-Así que no vas a responder ¿eh? —Envió el mensaje de texto
esperanzado de recibir respuesta, pero luego de cinco minutos supo que no
recibiría nada.
-¿Qué haces, Tom? —Cuestionó
Bill entrando a la cocina. Tom estaba recargado en la barra con el móvil en una
mano y las lleves de su auto en la otra.
-Nada.
-¿Vas a salir?
-Sí, creo —Respondió distraído.
-¿Con Any?
-No, Any tenía que ir
a estudiar, mañana tiene examen a la primera hora.
-Ah, ¿y con quién vas
a salir? —Inquirió su hermano dedicándole una mirada de entera curiosidad.
-Luego te cuento —Contestó
y salió de la casa dejando a Bill con la palabra en la boca y con millones de
preguntas rondándole en la cabeza.
Cuando el auto se
detuvo se encontraba a unos metros de un bar. Uno que Miguel había mencionado en
una de sus tantas conversaciones sobre Jane. Él le contó que la rubia había
comenzado a trabajar ahí poco después de haber llegado a la ciudad. Después, al
preguntarle a Jane si era cierto que ahí trabajaba ésta no tuvo más remedio que
admitirlo no sin antes prohibirle que la visitara alguna vez.
Sin embargo ahora era
diferente, ella no había respondido a su llamado y lo que menos deseaba era permanecer
otro mes alejado de ella. Además, necesitaba su apoyo, necesitaba alguien con
quien hablar sobre lo de Any. No, más bien necesitaba hablar específicamente
con ella.
Entró al bar abriéndose
paso entre la gente. Recordó al instante por qué no le agradaban demasiado los
lugares como ese, la mezcla de olores a Sexo, cigarro, sudor, drogas y alcohol
le producían deseos de vomitar. La gente besándose y casi teniendo sexo ahí en
ese sitio y a la vista de todos, era lo menos atractivo que había visto en su
vida.
Logró atravesar la
pista con éxito y vio que al fondo un baile de luces se movía al ritmo de una
música que resultaba inquietante. Muchas de las personas, en su mayoría hombres,
estaban amontonados frente al escenario donde alguien bailaba. Después de echar
un rápido vistazo al lugar y no ubicar a su amiga por ningún lado se aproximó
al sitio donde todos tenían fija la atención.
Sus ojos se clavaron
en aquella figura que se movían con sensualidad y armonía en medio del
escenario. Su cuerpo danzaba con seguridad. Ella arqueaba su columna vertebral,
su cuello, al compás en que sus manos fluían.
Tom abrió la boca
para dejar escapar un jadeo, era Jane. Su cabellera larga y rubia la delató,
junto con esas piernas largas y esas proporciones de cuerpo. Él podía
identificarla donde fuera.
Se abrió paso entre
la gente y se acercó lo más que pudo. Los gritos le azotaron los oídos. Miradas
llenas de obscuro deseo, de lujuria desbordante. Por un momento sintió enormes
deseos de correr hacia ella y cubrirla de todo aquel que se atrevía a admirarla
de manera prohibida, pero alcanzó a detenerse. Era absurdo hacer algo como
aquello.
De repente vio a un
hombre intentando subir al escenario. Jane disimuladamente retrocedió pero
finalmente el hombre llegó hacia ella. Tom abrió los ojos cuando la sujetó de
la cintura y la pegó a él. El corazón se le aceleró y comenzó a perder la
compostura; deseaba ir allá y apartarlo de un golpe de ella. Sintió la rabia
recorrerle el cuerpo como veneno, dio un paso decisivo para ir a ayudarla pero
vio la sonrisa seductora en el rostro de Jane. Ella se comenzó a mover sensualmente
delante de aquel hombre, siguiéndole el juego, atreviéndose a acariciar su
rostro de vez en cuando. Tom no había visto nada más repulsivo que aquello y
comprendió el porqué de que Jane no quería verlo ahí. No deseaba que la viera
actuando de esa manera, seduciendo a los hombres, bailando para ellos.
A pesar de lo
desagradable y perturbador que resultaba verla, permaneció ahí tratando de
observarla solamente a ella. De vez en cuando lo lograba, de vez en cuando las
imágenes que capturaban sus ojos se fundían con imágenes del bar en pueblo,
donde ella había besado a otro.
La música terminó y
Jane apartó de un empujón al hombre y se volvió al publicó para agradecer los
minutos de atención, entonces lo vio.
Tom hizo un
movimiento con la cabeza y Jane hizo la reverencia dirigida a todos. Dio la
vuelto y se metió entre las cortinas del fondo a paso rápido pero disimulado.
-Está aquí —Le dijo a
Juliana con un gritito ahogado. La mujer morocha que la esperaba del otro lado
del escenario la miró sin comprender.
-¿Quién?
-Mi amigo —Dijo sin
aliento —Me ha visto bailar…
-¿Y? —Jane tomó una
bocanada de aire y se tranquilizó. Era cierto, no tenía nada de malo pero porqué
se sentía como si fuera la peor cosa que había hecho en su vida.
-No sé, no quería que
me viera —Respondió vagamente.
Tenía que verlo, no
podía huir de él todo el tiempo. Le había dicho que no la visitara,
evidentemente Tom en ese sentido no había cambiado, seguía siendo tan terco como
lo era en el pueblo.
Volvió a respirar
profundamente y le sacó la vuelta al escenario por atrás, hasta que abrió la
puerta que conectaba con el antro. Se dirigió a la barra y de camino allá se
encontró de frente con un hombre joven de ojos negros y cabello azulado.
-Hola, rubia.
¿Aceptaras mi invitación? —Dijo cuando estuvieron frente a frente y recorriendo
descaradamente el cuerpo de la chica con la mirada. Jane arrugó el ceño y
apartó la expresión de angustia por una de enfado.
-Ahora no me molestes
—Escupió. Le sacó la vuelta y continuó
su camino.
Llegó a la barra y ubicó a su objetivo rápidamente. Estaba sentado
en un taburete pidiendo algo de tomar a Lau. Se acercó y se colocó a su lado.
Tom tardó unos cuantos segundos en darse cuenta de su presencia.
-Hola —Masculló
cuando la vio. Su voz sonó extremadamente seca evidenciando que había presenciando
todo el espectáculo y que no le agradó en lo absoluto.
-¿Qué haces aquí? —Replicó
a la defensiva. Tanto por la mirada acusadora que le dedicaban esos ojos claros
como por saber que la había visto bailar.
-No sabía dónde más
encontrarte, como no has querido contestarme…
-Sino he querido es
por algo, ¿no crees? —Replicó de nuevo utilizando el mismo tono.
-No creo que no sea
por lo que te conté ¿o sí? —Dijo él.
-La perspicacia no es
una de tus mejores cualidades, ¿eh?
Tom se giró sobre su
asiento, recargando la espalda en la barra para darle la cara al lugar. Observó
con detenimiento todo a su alrededor prestándole atención a lo que sucedía con
los jóvenes bailando, con la gente que conversaba en grupo, o con las parejas que
se besaban apasionadamente.
Jane no dejó de
mirarlo ni un momento, y luego de un rato fue capaz de detectar un gesto en su
rostro mientras miraba al frente. Era un gesto parecido a furia. Ella siguió el
rumbo de su mirada y se encontró con una figura a lo lejos. Era el tipo de
cabello negro azulado y ojos negros y profundos, que en esos momentos le
dedicaba una mirada feroz y arrasadora.
-¿Lo conoces?
-Sí.
-Parece que espera
por ti —Le dijo volviendo el rostro a la rubia. Jane se encogió de hombros.
-No interesa.
-¿No? —Jane reiteró
negado un par de veces. — Deberías ponerte algo más —Agregó. Jane se miró y se
dio cuenta que había olvidado quitarse el diminuto vestuario.
-¿Qué tiene? —Replicó.
Tom no respondió, solamente volvió el cuerpo hacia la barra para tomar la
bebida que Lau le acababa de servir — ¿Se me ve mal? —Cuestionó para enfadarlo y
por qué no, para provocarlo también.
-No, se te ve
demasiado bien.
-Ah…
-¿A qué horas vas a
salir?
-Ya casi, nada más me
cambio y listo —Respondió ella.
-¿Te puedo llevar?
Así platicamos un poco…
-No, gracias. Prefiero
los taxis ellos no me miran con odio como tú.
-Jane…
-No importa, sino me
voy con una compañera.
-No puedes seguir ignorándome.
-¿Quieres apostar? —Le
retó la rubia alzando una ceja.
-Haz lo que quieras,
igual no te libraras de mí —Replicó Tom con enfado y se bebió el contenido de
su vaso de un solo golpe.
Jane suspiró
profundamente. Era cierto, Tom era capaz de visitarla en el bar todos los días
que fuesen necesarios hasta hacer que ella le prestara la atención necesaria.
-Vale, tú ganas. Voy
a cambiarme y nos vamos —Masculló muy a fuerzas.
Tom sonrió complacido.
Jane regresó a la
habitación, se quitó el vestido y se colocó el que llevaba antes, el cual era
más largo; sin embargo, también se le pegaba al cuerpo. Se colocó la chamarra
de cuero de color negro y las botas en lugar de las brillantes zapatillas que
Lau le había entregado.
Salieron del bar y
caminaron una cuadra para llegar al auto de Tom. Luego de unos minutos de
silencio Tom se decidió a hablar.
-¿Por qué saliste
corriendo del café?
-No sé, me tomaste
desprevenida. Nunca imaginé que me dirías algo como eso… ¿Se van a casar?
-No sé, tenemos que
estar seguros y después empezar a planear.
-¿Te casarías? —Inquirió.
Le asustaba la idea pero tenía que saberlo.
-No lo sé, Jane.
-¿Pero quieres
casarte? —Tom suspiró.
-¿Por dónde queda tu
casa?
El auto se detuvo
frente a un edificio blanco de 12 pisos, el que Jane habitaba era el número 9.
Bajó del auto con pesadez y se acercó al porton negro que se alzaba varios
metros. Tom la siguió de cerca y ella por un momento deseó estar sola y no
tener soportar su presencia, en esos instantes era realmente insoportable.
Presionó en los
botones la clave que le habían dado para poder acceder a su departamento y la
puerta se abrió.
-Pasa —Murmuró
mientras se hacía a un lado. Caminaron unos cuantos pasos hasta que estuvieron
frente a las escaleras y al elevador. Jane presionó el botón rojo delante de
ella y las puertas de metal se abrieron.
-Ni Any ni Miguel
quisieron decirme donde vivías —Comentó mientras el elevador se movía.
-Les prohibí a ambos decírtelo
—Respondió con sinceridad.
-¿Por qué no has
querido verme? —Ella no respondió. Las
puertas del elevador se abrieron y salió. Se acercó a la puerta de su
departamento y introdujo la lleve en la cerradura. — ¿Por qué no has querido
verme, Jane? —Insistió. Jane dejó de intentar abrir y volvió a verlo.
-He estado muy
ocupada.
-¡Deja de mentir!
-¡Que no miento! —Gritó.
Apretó los puños y se exigió a sí misma tranquilizarse. Abrió la puerta y avanzó hacia
dentro sin decirle nada a Tom, pero supo que iba detrás de ella.
-Jane, llevamos más
de un mes ignorándonos. No sé tú pero ya me cansé de eso. Quiero verte,
platicar contigo como antes, salir por ahí todos juntos —Jane quiso replicar,
decirle que era la idea más estúpida que había escuchado porque no soportaba
verlo con Any, ver como le daba besos o como la acariciaba. Odiaba sólo pensarlo.
Pero no lo dijo, simplemente se quedó pegada a sus ojos — ¿Jane, qué te pasa? ¿Por
qué has cambiado tanto conmigo?
-No he cambiado.
-Claro que sí, después
de que detuvieran a Shane dijimos que nos veríamos y lo hicimos unas veces pero
después…
-Después tú te
viniste ¿Qué iba hacer yo?
-Llegaste a la ciudad
unos días después, Jane. Y me enteré hasta que Miguel me lo contó ¿¡Por qué no querías
verme!? —Gruñó. Jane continuó mirándolo fijamente sin inmutarse ni reflejar ningún
tipo de emoción — ¿Por Any? ¿No soportas verme con ella?... ¿Jane, me quieres?
Sus ojos se abrieron
de par en par. ¿Qué si lo quería? ¡Mierda!
Tom aún no le
perdonaba todas las idioteces que le había hecho en el pueblo y además, seguía con
Any; seguía con ella e iba a tener un hijo, seguramente se iban a casar y vivir feliz
durante toda su vida; de esa manera en que ella jamás podría.
Jane tomó una
bocanada de aire.
-Es demasiado confuso
para mí —Dijo dirigiéndose a la cocina.
-Quiero tener tu
amistad otra vez —Masculló Tom yendo detrás de ella.
Jane se detuvo y se
planteó detenidamente las palabras de Tom. Volver a ser amigos… volver al
tiempo donde no se separaban pero qué pasaba si comenzaba a sentir deseos de
besarlo, de abrazarlo. No, no. Amigos no.
-Ahora no hay nadie que
nos lo impida, Jane —Suplicó él.
La rubia tragó en
seco. Cierto, antes la detenía el miedo que le tenía a Shane pero ahora no había
nada interponiéndose entre ellos. Nada, salvo los sentimientos que llevaba en
su corazón. ¿Se puede enterrar el amor? Se
preguntó a sí misma. Si Tom tenía un hijo con Any no existiría ser humano que hiciera
que él fuera irresponsable y dejara a Any. Desgraciadamente conocía demasiado
bien a Tom, y sabía que tan leal podía ser con sus principios.
Su corazón se batió
de dolor ante esa opción.
No podía seguir evitándolo,
era cierto, porque lo necesitaba tanto como él a ella. Necesitaba ver sus ojos
claros, tomar un café juntos y hablar de cualquier cosa. Lo necesitaba, aunque
sólo fuese como su amigo.
Tomó una profunda bocanada
de aire y después la expulsó lentamente.
-¿Qué dices? ¿Amigos?
—Le dijo Tom extendiendo la mano. Jane la observó por un momento para después
volver a sus ojos.
-Amigos —Murmuró.
Tom sonrió y ella le
correspondió la sonrisa, pero no lo hizo por las mismas razones que él. Sonrió
al recordar que antes era ella la que suplicaba amistad y desechaba toda clase
de amor de parte de Tom.
Los papeles ahora
estaban peligrosamente invertidos. Ahora era ella quien sentía el corazón
desgarrado por una promesa de amistad que sólo le echaba sal a la herida.
-Continuará. Ahora los papeles invertidos, veremos que siente Jane siendo la que suplica amor. n.n



Bill curioso, pero no obtuvo respuestas... me pregunto si Bill aun sentirá aversión hacia Jane. como para que Tom no le dijera que iba a ver a Jane. creo que Tom dejo un pequeño e imperceptible camino de baba, cuando vio a Jane sobre el escenario.
ResponderEliminarcuando Tom le pregunto si aun no lo quiere, me quedo la duda de si él la querrá aun. bueno ni modo Jane se tiene que conformar con estar sentada en la banca por un tiempo.
Lenn... jódemeeeee con todas esas escenas, diálogos, palabras que escribes :c Pero ya me lo habías avisado XD En fin.... Me encantó el capitulooo :B
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