lunes, 17 de diciembre de 2012

Capítulo 76: Libertad.




Cuando abrió los ojos no habían pasado más de treinta minutos desde la última vez que despertó, afortunadamente ya se notaba que era de día y eso significaba que tendría noticias sobre su situación en poco tiempo. La noche fue larga, la más larga de su vida; no logró conciliar el sueño pensando en que probablemente se quedaría ahí por muchos años, en esa habitación de extensión limitada, sin vida y sin confort. Fue la obscuridad la que le permitió asumir las cosas tal cual estaban y asumir las posibles y más probables consecuencias. Sintió mucho miedo durante toda la noche y deseó que amaneciera rápidamente, afortunadamente ya era de día. 

-Tienes visita muchacho —Anunció el vigilante. Detrás de él venía un joven de cabellera rubia y ojos verdes, Valente. Tom trató de simular su impresión de verlo e hizo todo lo que pudo por contenerse hasta que el vigilante los dejó solos.
-¿Qué haces aquí? ¿Cómo te dejaron entrar? —Preguntó rápidamente. Valente sonrió tranquilamente.
-Tengo mis contactos —Dijo con arrogancia.
-¿A qué has venido entonces?
-Tenemos algo tuyo… —Murmuró.
-¿Qué cosa? —Articuló con dificultad e intriga. Pero al instante comprendió a lo que se refería, tenían la parte que había conseguido en el atraco.
-No fue mi idea, fue de Sam. —Explicó —Así que me tienes que decir que quieres que haga con ello o me lo quedaré.
Tom guardó silencio analizando la situación, desde que lo detuvieron había dado por perdido ese dinero pero ahora que lo recuperaba sabía exactamente lo que debía hacer con él. No iba a cambiar sus planes, al menos iba a valer la pena el esfuerzo.
-Entrégaselo a Bill —Respondió reprimiendo una sonrisa — Él sabrá que hacer.
-Okay. Bueno ya me voy, recuerda guardar silencio —Le dijo. Tom asintió, no tenía pensado delatarlos.
-Gracias.

…
Las horas pasaron lentas. Encerrado en aquella denigrante celda, deseando salir lo más pronto posible. Tuvo mucho tiempo para pensar, más que el que ya había pensado en la noche. Sin embargo, ya no se sentía angustiado y desolado, al menos no tanto como antes. Se convenció que Valente iba a hacer lo que le había pedido, entregarle su parte a Bill.
Experimentó la primera alegría verdadera encerrado en aquella celda; Jane tendría por fin a su padre con ella. El sólo imaginarla sonreír le reconfortaba y ansiaba el momento de poder salir o al menos de poder recibir su visita para contemplar sus preciosos ojos felices, de poder sentir sus labios cálidos sobre los de él, de poder acariciar su piel tersa. Un problema menos para ella, una solución que le había contado más caro a él, pero no le importaba, no cuando se trataba de ayudar a su Jane.

…

Mucho más tarde escuchó unos pasos acercarse por el pasillo, se levantó del suelo y se asomó lo más que pudo a través de las rejas hasta que la imagen del vigilante que había visto en la mañana apareció ante sus ojos. Se dio cuenta que nadie iba detrás de él y que el hombre llevaba un aspecto alegre y relajado.
Tom vio al hombre detenerse justo enfrente de él, no dijo nada sólo lo observó por un momento para luego introducir su mano en el bolsillo del pantalón y sacar un llavero repleto de llaves de distintos tamaños y colores.
-Estas libre muchacho —Dijo el hombre finalmente.
-¿Qué?
-Que estas en libertad —Repitió con obviedad.
Tom apenas pudo reaccionar pues el vigilante abrió la reja y le indicó que lo siguiera. Atravesaron de regreso aquel pasillo, el cual parecía mucho más corto y menos temible que cuando ingresó.
-¿Cómo me dejaron libre? —Inquirió yendo detrás del hombre uniformado.
-Pagaron tu salida, ya te explicaran… —Le dijo el vigilante. — ¿No te lo esperabas, verdad? —Tom no respondió. No sólo no se lo esperaba, sino que ya se había hecho la idea de que iba a permanecer mucho tiempo en ese lugar.
-Oiga… ¿Sabe algo de el señor Stefan? —Se animó a preguntar.
-Salió esta misma mañana, ambos tienen suerte. —Respondió el vigilante. Tom sonrió aliviado, Valente le había entregado el dinero a Bill y este había hecho lo propio con Jane. Por fin todo se acomodaba en su lugar, de la misma manera en que se había desordenado.

Ansió con todas sus fuerzas, como nunca, ver de nuevo la luz del sol, sentir el aire fresco sobre su rostro, y entonces comprendió lo libre que había sido siempre. En ese momento lo único que quería era abrazar a su madre y hermano, y también a Jane, quería disfrutar de la vida y estaba convencido que no repetiría el mismo error que terminara con esa libertad que jamás supo que tenía hasta que la perdió.

Afuera lo esperaba su madre con lágrimas en los ojos, con una alegría evidente y muchos sermones por soltar; también estaba Bill con una enorme sonrisa y con los brazos abiertos en espera de estrecharse con él; además, estaban sus amigos, Faber, Lina, Any y Jaime, quienes habían estado esperando ansiosos por ese momento.
-¿¡Qué bueno que estas fuera!? —Exclamó Faber mientras le daba un abrazo.
-Sí, sabía que no eras culpable —Agregó Lina, acto seguido todo el lugar quedó en silencio. -Sí lo soy —Corrigió Tom en un murmullo avergonzado.
-¡Oh! —Exclamó sorprendida.
-Tom, te esperamos en casa —Anunció su madre con voz seca. Se sujetó el bolso sobre el costado con fuerza y caminó hacia la salida. —No tardes —Agregó antes de abandonar el lugar, y con su hijo menor detrás de ella andando a paso rápido.
Observó por un momento como su madre y hermano se marchaban y supo que la primera estaba furiosa con él y que iba a necesitarse bastante tiempo para conseguir su perdón y confianza.
-¡Tenemos que ir a celebrar! —Volvió a exclamar Faber. Tom volvió entonces la mirada hacia su amigo.
-¿Qué dices Tom? —Cuestionó Jaime con suma seriedad, probablemente porque había notado la expresión que llevaba en el rostro.
-¿La has visto? —Se atrevió a preguntarle y Jaime negó lentamente sabiendo que se referia a la rubia. Todos los demás permanecieron en silencio, e incluso Any quien parecía inexistente para sus ojos. —Creo que debo ir  casa —Hizo una mueca.
-Tiene razón, no es un buen momento —Habló Any por primera vez y algo dentro del pecho de Tom le hizo sentir calma.
-¿Entonces, lo dejamos para otro día? —Preguntó Lina.
-Creo que es lo mejor, Lina. Mi mamá está furiosa conmigo, como lo notaron; e incluso Bill está enfadado. Creo que debo ir a hablar con ellos —Explicó y mientras lo hacía fijó la mirada en Any. Sus ojos le dedicaron una mirada que por poco lo envuelve y le deja la mente en blanco, hizo el intento de sonreírle teniendo la necesidad de hacer que esa mirada cambiara a como solía ser siempre, mucho más animada, mucho más cariñosa, mucho más dulce; pero no lo hizo, Any permaneció inmóvil.
-Bueno, vámonos —Le dijo Jaime a Faber y a Lina. — Estaremos en contacto, nos avisas cuando puedas hacer algo. —Agregó mientras le daba un afectuoso abrazo, —Ah, y me alegro un montón de que estés libre —Tom sonrió.
-Sí, yo también me alegro —Dijo Faber repitiendo la acción de su hermano. Después de darle un abrazo a Tom se acercó a Any y se despidió igualmente de ella.
-Anda ve con tu madre, y si sales vivo me marcas más tarde —Se burló Lina. Le dio un estruendoso beso en la mejilla y un abrazo fuerte. — ¿Any, quieres que te llevemos?
-No, gracias. La casa de mi primo Charles está cerca y voy para allá.
-Okay, nos vemos luego entonces. —Se despidió Lina y, en compañía de Jaime y Faber, salió de la comisaria.
Luego de unos segundos Tom y Any salieron también.
-¿Vas a ir con tu primo? —Preguntó él y Any asintió simplemente. Hubo unos cuantos minutos de silencio hasta que Tom se detuvo delante de Any cuando llegaron a la calle —Gracias por venir.
-De nada, sabes que estoy para ti cuando lo necesites —Tom sonrió apenas al notar la actitud que tenía ella, no era la misma chica dulce y tierna de siempre.
-¿Estas molesta conmigo, verdad?
-No. Sólo trato de pensar que se sentiría si un hombre hiciera cosas tan impresionantes por mí. —Tom miró hacia el fondo de la calle, observando como las casa se perdían a lo lejos. —Como las que tú haces por Jane. —Él no respondió nada, simplemente continuó con la mirada perdida en aquella dirección.
 Vio a Any acercarse a él con la propiedad con la que solía andar; sentirla cerca fue una sensación bastante placentera y más cuando se dedicó a dejarle un tierno beso en la mejilla y susurrar un débil “nos vemos luego”.

Tom se quedó inmóvil y solitario viendo como ella, Any, se marchaba a paso lento por la dirección que había estado observando. Sintió el aire frio acariciarle el rostro como lo deseó antes, y la luz del sol darle directamente en la cara. Sonrió, triste pero sonrió, pensando en que Jane no estaba como siempre; no lo esperaba ni deseaba ver como él lo hacía. Se quedó ahí, pensando en que probablemente ni siquiera se había enterado de que estuvo encerrado. 

Alzó la mirada cuando se dio cuenta que contemplaba sus zapatos y volvió a mirar a la chica que caminaba a lo lejos. Su cabello bailaba con el viento frio que soplaba desde el norte y por un momento deseó ir detrás de ella y estrecharla contra su pecho; pero no lo hizo, no pudo, sabiendo que estaba muy confundido respecto a Jane y que esa acción sólo haría que Any se ilusionara.



Continuará.... 

3 comentarios:

  1. Algunas veces deseo golpear a Tom en la cabeza con lo primero que tenga a mi alcance, como es posible que teniendo a Any que se muere por él, sigue aferrado a Jane que se la pasa asustada de todo. al menos ya es libre, ¿me pregunto si Valente, le habrá dado el dinero a Bill y con eso pagaron la fianza?

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  2. Como siempre... Fantástico!!! Pero que Jane ya se deje de cosas.... Besos Lenny

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