sábado, 11 de febrero de 2012
Capitulo 46: Corazón enamorado.
Mis sonrisas, mis recuerdos, mis sentidos, Mi corazón…Cualquier cosa incluso mi vida la daría por ti ¿Qué no lo ves?
Sin aliento. Así habían llegado hasta un callejón obscuro que estaba muy cerca de la casa de Kaulitz.
Respiraban agitados y sus corazones latian acelerados y al mismo tiempo. Jane estaba inclinada hacia delante con las manos reposando sobre sus rodillas. Intentaba recuperar el aliento.
Luego de varios minutos, cuando estuvo más tranquila, se reincorporó bruscamente y miró a Tom.
-¿¡Estás loco o qué!? —Cuestionó con furia y frustración. Volvió el cuerpo hacia él y le estampó una fuerte bofetada. Un segundo después se sintió muy culpable de su acción.
Tom se acarició la zona enrojecida mirando hacia el final del callejón. —Fue estúpido… —Murmuró ella. — Un acto demasiado estúpido. ¡Pudieron matarte y lo sabes! —Unas cuantas lágrimas traicioneras brotaron de sus ojos pero las apartó enseguida. — ¿Qué haría yo sin ti? —Cuestionó en un susurro reprimiendo las ganas de llorar. Tom volteó a verla por primera vez.
-Yo tampoco sabría qué hacer sin ti… —El corazón de Jane dio un vuelco acelerado. Ella bajó la mirada preguntándose por qué su corazón latía tan rápido y con tanta intensidad. Sintió una suave caricia en su rostro, como era sujetada con aquella delicadeza… como si realmente se fuera a romper, como si realmente fuera una muñequita de porcelana. Vacilante y temerosa, como jamás lo habia estado, alzó la mirada. Hubo una chispa que rompió la soledad y el dolor de sus corazones cuando sus ojos se conectaron, una oleada violenta y estremecedora azotó a ambos, sus miradas se volvieron profundas. Inexplicable era el sentimiento que estaba brotando desde lo más profundo de su corazón.
Indeciso se acercó un poco más a ella, hasta sus alientos se entremezclaron. Estaba hipnotizado por el brillo que habia en sus ojos, esos que siempre lo atrapaban y lo dejaban con un verdadero idiota.
Sus labios se encontraron en medio de la obscuridad iniciando una danza cadenciosa e intensa, llena de algo más que deseo. Habia pasión, sí; pero también un montón de sentimientos inexplicables. Era un beso poco planeado, nacido de lo más profundo de un corazón enamorado.
Sus manos se encontraron también y sus dedos se entrelazaron con fuerza, e incluso se acercaron un poco más uno al otro. El mundo a su alrededor desapareció, al menos por un instante.
Jane dio un paso hacia atrás debido a la presión e intensidad que hacia Tom en ella al besarla. Sus labios se separaron y sus ojos se encontraron con dificultad entre la escasa luz.
-Hay que ir a casa —Le dijo él con voz entrecortada. Jane asintió muy lentamente, ya que cada una de sus neuronas estaba descolocada.
Comenzaron a caminar, Tom pasó su brazo por encima del hombro de Jane y esta rodeó su cintura.
-Eres realmente incorregible… —Musitó Jane con voz sonriente luego de varios minutos. Estaban a nada de salir del callejón.
-De nada —Murmuró Tom atrayéndola a su cuerpo. Ella se aferró un poco más a su cintura dejándose envolver por el delicioso aroma que desprendía de Kaulitz, dejándose proteger por él…
…
-¿Crees que Faber esté bien? —Cuestionó Tom luego de apartar el móvil de su oreja, Faber no respondía su llamada.
-Yo creo que sí, hay que confiar.
-Tienes razón… —Suspiró no muy convencido. Dejó el móvil en el escritorio de la computadora y volteó a ver a Jane. Ella estaba recostada en su cama, movía la pierna izquierda con nerviosismo mientras se comía las uñas. — ¿Te encuentras bien? —Preguntó preocupado.
-No —Respondió ella después de suspirar.
-¿Por qué… por qué Shane te sacó así de la escuela? —Se atrevió a preguntar finalmente. Jane tragó en seco y continuó comiéndose las uñas con desesperación.
-¿Tienes un cigarro? —Quería evadir deliberadamente la pregunta.
-Sabes que no fumo, pero respóndeme…
-¿Tu madre no tendrá uno? —Tom rodó los ojos.
-Ahorita vengo —Le dijo él. Salió de la habitación y a los varios minutos regresó con una cajetilla de cigarros en la mano.
-Te tardaste mucho —Le recriminó Jane.
-Fui a comprarlos —Respondió con voz seria. Jane sonrió débilmente por el lindo gesto.
Kaulitz se sentó en el borde de la cama y le tendió la cajetilla. Jane se reincorporó quedando sentada sobre la cama y la tomó con cierta desesperación, la abrió y obtuvo un cigarro, el cual se llevó hábilmente ala boca. Sacó el encendedor de su chaqueta de cuero y sin perder más tiempo lo encendió y comenzó a fumar.
-Edgar le dijo que… —Hizo una larga pausa al no encontrar las palabras adecuadas. — Que él y yo… estuvimos juntos —Tom hizo el intento de no reflejar impresión en su rostro.
-¿Y es verdad? —Jane bajó la mirada y asintió a duras penas.
-No fui capaz de decirle la verdad —Confesó luego de varios minutos aún con la vista baja.
-¿Cuál verdad?
-Que… que no estuve con él por gusto propio…
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