Había solo una cosa de la cual si estaba consciente de las ganas que tenia de besarla…
Jane se movía rítmicamente, con mucha gracia e ímpetu. Para Tom era demasiada la sensualidad que sus movimientos le daban, y esto lograba hipnotizarlo aún más; se sentía transportaba a otra dimensión.
La canción terminó llevando consigo el valor que había conseguido tener por un instante. Jane se separó él sonriendo alegremente, se le veía bastante entusiasmada.
Una nueva canción resonó alborotando a todos los que estaban a su alrededor, inmediatamente inició un baile alocado donde las miradas y las sonrisas era lo única que podían compartir. La gente comenzó a amontonarse, unos pegados con otros intentando mantener el ritmo, casi ni se podía respirar por tanto empujón y tanta locura.
-¡Hay que salir de aquí!—Le dijo Jane apuntando hacia la barra, Tom asintió mientras le tomaba la mano para ir detrás de ella — Es una verdadera locura —Dijo Jane cuando lograron llegar a la barra, estaba sofocada y acalorada.
-Empezaba a divertirme —Dijo Tom —Te mueves cada vez mejor —Jane sonrió mínimamente apenada.
-¿Me has visto?
-Alguna vez, en alguna fiesta… —Dijo él sin adentrarse demasiado en el tema.
-Pues gracias —Respondió ella, también sin querer indagar en el hecho de que él se fijaba demasiado en ella. Tom se quedó mirándola fijamente, de esa manera que a Jane le costaba definir. Ella apartó la mirada de sus ojos bonitos fijándola las botellas de vino que estaban en la barra, pensando en que si continuaba mirándole de esa manera después se iba hacer adicta a esa peculiar forma de mirar.
-¡Ey quiero una copa! —Le gritó al Bartender, este estaba del otro lado de la barra atendiendo a unos chicos. Cuando se desocupó se aproximó hacia donde Jane estaba.
-Te dejaron esto —Le dijo el muchacho pasándole una bebida. Jane sonrió ampliamente a ver la copa de vodka, con arándanos y limón, la cual era su favorita. Ese regalo solamente podía venir de una sola persona.
Jane giró de un solo movimiento buscándole con desesperación, buscó entre toda la gente pero no se veía por ahí cerca.
Tom se dio cuenta de la expresión de jane, su rostro se había iluminado, nunca antes le había visto así, de esa manera como si esa persona fuera alguien realmente especial para ella. Por un momento, sintió envidia de no poder ser él el que provocara esas reacciones. Sintió también deseos de conocer esa persona, de saber quién era, saber quién era capaz de hacerla sonreír de esa manera.
-Oye… —Dijo Jane fijando finalmente la mirada en su amigo después de haber recorrido todo el sitio con la misma — Te importa si te dejo un rato, es que necesito encontrar a alguien… —Tom asintió sonriendo costosamente. Jane sin decir nada mas salió disparada adentrándose entre la gente, dejando claro que realmente quería encontrarse con aquella persona.
Tom suspiró atosigado cuando Jane se le perdió de vista, regresó la vista a la barra y le pidió una copa al Bartender que había atendido a Jane.
-Esa chica siempre esa así… —Dijo el muchacho dirigiéndose a Tom. Este alzó la mirada para comprobar que realmente se dirigía a él. —Siempre está con gente gorda, ya sabes… mafiosos y esas cosas —Le explicó al ver el rostro confundido de Kaulitz.
-Y él que le dio esto —Señaló la copa — es uno de esos?
-No, él es otra cosa, es un niño rico que viene muy a menudo por aquí con la esperanza de volver a ver a la rubia… —Tom frunció el ceño aun sin comprender.
-Ya te digo, es mejor que te busques a otra, créeme esa chica ya la tienen vista y no querrás tener problemas… —Le aconsejó el muchacho de todo corazón. Tom sonrió agradecido y luego se marchó en busca de algo que pudiera despejarle la mente, principalmente para no pensar más en ella.
-¡Hay que salir de aquí!—Le dijo Jane apuntando hacia la barra, Tom asintió mientras le tomaba la mano para ir detrás de ella — Es una verdadera locura —Dijo Jane cuando lograron llegar a la barra, estaba sofocada y acalorada.
-Empezaba a divertirme —Dijo Tom —Te mueves cada vez mejor —Jane sonrió mínimamente apenada.
-¿Me has visto?
-Alguna vez, en alguna fiesta… —Dijo él sin adentrarse demasiado en el tema.
-Pues gracias —Respondió ella, también sin querer indagar en el hecho de que él se fijaba demasiado en ella. Tom se quedó mirándola fijamente, de esa manera que a Jane le costaba definir. Ella apartó la mirada de sus ojos bonitos fijándola las botellas de vino que estaban en la barra, pensando en que si continuaba mirándole de esa manera después se iba hacer adicta a esa peculiar forma de mirar.
-¡Ey quiero una copa! —Le gritó al Bartender, este estaba del otro lado de la barra atendiendo a unos chicos. Cuando se desocupó se aproximó hacia donde Jane estaba.
-Te dejaron esto —Le dijo el muchacho pasándole una bebida. Jane sonrió ampliamente a ver la copa de vodka, con arándanos y limón, la cual era su favorita. Ese regalo solamente podía venir de una sola persona.
Jane giró de un solo movimiento buscándole con desesperación, buscó entre toda la gente pero no se veía por ahí cerca.
Tom se dio cuenta de la expresión de jane, su rostro se había iluminado, nunca antes le había visto así, de esa manera como si esa persona fuera alguien realmente especial para ella. Por un momento, sintió envidia de no poder ser él el que provocara esas reacciones. Sintió también deseos de conocer esa persona, de saber quién era, saber quién era capaz de hacerla sonreír de esa manera.
-Oye… —Dijo Jane fijando finalmente la mirada en su amigo después de haber recorrido todo el sitio con la misma — Te importa si te dejo un rato, es que necesito encontrar a alguien… —Tom asintió sonriendo costosamente. Jane sin decir nada mas salió disparada adentrándose entre la gente, dejando claro que realmente quería encontrarse con aquella persona.
Tom suspiró atosigado cuando Jane se le perdió de vista, regresó la vista a la barra y le pidió una copa al Bartender que había atendido a Jane.
-Esa chica siempre esa así… —Dijo el muchacho dirigiéndose a Tom. Este alzó la mirada para comprobar que realmente se dirigía a él. —Siempre está con gente gorda, ya sabes… mafiosos y esas cosas —Le explicó al ver el rostro confundido de Kaulitz.
-Y él que le dio esto —Señaló la copa — es uno de esos?
-No, él es otra cosa, es un niño rico que viene muy a menudo por aquí con la esperanza de volver a ver a la rubia… —Tom frunció el ceño aun sin comprender.
-Ya te digo, es mejor que te busques a otra, créeme esa chica ya la tienen vista y no querrás tener problemas… —Le aconsejó el muchacho de todo corazón. Tom sonrió agradecido y luego se marchó en busca de algo que pudiera despejarle la mente, principalmente para no pensar más en ella.
El resto de la noche fue historia, Kaulitz logró encontrar a una chica guapa con la cual bailar un rato, beber y conversar pero lo cierto era que su cabeza estaba en otro lado y lo peor era que en todo el lugar no habia ni rastros de Jane.
La noche terminó para él cuando recibió un mensaje de su amiga diciéndole que lo esperaba en el coche para irse a dormir. Tom dejó la chica guapa, morena y alta de buen cuerpo, con ganas de una buena noche; pero a él no le importó, no le importó el hecho de que casi saliera corriendo para ir donde estaba su querida amiga.
-¿Dónde estabas? —Le preguntó cuando abordó el auto. Jane esta recostada en el asiento con los ojos cerrados, tenía sueño y estaba tomada.
-Estaba con un viejo amigo, la verdad es que la he pasado muy bien —Respondió levantando la cabeza para mirar a Tom. Sonrió estúpidamente y volvió apoyar la cabeza en el asiento pero sin dejar de mirarlo.
-¿Y tu dónde estabas?
-Ahí dentro buscándote —Respondió simplemente y sin agregar nada más. Jane cerró los ojos luchando por no quedarse dormida pero al final no lo consiguió. Tom condujo de regreso al hotel sin poder apartar las últimas palabras de Jane, Estaba con un viejo amigo, la verdad es que la he pasado muy bien. ¿Qué se suponía que significaba esa frase? ¿Quién era ese viejo amigo? ¿Seria alguien importante para ella? Era obvio que si, sino ella no se hubiera puesto tan feliz, sino ella no hubiera sonreído de aquella manera, sino ella no hubiera ido corriendo en su búsqueda.
El camino se hizo eterno entre tanto cuestionamiento y tantos pensamientos perturbadores…
…
El sol dio directamente en su rostro, apretó los ojos y se cubrió con la sabana negándose a despertar pero ya no había remedio. Se levantó de mal humor y fue hacia el baño y se lavó la cara. Había dormido muy mal, de hecho lo más acertado era decir que no había dormido en toda la noche y en cambio ella en cuando había tocado la cama había caído en brazos de Morfeo.
Se pegó suaves cachetadas en el rostro al darse cuenta que ahí, de nuevo, estaba ella en sus pensamientos. Se preguntaba qué había sucedido ayer para que ahora amaneciera con Jane en la cabeza, en qué momento se había instalado ella ahí y la mejor pregunta: cómo la sacaba. Se sonrió de mala gana dándose cuenta que las últimas semanas había girado en torno a ella.
-¡Que estúpido eres! —Se recriminó a sí mismo. Era claro, desde el primer momento se habia sentido atraído por ella.
Salió del baño minutos después y se encontró con Jane de pie delante del tocador cepillándose el cabello.
-Ey hola —Saludó Jane con un sonrisa. Tom respondió con una mueca horrenda sin mirarla. Jane alzó las cejas sin comprender su reacción —¿Dormiste mal o qué?
-No —Respondió él secamente. Jane giró para mirarlo de frente pero Tom fingía que hacia algo con su móvil.
-¿Estas enojado por algo? —Tom alzó la cabeza y la miró seriamente, se encogió de hombros e hizo una mueca. Pasó de largo y se acercó al buró de la cama donde habia dejado su billetera. — ¡Venga, que no te la has pasado tan mal! —Le dijo ella indignada, y sin creérsela que él pudiera estar enojado.
-Dices tú —Se limitó a decir irónicamente, mientras metía la billetera en la bolsa trasera de su pantalón.
-Pero si hasta te he visto bailar con una morena muy guapa toda la noche —Tom volteó a verla. —Ja! No te hagas que te visto…
-Al menos me has visto, yo a ti no te volví a ver hasta que apareciste en el carro toda borracha
-No estaba borracha —Replicó.
-Si claro, no estabas borracha seguramente estabas drogada o algo así —Jane abrió la boca sin dar crédito a lo que acababa de escuchar. No le sorprendían las palabras, habia escuchado insultos peores, lo que le sorprendía era que vinieran precisamente de él.
-No sé qué traes hoy pero créeme no te voy a estar aguantando —Sentenció Jane acercándose a él, hasta que se detuvo frente a él.
-Que bueno, yo tampoco pensaba aguatar más tus rollos de niña loca —Soltó el sin contemplaciones. Jane soltó el aire que habían retenido un instante sus pulmones.
-¡Eres un idiota!
-Más lo serás tú —Contestó él.
-¡Eres un idiota, un tonto, un estúpido de mierda! —Gritó Jane sacada quicio, Tom miró la furia en sus ojos tanta como la furia que él sentía en ese momento, pero más de estar enojado con ella o con alguien, estaba furioso consigo mismo por estar teniendo esos sentimientos. —¡Y sabes, si te vas a poner así solo por una idiotez será mejor que...! — No alcanzó a terminar lo que iba a decir porque Tom se hacía acercado a ella y la habia sujetado del rostro fuertemente —Su-ueltame… —Dijo Jane sin aliento al ver su rostro tan cerca al de ella. Aunque hizo todo lo posible por sacarse las manos de su rostro no pudo, él la sujetaba con demasiada fuerza. Tom atrapó los labios de Jane, en un movimiento rápido, dejándola atónita. Comenzó a besarla con intensidad mientras Jane forcejeaba para poder separarse pero no lo consiguió, al contrario, sin darse cuenta comenzó a abrir los labios dejándose llevar por la situación.
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