sábado, 11 de febrero de 2012

Capítulo 43



-¿Quién es… Nicolás? —Preguntó Tom manteniendo la mirada fija en el techo. Ambos estaban tumbados en el piso sobre unos agradables cojines, se encontraban encerrados en la habitación de Jane para evitar que su madre se inmiscuyera en sus asuntos. Jane trataba de despejar su mente de lo que habia ocurrido minutos antes con Shane.
-Es un amigo… —Tomó aire profundamente y luego lo soltó —La verdad es que teníamos algo, siempre hemos tenido algo, de hecho nos conocimos en el antro al que fuimos ayer…
-¿Fueron novios? —Jane negó para luego responder.
-Nunca llegamos a tener nada serio, siempre creí que quería más a Shane…
-Salías con ambos
-Algo así… —Murmuró no muy orgullosa.
-¿Y qué hay ahora? —Jane suspiró.
-No sé —Dijo con voz sonriente —Nos vimos y… bueno fue increíble volverlo a ver después de casi ocho meses sin saber algo de él… No creyó cuando le dije que terminé con Shane… —Tom sonrió de medio lado, eso ni él lo creía.
-Jane, te buscan —Gritó su madre tocando la puerta, Jane suspiró profundamente mientras se levantaba del suelo.
-¡Soy yo! —Gritó Elena del otro lado de la puerta.
-Pasa —Respondió Jane. Elena abrió la puerta con fuerza, iba con una sonrisa deslumbrante, estaba entusiasmada por ver a su amiga.
-¡Pero dónde te has metido! —Exclamó encaminándose hacia donde estaba Jane., la cual la recibió con un fuerte abrazo.
-Pues ya ves —Murmuró J.
-Hola Tom —Saludó Elena al separarse de ella.
-Hola Elena —Respondió él. Se acercó a Tom y se inclinó para darle un beso el mejilla ya que él seguía en el suelo.
-Estuve muy preocupada —Murmuró negando repetidas veces —Por cierto, tus amigos te anduvieron buscando todos estos días, se veían realmente preocupados —Le dijo a Tom. Este dejó de sonreír sintiéndose un poco inquieto.
-Emm… creo que iré a buscarlos —Le dijo a Jane, esta asintió con una sonrisa en el rostro. —Nos vemos —Murmuro tomando su móvil el cual estaba sobre el tocador. Se levantó y pasó por un lado de Jane y está le dedicó una sonrisa y le dijo:
-Nos vemos mañana, en clases —Tom asintió pasando de largo.

…

-¿Cómo pudiste irte sin decirnos nada? —Reclamó Lina. Tom suspiró un poco agobiado por lo enérgica que habia sonado.
-¿Te la has pasado bien al menos? —Cuestionó Faber intentando reducir la tensión que habia en el ambiente, no le gustaban cuando las cosas se ponían así.
Estaban afuera de la casa de Lina. Tom se encontraba recostado en el auto de la madre de su amiga y Faber estaba sentando en banqueta a los pies de Kaulitz, mientras que Lina permanecía de pie, cruzada de brazos a unos cuantos metros de Tom, dedicándole una mirada de reclamo e indignación.
-Ah estado muy bien —Respondió Tom a Faber sin poder ocultar la sonrisa en su rostro, cosa que enfureció aún más a su imponente amiga.
-Faber… —Murmuró Lina captando su atención —¿Me podrías dar unos minutos para hablar con él? —Pidió con cierto tono. Faber bufó disimuladamente tratando de ocultar su molestia. Se puso de pie y se sacudió los pantalones para luego encaminarse hacia la casa de ella.
-¿Te has metido con ‘esa’? —Cuestionó Lina, con cierto tono despectivo, en cuanto Faber entró a su casa. Tom no respondió, continuó con la mirada elevada en el cielo obscuro. Se hizo hacia adelante despegando su espalda del auto que comenzaba a empañarse por el sereno de la noche, quedó de pie, recto pero con la misma posición de antes: mirando el cielo inmenso.

-Tom… —Le llamó Lina en un susurro. Él bajó la mirada y se encontró con sus ojos mirándole directamente y a una corta distancia. No tuvo tiempo ni de preguntarse cómo y porqué estaba así de cerca, pues su mente se vio poblada de un solo tipo de pensamientos, los que tenían que ver con ella: Con Lina. Todo lo que siempre sintió se incrustó un instante en su corazón obligándole a volver a los viejos sentimientos. — ¿Te gusta? —Cuestionó Lina de nuevo. Se acercó un poco más e incluso se puso de puntillas para lograr estar a su altura. Sus labios se rosaron en ese mismo momento y ella fue la que decidió tomar la iniciativa. En un beso intenso e inesperado se convirtió lo que parecía una conversación común. Los sentimientos de él aparecieron como un nuevo y deslumbrante amanecer para regalarle confusión y un gramo de esperanza. Siempre habia querido que las cosas fueran como en este momento, que fuera ella la que se aventaba a sus brazos y no él como lo hizo en muchas ocasiones, ocasiones en las que siempre fue rechazado. Pero ahora, ahora todo era tan complicado de entender. No podía cuestionarse acerca del porqué de lo que Lina estaba haciendo, solamente podía responder de la misma manera aquel beso.

…

-Estoy aburrida —Escribió Jane en un pequeño pedazo de papel, lo dobló y se le pasó a Tom a hurtadillas para que el maestro no la pillara en el acto. Estaban sentados juntos, en una mesa para dos pero a pesar de estar tan cerca no podían hablar, lo habían intentado unos minutos antes pero el maestro les había llamado la atención así esa era la mejor opción para comunicarse.
-Yo también estoy aburrido, me dio sueño. Cuéntame algo —escribió Tom como respuesta en la hoja, la dobló y se la pasó a Jane. Tardó varios minutos en responder pues se pudo a pensar detenidamente en que escribir pero para su mala suerte su mente solo podía pensar en una sola cosa. Se rascó la cabeza y suspiró con resignación, tomó el lápiz ante la atenta mirada de Tom y comenzó a escribir.
-Ayer fui a ver a Edgar después de que Elena se fue… —Escribió temerosa.
-¿Fuiste a hablar con él? ¿Tu sola? Q’ pasó Q’ te dijo —Preguntó el intrigado y preocupado. Jane sonrió débilmente al ver el rostro de su amigo que demostraba su sentir.
-Si fui a hablar con él, y si también fui sola y pasó lo mismo siempre se puso de mal plan y me dijo que no quería el dinero. Lo mismo de la otra ocasión—Le devolvió la nota y Tom leyó rápidamente.
-¿Que te quería a ti? —Escribió Tom, Jane asintió con una mueca en el rostro al leer la respuesta.

-¡Jane! —Un grito aterrador resonó en todo el salón de clase al mismo tiempo en que la puerta era abierta de un solo golpe. Jane pegó un brinco asustada y su corazón comenzó a latir desesperadamente — ¡Vámonos! ¡Ahora! —Ordenó Shane sin dejar de gritar. Jane tragó en seco y apretó los puños. El maestro, quien estaba de pie delante del pizarrón, se hizo hacia atrás; no era más que un docente cobarde como todos los demás que se atemorizaba por los mafiosos del pueblo. — ¡Que te levantes! —Volvió a gritar Shane. Todos permanecían sin moverse, expectantes y asustados a lo que podría pasar. Todos, o la gran mayoría, temían de Shane.

Jane apretó dientes muriéndose de coraje y asustada también porque no sabía qué era lo que sucedía. Pateó el asiento vacío que estaba delante de ella con furia enviándolo junto con la mesa contra una compañera que estaba después. Jane se levantó con actitud y expresión retadora dispuesta a enfrentar lo que estaba por venir pero antes que pudiera dar un paso hacia Shane sintió como fue sujetada de la muñeca, bajó la mirada y observó la mano que la detenía con fuerza. Cruzó mirada con él y se encontró con esos ojos color almendra que le suplicaban que se quedara. Su corazón se encogió al encontrarse con esa mirada, tomó su mano con delicadeza y la apartó de la suya. Le dedicó una última mirada, una que iba acompañada de cariño y dolor. Volvió la mirada a Shane y su rostro cambió, tomó sus cosas bruscamente y comenzó a caminar con pasos decididos, empujó a más de un compañero mientras salía del salón, estaba furiosa y asustada y no se podía controlar. Shane la sujetó del brazo y la jaló llevándosela con él sin la menor pisca de delicadeza.

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