El siguiente día transcurrió lento y carente de alguna emoción; bueno, al menos una parte de él.
Tom habia asistido a clases y lo único que le habia parecido bueno de eso fue el hecho de ver a Jane sentada en el otro extremo del salón de una de esas clases. La magia de verla desvaneció cuando, al final de la hora, intentó acercarse y ella salió huyendo descaradamente; fue entonces cuando se dio cuenta que las cosas iban en serio y que la rubia lo habia hecho a un lado rápidamente.
Después de trabajar en el restaurante de Faber volvió a casa. No quiso cenar, no tenía hambre. Se fue directo a su cuarto y se tiró en la cama dispuesto a dormir.
A pesar de que cerraba los ojos con fuerza no podía lograr conciliar el sueño, aquellas imágenes junto con todas las emociones revoloteaba en su mente, no podía olvidar el beso que le habiadado a Jane en el restaurante de Faber y sobre todo no podía olvidar el hecho de que ella le habia correspondido con la misma -o más- intensidad que la que habia tratado de transmitir él.
-¡Tom! —Dijo su madre mientras le pegaba dos pequeños golpes a la puerta.
-¿Qué? —Respondió él con voz soñolienta. Escuchó el rechinido de la puerta y supo que la habia abierto.
-Te dejaron una carta —Le informó.
Salió de la cama con suma lentitud, su cuerpo pesado y cansado apenas respondía.
Tomó la carta y sin responder nada volvió a la cama. Dos mágicas e insignificantes palabras aparecieron escritas sobre el sobre: De Jane.Su corazón dio un vuelco acelerado por emoción, por miedo, a causa de todos los sentimientos que brotaban sin cesar. Ni él sabía exactamente qué sentía, pero fuera lo que fuera su corazón latía con fuerza.
Rompió el borde del sobre y sacó la hoja, la desdobló con agilidad y clavó sus ojos en el inicio.
En ese momento la esperanza ganó a cualquier otro sentimiento. Esperaba tanto que le dijera lo mucho que le extrañaba, que se habia dado cuenta que era indispensable para ella -tanto como para él le era ella-, esperaba que le pidiera verse con él o algo parecido, su mente no podía pensar en otra cosa.
-Hola Tom —Leyó finalmente. Aquellas palabras se clavaron directo en su corazón – Sé que escribirte una carta no es la forma más valiente de hacer esto pero no tengo otra opción. Solo quería decirte que me gustó conocerte y que los momentos que pasé junto a ti han sido los mejores pero como comprenderás es lo mejor para ambos, más para ti que para mí, dejar nuestra amistad de lado.
Es mejor así…
Cuídate y acuérdate que siempre serás mi mejor amigo. Un abrazo.
Cuando terminó de leer volvió al inicio de la hoja y volvió a leer, acto que repitió más de tres veces. Suspiró profundamente asimilando las cosas, de alguna u otra manera estaba terminando con él, con su amistad, con todo lo que habían construido; que aunque no fuera la gran cosa al menos le daba sentido a su vida, sentido que ahora se desvanecía inminentemente.
Así, tirado en la cama con las palabras de Jane dándole vuelta en la cabeza, permaneció durante largo tiempo. Esa carta parecía tan irreal, tan cruel, tan insensible.
Después de un rato salió de casa diciendo que volvería pronto.Ni él sabía bien hacia dónde iba pese a que su corazón le decía firmemente que la buscara para calmar los latidos acelerados de su corazón, no iba hacerlo porque estaba convencido que ella no quería verlo nunca más; lo decía tan claramente en la carta. Tenía la opción de ir con Faber, el que siempre lo escuchaba y que siempre estaba ahí junto a él, pero estaba vez no le era suficiente, necesitaba de alguien más.
Luego de un rato de dar vueltas por las calles del pueblo decidió finalmente hacia dónde ir.
Condujo durante varios minutos en carretera casi recta, a una velocidad considerable ya que no era muy buena idea andar a alta velocidad con un camino tan inestable como ese.
A lo lejos observó una casa, la que habia visitado por primera vez con Jane y sus amigos y claro, inevitablemente, los recuerdos llegaron a su mente.
-Otra vez pensando en ella —se reprochó a sí mismo.
Sacudió la cabeza con fuerza como si con eso pudiera alejar los recuerdos de ella y presionó el acelerador.
Se estacionó frente a la casa, se bajó y se aproximó a la puerta a pasos rápidos.
…
-No sabía con quién más ir y no sé porqué el impulso me hizo llegar contigo —Any sonrió dulcemente —pero aquí estoy, espero que no eches. —Agregó correspondiendo a su sonrisa.
-Claro que no te echaré —Dijo riendo débilmente —Puedes venir conmigo cuando quieras, yo siempre te escucharé.
Tom se sintió aliviado por aquellas palabras y porque su corazón dejaba de latir por Jane cuando ella sonreía y esa sensación le agradaba.
-¿Quieres algo de tomar? —Cuestionó levantándose del sillón donde estaban sentados.
-Lo que quieras está bien.
Any se perdió de la vista de Kaulitz yendo a la cocina. A los pocos minutos volvió con dos cervezas en mano.
-Gracias —Dijo Tom cuando recibió la bebida. Any se volvió a sentar junto a él para seguir conversando.
-¿Qué fue lo que pasó? —Preguntó ella sin esperar más.
-Recibí esto —Respondió mostrándole el sobre. Any permaneció apacible, mirando con atención sus movimientos y su expresión en el rostro.No comprendía de qué iba todo pero podía llegar a sentir su angustia.
Tom con cuidado sacó la carta del sobre y se lo entregó. An tomó cuidadosamente la hoja y antes de comenzar a leer preguntó:
-¿De quién es?
-De Jane —Respondió Tom con mucho esfuerzo.
-¿Te envió una carta? ¿Por qué? —Inquirió sin comprender. Tom suspiró.
-Llevamos tiempo sin ser amigos. Ya sabes, como lo éramos antes. —Any asintió. Jane le había platicado algo el otro día cuando le llamó, pero sin muchos detalles. —Ella se comenzó a alejar de mí por Shane ¿Pero sabes? Yo no le tengo miedo, ni siquiera un poco, no me importa que tan sanguinario pueda ser, ya he pasado por mucho y creo que lo aguantaré —Dijo tan seguro de sí mismo.
Any permaneció mirándolo fijamente durante varios minutos.
-¿Qué? —Cuestionó rápidamente al ver la forma en que ella lo miraba.
-Nada —Respondió sacudiendo su cabeza despejándola de todo pensamiento — ¿Te gusta mucho verdad? —Preguntó ella con dejo de pena. Tom sonrió sin darse cuenta de lo que ella sentía.
-No sé… —Dijo —No puedo vivir sin ella —Agregó fijando la mirada en algún punto de la pared, Any tragó en seco aprovechando que él no la miraba.
-Tonto —Murmuró Any con una sonrisa que escondía muchas cosas.
-¿Tonto por qué?
-¿No es obvio? —Tom frunció el ceño sin comprender lo que quería decir —Porque es lo peor que pudiste haber hecho. La conozco no es así como tú, son tan diferentes…
-Lo sé, Jane no se interesaría en mí ni en sueños —Any sonrió de nuevo.
-Cualquier se interesaría en ti —Aseguró firmemente —inclusive ella... pero está tan contaminada por ese mundo que dudo que algún día lo deje y cambie. Ella es así.
-No quiero que cambie, me gusta tal cual es. No es como cualquier otra chica. Es sincera, fuerte y también sensible aunque a veces no lo parezca, es leal y no se deja vencer tan fácilmente… —Any suspiró y permanecieron en silencio durante un rato.
-¿Quieres ir a caminar al rio? —Dijo ella suavizar el ambiente.
-Vamos —Respondió alegre, olvidándose por un momento de Jane, o al menos tratando de hacerlo.
Salieron de casa y se encaminaron hacia el rio. Las nubes pasajeras se observaban a lo lejos, el clima era frio pero agradable y el lugar contrastaba entre color verde de los pinos y el naranja pálido de las hojas secas de otros árboles que descansaban en el suelo.
-Me gusta este sitio —Dijo observando maravillado todo a su alrededor. La vez anterior no había tenido tiempo ni cabeza para darse cuenta de ello.
-¿Qué puedo decirte? Esa es una de las razones por las que no quiero irme a estudiar al pueblo y mucho menos a la ciudad.
-¿Cuánto tiempo llevas viviendo aquí?
-Desde que nací —Sonrió alegre por los recuerdos que llevaban a su mente. Llegaron a la orilla del rio y Any se adelantó a sentarse en el pasto, Kaulitz imitó aquella acción sin decir nada.
-Respóndele —Dijo ella luego de varios minutos. Tom volteó a verla otra vez sin comprender, se le complicaba seguir el hilo de sus pensamientos. — Toda carta merece su respuesta.
Tom habia asistido a clases y lo único que le habia parecido bueno de eso fue el hecho de ver a Jane sentada en el otro extremo del salón de una de esas clases. La magia de verla desvaneció cuando, al final de la hora, intentó acercarse y ella salió huyendo descaradamente; fue entonces cuando se dio cuenta que las cosas iban en serio y que la rubia lo habia hecho a un lado rápidamente.
Después de trabajar en el restaurante de Faber volvió a casa. No quiso cenar, no tenía hambre. Se fue directo a su cuarto y se tiró en la cama dispuesto a dormir.
A pesar de que cerraba los ojos con fuerza no podía lograr conciliar el sueño, aquellas imágenes junto con todas las emociones revoloteaba en su mente, no podía olvidar el beso que le habiadado a Jane en el restaurante de Faber y sobre todo no podía olvidar el hecho de que ella le habia correspondido con la misma -o más- intensidad que la que habia tratado de transmitir él.
-¡Tom! —Dijo su madre mientras le pegaba dos pequeños golpes a la puerta.
-¿Qué? —Respondió él con voz soñolienta. Escuchó el rechinido de la puerta y supo que la habia abierto.
-Te dejaron una carta —Le informó.
Salió de la cama con suma lentitud, su cuerpo pesado y cansado apenas respondía.
Tomó la carta y sin responder nada volvió a la cama. Dos mágicas e insignificantes palabras aparecieron escritas sobre el sobre: De Jane.Su corazón dio un vuelco acelerado por emoción, por miedo, a causa de todos los sentimientos que brotaban sin cesar. Ni él sabía exactamente qué sentía, pero fuera lo que fuera su corazón latía con fuerza.
Rompió el borde del sobre y sacó la hoja, la desdobló con agilidad y clavó sus ojos en el inicio.
En ese momento la esperanza ganó a cualquier otro sentimiento. Esperaba tanto que le dijera lo mucho que le extrañaba, que se habia dado cuenta que era indispensable para ella -tanto como para él le era ella-, esperaba que le pidiera verse con él o algo parecido, su mente no podía pensar en otra cosa.
-Hola Tom —Leyó finalmente. Aquellas palabras se clavaron directo en su corazón – Sé que escribirte una carta no es la forma más valiente de hacer esto pero no tengo otra opción. Solo quería decirte que me gustó conocerte y que los momentos que pasé junto a ti han sido los mejores pero como comprenderás es lo mejor para ambos, más para ti que para mí, dejar nuestra amistad de lado.
Es mejor así…
Cuídate y acuérdate que siempre serás mi mejor amigo. Un abrazo.
Cuando terminó de leer volvió al inicio de la hoja y volvió a leer, acto que repitió más de tres veces. Suspiró profundamente asimilando las cosas, de alguna u otra manera estaba terminando con él, con su amistad, con todo lo que habían construido; que aunque no fuera la gran cosa al menos le daba sentido a su vida, sentido que ahora se desvanecía inminentemente.
Así, tirado en la cama con las palabras de Jane dándole vuelta en la cabeza, permaneció durante largo tiempo. Esa carta parecía tan irreal, tan cruel, tan insensible.
Después de un rato salió de casa diciendo que volvería pronto.Ni él sabía bien hacia dónde iba pese a que su corazón le decía firmemente que la buscara para calmar los latidos acelerados de su corazón, no iba hacerlo porque estaba convencido que ella no quería verlo nunca más; lo decía tan claramente en la carta. Tenía la opción de ir con Faber, el que siempre lo escuchaba y que siempre estaba ahí junto a él, pero estaba vez no le era suficiente, necesitaba de alguien más.
Luego de un rato de dar vueltas por las calles del pueblo decidió finalmente hacia dónde ir.
Condujo durante varios minutos en carretera casi recta, a una velocidad considerable ya que no era muy buena idea andar a alta velocidad con un camino tan inestable como ese.
A lo lejos observó una casa, la que habia visitado por primera vez con Jane y sus amigos y claro, inevitablemente, los recuerdos llegaron a su mente.
-Otra vez pensando en ella —se reprochó a sí mismo.
Sacudió la cabeza con fuerza como si con eso pudiera alejar los recuerdos de ella y presionó el acelerador.
Se estacionó frente a la casa, se bajó y se aproximó a la puerta a pasos rápidos.
…
-No sabía con quién más ir y no sé porqué el impulso me hizo llegar contigo —Any sonrió dulcemente —pero aquí estoy, espero que no eches. —Agregó correspondiendo a su sonrisa.
-Claro que no te echaré —Dijo riendo débilmente —Puedes venir conmigo cuando quieras, yo siempre te escucharé.
Tom se sintió aliviado por aquellas palabras y porque su corazón dejaba de latir por Jane cuando ella sonreía y esa sensación le agradaba.
-¿Quieres algo de tomar? —Cuestionó levantándose del sillón donde estaban sentados.
-Lo que quieras está bien.
Any se perdió de la vista de Kaulitz yendo a la cocina. A los pocos minutos volvió con dos cervezas en mano.
-Gracias —Dijo Tom cuando recibió la bebida. Any se volvió a sentar junto a él para seguir conversando.
-¿Qué fue lo que pasó? —Preguntó ella sin esperar más.
-Recibí esto —Respondió mostrándole el sobre. Any permaneció apacible, mirando con atención sus movimientos y su expresión en el rostro.No comprendía de qué iba todo pero podía llegar a sentir su angustia.
Tom con cuidado sacó la carta del sobre y se lo entregó. An tomó cuidadosamente la hoja y antes de comenzar a leer preguntó:
-¿De quién es?
-De Jane —Respondió Tom con mucho esfuerzo.
-¿Te envió una carta? ¿Por qué? —Inquirió sin comprender. Tom suspiró.
-Llevamos tiempo sin ser amigos. Ya sabes, como lo éramos antes. —Any asintió. Jane le había platicado algo el otro día cuando le llamó, pero sin muchos detalles. —Ella se comenzó a alejar de mí por Shane ¿Pero sabes? Yo no le tengo miedo, ni siquiera un poco, no me importa que tan sanguinario pueda ser, ya he pasado por mucho y creo que lo aguantaré —Dijo tan seguro de sí mismo.
Any permaneció mirándolo fijamente durante varios minutos.
-¿Qué? —Cuestionó rápidamente al ver la forma en que ella lo miraba.
-Nada —Respondió sacudiendo su cabeza despejándola de todo pensamiento — ¿Te gusta mucho verdad? —Preguntó ella con dejo de pena. Tom sonrió sin darse cuenta de lo que ella sentía.
-No sé… —Dijo —No puedo vivir sin ella —Agregó fijando la mirada en algún punto de la pared, Any tragó en seco aprovechando que él no la miraba.
-Tonto —Murmuró Any con una sonrisa que escondía muchas cosas.
-¿Tonto por qué?
-¿No es obvio? —Tom frunció el ceño sin comprender lo que quería decir —Porque es lo peor que pudiste haber hecho. La conozco no es así como tú, son tan diferentes…
-Lo sé, Jane no se interesaría en mí ni en sueños —Any sonrió de nuevo.
-Cualquier se interesaría en ti —Aseguró firmemente —inclusive ella... pero está tan contaminada por ese mundo que dudo que algún día lo deje y cambie. Ella es así.
-No quiero que cambie, me gusta tal cual es. No es como cualquier otra chica. Es sincera, fuerte y también sensible aunque a veces no lo parezca, es leal y no se deja vencer tan fácilmente… —Any suspiró y permanecieron en silencio durante un rato.
-¿Quieres ir a caminar al rio? —Dijo ella suavizar el ambiente.
-Vamos —Respondió alegre, olvidándose por un momento de Jane, o al menos tratando de hacerlo.
Salieron de casa y se encaminaron hacia el rio. Las nubes pasajeras se observaban a lo lejos, el clima era frio pero agradable y el lugar contrastaba entre color verde de los pinos y el naranja pálido de las hojas secas de otros árboles que descansaban en el suelo.
-Me gusta este sitio —Dijo observando maravillado todo a su alrededor. La vez anterior no había tenido tiempo ni cabeza para darse cuenta de ello.
-¿Qué puedo decirte? Esa es una de las razones por las que no quiero irme a estudiar al pueblo y mucho menos a la ciudad.
-¿Cuánto tiempo llevas viviendo aquí?
-Desde que nací —Sonrió alegre por los recuerdos que llevaban a su mente. Llegaron a la orilla del rio y Any se adelantó a sentarse en el pasto, Kaulitz imitó aquella acción sin decir nada.
-Respóndele —Dijo ella luego de varios minutos. Tom volteó a verla otra vez sin comprender, se le complicaba seguir el hilo de sus pensamientos. — Toda carta merece su respuesta.
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