Los inviernos en Leipzig pasaban tranquilamente. Las calles regocijaban entre el sol que se ocultaba detrás las nubes grisáceas. El frio se colaba entre la tela más gruesa y lograba calar hasta los huesos más fuertes. En una ciudad tan pequeña y tranquila como esta, no se puede esperar nada más que felicidad y armonía, sin embargo no todo en la vida es color de rosa; el sol sale demasiado rápido para algunos, mientras que para otros este parece nunca brillar y quedarse siempre en tinieblas…
…
-¿¡Cómo te atreviste!? ¿¡Respóndeme!?—Gritaba un chico rubio y alto, de porte rebelde y a la vez apuesto; mientras golpeaba con gran saña aquel chico. En algún callejón escondido, en la zona más obscura de esa fría cuidad, donde ni siquiera el más valiente se atrevía pisar, donde las ratas más rastreras se aprovechaban de su poder para acabar con los más débiles. — ¿No tienes nada que decir Kaulitz? —Su puño dio contra el estómago del chico.
-Déjame —Suplicó retorciéndose de dolor. Recibió otro golpe en la cara y uno más en la boca destrozándole el labio. Borbotones de sangre salían con cada golpe — Por favor —Suplicó como pudo una vez más, solo que en esta ocasión hasta su voz se escuchaba rota. Su cabellera hecha de rastas caía sobre su rostro; en él se dibujaba una expresión que conmovería a cualquiera, excepto a el agresor y su pandilla de vándalos.
-¡Shane! —Coreaban los espectadores.
-Así que te atreviste a ir de chismoso con la policía ¿no?—Masculló el enfurecido joven. Tom, Tom Kaulitz era el que estaba siendo torturado en esa helada noche. Kaulitz el inadaptado, el solitario, la basura, como le nombraban la mayoría que lo conocía del barrio y como le decía Shane, Shane Lamb, el más fuerte y el controlador de una enorme pandilla de barbaros. Esa clase de pandilla donde no soportaban ver a alguien débil y sin fuerza porque disfrutaban de ver sufrir y suplicar. Tom había ido a la policía a denunciar las agresiones que recibía diariamente, pero para su mala suerte los encargados eran conocidos del padre Shane y por supuesto él había enterado.
-Por favor déjame —Suplicó Tom una vez más sin fuerza en la voz y en todo su cuerpo.
Shane tomó del cabello al chico sin compasión y lo jaló hacia él con rudeza hasta lograr levantarlo.
-Así me gusta Kaulitz, que supliques como la marica que eres. Así aprenderás a no andar de bocón, de cualquier manera nadie te creerá. —Escupió con odio y burla. Sus demás compañeros comenzaron a reír en diabólicas carcajadas al ver como el indefenso y ahora masacrado chico temblaba de pie a punto de desplomarse.
-¡Acaba con él Shane! —Gritó animándolo uno de la pandilla que miraba fascinado el espectáculo.
-¡Sí! ¡Acaba con esa porquería! —Gritó uno más entre carcajadas.
-Por favor —Susurró Kaulitz por última vez. —Te juro que nunca lo volveré hacer. —Aseguró con voz débil. Sintió como las gotas de su sangre le recorrían el cuello para perderse dentro de su camiseta y como su rostro punzaba de dolor.
-Estoy seguro de que no eres tan estúpido como para volverlo hacer —Afirmó complacido Lamb al ver el rostro de sufrimiento del chico. —Si no considérate hombre muerto —Concluyó Shane con una atemorizante sonrisa.
A pesar de que esta situación tan humillante se había vuelto para él ya una rutina no podía acostumbrarse a semejantes palizas y mucho menos hacer algo para evitarlo. Sabía que si se revelaba ante el montón de adolecentes fortachones iba quedar hecho polvo y ahora lo estaba comprobando. Había sido una muy mala idea tratar de buscar una solución.
…
-¿¡Cómo te atreviste!? ¿¡Respóndeme!?—Gritaba un chico rubio y alto, de porte rebelde y a la vez apuesto; mientras golpeaba con gran saña aquel chico. En algún callejón escondido, en la zona más obscura de esa fría cuidad, donde ni siquiera el más valiente se atrevía pisar, donde las ratas más rastreras se aprovechaban de su poder para acabar con los más débiles. — ¿No tienes nada que decir Kaulitz? —Su puño dio contra el estómago del chico.
-Déjame —Suplicó retorciéndose de dolor. Recibió otro golpe en la cara y uno más en la boca destrozándole el labio. Borbotones de sangre salían con cada golpe — Por favor —Suplicó como pudo una vez más, solo que en esta ocasión hasta su voz se escuchaba rota. Su cabellera hecha de rastas caía sobre su rostro; en él se dibujaba una expresión que conmovería a cualquiera, excepto a el agresor y su pandilla de vándalos.
-¡Shane! —Coreaban los espectadores.
-Así que te atreviste a ir de chismoso con la policía ¿no?—Masculló el enfurecido joven. Tom, Tom Kaulitz era el que estaba siendo torturado en esa helada noche. Kaulitz el inadaptado, el solitario, la basura, como le nombraban la mayoría que lo conocía del barrio y como le decía Shane, Shane Lamb, el más fuerte y el controlador de una enorme pandilla de barbaros. Esa clase de pandilla donde no soportaban ver a alguien débil y sin fuerza porque disfrutaban de ver sufrir y suplicar. Tom había ido a la policía a denunciar las agresiones que recibía diariamente, pero para su mala suerte los encargados eran conocidos del padre Shane y por supuesto él había enterado.
-Por favor déjame —Suplicó Tom una vez más sin fuerza en la voz y en todo su cuerpo.
Shane tomó del cabello al chico sin compasión y lo jaló hacia él con rudeza hasta lograr levantarlo.
-Así me gusta Kaulitz, que supliques como la marica que eres. Así aprenderás a no andar de bocón, de cualquier manera nadie te creerá. —Escupió con odio y burla. Sus demás compañeros comenzaron a reír en diabólicas carcajadas al ver como el indefenso y ahora masacrado chico temblaba de pie a punto de desplomarse.
-¡Acaba con él Shane! —Gritó animándolo uno de la pandilla que miraba fascinado el espectáculo.
-¡Sí! ¡Acaba con esa porquería! —Gritó uno más entre carcajadas.
-Por favor —Susurró Kaulitz por última vez. —Te juro que nunca lo volveré hacer. —Aseguró con voz débil. Sintió como las gotas de su sangre le recorrían el cuello para perderse dentro de su camiseta y como su rostro punzaba de dolor.
-Estoy seguro de que no eres tan estúpido como para volverlo hacer —Afirmó complacido Lamb al ver el rostro de sufrimiento del chico. —Si no considérate hombre muerto —Concluyó Shane con una atemorizante sonrisa.
A pesar de que esta situación tan humillante se había vuelto para él ya una rutina no podía acostumbrarse a semejantes palizas y mucho menos hacer algo para evitarlo. Sabía que si se revelaba ante el montón de adolecentes fortachones iba quedar hecho polvo y ahora lo estaba comprobando. Había sido una muy mala idea tratar de buscar una solución.
A veces, aunque supliques al cielo,
aunque pidas ayuda divina,
parece que el mundo donde tú vives está vacío.
Nadie te escucha, nadie está ahí para protegerte
y no puedes hacer nada más que esperar que las cosas algún día cambien…
Habían pasado ya dos horas y lo único que se escuchaba en el obscuro callejón eran los quejidos de un alma destrozada. Se quedó ahí abrazado a sus piernas después de que la pandilla de jóvenes desquiciados se cansaran de él, después de que lo apalearan y lo insultaran.
Todo empezó dos años atrás cuando Kaulitz era popular en todo el barrio, cuando las chicas estaban a sus pies y cuando la gente le tenía respeto, de hecho desde muy pequeño era adorado por todos. Tom jamás había deseado ser como ellos, así que se negó una y mil veces a formar parte de sus bandas y ese fue uno de los principales motivos por lo que toda la pandilla lo comenzó a odiar hasta lograr que la fama se convirtiera en aborrecimiento, hasta lograr que las chicas huyeran asqueadas de él, hasta lograr que quedara completamente solo y hacer de su vida un verdadero infierno.
Kaulitz nunca había sido un chico problema o alguien que se metiera con la gente, pero por tener tanto carisma con la chicas la mayoría de los chicos del pueblo lo odian. Él lo sabía y a veces no comprendía cómo era que existían personas como ellos en el mundo. Se cuestionaba millones de veces que era lo que había hecho para merecer tal castigo. ¿Era una mala persona? No, claro que no. Kaulitz era el mejor de todos pero ahora nadie parecía notarlo…
Se puso de pie tambaleante y se sacudió los pantalones, se acomodó la camiseta y se dio cuenta que la habían roto. Ahogó un gemido de dolor y observó a su alrededor en busca de su chaqueta negra. No estaba, seguramente esos malvados se la habían llevado para hacerlo sufrir más de lo que ya estaba sufriendo. Se acomodó lo mejor que pudo la camiseta y resguardó sus manos dentros de los bolsillos del pantalón para darse un poco de calor; el frio le calaba hasta los huesos y esto hacia que le dolieran mas los golpes. No trató de limpiarse las heridas, pero estaba convencido que a casa jamás podría llegar en ese estado, su madre se moriría de la impresión, así la mejor solución era ir de nuevo con Faber, su único amigo.
Emprendió camino por las obscuras calles rogando no encontrarse con esos malvados, con el rostro sombrío, el cuerpo punzándole de dolor y culpándose por la vida que le había tocado. Llegó a duras penas a casa de su amigo y tocó más de tres veces y al final supo que no había nadie en casa. Suspiró resignado y un poco asqueado de la suerte que traía consigo. Trató de limpiarse los restos de sangre que estaban por todo su rostro y cuando se sintió menos sucio comenzó a caminar alejándose de esa casa…
...
-¡Ya me voy mamá! —Gritó Tom antes de salir de casa.
-¡Ten cuidado Thomas, y no andes solo por la calles que te pueden volver a asaltar! —Gritó su madre con mucha preocupación por su hijo. Tom no le había podido decir la verdad, sabía que su madre no lo comprendería y meterla a ella en ese problema solo empeoraría las cosas. A cambio Kaulitz le mintió diciendo que lo habían asaltado y que lo habían golpeado porque no había querido dar su cartera. Su madre le creyó porque Tom, a pesar de tantas golpizas, jamás había llegado en ese estado, solo ahora que su amigo Faber no había estado para ayudarlo.
Se fue caminando hacia el colegio el cual no quedaba a más de siete cuadras. Pasó el portón de entrada deseando no encontrarse con ninguno de sus más queridos compañeros, los que no lo dejaban en paz. Su colegio no era demasiado grande. Al entrar, a la izquierda estaba la dirección y las oficinas, al fondo dos edificios de dos pisos que eran los salones para no más de doscientos alumnos. Pasando esos salones, más al fondo estaba las canchas de deportes y un poco más allá una zona verde llena de pinos y arbustos, donde algunos alumnos de divertían en los descansos.
-¡Ey Tom! ¡Es aquí!—Gritó Faber desde la ventana de un salón del segundo piso donde les tocaba clase. Kaulitz movió la cabeza saludándolo y caminó más deprisa para llegar allá. Faber le había evitado la pena preguntar dónde le tocaba clase, no tenía idea donde era puesto que era el primer día de clases después de las vacaciones.
Subió las escaleras corriendo y entró al salón donde estaba Faber.
-Hola Faber —Sonrió al verlo.
-¡Ey amigo! —Exclamó emocionado —No te he visto los últimos días —Dijo estrechando su mano con la de él.
-Estuve un poco enfermo —Trató de sonar convincente pero para su mala fortuna Faber era su mejor, y único, amigo y lo conocía de toda la vida. Conocía cada uno de sus problemas.
-Joder Tom ¿Qué te hicieron ahora? —Exclamó indignado. Tom no supo que responder pero su amigo rápidamente comprendió.
-Oye, sabes si es cierto que se mesclaran los alumnos —Dijo Kaulitz aclarándose la garganta y tratando de cambiar de tema.
-Si eso escuché también, pero ya vi la lista de la puerta —La señaló Faber, —Nos tocó juntos
-¿En serio? ¡Qué pasada! —Sonrió complacido, no estaría solo — ¿Y Lina? —Lina era de las pocas chicas que conversaban con él y digamos que la podía llamar amiga. Era de las pocas que no le temía a la pandilla de Shane y que no se dejaba atemorizar por ellos a pesar de las cosas que pudieran hacerle.
-También está en la lista —Dijo Faber caminado hacia la puerta para leer de nuevo la lista. —También esta… —No terminó de hablar cuando golpearon la puerta con un puño haciendo que Faber pegara un brinco.
-Aléjate de mi camino niño estúpido —Dijo con furia una chica de melena rubia. Faber se apartó de un movimiento rápido con los ojos abiertos de la impresión. Ambos la conocían, de hecho todos en la escuela y en el pueblo la conocían. Ella era Jane, una chica como pocas. Tom la miró con un gesto de espanto por un segundo, Jane entró al salón sin siquiera mirar a su alrededor y se sentó hasta el fondo como en todas las clases, expresando claro fastidio.
-Con que su novio no esté con nosotros me conformo —Murmuró Faber disimuladamente. Un escalofrió recorrió la espina dorsal de Tom y entonces se dio cuenta que Faber estaba a un lado de él.
-¿Esta Shane con nosotros? —Inquirió un poco atemorizado. Y aunque hacia el intento de aparentar que no, lo estaba y mucho.
-No vi su nombre en la lista —Respondió. Jane nunca había estado en su misma clase, pero ella y Shane siempre estaban juntos y esto no pintaba para ser la excepción y eso era lo que más preocupado tenia a Tom. Con ese tipo cerca, casi las veinticuatro horas al día, estaría totalmente perdido.
Los alumnos comenzaron a llegar incluso Lina, al final el salón llegó a su máxima capacidad y para suerte de Tom, Shane no parecía estar cerca. Las clases comenzaron. Lina, Faber y Tom estaban sentados en el centro del salón. Este último por más que quería prestar atención en la clase su mente estaba estos lados menos en el asunto que le concernía.
-¡Señorita Drake! ¡Jane Drake! —Exclamó el maestro espantado a todos, pues el salón estaba en completo silencio. — ¿Qué estás haciendo? —Preguntó levantándose de su escritorio. Jane hizo un gesto de indiferencia y continuó con lo suyo, garabateando su cuaderno mientras movía la cabeza al ritmo de la ruidosa música de su I-pod. — ¡Salga de mi clase ahora mismo!
-No quiero —Respondió con voz indiferente.
-¡Que salga! —Gritó el maestro fuera de sus casillas. — Veo que su comportamiento sigue igual que el año pasado.
-Y no cambiará —Respondió Jane quitándose los auriculares. Se levantó de golpe y tomó sus cosas. Pateó con furia las sillas y golpeó a más de un compañero con el bolso mientras camina entre los pupitres. Estaba asqueada de recibir órdenes.
-Espero nunca volver a verte en mi clase —Sentenció el maestro.
-Y yo espero nunca tener que verle la cara de estúpido que tiene —Dijo saliendo de la clase y los demás compañeros comenzaron a reír a carcajadas.
Jane salió de esa clase sintiendo como la rabia y la desesperación la consumían. Estaba harta de todo y aunque trataba de no perder la cabeza a veces todo era demasiado.Sintió la necesidad de hablar con alguien así que sacó su móvil y marcó a la única persona a quien podía llamar. A la única persona en todo el mundo que la comprendía.
-Bueno —Respondieron del otro lado de la línea.
-Ey Shane ¿Estas ocupado? —Preguntó. Shane solía estar siempre ocupado aunque tenía tiempo para ella a veces no era suficiente para Jane.
-Si Jane, muy ocupado —Dijo con cierto tono de voz — ¿Qué pasa?
-No importa luego nos vemos —Colgó y siguió caminando. Estaba segura que no tardarían en echarla de la escuela si su actitud seguía así. ¿Pero cómo ser diferente? Simplemente no podía, esta era Jane y parecía que nadie la soportaba.
Bajó las escaleras a paso rápido y se dirigió a las canchas. Siguió caminando hasta llegar a la zona de pinos y arbustos. Se sentó en un tronco que estaba junto al pino más grande de todos los que había en el lugar. Observó las latas de cervezas tiradas en suelo cerca de donde se había sentado. Suspiró mientras se echaba el cabello hacia atrás. Sacó una cajetilla de cigarros de su bolsojunto con el encendedor y se lo llevó un cigarro a la boca.
…Estaba disfrutando de los últimos restos de su cigarrillo cuando su móvil vibró. Era un mensaje.
¡Jane ven rápido! Kenya se está peleando con Lina. Estamos detrás de los salones. De: Elena.
Se levantó de golpe, tiró la colilla de cigarro y tomó sus cosas. Corrió entre los enormes pinos hasta llegar a las canchas deportivas, a lo lejos observó un puñado de chicos formando un gran círculo. Corrió hacia allá. Kenya siempre se peleaba con esa chica pero nunca había pasado de una discusión y esta vez parecía ser diferente.
-¡Quítense! —Gritaba pasando entre los chicos hasta que llegó a la escena. Su amiga Kenya estaba en suelo tirada con Lina encima de ella. Kenya tenía sangre en la boca y su cabello desparramado. La otra chica estaba perfecta. —Joder —Murmuró Jane.
Aventó sus cosas al suelo y se encamino allá con paso firme y decidido.
-¡Quita tus manos de ella! —Gritó agarrando a Lina del cabello haciéndola aun lado.
-¡Tú no te metas! —Gritó Lina. Apretó los puños y se aventó contra Jane. Los chicos presentes comenzaron a gritar emocionados. Jane solo contuvo la respiración, sabia en lo que se iba a convertir esto y equivalía a su expulsión. Ni modo todo por una amiga, pensó. Lina trató de arañarle la cara pero Jane logró darle una bofetada la cual desubicó un poco a Lina. Se hizo hacia atrás acariciándose la zona dañada. Lina se armó de valor otra vez pero nuevamente Jane la recibió con un golpe y se aventó sobre ella.
-¡Ey detente! —Escuchó Jane entre tanto bullicio. La tomaron de los brazos y la aventaron hacia atrás. Abrió los ojos al ver a un chico que se interpuso entre ella y Lina. — ¿Estás bien? —Le preguntó a Lina.
-Si Tom —Respondió ella con voz temblorosa.
-No te metas —Murmuró Jane fijando su mirada desafiante en el rostro de aquel extraño chico.
-Claro que lo hago, le estás haciendo daño —Dijo muy seguro, como jamás lo había estado. Jane se quedó mirando unos segundos los ojos de aquel chico.
-Estúpida —Escupió mirando a Lina. Soltó un bufido y dio la vuelta hacia su amiga quien ya estaba de pie gracias a sus otras compañeras.Kenya le dedico una mirada de indignación y Jane al instante dio la vuelta hacia el chico. — Esto era entre nosotras, no tenias porque meterte —Gritó furiosa. Tom alzó la mirada sorprendido, había creído que todo había terminado. Jane se aproximó a él con una postura desafiante.
Kaulitz no supo qué hacer ni qué decir solo se quedó mirándola esperando que ella hiciera algo, no se pondría a pelear con una mujer.
-¡Qué está sucediendo aquí! —Escucharon un gritó y de pronto vieron al director aparecer entre el alumnado. Jane y Tom estaban parados uno delante del otro. Los demás compañeros se comenzaron a alejar incluidas Lina y Kenya dejando como únicos culpables a ellos dos. —Ustedes vengan conmigo —Dijo el director señalando a ambos. Dio la vuelta y comenzó a caminar de regreso a los salones. —¡Que vengan! —Gritó al ver que ninguno se movía.
Comenzaron a caminar, Jane unos cuantos pasos más adelante que Tom.
-Deberías replantearte la idea de meterte en una pelea de chicas —Dijo Jane con tono burlesco al ver el rostro preocupado del chico. Tom alzó la mirada y no respondió nada solo vio la sonrisa despreocupada de la chica a quien parecía no importarle ir de camino a la dirección.
-¿Y bien? Quiero que alguien me explique que estaba sucediendo allá a fuera —Dijo el director a ver que ninguno abría la boca para decir algo.
-Era obvio ¿no? —Dijo Jane secamente moviendo de un lado a otro la silla giratoria.
-Si estábamos…—Interfirió Tom tratando de salvar la situación —Ya sabe… discutiendo —El director entrecerró los ojos mirándolo con suspicacia. — Es que Jane terminó conmigo y comenzamos a discutir —Jane resopló reprimiendo una carcajada. Ganas tienes de que sea tu novia, niño estúpido –Pensó Jane.
-Los compañeros creyeron que nos pelearíamos o algo así pero no pasó nada. —Siguió explicando Tom —Claro está que jamás me pelearía con una chica —Kaulitz miró al director esperanzado.
-¿Es cierto señorita Drake?
-Él lo dice ¿no?
-¿Segura que no es una más tus peleas? —Todos incluso el director conocían a Jane. Era reconocida por su actitud rebelde y revoltosa, pero también conocía a Tom y sabía que no era un chico de los que se metiera en problemas, no muy a menudo.
-Es la verdad —Aseguró Tom mirando a Jane, esta asintió con una tímida sonrisa dedicada al director. Esa estrategia la usaba siempre que estaba en problemas.
-Bueno pero no quiero más alborotos ¿Entendido Jane? —La chica le sonrió falsamente para después ponerse de pie. — Pueden marchase —Dijo moviendo la mano.
Tom salió detrás Jane quien parecía tener fobia las direcciones pues iba a paso muy rápido.
-Ni creas que te lo voy a agradecer —Dijo girándose para ver al chico cuando estuvieron fuera de ese lugar.
-No esperaba que lo hicieras —Jane sonrió de manera sincera por primera vez ante Tom. Continuó, un segundo después, su camino hacia el salón donde tenía la siguiente clase pensado en porqué nunca antes lo había visto, por qué no sabía su nombre y porqué la había salvado pudiéndola hundir después de la paliza que le había dado a su novia, amiga o lo que fuera.
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-Es la verdad —Aseguró Tom mirando a Jane, esta asintió con una tímida sonrisa dedicada al director. Esa estrategia la usaba siempre que estaba en problemas.
-Bueno pero no quiero más alborotos ¿Entendido Jane? —La chica le sonrió falsamente para después ponerse de pie. — Pueden marchase —Dijo moviendo la mano.
Tom salió detrás Jane quien parecía tener fobia las direcciones pues iba a paso muy rápido.
-Ni creas que te lo voy a agradecer —Dijo girándose para ver al chico cuando estuvieron fuera de ese lugar.
-No esperaba que lo hicieras —Jane sonrió de manera sincera por primera vez ante Tom. Continuó, un segundo después, su camino hacia el salón donde tenía la siguiente clase pensado en porqué nunca antes lo había visto, por qué no sabía su nombre y porqué la había salvado pudiéndola hundir después de la paliza que le había dado a su novia, amiga o lo que fuera.
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me ha encantado!
ResponderEliminarhahaha nueva lectora! :)
sigo leyendo..