-Tom ¿ya estás listo? —Cuestionó Any por enésima vez. Tom
continuó mirando su reflejo en el espejo mientras acomodaba sus rastas de
manera que se vieran mejor. Observó su ropa por última vez y se acomodó la
chamarra de cuero, entonces volvió el cuerpo hacia Any quien lo miraba
ensimismada desde el marco de la puerta.
-Ya terminé —Dijo sonriendo pero Any continuó
mirándolo de la misma manera sin poder evitarlo, e incluso tardó unos segundos
en reaccionar y cuando lo hizo sólo pudo dibujar una tonta sonrisa de enamorada
en sus labios.
Tom avanzó hacia ella y salieron juntos de la
habitación.
-Bill está listo desde hace mucho —Comentó ella
mientras caminaban.
-Ehh, eso es raro. Él jamás se arregla tan rápido.
-Sí, dijo que se apuró para no dejarme sola, así como alguien
lo hizo —Ironizó.
-Tenía que terminar de vestirme y todo lo demás —Any rio
y Tom supo por qué, se había tardado más de treinta minutos haciéndolo.
Cuando llegaron a la sala Bill continuaba mirando un
documental sobre animales silvestres, se levantó poco motivado y hasta un poco
adormitado; había esperado demasiado.
-Casi se queda dormido —Dijo Any mirándolo con una
sonrisa burlona —Creo que mi compañía realmente le es aburrida.
-¡Para nada! —Exclamó inmediatamente. — Lo que sucede
es que Tom no suele tardarse más de quince minutos para arreglarse. Hoy has
roto incluso mi record. —Any soltó una carcajada y los hermanos comenzaron a
reír también.
-¿Y mamá? —Preguntó Tom entre risas.
-Se fue a casa de su novio y dijo que te la pasaras
bien en la fiesta y que a lo mejor llegaba más tarde —Respondió Bill con más
seriedad.
Tom suspiró profundamente pensando en su madre, a
pesar de que habían pasado dos semanas desde que estuvo en la cárcel del
pueblo, su madre seguía resentida con él; aún no lograba que le hablara con la
naturalidad que lo hacía antes. En estos días había hecho todo lo posible para
contentarla pero lo cierto era que su madre no era de esas mujeres que se
doblegaban tan fácilmente, y él lo sabía. Era un paso realmente grande el que
fuera asistir a su fiesta, al menos eso le daba consuelo.
La obscuridad había invadido todo a su paso como cada
noche, afortunadamente el frio no calaba tanto como en meses pasados y sólo
acompañaba una fresca brisa del mar de la cual nadie quería escapar.
Bajaron del auto y se encaminaron hacia la entrada de
la casa, Tom alzó la mirada al imponente portón y fijó sus ojos en la enorme
manta que estaba colgada en lo alto, justo en medio de las rejas, en la que
decía “Por fin nos graduamos”
“Bienvenidos”.
-Nuestros muchachos han crecido —Dijo Jaime y los
demás comenzaron a reír. Faber lo fulminó con la mirada fingiendo estar muy
molesto.
-¿Ya habrá llegado Lina? —Cuestionó poco después.
-No creo, teniendo en cuenta cuanto se tarda en
arreglarse —Respondió Tom.
-Déjalo ya, hermanito —Se burló Jaime —Que aún no es
tu novia y ya tratas de controlarla.
-¡Qué! ¿Novia? AJAJA en sus sueños…
-Supongamos que te creo —Se volvió a burlar Jaime y
comenzó a caminar hacia el portón abierto de par en par dándoles una bienvenida
aún más esplendida que la que les había dado la enorme manta.
Siguiéndolos a una corta distancia iba Tom con la
mente perdida en pensamientos que poco tenían que ver con los que iban delante. Miró hacia los lados en busca de su figura y
se preguntó que si ella sería capaz de aparecer en la fiesta. Tenía que ser
así, estaba convencido. Después de haber pasado todas las pruebas posibles,
haber peleado con los maestros, haber caído y vuelto a levantarse, para
finalmente lograr un promedio aprobatorio, sin duda ella tenía que llegar a su
graduación.
Quería convencerse así mismo porque lo que más deseaba
era verla, verla después de esas dos largas semanas en las que soñó numerosas
veces su bello rostro. Se había dicho a sí mismo que debía conformarse con sólo
verla, con sólo ver su reflejo en esos profundos ojos azules porque había
desechado la idea de volver a ser como antes al estarla buscando todos estos
días, Jane se escabullía de él vilmente y él lo sabía. Algo en eso le dijo que
Jane finalmente estaba siendo firme en su decisión de estar con Shane y que
todo tenía que ver con Stefan, el padre de Jane.
-¿En qué piensas? —Preguntó Any mirándole con extrema
atención.
-En nada… —Dijo él indiferente, aunque el nombre de
Jane no dejaba de rondar en su mente.
Escuchó a Any lanzar un sonoro suspiro y fijar la
mirada inexpresiva hacia el frente mientras comenzaba a ir a paso ligeramente
más rápido, seguramente para alejarse de él por lo mentiroso que era.
-¿No vas a entras? —Cuestionó ella cuando se dio
cuenta que se había detenido. Tom negó antes de contestar.
-Adelántate tú, ahora voy.
Any giró sobre sí misma sin decir nada y continuó su
camino a un paso aún más rápido que antes.
Después de haber consumido en su totalidad el
cigarrillo volvió la mirada a la calle y nada parecía acercarse. Jane no
vendría o probablemente ya estaba dentro, lo cual por alguna razón le parecía
menos probable.
Entró y a la primera persona que deseo encontrar y que
encontró fue a Any, ella estaba ahí por él y no era para nada justo que la
dejara botada de esa manera. Se acercó a la mesa donde estaba sentada en
compañía de los demás y se sentó en el
lugar que había libre junto a ella.
-Mi pregunta fue estúpida —Dijo ella antes de que Tom
se decidiera a hablar —Era obvio que no me ibas a contestar porque estabas
pensando en ella —Dijo sonriente. Se tomó un cabello que le había caído sobre
la cara cuando volteó a verlo y jugó un momento con el mechón en sus dedos,
luego lo echó hacia atrás.
-Lo siento
-Bah, no te disculpes ¿quién te puede culpar por
pensar en ella? —Dijo restándole importancia. — ¿Quieres bailar? Creo que nunca
te he visto hacerlo —Tom negó rápidamente.
-No bailo, no me gusta —Dijo el sonriendo.
-Mentira, a todos les gusta bailar o bien les da
vergüenza hacerlo, pero no creo que sea tu caso. Anda, vamos... Bill no quiso
bailar conmigo. —Tom volvió a negar y Any torció la boca.
-Bien, bien… vamos, mejor si bailo —Dijo Bill
agregándose a la conversación. Any estiró los labios en una perfecta y
brillante sonrisa y se puso de pie al instante, seguida de ella se levantó el de
pelo negro con un aspecto también sonriente.
La alegría que irradiaba con cada mirada y con cada
sonrisa que le dedicaba a Bill mientras bailaban le hizo sentir extraño. ¿Podía
ser posible que sintiera celos de verla tan feliz a lado de su hermano? Quiso
responder que no pero no lo hizo, no estaba convencido y no se iba a engañar
así mismo. Se recriminó porque probablemente así era, sentía celos como si Any
fuera de su propiedad. Egoísta, se llamó así mismo repetidas veces sabiendo que
había demasiado espacio en él ocupado por Jane.
Luego de dos canciones de estar mirando como bailaban
Any y Bill, se levantó para ir por una bebida; no es que quisiera demasiado una,
era más bien que no soportaba verlos juntos, y tan felices, un minuto más. Andando
hacía una mesa rectangular que media unos dos metros y que estaba decorada con
un mantel blanco, con copas de cristal, flores de colores y arreglos de mesa
caros, vislumbró una figura cerca de la entrada.
Sus ojos no tardaron ni un
segundo en reconocerla y su corazón comenzó a latir apresurado. Su primer
impulso fue ir hacia ella, pero se lo pensó un minuto; quizá Jane simplemente
lo ignoraba y se ocultaba como lo había estado haciendo todos esos días.
Suspiró y mantuvo la mirada en Jane, fue entonces que ella se volvió como
presintiendo que alguien le miraba.
Sus ojos se unieron y Tom se vio en vuelto de un
sinfín de emociones recorriéndole el cuerpo; sin embargo, su mirada era
distante y fría, tal y como lo había imaginado.
Jane volvió la mirada a Elena, quien hablaba
animadamente frente a ella.
-¿Qué hago Elena?
-No sé, Jane... ¿qué tal hablar con él? —Cuestionó
Elena moviéndose nerviosamente. Jane suspiró muy profundamente, bajo la fija
mirada de su amiga. —Jamás te había visto así.
-Claro que no. Jamás había estado tan asustada, jamás
me había dolido tanto dejar atrás a alguien; pero no puedo hacer nada. Tú lo
sabes.
-Lo sé, pero puedes hablar con él. Yo les cuido de que
nadie los vea.
-¿Y qué le digo? —Cuestionó frustrada — Ey Tom, lo
siento. Te quiero, pero necesito que no nos hablemos nunca más. Shane es un
puto loco que sacó a mi padre de la cárcel con la condición que volviera con él
y que jamás me acercara a ti; porque si lo hago va hacer daño a todos los que
queremos.
-¿Entonces?
-Me voy a volver loca.
-No necesariamente, nadie se ha vuelto loca por no
estar con la persona que ama —Jane miró a Elena durante varios segundos. Luego
volvió la vista hacia Tom, quien ahora se encontraba sentado en la mesa del
fondo hablando con Jaime y Faber.
-Voy a ir a su mesa.
-¿Qué? —Dijo Elena escupiendo el sorbo de cerveza que
había tomado. —Pero Jane… qué vas hacer.
-Voy a saludar a Jaime —Dijo sonriendo ampliamente,
pero Elena descubrió que no se trataba más que de una sonrisa cargada de
falsedad.
-¡Jane! —Exclamó Jaime, cuando la vio llegar a donde
él estaba. En la siguiente silla estaba sentado Tom y después Faber, ambos con
una expresión de asombro en sus rostros.
-Hola, ¿cómo estás? —Jaime se levantó y la recibió con
un beso en la mejilla.
-Bien, trabajando mucho pero me he dado la oportunidad
de venir a la graduación de mis amigos —Jane sonrió —Por cierto felicidades —Dijo
abrazándola — nunca creí verte graduada.
-Créeme, ni yo… —Murmuró Jane mientras se separaban.
-Ey Faber, qué te parece si vamos por algo de tomar —Dijo
Jaime antes de que Jane dijera algo. Dirigió una mirada de complicidad a su
hermano quien estaba tan distraído que no
la comprendió.
-Pero si yo no tengo… —Jaime alzó las cejas —Oh sí,
muero de sed —Corrigió riéndose. Se levantó rápidamente siguiendo a Jaime.
-Esperen, yo también tengo sed —Exclamó Elena en un
hilo de voz. Jane los miró sin creérsela; lo estaban haciendo a propósito.
Jadeó y quiso ir detrás de ellos, pero no pudo; era
como si estuviese clavada a la elegante silla. Finalmente, cuando el trio se había
alejado lo suficiente, volvió la mirada hacia Tom. Se encontró directamente él,
estaba de pie frente a ella con sus ojos fijos cargados de dolor. Algo dentro
de ella se apretujó y deseó más que antes salir corriendo.
-Puedes irte si es lo que deseas —Dijo secamente, Jane
tragó saliva para derribar el nudo en su garganta.
-En realidad yo no… —Murmuró con dificultad pero se
calló cuando no encontró nada coherente que decir — ¿Cómo estás? —Cuestionó
vacilante luego de un rato.
-¿A qué debo tu repentino interés en mí?
-¿Interés yo? Qué va, sólo preguntaba por cortesía. —Él
clavó sus ojos fijamente en ella — Deja de mirarme así ¿quieres? —Dijo molesta,
pero Tom no dejó de hacerlo —Vale, me voy.
-¿Va en serio esta vez? —Cuestionó él. Jane entrecerró
los ojos y comprendió a lo que se refería.
-Más que nunca. ¿Sabes? no es como si estuviera a
fuerzas… es mi mundo al fin y al cabo, lo que siempre he sido… y lo mejor de
todo es que no tengo que fingir que soy buena.
-Conmigo tampoco tenías que hacerlo.
-Ya, lo sé; pero no me sentía cómoda estando contigo
siendo como soy, no encajaba y por eso era buena… no porque quisiera serlo.
-Eso no es verdad
-Claro que lo es —Aseguró y Tom negó repetidas veces.
-No lo es, lo que pasa es que estás en tu zona de
confort y no quieres hacer nada para mejorar porque te da miedo, porque entre
tanta rebeldía y arrogancia eres demasiado cobarde. —Jane frunció el entrecejo
y apretó los dientes sumamente ofendida.
-¡No soy cobarde! —Escupió y comenzó a andar alejándose
de él y del ruido que estaba a punto de sacarla de quicio. Llegó a la puerta de
salida y la atravesó a un paso más rápido que antes. Anduvo hacia el lado izquierdo
de la casa, pisando con furia el pasto húmedo por el sereno de la noche. No
había nadie, eso era único bueno de ir en aquella dirección porque sabía que
Tom iba detrás de ella e iban a terminar en una terrible discusión.
-¿Si no lo eres porqué sigues con él cuando ni siquiera
soportas estar a su lado? —Habló detrás de ella, entonces se detuvo.
-¿¡Tú qué sabes!? —Gritó realmente furiosa — ¿Cómo
puedes estar tan seguro que no puedo estar a su lado? ¿A caso debo grabarnos en
las noches para que nos creas? —Escupió con ironía. El rostro de Tom perdió
color e incluso el poco brillo que quedaba en sus ojos cafés desapareció como
por arte de magia.


Me quedé un poco muda, es que... el final! Por Dios! no puedo creer que le haya soltado eso tan campante .___. pobrecillo mi Tomy, es que awww! No la veo dos semanas luego la rubia le sale con eso, ¡aiissgghh!
ResponderEliminarTom es un tonto, porque sigue pegado a las faldas de Jane aunque esta lo siga lastimando. y el tiene razón ella es demasiado cobarde para salir de su zona de confort. ahora se han graduado que ira a pasar.
ResponderEliminarAaaahhh! D: Sentí varias cosas cuando leí, y es que... aghh! Tom, Tom, Tom, Tom u.u Y luego Jane! Agh, y Any... ash! Jajajajajaja. Todos me enfadan XD Naaaa, pero... es que... :c Que Tom deje de ser masoquista y, bueno... Ya no sé qué decir, solo que me encantó! Espero el otrooooo! :)
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