-Aquí te espero —Le dijo ella cuando Tom abrió la puerta.
-¿Qué? Claro que no, vamos —Le dijo sin darle tiempo de negarse, salió de la camioneta y le dio la vuelta, jane aun estaba dudando. — ¿Te acobardas? No creí que fueras así pero bueno, ahorita vengo
-Tu ganas —Dijo cuando Tom comenzó a caminar en dirección a la casa. —Bajó del auto y caminó a paso rápido para alcanzarlo.
La puerta de aquella casa de fachada elegante se estaba abriendo cuando Jane llegó a lado de Kaulitz. Ante ellos apareció un hombre mayor, su cabellera mostraba algunos indicios de la edad, tenía los ojos color claro iguales a los de Tom, en ellos se reflejaba el cansancio pero también confesaba juventud y felicidad.
-Thomas —Dijo sorprendido. Se acercaron uno al otro y se dieron un abrazo — Que sorpresa… ¿Pasó algo? ¿Tu madre se encuentra bien? —Preguntó rápidamente.
-Si ella está muy bien solo vinimos de fin de semana —Dijo Tom volteando a ver a Jane.
-Ah… —Dijo su padre. —¿Y ella quien es? —Dijo enfocando su atención en ella.
-Es Jane
-Mucho gusto señor —Se aproximó un paso al hombre y le extendió la mano.
-¿Jane? —Cuestionó recordado algo —¿Tus padres son los Drake’s?
-Sí, son ellos —Respondió intentando sonreír, odiaba que fuera conocida solo por sus padres y no por meritos propios.
-Como has cambiado, te conocí cuando tu padre te llevaba al parque —Jane sonrió amargamente. Tenía tan presentes aquellos días, cuando realmente se la pasaba bien, cuando su padre era un real padre. — ¿Qué ha sido de él?
-Eso mismo quisiera saber yo… —Respondió secamente. El rostro del hombre cambió al ver en los ojos de la chica la amargura de los años.
-Pues bueno… pasen, pasen —Dijo rápidamente mientras se hacía a un lado—¿Así que es tu novia? —Preguntó imprudentemente, caminando detrás de los chicos. Tom volvió el cuerpo hacia su padre y le hizo un gesto con la boca.
-No, somos amigos solamente —Resaltó Kaulitz. Su padre sonrió avergonzado y dijo.
-Bill esta allá arriba, seguro querrá verte a ti y a tan bonita chica —Le alentó, Tom asintió ansioso por las ganas que tenia de verlo, Jane por su parte presintió que algo no iba a marchar del todo bien y por lo tanto tuvo grandes deseos de salir corriendo.
Pocas eran las veces en que Jane se habia sentido tan amedrentada por una situación. Las imágenes estaban en su mente y no podía no sentirse culpable, ella y sus “amigos” tenían la culpa de que Tom se hubiese separado de su hermano, ella tenía la culpa de muchas cosas que seguramente le habían pasado a Bill.
Pasaron un largo pasillo después de subir las escaleras al segundo piso, hasta que finalmente se detuvieron delante de una puerta de madera de color negra.
Tom abrió la puerta de golpe, sin darle tiempo a Jane para prepararse. Entró ala habitación y Jane miró desde lejos como se arrojaba sobre el chico que estaba tirado sobre la cama. Lucharon en la cama como niños pequeños, entre sonrisas y gestos de sorpresa, hasta que finalmente se pusieron de pie.
-He traído a una amiga —Dijo Tom finalmente cambiando su tono de voz alegre a uno más serio, entonces Bill miró hacia la puerta donde Jane permanecía estática. La sonrisa deslumbrante que llevaba aquel angelical rostro desapareció de golpe al verla a los ojos. Jane no parpadeó, al contrario aguantó aquella mirada fría, llena de dolor y resentimiento. Bill frunció el ceño y volteó a ver a su hermano para dejar de verla, para no revivir los malos momentos que esa chica traía a su memoria y sobre todo para que él le explicara la razón de que ella estuviera ahí.
-T-e esp-ero en el coche —Fue todo lo que pudo pronunciar Jane delante de ellos. Dio la vuelta y recorrió de regreso el camino por donde habían llegado. Salió de la casa de los Kaulitz lo más rápido que pudo y se metió dentro del coche respirando entrecortadamente.
…
-¡Vuelve pronto hijo para que pases un día completo con nosotros! —Escuchó Jane a lo lejos. Se dio cuenta entonces que Tom se estaba despidiendo de su padre a fuera de la casa.
-Claro que si, pronto volveré, hasta luego —Finalizó para después darle un abrazo cariñoso a su padre. Jane volvió a sonreír amargamente y sintió la necesidad de ponerse a llorar. Ella a comparación de Tom estaba completamente sola, ella a comparación de Tom no era una buena persona, ella a comparación de Tom no tenía ni el cariño de sus “amigos”, ni el amor de un padre o de una madre, ni aun hermano a cual tenerle confianza. Ella, en ese momento, sentía que no tenía nada.
Mantuvo la mirada baja cuando Tom abordó el auto. Le habia dejado libre el asiento del volante, permitiendo que él condujera.
-Jane… —Le llamó con voz suave. Jane no respondió, ni siquiera se movió. — ¿Todo está bien vale? —Le dijo restándole importancia.
-No lo está, no para mí… —Tom encendió el auto y partió sin saber a dónde ir. — ¿Qué te dijo? —Preguntó poco después. — ¿Qué te dijo? —Insistió Jane al no recibir respuesta. — ¡Joder habla no te quedes callado!
-Me dijo que… que no debí llevarte, que no quería verte… que me alejara de ti…
-Demasiada información para mí —Ironizó Jane en un intento bastante patético de suavizar sus emociones, pero no logró. — Él debe odiarme… —Susurró.
-Él no te odia, no es así… solo…
-No está bien, me lo merezco ¿Sabes? Realmente me lo merezco…
-Vamos no importa —Insistió Tom.
-Si importa, me importa porque ¡Joder! Es una persona con sentimientos, que nosotros lo tratábamos peor que a un bicho, que a una alimaña… Es tu hermano, joder es tu hermano y ustedes no se lo merecían… —Kaulitz apretó los dientes con rabia recordando los momentos difíciles que vivió en aquella época, sobre todo cuando se ensañaban con Bill… —Me duele porque es tu hermano, porque fue demasiado incluso para mi…
-Te duele porque no eres como ellos…
Mostrarte fuerte ante los demás no siempre es la manera más fácil, porque todo eso que no muestras se va acumulando hasta que ya no hay más espacio, hasta que un día no soportas más y lo expulsas; y, a veces, aunque lo hagas nunca es suficiente porque no lo hiciste en el momento indicado.
Aunque no lloraba sentía el pecho oprimido y abatido. Estaban sentados en la banca de un parque, el primero que se les habia cruzado en el camino, ninguno de los dos habia hablado en los últimos veinte minutos, la tensión estaba presente y ese sentimiento de desolación no abandonaba a ninguno de los dos.
-¿Les hago una foto? —Preguntó una voz interrumpiendo los pensamientos de ambos. Tom alzó la mirada y se encontró con un hombre de edad avanzada, un anciano de rostro angelical y una mirada llena de paz, llevaba una cámara profesional colgada al cuello de esas que se veían muy poco actualmente.
-¿Qué dices? —Dijo mirando a Jane, esta asintió sonriendo.
-Acérquense un poco —Indicó el dulce fotógrafo. Jane dejó caer su cabeza en el hombro de su amigo y sonrió sin proponérselo. El flashazo indicó que la imagen ya estaba capturada. — En un momento se las doy —Dijo el hombre tomando la foto que habia salido por un lado de la cámara. Comenzó a abanicarla de un lado a otro y finalmente se la entregó a Tom.
Ambos sonrieron al verla foto.
-Que guapos —Dijo Jane sonriendo.
-Aquí tiene señor —Le dijo Tom entregándole unos cuantos billetes. El hombre sonrió agradecido y se marchó felizmente.
-¡Ya está! —Exclamó Jane poniéndose de pie con muchos ánimos —Quiero ir a bailar, quiero beber, quiero una noche loca en esta ciudad…
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