pequeño auto de vidrios polarizados, no era una casa cualquiera, era la más bonita, la más lujosa, la más cara de todo el pueblo, y ellos estaban ahí dispuestos a llevarse todo lo que les fuera posible.
-Tómala Kaulitz —Le dijo el rubio mostrándole una pistola negra. Tom abrió los ojos mirando con detenimiento el objeto delante de sus ojos.
-Pero no dijiste…
-Tómala, son ellos o eres tú…
…
El sol brillaba intensamente, la brisa era fría a pesar de los fuertes rayos del sol. La cuidad poco a poco dejaba de estar en silencio como en las crudas noches pero él no habia dormido ni siquiera un segundo, habia estado despierto toda la noche.
Una canción comenzó a sonar fuertemente en toda la habitación provocándole un pinchazo en la cabeza, tomó el móvil y respondió con mucha pesadez.
-¿Qué quieres Faber? —Contestó con tono borde.
-Saber por qué jodidos no has llegado a clases
-Estoy terminando el trabajo —Replicó con enfado y sostuvo el móvil en su hombro mientras seguía tecleando frente a la computadora.
-¿Aun no lo terminas? —Exclamó impresionado.
-Si listo, solo que me dio por darle clic en el botón eliminar y se me ocurrió volverlo a empezar —Ironizó con enfado.
-Ya, no lo has terminado… pero si ayer ibas por la mitad y eso que Jane habia estado contigo o no me digas que no pudiste continuar porque te la pasaste pensando en lo que Shane y Jane hacían —Tom suspiró aun más molesto de lo que ya estaba.
-Idiota, no me importa que Jane se haya ido con él, me da igual —Aseguró.
-Ya, y yo soy un monje budista
-Faber, tuve otra cosa que hacer pero en cuanto me desocupé me puse hacerlo… deja de joder no he dormido en toda lo noche y necesito terminar esto…
…
-Muchachos desde ahorita les digo que quien no haya traído el trabajo puede darse por reprobado y claro no se salvará de mi castigo especial y ya saben que conmigo no se juega—Sentenció el maestro de ciencias mirando a cada uno de sus alumnos.
-¿Puedo pasar? —Cuestionó Kaulitz sin aire, habia corrido desde que salió de casa para llegar a tiempo.
-Pase y espero que haya traído el trabajo —Dijo el maestro sonriendo con malicia. Entró al salón y miró a Faber y a Lina, ambos tenían una cara de espanto. Miró a Jane quien estaba sentada cerca de sus amigos, caminó hasta allá y se sentó aun lado de Faber para quedar a un lado de ella, Lina respingó inmediatamente, Tom casi siempre se sentaba con ella.
-¿Quién es? —Cuestionó Tom mirando a Faber.
-Es el maestro de ciencias del otro salón, el nuestro no ha venido. Dicen que es temible, sus castigos son… —Tom entrecerró los ojos mirando al maestro con detenimiento — ¿Terminaste tú el trabajo? —Tom asintió y volteó a ver a Jane.
-Ey —le llamó disimuladamente, Jane junto con Elena voltearon hacia él. — ¿Lo hicis…?
-Kaulitz si no se calla se larga —Dijo el maestro mirándolo con una mirada que daba miedo, Tom dejó de mirar a Jane —A ver Jane usted sigue de Alyn, estoy ansioso por ver su trabajo o mejor dicho por ponerle el castigo —Jane tragó saliva y apretó los puños. La chica, Alyn, le mostraba animadamente el trabajo al temible maestro. Tom observó como el maestro calificaba el trabajo, estaba a punto de ir por Jane.
-Jane… —Le llamó en un susurro, Jane lo miró abriendo los ojos —Toma, cámbiale la portada —Le extendió el trabajo que duramente habia estado tratando de terminar y por el cual no habia dormido parte de la noche. Jane lo tomó con duda, estaba impresionada
-¡Pero Tom! —Replicó Lina entre dientes delante de él —Es tuyo no de ella…
-No puedo aceptarlo —Le dijo Jane tratando de regresárselo, él negó rotundamente.
-Tú lo necesitas más que yo… —Susurró y Jane suspiró no muy convencida, sostuvo el trabajo en sus manos.
…
-No debiste hacerlo —Murmuró Jane cruzada de brazos frente a Tom.
-Ya, pero si no lo hubiera hecho te hubieran corrido asique deberías agradecerme no enfadarte —La rubia de ojos azules dejó caer los hombros y los brazos cansada, se acercó un poco a su amigo y lo observó detenidamente.
-Lo sé pero yo no te lo pedí —Replicó con enojo. Tomó una de sus manos y la acercó a sus ojos para verla con más claridad, la tenia roja y rasguñada casi con sangre. — Además mira tus manos —Lo habían puesto a limpiar todo el patio, quitar los restos de pasto seco y plantar más cien arbolitos, todo en un solo día.
-Eso se hace por los amigos ¿no? —Jane negó repetidas veces, estaba furiosa.
-Quizás pero yo me lo busqué no tienes porqué solucionarme todo, no te lo estoy pidiendo porque quizás cuando tu lo necesites yo no haga nada por ti
-No lo estoy haciendo porque quiera algo a cambio
-¡Ya, pero mírate estas muy cansado por el puto trabajo que me diste y por el castigo del viejo ese!
-No es para tanto —Jane bufó desesperada. Se miraron a los ojos fijamente por unos instantes y luego ella dio la vuelta para marcharse.
-Ey no te vayas —Jane no se detuvo —Necesito que vayas a la playa más tarde —ella se detuvo finalmente y lo miró con extrañez —Por favor ve, tengo algo para ti… —Jane no respondió volvió a su camino preguntándose que se traía entre manos.
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